Paz y bien amada hermandad.
SOSTENDRÉ MI IGLESIA
Con mis oraciones
Con mi presencia
Con mis contribuciones
Con mi servicio
«¿Serán leales a la Iglesia Metodista, y la sostendrán con vuestras oraciones, vuestra presencia, vuestras contribuciones y vuestro servicio?»
Esta fue la pregunta que se me hizo, cuando en mi adolescencia, fui recibido como Miembro en plena comunión en nuestra Iglesia Metodista. Con profundo compromiso, temor, temblor y voz bien fuerte, contesté: Sí, así lo haré con la ayuda de Dios.
Me estaba uniendo, nos estábamos uniendo, y siendo parte de un conjunto de personas que afirmaban creer en Cristo como el Camino, la Verdad y la Vida. La iglesia es un cuerpo y Jesucristo es la cabeza. Como cuerpo de Cristo tenemos deberes y exigencias que cumplir que nos imprime el Dios de la vida.
SOSTENER CON ORACIONES.
La relevancia de sostener nuestra amada iglesia con nuestras oraciones, se encuentra anclada en que el movimiento cristiano dio inicio en un profundo espíritu de comunión y oración, el que Jesús y su comunidad de fe mantenían como práctica de vida, y ello nos sumerge a nosotros y nosotras en esta misma realidad la cual nos debe habitar.
Afirmamos y nos sostenemos en que tan sólo la oración puede darnos poder, para hacer frente al desafío del presente tiempo y hacerlo con alegría, y poder de lo alto.
«Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.» (Cfr. Hch 1, 14)
La Iglesia es comunidad de creyentes, que siguiendo la enseñanza de Cristo, se elevan y extienden en constante oración. ¡El cristiano/a nunca ora solo/a, pues su oración está enmarcada en la de la comunidad!. Y en este ejercicio reconocemos la dependencia absoluta de Dios, quien es fuente de todo poder. Pero además la oración nos identifica con el espíritu de Jesús. Y nos fortalecemos en la experiencia de Jesús el Cristo, en el corazón de nuestra propia humanidad, afirmando que la Iglesia no es un edificio y menos una mera institución.
Mi hermano y hermana, la oración nos despierta el deseo y el gozo de servir. La oración nos sensibiliza a las necesidades apremiantes que tenemos y además es el poder de Dios para responder a las necesidades.
Una iglesia que ora es una iglesia fuerte, ya que hace posible que el poder de Dios se manifieste en cada hermano y hermana que constituye la comunidad de fe.
Oremos por la vida y misión de nuestra iglesia a fin de que podamos responder a los desafíos que tenemos delante de nosotros y nosotras.
Santo Espíritu de Dios, calienta nuestros corazones con el amor de Dios y de Cristo para que podamos despertar a la oportunidad de dar lo mejor de nosotros para adorarte y servirte hoy y todos los días. Que en esta jornada nuestro encuentro personal con vos sea trascendente en nuestra vida y la de nuestras comunidades de fe. Amén.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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