Recursos litúrgicos y pastorales – Septiembre a noviembre 2022

22 Ago 2022
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Recursos litúrgicos y pastorales – Septiembre a noviembre 2022

Septiembre a noviembre 2022 (Ciclo C)


CÓMO ARTICULAR LOS ELEMENTOS DEL CULTO ENTRE SÍ

A esta pregunta se puede responder de dos maneras. Históricamente, mostrando cómo ha procedido la Iglesia, yéndose a examinar los numerosos órdenes litúrgicos tradicionales. También se puede responder intentando interpretar teológicamente las articulaciones posibles, diversas y no contradictorias de dichos elementos, para calibrar así toda la riqueza de los mismos. Queremos hacer esto, examinando tres tipos posibles de articulación, que no se contradicen sino que se complementan mutuamente.

El primero de estos tipos facilita una interpretación formal de esta articulación. Comencemos por el aspecto más externo, que se refiere a la riqueza o pobreza en que se presentan los diferentes elementos del culto: diremos que sus elementos diversos: la palabra, la cena, la oraciones o los testimonios litúrgicos de la vida comunitaria pueden aparecer con mayor o menor fausto o simplicidad, en una gran parroquia o un culto rural, o que el culto de un día de fiesta y el domingo 12 después de pentecostés, por ejemplo.

Tales diferencias “sociales” o “locales” pueden reconocerse sin que sean un atentado contra la unidad cristiana: si los más puritanos quieren retroceder ante la belleza del culto, que vivan en paz…, con tal de que no sospechen sin más de quienes reivindican la libertad de celebrar la presencia del Señor de forma distinta. Aunque, si la vida espiritual es pobre, un culto suntuoso se convierte en una cárcel donde los restos de vida espiritual se sienten a disgusto, incapaces de movimiento y de expresión, como David con la armadura de Saúl.

Y al revés, si la vida espiritual es rica, no es lícito querer continuar viviendo en una pobreza artificial y mentirosa, sin querer injuriar la gracia de Dios que reanima y fortifica la Iglesia; pues entonces, en vez de alegrarse de la gracia en la libertad cristiana, se obra como si ella fuera una trampa. Por eso, nuestra generación  está llamada a reformar su culto y a revelar en él no su ingratitud sino su acción de gracias por tantos beneficios recibidos: el redescubrimiento de la palabra viva, de la fuerza del Espíritu, del poder vivificante del cuerpo y la sangre de Cristo, y de la libertad de tratar como hermanos y hermanas a las comunidades cristianas de otras confesiones.

Esta articulación del culto con dos “medios tiempos”, es completamente válida, y refleja los dos momentos del ministerio de Jesús, el galileo y el jerosolimitano, y es un anticipo de los dos momentos del fin del mundo, el juicio final y el banquete mesiánico.

Un segundo tipo de articulación facilita una interpretación escatológica del culto. De esta forma se examinan los elementos del culto para ver si son ya o aún no un testimonio de la presencia del reino. Nos damos cuenta que la distinción no es fácil, al fijarnos en el complejo palabra-sacramento: todos los elementos del culto revelan parcialmente la simultaneidad de los dos eones, pues ninguno es impermeable a la alegría del futuro y ninguno es refractario a las limitaciones y a los equívocos del presente.

Si el culto de la palabra hace que pese más en la balanza el platillo del aún no, y el culto del sacramento el del ya, ninguno de los dos son puramente espera o alegría, en su mutuo equilibrio y en el equilibrio interno de cada uno. Muestran justamente dónde se sitúa la celebración litúrgica en la línea de la historia de la salvación; por eso deben permanecer unidos. Muestran así que importa mucho a la salud de la iglesia que el culto lleve esos elementos.

Otro tipo de articulación, muy interesante teológicamente, permite distinguir cómo obra Dios en el culto. En primer lugar, se pueden distinguir los elementos objetivos del culto: aquellos en que la revelación de Dios se acerca al ser humano; y de los subjetivos: aquellos en que el pueblo se acerca a la revelación de Dios. Se dan así los elementos con los que Dios se dirige a nosotros y nosotras para dársenos, y aquellos con los que como comunidad le respondemos para entregarnos a él: uno implica la manera de Dios para servirnos, y la otra la nuestra de servir a Dios. Digámoslo en palabras de varios autores:

Según L. Fendt, Dios nos sirve por la irrupción de su reino y por la actividad de ese reino en Cristo y en el Espíritu Santo; nosotros servimos a Dios por la proclamación del evangelio en sus diferentes formas, la participación en los sacramentos y en  las diversas clases de oraciones.

Según Karl Barth, Dios nos sirve por su obra que instituye y exige el culto, el cual lleva a la Iglesia del bautismo a la cena y que debe respetar los elementos elegidos por Dios: pan, agua, vino, palabra; nosotros servimos a Dios por la obediencia a esta voluntad de Dios, por la audición y por la sinceridad y la humildad.

Según W. Hahn, Dios nos sirve dirigiéndose a nosotros y suscitando nuestra respuesta, estando presente entre nosotros por medio de Cristo, obrando por el Espíritu Santo, y haciendo a la Iglesia una comunidad de servicio mutuo: nosotros servimos a Dios por nuestra respuesta y colaboración, por la predicación, el sacramento y la liturgia, y por la alegría de saber que el culto es el corazón de toda la vida parroquial. Y según P. Brunner, Dios nos sirve con la palabra y la cena; y nosotros con la obediencia, la oración, la confesión y la tensión hacia el reino.

