Recursos litúrgicos y pastorales – agosto y septiembre 2020

01 Ago 2020
en , , , ,
Recursos litúrgicos y pastorales – agosto y septiembre 2020

Agosto y septiembre 2020 (Ciclo A)



Los campos de la expresión litúrgica


Dios, en el culto, quiere darse, y Dios, en el culto, quiere recibirnos. ¿Cómo se celebra este encuentro? ¿Cómo quiere comunicarse con nosotros para darnos la salvación? Para responder a esto, lo más fácil es recurrir a las transformaciones operadas por Cristo en las personas y que describen los evangelios: Jesús abre el espíritu y la inteligencia de quienes son tardos en comprender (Lc 24.25-27; cf Jn 12.16, etc.), hace que los sordos oigan, los mudos hablen, los ciegos vean, los paralíticos se muevan, y ejerce su ministerio mesiánico tocando a los seres humanos y dejándose tocar por ellos.

Este recuento de los campos antropológicos que abarca la obra salvífica de Jesús nos da también los campos de la expresión litúrgica. No todos tienen la misma importancia, pero así como alguien quedaría amputado si la salvación no lo alcanzara por completo, también lo sea el culto si no ofrece a la persona entera la gracia de encontrar una expresión litúrgica. Las narraciones de milagros en los evangelios son la promesa que abre vastos campos en los que se expresa el culto. Estos campos de expresión litúrgica se pueden reducir, en mi opinión, a los cuatro siguientes: el campo “lógico”, el acústico, el óptico y el “cinético”.

El campo lógico es el de la formulación de las cosas que sean intelectualmente comprensibles. Se podría llamar a esto el campo de la “logolalia”, del hablar con palabras. Esta “logolalia” es indispensable para la proclamación de la palabra de Dios (lectura, predicación, bendición, etc.), también para las oraciones, himnos, cánticos, confesiones, etc., y es indispensable también para permitir la comprensión del sentido profundo de este encuentro Dios-Iglesia que es el culto. Un culto en el que la “logolalia” se transformara en gritos podría, en una situación límite, dar ciertos indicios de lo que se celebra, pero carecería de un medio, en el sentido “mediador”, indispensable para mostrar que es un encuentro entre Dios y el ser humano.


Hay que detenerse aquí un instante en el problema de la glosolalia. Esta es una especie de grito, de canto o gemido, de pasmo escatológico, que se hace oír a veces en momentos culminantes de la vida espiritual, porque lo que se quiere expresar escapa, como sucede a veces en el amor, en el terror o en el dolor, y se convierte en un grito, alarido o balbuceo incoherente. La glosolalia no es necesariamente por sí misma un don del Espíritu Santo. Es un fenómeno de este mundo que el Espíritu puede usar, pero en muchos casos se trata de un fenómeno psíquico provocado hasta por las torturas o por el terror y el odio, y por las técnicas para lograr el trance personal o colectivo.

Teológicamente notamos tres puntos sobre la glosolalia. En primer lugar, la glosolalia se enfrenta con el problema de las lenguas de este mundo, de su confusión, de su ineptitud para que la gente se entienda y se comprenda; de su carácter “diabólico” (gr. diabállein, lanzar cosas a lo lejos, lo que desune), ya que separan en vez de dividir. Sin embargo, no se supera milagrosamente la confusión babilónica, ya que, normalmente, la glosolalia tiene necesidad de ser traducida (1 Cor 12.10; 14.2,9,13,18, etc.).

En segundo lugar, sin negar que la glosolalia pueda ser un carisma, es necesario darse cuenta de que el apóstol Pablo no cree que la glosolalia pueda ser un elemento conveniente de la liturgia comunitaria. Hay una diferencia fundamental entre poder expresarse en la lengua de los ángeles (1 Cor 13.1) y querer expresarse en ella: lo primero es una gracia que se debe gozar personalmente con humildad y discreción (cf 1 Cor 14.18), lo último es una codicia que sabotea la edificación de la iglesia.

Por último, la Iglesia tiene el derecho de querer conocer no una lengua descompuesta, abstracta, no figurativa, en el mismo sentido de pintura o escultura abstracta, sino una lengua transformada por el Espíritu, comprensible pero a la vez arrebatadora, capaz de decir locuras. Es la lengua de los himnos y de los cánticos, que hierve, por ejemplo, en la carta a los efesios o que permite a María, aun antes de nacer su hijo, cantar ya, locamente, que Dios dispersó a los que se engríen con los pensamientos de su corazón, derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes, y que llenó a los hambrientos de bienes y a los ricos despidió vacíos (Lc 1.51s). Esta palabra-límite de los cánticos, de las doxologías, de las confesiones, es la verdadera lengua litúrgica, la lengua nupcial de la iglesia que canta a su esposo y que se entrega a él…


El campo acústico. La formulación litúrgica no se dirige ni se refiere solo a la capacidad de comprender; también se dirige a la voz y al oído, a los ojos y a los miembros. Vimos reglas bastante precisas para la expresión “lógica”. No sucede así con los campos acústico, óptico o cinético, ya que los gustos cambian con las épocas, con las culturas y los presupuestos sociales. Este campo se subdivide en tres: el de la palabra hablada, el de la palabra cantada y el del silencio.

