Un tiempo de quietud con Jesús
La humanidad necesita urgentemente un Salvador, un salvador que no sea ángel ni etxraterrestre, sino hombre entero y verdadero, que sea también un Dios.

La ESPIRITUALIDAD es una dimensión del ser humano tan necesaria para su supervivencia como los latidos del corazón, sin ella, el ser humano estaría incompleto.
Desde la perspectiva cristiana y evangélica metodista, la espiritualidad es la conciencia de la comunión con Cristo Jesús a través del Espíritu Santo. La espiritualidad se profundiza en tanto vamos recorriendo el camino de la Santificación, buscando llegar a una profunda relación con Jesucristo. Ése es el camino, dejarse inspirar a través de las guías para ser transformados personal y comunitariamente por el Espíritu de Jesús.
La humanidad necesita urgentemente un Salvador, un salvador que no sea ángel ni etxraterrestre, sino hombre entero y verdadero, que sea también un Dios.

Como iglesia hemos de mirarnos necesaria e indiscutiblemente a la luz del Reino de Dios, en tanto que la inauguración del Reino de Dios es la manifestación tangible de la obra de Dios en la historia de nuestra humanidad.

La esperanza no puede ser alimentada sino a través de la música, del canto, de la poseía, de un lenguaje que transforma la realidad y dibuja un mundo nuevo.

Como iglesia hemos de mirarnos necesaria e indiscutiblemente a la luz del Reino de Dios, en tanto que la inauguración del Reino de Dios es la manifestación tangible de la obra de Dios en la historia de nuestra humanidad.

Hallarás tu deleite en el Todopoderoso, y ante Dios podrás levantar la cara. Cuando lo llames, él te escuchará, y tú podrás cumplirle tus promesas.

Hacer las obras del reino y su justicia es nuestro llamado. Dios nos guía hacia oportunidades sorprendentes y maravillosas para extender su Reino de amor, moldeándonos verdaderos discípulos y discípulas.

¿Cuántas tormentas en la vida atravesamos con Jesús? ¿Cuántas veces le escuchamos decir a Jesús NO DUDES, YO PUEDO HACERLO?

"Pues todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre"

¿Leemos el texto en voz alta, escuchándonos? Es un buen ejercicio y leemos otra vez en silencio. Así nos disponemos a escuchar esa voz que habla a lo profundo de nuestro ser, para darnos claridad en el camino a recorrer.

¿Cómo está tu alma?