Finalmente, podemos plantearnos legítimamente el problema de la relación entre los elementos sacramentales y sacrificiales del culto, siempre y cuando no hablemos de ninguna manera de un sacrificio propiciatorio en el culto (excluido por la suficiencia y unicidad de la cruz), sino de un sacrificio eucarístico. El Espíritu Santo utiliza el sacramento para darnos a Cristo y su salvación y el sacrificio realiza el camino contrario, es decir por él somos entregados a Cristo y redimidos para la salvación.

Nos encontramos, pues, con tres elementos sacramentales: la palabra del evangelio con su poder de regeneración y de edificación, el bautismo y la santa cena y, en el culto dominical ordinario, la proclamación de la palabra de Dios y la distribución de las especies eucarísticas. Y se puede decir que el momento sacrificial del culto se encuentra en la expresión que éste da a la fe, la esperanza y el amor: esto sucede en la confesión de fe, la oración, la alabanza y la colecta para los pobres.

Pero si la distinción entre los elementos sacramentales y sacrificiales no debe llevar a una separación, sin embargo es útil, porque permite reformar el culto, hacerlo cada vez más fiel y conducirlo a la fidelidad; también, porque permite actualizarlo, es decir expresar por medio de él que la Iglesia lo celebra verdaderamente aquí y ahora.

En efecto, si la Iglesia no tiene ninguna libertad en cuanto al aspecto sacramental del culto (pues no tiene derecho a modificar el evangelio con añadiduras o supresiones, ni de suprimir la cena o inventar otros sacramentos, ni tampoco de elegir otros elementos sacramentales distintos al agua, pan y vino), con todo, es libre, libre en la obediencia al Espíritu Santo, en lo que se refiere al aspecto sacrificial. Por eso el culto puede ser más o menos fiel al recibir el sacramento con mayor o menor obediencia; pero al mismo tiempo puede variar según las diferentes culturas y épocas; y así será una epifanía de la Iglesia de tal país o de tal siglo.

El examen de las articulaciones posibles del culto, en resumen, nos permite encontrar indicaciones fundamentales sobre la naturaleza del culto: 1) El culto compromete al ser humano en su totalidad, en su espíritu y en su cuerpo. Esto nos lo enseña la distinción formal entre palabra y sacramento. 2) El culto es el momento del encuentro entre el mundo venidero y el presente, donde aparece la simultaneidad entre los dos eones, entre las dos venidas de Cristo. Esto nos lo enseña la distinción temporal entre los elementos de este mundo y los del venidero. Y 3) el culto es el momento del encuentro y de la unidad entre el Señor y su pueblo que se dan y se reciben mutuamente en la libertad y en la alegría de la comunión. Esto nos lo enseña la distinción teológica entre los elementos sacramentales y sacrificiales.

Jean Jacques von Allmen, en El Culto Cristiano, su esencia y su celebración. Sígueme, Salamanca, 1968, pp. 182-189. Resumen y adaptación de GBH.


En el archivo encontrará

  • Orientaciones para la predicación
  • Orientaciones para la acción pastoral
  • Orientaciones para la liturgia del culto comunitario


Esta ha sido una nueva entrega de Recursos Litúrgicos y Pastorales, siguiendo los tiempos de Pentecostés, de Septiembre a Noviembre 2022, (Ciclo C). Reedición de 2019 con nuevos materiales,

  • para hermanos y hermanas encargados del ministerio de la Palabra,
  • realizando trabajos pastorales en amplio sentido y con distintos grupos
  • y a encargados y encargadas de la liturgia del culto comunitario.

Cotejamos el “Leccionario Común Revisado” (LCR), en ediciones de varias iglesias hermanas. Nos permitimos abreviar algunos textos para la lectura pública, y algunas veces extendemos los textos bíblicos comentados, proponiendo también otras alternativas, generalmente dentro del LCR.

Este material circula en forma gratuita y solamente en ámbitos pastorales, dando crédito a todos los autores hasta donde los conocemos, valorando mucho su disponibilidad.

Agradecemos todos los materiales que hemos usado –ya disponibles en varias redes–, como aportes para estos “recursos”. Y especialmente agradecemos los materiales litúrgicos enviados por la pastora Cristina Dinoto, y las fotos de la pastora Hanni Gut.

Las indicaciones de las fuentes musicales son:

  • CA – Cancionero Abierto, ISEDET.
  • CFCanto y Fe de América Latina, Igl. Evangélica del Río de la Plata.
  • CN – Himnario Cántico Nuevo, Methopress.
  • MV – Mil Voces para Celebrar, himnario de las comunidades metodistas hispanas, USA.
  • Red Crearte, https://redcrearte.org.ar/
  • Red de Liturgia del CLAI: reddeliturgia.org
  • Red Selah: www.webselah.com

Y anotamos las versiones de la Biblia mayormente usadas:

  • RV60 o RV95 o RVC – Reina-Valera o Reina-Valera Contemporánea
  • DHH – Dios habla hoy, desde la tercera edición o Biblia de Estudio.
  • NBI – Nueva Versión Internacional – Edit. Vida, USA
  • BJ – Biblia de Jerusalén – Desclée de Brouwer, Bélgica-España
  • Libro del Pueblo de Dios – Verbo Divino, Argentina

Fraternalmente, Laura D’Angiola y Guido Bello, desde la congregación metodista de Temperley, Buenos Aires Sur.



En estos “Recursos” procuramos usar un lenguaje inclusivo, optando por palabras abarcativas e incluyentes. Casi siempre preferimos alternar el femenino y el masculino, en vez del “los/as”, los “otres” o l@s: inclusión con agilidad y belleza en el lenguaje. Usamos “los seres humanos” o “la gente”, en vez de “los hombres”, etc. Pero siéntanse todos y todas en libertad: no queremos hacer de esta inclusividad una herramienta de exclusión ni de condena…

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