Tiempo de Oración – Propuesta semanal para el 22 de marzo

22 Mar 2017
en Espiritualidad y devoción, Mujeres
Tiempo de Oración – Propuesta semanal para el 22 de marzo
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Encuentro con Dios

 

Canción

Alabad al Señor

Alabad al Señor, naciones todas,
pueblos todos, alabadle,
porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia;
//y la verdad del Señor es por siempre. ¡Aleluya! ¡Amén!//

 

 

Lectura del día

1° Corintios 13

 

 

Oración de la mañana

Querido Dios, que estás siempre cerca nuestro, hoy te damos gracias por el infinito amor que nos regalas todos los días, cada amanecer, cada despertar y en cada momento de nuestras vidas. Gracias porque de él nos nutrimos y aprendemos a ofrecerlo sin condiciones; por ese amor que compartimos, nos sentimos acompañados y a la vez felices por acompañar a quienes nos necesitan.

Te pedimos que nos sigas dando el don de la sensibilidad y escucha, para estar atentos, atentas a tu llamado constante a hacer realidad tu Reino aquí, en la tierra. En el nombre de tu Hijo y en el del Espíritu Santo. Amén




Hace pocos días, el 8 de Marzo, se convocó una nueva marcha contra la violencia de género: “Ni una menos” y los femicidios. Nuestra Iglesia está en contra de toda violencia y especialmente la de género. Y acompaña a las mujeres en esta lucha contra una cultura machista que las desvaloriza y traba su independencia como camino de su realización personal al punto de llegar en casos extremos al homicidio.

«El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal». (Simone de Beauvoir)

Zigmunt Bauman en Amor líquido, (Ed. Fondo de Cultura Económica Madrid 2005), plantea el tema sobre la fragilidad de los vínculos humanos. El autor nos explica que el frenético consumo de una sociedad de mercado ha degenerado nuestros vínculos personales al tratar al otro, ya sea amante o prójimo, como una mercancía más de la que puedes desprenderte, desecharla, desconectarla con cierta facilidad: «vivir juntos –por ejemplo—adquiere el atractivo del que carecen los vínculos de afinidad. Sus intenciones son modestas, no se hacen promesas, y las declaraciones, cuando existen, no son solemnes, ni están acompañadas por música de cuerda ni manos enlazadas. Casi nunca hay una congregación como testigo y tampoco ningún plenipotenciario del cielo para consagrar la unión. Uno pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, hay una hipoteca menor para pagar, y el plazo del pago es menos desalentador» (p. 48). Para el autor los vínculos duraderos despiertan ahora la sospecha de una dependencia paralizante, no son rentables desde una lógica del costo-beneficio. Como es natural esto también afecta a nuestra sexualidad, que una vez liberada del amor se condena finalmente a sí misma a la frustración y la falsa felicidad. Estar conectados como dos islas con un puente, pero no comunicados dialogando y modificándonos uno al otro, que es lo que permite el amor.

En Turín, con un ambiente urbano, M. Antonioni filmaba este fragmento de guión:

«CLELIA: Soy demasiado independiente para ser una mujer tranquila en una casa modesta. Trabajar es también mi forma de ser mujer, de amar, de participar en la vida ¿entiendes? Quizás un día tenga suerte y encuentre un hombre con el que pueda vivir sin que él o yo tengamos que renunciar a nosotros mismos. Pero si tú y yo vivimos juntos, Carlo, estoy segura de que uno de los dos sería infeliz.

CARLO: Tal vez. Yo no consigo imaginar la infelicidad cerca de ti, pero no te pido que arriesgues la tuya.

CLELIA: ¿Crees que es fácil renunciar a ti? Me siento como una mujer en peligro»

La protagonista pierde a Carlo, entre otras cosas, porque no puede renunciar a su forma de ser mujer.

Hoy en día la mujer ha crecido mucho en su independencia, superando el intercambio matrimonial como método de ascensión social y patrimonial, lo que en muchos casos las lleva a sufrir distintos tipos de discriminación y violencia.

Los varones han tenido independencia en un contexto de dominación masculina, que les permitió amar en forma líquida durante mucho tiempo y hasta el presente. Hay relatos clásicos como: A Fantina, la pobre mujer que describió Victor Hugo en Los miserables, la dejó con una hija y en la miseria Félix Tholomyès, un estudiante insignificante; por no hablar de la Margarita de Goethe que también sufrió de los efectos del frágil amor de Fausto. Para las mujeres ese derecho político es muy reciente. Ser independiente te da la oportunidad de poder renunciar incluso al amor, de estar en peligro –como dice Clelia— poniendo en tus propias manos la causa del intenso dolor de un desamor.

No, no es fácil amar, pero tenemos en la Fe en Dios, la sabiduría para vivir el amor con el otro.

 

 

Oremos por

  • Por nuestras mujeres, de todas las edades, que viven en nuestro país.
  • Por todos aquellas que sufren el desamparo y el olvido.
  • Por las que son víctimas de toda clase de violencia.
  • Para que la justicia sea real y esté presente en todo momento de nuestras vidas.
  • Por la construcción de una paz verdadera.
  • Por nuestras familias.
  • Por la sanidad de nuestros enfermos.
  • Para estar más atentos a las necesidades de quienes nos rodean.
  • Por nuestras congregaciones y el trabajo testimonial de éstas.
  • Agreguemos más motivos para orar en la semana…………………..

 

Oremos por

Querido Dios, que nos brindas ese amor incondicional de Madre y Padre, en esta noche, antes de descansar, unimos nuestras voces y las elevamos a ti.
Danos la paz que lleva a la salud.
Danos la sabiduría que lleva al entendimiento.
Danos la fe que lleva al amor al otro, otra.
Danos la esperanza de que mañana va a ser un nuevo motivo de alegría y oportunidad de seguir andando en tu gracia.
Danos el valor de luchar por el amor que nos brindó tu Hijo, nuestro maestro y guía, Jesús.
En su nombre. Amén.

 

Cantamos

Que la luz de Cristo brille

//Que la luz de Cristo brille
nos envuelva en amor
y que su poder nos venga a proteger.//

Por siempre, y siempre y siempre.
Amén

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