Recursos para la predicación

10 Jun 2024
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 23 JunioJun 2024

Verde


Marcos 4.35-41 – Presentación de Carlos Bravo Gallardo

“Habla” el evangelista Marcos

Negros nubarrones

¿No usan ustedes frases como ésta para hablar de una situación que se va poniendo difícil? Y no necesariamente quieren decir que había realmente negros nubarrones. Lean desde esa clave el siguiente pasaje que me llegó de la tradición como un resumen de la situación de Jesús y la de los discípulos. Lo puse aquí con esa intención. Quien se quede en la pregunta sobre si realmente sucedió una tal tormenta y si en verdad se calmó o no el viento, no entenderá lo que he querido decir sobre Jesús y su relación con los discípulos.

Ya se había puesto el sol y Jesús les dice a sus discípulos: “Atravesemos a la otra orilla”. El estaba muy cansado del ajetreo de todo el día; entonces, dejando a la gente, se lo llevaron en la barca así como estaba; y se fueron otras barcas con él. De pronto se vino un fuerte vendaval y las olas se metían una tras otra en la barca y no se daban abasto para sacarla, y había peligro de que se hundieran. Pero Jesús ni cuenta se daba, dormido como estaba en la popa sobre un montón de cuerdas como almohada.

Entonces fueron a despertarlo y le dicen, en son de reclamo: “Maestro, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? Vente a ayudar”. Y Jesús, despertando, ordenó al viento y dijo al mar: “¡Calla, enmudece!”. Y se acabó el ventarrón y se hizo una calma total.

Atención: ahora viene lo importante. Para los judíos el mar era el lugar de los poderes de la muerte, donde la vida frágil del hombre estaba en peligro. Ellos veían a Jesús exponerse a muchos peligros y, sin embargo, salir de ellos indemne. No sabían cómo no tenía miedo. Y Jesús les dijo: “¿Por qué están tan asustados? ¿No tienen fe?” Les había entrado un miedo enorme y se preguntaban: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Nosotros vivíamos tiempos de persecución. Y tiempo después, acordándonos de ese hecho, comprendimos en la comunidad que lo contrario a la fe no es la incredulidad sino el miedo. Y que el miedo impide comprender a Jesús como el Señor de la vida, que triunfa sobre la muerte.

En relación con este tema he querido poner los siguientes pasajes, en los que les quedará claro, como nos quedó a nosotros después de la resurrección, que Jesús es el Señor de la vida: Un hombre muerto en vida (5.1-20) y unas mujeres muertas en vida (5.21-43).

Carlos Bravo Gallardo, sj, en Galilea, Año 30. Historia de un conflicto (Para leer el evangelio de Marcos), Verbo Divino, Quito, 1993.


1 Samuel 17 – Presentación de Lucía Hernández y Humberto Jiménez

En las luchas contra los filisteos aparecen varios relatos, reunidos sin tener en cuenta que algunos episodios ya se habían descrito, como la presentación de David ante Saúl (vs 17, 57-58; cf 16.14ss).

David y Goliat

Un joven valiente, con la ayuda del Señor, pero sobre todo lleno de fe, vence a un filisteo, Goliat, temido en toda la región. El término hebreo habbênayaîm, literalmente “hombre entre dos”, fue traducido por Reina-Valera 1960 como “paladín; “campeón” por Roland de Vaux y “gigante” por Lutero, mientras que la RVC opta por dejar directamente “un guerrero” que luego será presentado con sus características.

De una cosa no queda duda: la intencionalidad teológica de la narración. Yavé da la victoria y la fuerza al débil, para que todos los pueblos reconozcan que yo soy Yavé, como dirá más tarde el profeta Ezequiel. David, aparentemente indefenso, sin equipo de combate como el que se dice tenía Goliat, se enfrenta con su enemigo en condiciones desventajosas, pero con la seguridad que ha tenido el pueblo de que Yavé no lo dejará perecer porque es su pueblo.

