“Pero él me ha dicho: «Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por eso, con mucho gusto habré de jactarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo repose en mí”.
En el día del respeto a la diversidad cultural –este 12 de octubre–, celebramos el mosaico de identidades que nos conforman y constituyen como sociedad.
Estamos acostumbrados a vivir en la cultura de la violencia, de la exclusión, de las palabras violentas y de la falta de esperanza. ¿Cómo será vivir en una cultura de la paz?
Ante las necesidades de este tiempo –violencia, injusticia, degradación de la vida humana y ambiental y humana–descubrimos que nuestro mundo, nuestra historia necesita desesperadamente un mensaje de esperanza.
Nuestra visión de las cosas suele llevarnos a poner delante lo que debe estar detrás. Entonces le damos prioridad en nuestras vidas a lo que no debería serlo, y sustituimos lo primordial por lo secundario…
Hay besos que parecen azucenas por sublimes, ingenuos y por puros, hay besos traicioneros y cobardes, hay besos maldecidos y perjuros.
Quien se compromete con Jesús se compromete con el reino de Dios. No hay vueltas, no hay medias tintas: la causa de Jesús fue y es la del reino de Dios.
¡Que el Espíritu derrame su ánimo entre nosotros y nosotras! ¡Que el Espíritu Santo siga animando la iglesia de Cristo!
Afirmamos, como iglesia, que tan solo la justicia es fundamento de una paz verdadera y duradera, que nos abre a la bendición del Dios de la vida buena y plena.
Levantemos y reconstruyamos la esperanza donde se esté fragmentando, buscando la unidad en vez de la atomización, buscando la dignidad de todos en vez de la burla, y el amor en vez del desprecio.