Recursos para la predicación

27 May 2024
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 02 JunioJun 2024

Verde


Marcos 2.23–3.6 – Presentación de Carlos Bravo Gallardo

“Habla” el evangelista Marcos

2.23-38 – De comidas y de sábados.

Un sábado atravesaban un campo sembrado él y sus discípulos y, para hacer camino, ellos iban arrancando espigas, y comiéndose los granos. Y unos fariseos que se encontraron comenzaron a reclamarle. “¡Mira, fíjate, Maestro! ¿Por qué hacen en sábado lo que está prohibido?” Aquellos eran hombres que tomaban en serio la Ley, pero la tomaban al pie de la letra y como algo absoluto, sin excepciones.

Jesús recurre a la historia, para descubrirles que el criterio de interpretación de la Ley no es la Ley misma, sino la necesidad del hombre; y les dijo: “¿Qué no han leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y cuando él y los suyos tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, y comió de los panes de la ofrenda, que nadie puede comer, fuera de los sacerdotes, y los compartió con los que iban con él”.

Para Jesús, ninguna Ley es clave absoluta de conducta, ni siquiera la sagrada ley del Sábado; y el fundamento de esa relativización es Dios mismo porque, como les dijo Jesús, “Dios hizo el sábado para el servicio del hombre, y no al hombre para servir al sábado; y por eso el hombre es señor del sábado”.

Estas afirmaciones no las podíamos entender ni los que queríamos a Jesús; menos sus enemigos. Necesitábamos una profunda conversión que nos posibilitara creer en Dios a la manera de Jesús, que estaba profundamente convencido de que Dios no buscaba nada para sí, sino todo para sus hijos, como buen Padre que era.

Es cierto que ya desde antes había dos interpretaciones del sábado; una, la del Deuteronomio, la más antigua, que decía que el sábado lo había hecho Dios “para que descansen como tú tu siervo, tu sierva, tu buey, tu asno”, y otra, la del Éxodo, muy posterior, que ponía como motivación el culto a Yahvé. Jesús se identificaba instintivamente con la primera tradición, que era de tipo profético, y más bien se enfrentaba a la segunda, que era de la escuela sacerdotal. Pero esa elección no la haría impunemente.

3.1-6 - El sábado, la vida o la muerte

Y sucedió lo que tenía que suceder. Consecuentemente con su experiencia de Dios, Jesús quería mostrar que lo que al Padre le importaba era la vida de los hombres, y que el modo de agradarle era mediante el cumplimiento de las exigencias de la justicia y del amor, y no mediante el cumplimiento de leyes o de ritos. Por eso no dejaba pasar ocasión para mostrar que el ser humano estaba por encima de la ley.

Y llegó él a la sinagoga un sábado. Había un hombre con la mano paralizada de hacía muchos años. Los fariseos estaban acechándolo, para ver si lo curaba en sábado, para poder acusarlo.

Realmente no había ninguna urgencia. El hombre aquel podía esperar tranquilamente hasta que se pusiera el sol y terminara el sábado. Hacer otra cosa parecería provocación inútil.

Pero para Jesús no había duda: el hombre estaba por encima de la Ley. Y le dijo: “Ponte ahí en medio”. Y se enfrentó con los fariseos: “En sábado ¿qué se puede hacer? ¿El bien o el mal? ¿Salvar una vida o matar?” Ellos se quedaron callados. Porque, como judíos, sabían que si alguien no ayudaba a un prójimo, era culpable del mal que le pasara.

Jesús sintió mucha bronca contra ellos y, al mismo tiempo, mucha tristeza por la cerrazón de sus corazones. Y sabiendo lo que se estaba jugando, le dijo al hombre: “Extiende la mano; tú puedes hacerlo”. Y la extendió y pudo moverla otra vez como antes de estar enfermo.

Entonces los fariseos, nada más salir, se reunieron con los herodianos, para ponerse de acuerdo a ver cómo matar a Jesús…

Los fariseos despreciaban a los herodianos; ellos se sentían muy puros, y los herodianos eran idumeos que estaban al servicio de los paganos y no se cuidaban para nada de prescripciones de pureza. Pero tenían el poder que necesitaban los fariseos para deshacerse de Jesús. Era un capítulo más de la historia de alianzas del poder religioso con el poder político, para eliminar al inocente que estorbe a sus intereses.

Carlos Bravo Gallardo, sj, en Galilea, Año 30. Historia de un conflicto (Para leer el evangelio de Marcos), Verbo Divino, Quito, 1993.