La palabra hablada se expresa en tres planos diferentes: lectura, proclamación y recitación: se leen las oraciones, se proclama la sagrada Escritura (por tanto, la palabra proclamada puede ser también leída), y se recitan el credo, el padrenuestro, los salmos, las antífonas. En cada uno de estos niveles, la palabra hablada debe encontrar su tono y su ritmo, para que sea audible y para que respete el carácter comunitario del culto cristiano.

La palabra cantada se presenta también en tres planos diferentes: la cantada por la asamblea, la cantada por individuos y la cantada con ayuda de instrumentos. Dejo esta última para verlo más adelante. El canto es la “forma normal e irreemplazable de la expresión comunitaria” (Gelineau) y el culto cristiano ha conocido siempre el canto comunitario,

El silencio litúrgico es un problema importante, no solo por la tradición litúrgica de los cuáqueros, sino porque el silencio es uno de los misterios de la fe cristiana: el recogimiento en la paz de Dios, el silencio ante Dios que viene (cf Sal 37.7; Lam 3.26; Hab 2.20; Sof 1.7; M c 4.39; Ap 8.1). Se trata de una actitud de receptividad, de apaciguamiento y de culminación.aunque haya variado mucho su estilo a lo largo de los siglos. La música que acompaña el canto lleva, sin duda, la emoción expresada por éste, pero lleva principalmente consigo las palabras del canto. Es sobre todo vehículo de lo que se dice y lo que se proclama: la gloria de Dios y la victoria de Cristo. Esta música tiene fundamentalmente una función diaconal; por eso la mejor música litúrgica  es la que permite cantar la liturgia.

El campo óptico queda por tratarse en el capítulo dedicado al lugar del culto cristiano. Pero digamos aquí solamente que la encarnación de Dios en Cristo significa que él quiere algo ás que hacerse oir: para esto no tenía necesidad de encarnarse (cf Mt 17.5; Lc 3.22; Mc 9.7; Lc 9.35; Jn 12.28; etc.), sino que quiere hacerse ver (Mc 16.14; Lc 2.26; 19.3; “3.8; Jn 6.40; 12,21, 45; 14.9; 20.20, 29; 1Jn 1.1; etc.).

El campo cinético es el de las actitudes, de los gestos y de los movimientos. La fe debe conocer, en el culto, una apertura a los gestos. Nuestra resistencia reformada moderna a admitir esto se debe mucho más a una tendencia docetista que a un pudor espiritual. Es verdad que el gesto y el movimiento pueden quedar vacíos de contenido, igual que la doctrina puede estar vacía de fe; pero sin la actitud, el gesto y el movimiento, la liturgia de la Iglesia corre el riesgo de vaciarse, por carecer de recipiente,  por desmentir éste el contenido. Esta consonancia y sinfonía entre el sentimiento litúrgico (fe, arrepentimiento, acción de gracias, súplica y adoración) y la expresión cinética del mismo no es, forzosamente, una fuente de hipocresía (aunque ésta pueda apoyarse en expresiones cinéticas), sino una necesidad litúrgica y conviene que lo volvamos a aprender.

¿Qué encontramos en este campo cinético? En primer lugar, las posturas litúrgicas: de pie, sentado o de rodillas. De pie para invocar el nombre del Señor, para oír el evangelio, para confesar la fe, para saludar a un nuevo bautizado, para honrar la institución de la santa cena, para entonar cánticos. Sentado para las lecturas, a excepción de la del evangelio, y la predicación. De rodillas para las oraciones y la bendición.

En segundo lugar, los gestos litúrgicos. Renunciar a los gestos litúrgicos es disminuir la intensidad del encuentro litúrgico entre Dios y su pueblo (O. Haendler). Son numerosos tales gestos: unión de manos o elevación abriendo los brazos al momento de orar; gestos eucarísticos de la fracción del pan, de la bendición y presentación del cáliz, de la recepción humilde de las especies eucarísticas; gestos de bendición… Hay que nombrar también, aunque no nos detengamos en él, la señal de la cruz que ha sufrido entre nosotros una especie de cuarentena, que ya puede bastar.

