Anunciamos el Evangelio como encuentro de enriquecimiento mutuo, de reciprocidad profunda y de aprendizaje, que requiere no mirar al otro u otra como amenaza, sino más bien reconociendo las diferencias culturales como revelación del rostro de la humanidad.
“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo”.
La presencia del Resucitado va a quebrantar la parálisis de una comunidad escondida, atemorizada y sin ninguna audacia para expresarse en público a favor dequien fuera injustamente condenado.
Dios es Amor, y quien permanece en el Amor, permanece en Dios, y Dios en Él.
El reino de Dios lo experimentamos ya aquí en el amor, pues quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
Confiemos en que hay una luz que ilumina nuestro camino por más sombrío que se presente.
Como iglesia hemos de mirarnos necesaria e indiscutiblemente a la luz del Reino de Dios, en tanto que la inauguración del Reino de Dios es la manifestación tangible de la obra de Dios en la historia de nuestra humanidad.
Como iglesia hemos de mirarnos necesaria e indiscutiblemente a la luz del Reino de Dios, en tanto que la inauguración del Reino de Dios es la manifestación tangible de la obra de Dios en la historia de nuestra humanidad.
Hacer las obras del reino y su justicia es nuestro llamado. Dios nos guía hacia oportunidades sorprendentes y maravillosas para extender su Reino de amor, moldeándonos verdaderos discípulos y discípulas.
"Pues todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre"