Paz y bien amada hermandad.
“Señor, ahora despides a este siervo tuyo, y lo despides en paz, de acuerdo a tu palabra. Mis ojos han visto ya tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz reveladora para las naciones, y gloria para tu pueblo Israel.”
Lucas 2. 29-32
Adviento es una llamada incesante a la esperanza: nos recuerda que Dios está presente en la historia para conducirla a su fin, llevándola hacia su plenitud, que es el Señor Jesucristo.
Dios es presencia activa en nuestra historia, es «Dios con nosotros», no está lejos y más bien vuelve a llamarnos a las puertas de nuestro corazón. ¡Dios peregrino que camina a nuestro lado y nos sostiene!
Por eso miramos a Simeón, el anciano justo y piadoso del Evangelio, que nos ayuda a comprender la esperanza con un profundo sentido, cuando creer en Dios se convierte en una espera activa para toda la vida. El Espíritu le brinda claridad en su mirada y ve con los ojos del Espíritu, reconociendo que estos humildes nazarenos traen en sus brazos al Mesías añorado y esperado. Afirmamos que la esperanza -compartida y vuelta a compartir con muchos otros y muchas otras- hace posible la alegría de orientarnos en comunidad, la alegría de encontrarle sentido a la vida a través de la fe, en la convicción de que Dios es el único y supremo fundamento de nuestra esperanza. Y de descubrir las señales de la gracia de Dios en la cotidianeidad de la vida.
«[…] poseer una esperanza que ensancha el corazón significa ampliar el espacio de la libertad, mira el camino que hay por delante y capta el perfume del aire mañanero que alborea después del día gris». J Moltmann.
Esta esperanza no se negocia y forma parte insustituible de nuestra identidad como seguidores y seguidoras de Jesucristo. No cedemos en lo que hemos sabido esperar, sabiendo que la fuerza de la esperanza nos conduce a una vida santa, justa y en paz.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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