En tercer lugar, los movimientos: procesiones de entrada y salida de los oficiantes, movimientos para ir del púlpito a la santa mesa, procesión para las ofrendas y colectas, acercamiento de los fieles para la comunión, sin contar la forma de recogerse antes y después del culto. Todo ello forma parte del culto y es expresión litúrgica. No debe haber moldes absolutos, pero es necesario justificar teológicamente la forma de proceder.

Continuamos el texto del pastor reformado Jean Jacques von Allmen, El culto Cristiano, su esencia y su celebración, Sígueme, Salamanca,1968, pp 87-96. Resumen de GBH.

En el archivo encontrará

  • Orientaciones para la predicación
  • Orientaciones para la acción pastoral
  • Orientaciones para la liturgia del culto comunitario

Domingos

  • Agosto 2, 2020 – Noveno domingo de Pentecostés (Verde)
  • Agosto 9, 2020 – Décimo domingo de Pentecostés (Verde)
    Domingo 9 – DÍA INTERNACIONAL DE LAS POBLACIONES INDÍGENAS
  • Agosto 16, 2020 – Undécimo domingo de Pentecostés (Verde)
    Domingo 16 – ARG: DÍA DEL NIÑO. DÍA DEL ABUELO.
    Lunes 17 – ARG: ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GRAL. SAN MARTÍN (FERIADO NACIONAL)
  • Agosto 23, 2020 – Duodécimo domingo de Pentecostés (Verde)
  • Agosto 30, 2020 – Décimo tercer domingo de Pentecostés (Verde)
    Martes 1 – JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN – COMIENZA EL MES DE LA BIBLIA
    Viernes 4 – ARG-ROU: DÍA DE LA SECRETARIA – DÍA NACIONAL DEL MIGRANTE
  • Septiembre 6, 2020 – Decimocuarto domingo de Pentecostés (Verde)
    HA COMENZADO EL MES DE LA BIBLIA
    Martes 8 – DÍA INTERNACIONAL DE LA ALFABETIZACIÓN Y DE LA EDUCACIÓN DEL ADULTO
  • Septiembre 13, 2020 – Decimoquinto domingo de Pentecostés (Verde)
    CONTINÚA EL MES DE LA BIBLIA
    Domingo 13 – JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y EL REFUGIADO
    Miércoles 16 – DÍA INTERNACIONAL DE LA PRESERVACIÓN DE LA CAPA DE OZONO
  • Septiembre 20, 2020 – Decimosexto domingo de Pentecostés (Verde)
    Lunes 21 – COMIENZA LA PRIMAVERA – ARG: DÍA DEL ESTUDIANTE
    Lunes 21 – DÍA INTERNACIONAL DE LA PAZ
    Miércoles 23 – DÍA DE LAS BIBLIOTECAS POPULARES
  • Septiembre 27, 2020 – Decimosexto domingo de Pentecostés (Verde)
    Domingo 27 – ARG – DOMINGO BÍBLICO NACIONAL
    Jueves 1 – DÍA INTERNACIONAL DEL ADULTO MAYOR


Esta ha sido una nueva entrega de recursos litúrgicos y pastorales para el tiempo de Cuaresma a Pentecostés, meses de Agosto y Septiembre 2020 (Ciclo A). Reedición de 2017 con nuevos materiales.

  • para hermanos y hermanas encargados del ministerio de la Palabra,
  • realizando trabajos pastorales en amplio sentido y con distintos grupos
  • y a encargados y encargadas de la liturgia del culto comunitario.

Cotejando el “Leccionario Común Revisado”, con el también editado por la agenda y leccionario de la IEMA y otros de iglesias hermanas. Nos permitimos algunos cambios en la longitud de los textos y proponiendo algunas alternativas.

Este material circula en forma gratuita y solamente en ámbitos pastorales, dando crédito a todos los autores hasta donde los conocemos, valorando mucho su disponibilidad.

Agradecemos todos los materiales que hemos usado –ya disponibles en varias redes–, sus aportes para estos “recursos”.

Las indicaciones de las fuentes musicales son:

  • CFCanto y Fe de América Latina, Igl. Evangélica del Río de la Plata.
  • CA – Cancionero Abierto, ISEDET.
  • HCN – Himnario Cántico Nuevo, Methopress.
  • MV – Mil Voces para Celebrar, himnario de las comunidades metodistas hispanas, USA.
  • Red Crearte, https://redcrearte.org.ar/
  • Red Selah: www.webselah.com

Fraternalmente, Laura D’Angiola y Guido Bello, desde la congregación metodista de Temperley, Buenos Aires Sur.

Descargar

Agosto y Septiembre 2020 (Ciclo A)

Agosto y Septiembre 2020 (Ciclo A)

Compartir

X