El devocional del Obispo
Una Comunidad de Amor no es autorreferencial, nunca es una comunidad para sí misma. Más bien, toda ella se refiere al Reino y a la Misión que implica el seguimiento de Jesús.

Una Comunidad de Amor no es autorreferencial, nunca es una comunidad para sí misma. Más bien, toda ella se refiere al Reino y a la Misión que implica el seguimiento de Jesús.

En contextos de adversidad, la iglesia está llamada, al igual que las primeras comunidades, a ser portadora de salud integral.

“Mientras tanto hermanos míos, estén alegres en el Señor. A mí no me cuesta nada escribir las mismas cosas, y a ustedes les da seguridad”.

La iglesia existe para el Reino y por el Reino y está llamada a levantar señales del Reino, aunque sea imperfecta. No hay otro pueblo a quien se le haya confiado el testimonio del Reino, que ha sido inaugurado por Jesús. Ahí está el papel único de la iglesia.

Afirmamos, como iglesia, que tan solo la justicia es fundamento de una paz verdadera y duradera, que nos abre a la bendición del Dios de la vida buena y plena.

El gran símbolo de la salvación cristiana –pan compartido, mesa de hermandad– siempre engendra resonancias muy profundas en el corazón humano y sigue siendo fuente de esperanza para pobres de todos los tiempos.

Es sólo la presencia misma del resucitado puede dar seguridad y alegría y paz en medio de la oposición y hostilidad del reino de este mundo.

Que nuestro Señor nos encuentre vigilantes, preparados y atentas en la espera de aquél que nos amó y murió por nosotros, el que resucitó es el mismo que volverá

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

En un mundo con tantos signos de muerte, dolor y desesperanza estamos llamados a rehabilitar la esperanza.