En este relato es más importante el duelo verbal que la maniobra militar. Ante la burla del gigante por el arma primitiva de David, este responde: tú vienes a mí con espada y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yavé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel a los que has desafiado (v 45). Como en las plagas de Egipto, el poder de Dios es el que actúa (cf Ex 9.14).

El episodio de David y Goliat, uno de los más conocidos entre las historias bíblicas se ha llenado de fantasía, olvidando la más grande de las enseñanzas. Hay maneras de vencer que a primera vista no parecen ser los caminos más adecuados y, sin embargo, son más efectivos que los que ofrecen la técnica y las armas. La arrogancia y el poder tampoco son los medios más eficaces. David utiliza la palabra y la acción, pero sobre todo la certeza del Dios que está con él y con el pueblo: el Yo soy Yavé, que no necesitó de espadas, ni arcos ni flechas para liberar al pueblo de la esclavitud del faraón, ese Dios que escuchó la voz del pueblo, que vio sus penalidades y miserias, y que lo sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido (cf Dt 26.7-8). Ese Dios estaba con David y está siempre con nosotros. Hacer lo que nos corresponde y dejar que Dios actúe es la actitud propia de la persona de fe.

Lucía Hernández Cardona y Humberto Jiménez Gómez, Los libros de Samuel en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Estella, Navarra, 2005.


Salmos 9 y 10 – Presentación de Enzo Cortese y Silvestre Pongutá

Los salmos 9 y 10 de la Biblia hebrea aparecen como un solo salmo (el 9) en la traducción griega de los LXX (llevada a cabo en Alejandría durante el reinado de Ptolomeo II (285-246 aC). Ambos utilizan el recurso estilístico del acróstico basado en las letras del alfabeto hebreo, y este recurso comienza en el salmo 9 y se completa en el salmo 10, aunque en el texto actual faltan algunas letras del alfabeto. Esto podría dar lugar a pensar que originariamente habían sido un solo salmo. No se ve con claridad por qué la Biblia hebrea distinguió dos salmos.

Lo cierto es que las ediciones protestantes de la Biblia siguen el criterio de la Biblia hebrea de distinguir dos salmos, mientras que las católico-romanas usan el criterio de los LXX. Con lo cual, tenemos dos numeraciones de los salmos desde el 11 (con un 10 entre paréntesis en la BJ) en las ediciones católicas; hasta casi el final del salterio. Por ello en las ediciones católicas del Leccionario Común Revisado los salmos suelen aparecen con un número retrasado (en algunas ediciones con ese número retrasado entre paréntesis).

Aquí registramos y resumimos el comentario de los dos salmos, 9 y 10, como uno solo.

El salmista formula al comienzo el deseo de dar gracias a Dios y de alabarlo (vs 1-4). En el v 5 empieza una enumeración de los motivos de la alabanza que desemboca en afirmaciones universales del modo de obrar propio de Dios; del vs 14 al 10.13 aparece el tema de la súplica mezclado con temas de lamentación. Los vs 10.14-18 se pueden considerar como la conclusión de todo el salmo.

9.1-4 – Alabanza y acción de gracias

Empieza este salmista (quizás un rey) la expresión de un deseo profundo de agradecer, de proclamar las maravillas de Dios, alegrarse y cantar al nombre del Dios altísimo. Sintéticamente se enuncia ya el motivo de todo este entusiasmo religioso: Ante ti, mis enemigos huyen; ruedan por el suelo. La idea de un Dios protector que se hace cercano al perseguido, que lo escucha y lo libra, puede venir de una experiencia  ya vivida o de la certeza de un obrar siempre coherente con la bondad y solidaridad de Dios con el necesitado que a él acude; en el primer caso, la alabanza y la acción de gracias se hallaría después de la experiencia de liberación; en el segundo, formaría parte de la plegaria del salmista y sería expresión de su confianza total en Dios.

9.5-13 – Actuaciones anteriores de Dios

En su oración, el salmista recuerda que Dios obró como Dios juez justo y que defendió su derecho en el pasado: el peligro, la amenaza y la agresión provenían de personas que se califican como paganos y malvados. El orante debe ser una persona que, aunque hable en singular, integra e incorpora a todo el pueblo de fe: esto lo puede formular apropiadamente el rey. Pero las dimensiones del problema no son solo políticas: está en juego la relación del pueblo con  su Dios y la carencia de fe en paganos y malvados.

La intervención de Dios está en la línea del éxodo y la conquista de la tierra, y puede referirse a otros momentos posteriores de la historia. La desaparición de los agresores, sus espadas y sus  ciudades, contrasta con la permanencia y consistencia de Dios: él es eterno, su trono es siempre estable, el juez del mundo entero y juzga con justicia y rectitud. Por otra parte, el oprimido y el pobre pueden contar siempre con la solidaridad de Dios; Dios no dejará impune la violencia. De ese obrar histórico de Dios debe surgir la total confianza en el Dios que no se olvida del clamor de los pobres. El pueblo debe solo reconocer a su Dios y buscarlo; la ciudad de Sión, en ese momento síntesis de todo el pueblo, debe cantar a su Dios y proclamar sus hazañas a todas las naciones.

9.14 – 10.12 – Súplica y lamentación

El sujeto que comenzó la acción de gracias y la alabanza reaparece para formular una súplica muy sentida a su Dios. El momento presente es de miseria, de amenazas de muerte, de angustia. La situación del salmista está causada por enemigos, paganos, seres simplemente humanos. Aparece también la idea de un juicio o acusación que plantean los enemigos y que se formula con la imagen de una trampa mortal.

La miseria que experimenta y siente el salmista lo ubica entre los indigentes y los pobres. la súplica del salmista se basa en la confianza que él tiene en Dios; él lo puede rescatar de las puertas de la muerte. Defiende su derecho,

no se olvida del indigente. El salmista sabe que si Dios interviene, podrá luego narrar las maravillas de Dios y alegrarse por su salvación; los malvados serán derrotados y juzgados en la presencia de Dios.

En 10.1 aparece una lamentación: ¿Por qué, Yavé, te quedas lejos, te escondes en tiempos de angustia? Esto permite constatar que el peligro no ha desparecido aún. Tiene sentido la súplica y la lamentación. Se describe ampliamente al malvado, sus maquinaciones, sus planes, sus actitudes: actúa con soberbia, con altivez, lleno de ambición y de seguridad porque está convencido de que Dios no se entera o no interviene: desconoce a Dios y su actuar en la historia. Paralelamente, tiene actitudes de prepotencia y de aprovechamiento de los míseros e indigentes.

10.13-18 – Conclusión

La situación presente lleva una vez más a dirigir a Dios una súplica que lo interpela, que pide la manifestación de su poder, y que no se olvide los pobres. Estos tienen pena y tristeza, se sienten miserables y huérfanos, oprimidos y desalentados. El salmista invita a Yavé a asumir todo esto y a intervenir; le recuerda que él es juez justo, que los miserables ponen en él su confianza, que es absurdo que triunfen los malvados, que los soberbios no pueden prevalecer.

Lectura cristiana

El anonadamiento de la encarnación y de la cruz es cercanía de Dios a toda persona que padece, que sufre, que vive amenazas contra su vida. Desde esta cercanía de Dios debe surgir la esperanza y certeza de los creyentes.

El Cristo, cercano al ser humano, ora, suplica y alaba al Padre a nombre de esta humanidad: hace suyo el dolor, la indigencia, la humillación de los pueblos y la presenta al Padre. El cristiano hace suya esta súplica del Cristo total, se une a ella, pide la intervención de Dios; pide que desaparezca el mal, la amenaza, la opresión; expresa su confianza en Dios y se alegra con su salvación.

Enzo Cortese y Silvestre Pongutá, biblistas católicos italiano uno y colombiano el otro, en Salmos,
Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, España, 2007.


2 Corintios 6.1-13 – Presentación de Mercedes García Bachmann

No se pueden entender estos versículos sin tener en cuenta la polémica en que está inmerso el autor. Pablo enfrenta la acusación de ser débil y frágil en su cuerpo y por eso no poder ser un apóstol “exitoso”. Después de su descargo, Pablo invita a sus oyentes, sus hijos e hijas en términos de la comunidad de la que provienen, a unirse a él (“trabajando junto con”, v. 1)

Estos versículos son uno de mis textos preferidos, por el hecho de que recuperan de una manera asombrosa pero a la vez totalmente simple, la grandeza de Pablo y sus compañeros y compañeras. Una grandeza que no está dado por algún valor especial en ellos/as, sino que viene de lo que Dios puede hacer con las personas: de gente sencilla, frágil a los ojos humanos, dispensable para el sistema socio-económico y político, insignificante, Dios hace héroes y heroínas. No como los de las películas de Hollywood o como los imperios de todos los tiempos gustan de exhibir, sino héroes y heroínas de verdad, que persisten en la adversidad; que enfrentan todo tipo de dificultad con la cabeza alta y sin devolver mal por mal; que no desesperan ni desisten de su ministerio; que no buscan su propio enriquecimiento ni honor, sino el de Dios.

Todo esto que Pablo enumera con tanta maestría está en función de su propósito para con sus oyentes. Comenzando en el v. 1, exhorta a que no reciban en vano la gracia divina. Esta misma gracia es la que ha hecho de él y otras personas ministros del Señor y sus embajadores. Por tanto, no reconciliarse es no recibir a quien les ha enviado. La lista de dificultades, así como la templanza con que las han aceptado, con todos sus contrastes y contradicciones, demuestran, en la argumentación, que Pablo tiene suficientes credenciales para ser aceptado por la comunidad como su ministro; por eso termina recordándoles que son sus hijos en el ministerio y que no le están correspondiendo con un corazón entero como él se los está ofreciendo a ellos.

Numerosos comentarios destacan la similitud del “alarde” paulino en este texto con el ideal del sabio de las escuelas filosóficas cínicas y estoicas. Pablo se permite presentarse como su maestro y guía, porque tiene todas las credenciales necesarias para hacerlo. Y no lo hace para alardear de sí mismo, sino para enarbolar un modelo de ministerio que, cree, es el que es fiel al Señor del que proviene y al que anuncia.

Pistas para la predicación

Hay una temática común a todos los textos de este domingo, relacionados con las mareas y otros peligros marítimos y la contemplación de las obras y sobre todo del poder de Dios en medio de tales calamidades, de todas las cuales, milagrosamente, se ha salvado quien habla (el salmista en el Sal 107; los discípulos con Jesús en Marcos, y Pablo en 2 Cor. Job es un caso especial, donde Dios le cuestiona su impertinencia preguntándole si estaba cuando fue creando el mundo y asentándolo sobre sus bases.

Tomando 2 Corintios, la meditación no debe girar tanto en lo peligroso sino en las señales propias de un ministerio que es fiel a Dios –aunque no sea “exitoso”: un ministerio que no busca escandalizar, que abre su corazón a la comunidad, que parece loco ante Dios pero cuerdo y cuidadoso ante la comunidad para su edificación, que todo lo soporta, pero que no tolera lo que pueda dañar a la comunidad a su cargo.

Otra posibilidad es tomar la línea de la tempestad calmada y ampliarlo a las muchas tempestades calmadas por la fuerza y sobre todo por el amor de Dios: la de la creación del caos (Job 38), la del Salmo, la del lago de Genesaret, las que pasaron Pablo y sus compañeros y compañeras de ministerio. Y todo ello para la gloria de Dios.

Mercedes García Bachmann, pastora y biblista luterana argentina (IELU), en Estudio Exegético-Homilético 74, ISEDET, Buenos Aires, junio 2006.


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