1 Samuel 3.1 20 – Presentación de Mercedes García Bachmann

Repaso exegético

El v. 1. comienza ubicando la historia en lugar y tiempo e introduciendo a sus dos personajes principales: Elí y Samuel. El lugar y el tiempo, sin embargo, son relativos y no absolutos: “aquellos días en que Samuel servía a Yavé en presencia de Elí”. De estos datos no sabemos ni cuándo ni dónde era esto, aunque el dónde será claro después. La otra información importante es que por entonces Dios había cesado de hablar directamente, pues “la palabra de Yavé era rara o preciosa y no había profusión de visiones (o las visiones eran infrecuentes)”.

Esta información prepara la confusión que sigue en el texto, tanto de parte de Elí como de Samuel. Lo mismo se podría decir de la información sobre la casi ceguera de Elí en el v. 2 y la falta de una relación cercana entre Yavé y Samuel en el v. 7 (“Samuel todavía no conocía a Yavé”). Samuel era un na’ar, un dependiente del templo, donado por su familia para crecer allí y servir allí a Yavé de por vida.

V. 2-3. Estos v. son un paréntesis en la historia principal. Nos sirven para entender quién es quién y dónde estaban cuando sucedió lo que sucedió. Ambos estaban en el templo de Yavé en Silo. Elí, ya viejo, dormía en su lugar habitual, el vestíbulo según el cap. 1, mientras que Samuel dormía junto al arca de la alianza. Todavía estaban encendidas las lámparas porque no había amanecido.

Los v. 4-10 plantean una situación muy peculiar, que es la de Yavé llamando y Samuel respondiendo, pero a la persona equivocada. Me puedo imaginar a Yavé divirtiéndose con la confusión de su sacerdote y su (futuro) profeta, ambos embarcados en este diálogo tan loco. Yavé llama desde el arca, pero Samuel cree escuchar el llamado de Elí desde el vestíbulo. Finalmente prima la experiencia de Elí, quien aconseja a Samuel sobre la manera correcta de responderle a Dios. Entonces Dios le indica a Samuel para qué lo está llamando. El llamado de Dios nunca es en vano o porque sí, tiene una función. En este caso, como quedará claro en el v. 20, la vocación es la de profeta de Yavé.

V. 12. El texto le atribuye a Dios la expresión “cumpliré”, que indica un anuncio previo de parte de Yavé a Elí y su familia., pero que no se encuentra en este texto (ver sin embargo el cap. 2). Por otra parte, es claro que blasfemia contra Dios –un término que indica, aparentemente, malas conductas que llevan a pensar que Dios no actúa o no importa lo que diga– no puede arreglarse con sacrificios y ofrendas en el templo. A pesar de su falta de voluntad o de capacidad para restringir a sus propios hijos, Elí es presentado como un sacerdote obediente a Dios, que prefiere conocer de boca de Samuel todo lo que Yavé ha dicho y que acepta estas palabras a pesar de lo duras que son.

V. 19-20. Acá notamos que el foco de la historia no está en la destrucción de la casa de Elí sino en la construcción de una vocación de Samuel, el cual, irónicamente, será acusado más tarde de tener hijos corruptos y que se han erigido en jueces sin haber sido instituidos por Dios (1 Samuel 8). Samuel iba creciendo y el Señor estaba con él; señal indudable, para el Deuteronomista, de la elección de este profeta por parte de Dios.

Sugerencias para la prédica

El texto elegido para este domingo, el de la vocación de Samuel, es de por sí una historia muy fácil para predicar, pues es una narrativa con un desarrollo claro a pesar de innumerables dificultades textuales. (La mayoría de las dificultades textuales tiene que ver con una versión más abreviada del mismo texto encontrada en Qumrán, lo cual plantea el tema de la transmisión del texto).

Podemos ver que es grave la situación del sacerdote Elí y su familia. Pero ¡cuidado!, que quienes predicamos podemos estar muy cerca de Elí, al menos en cuanto a la responsabilidad que nos toca de conocer qué espera Dios de su pueblo y de creer que también la palabra de Dios de castigo se puede cumplir.

Una manera de leer el texto es fijándonos en los elementos faltantes. Una buena historia siempre comienza con algo que falta lograr o conseguir y que, si el final es feliz, se logrará. Quizás se podría pensar en la casi ceguera de Elí no como un problema físico, sino indicio de su rechazo a ver la realidad de su propia familia; y la falta de una relación personal, cercana (“conocimiento”) entre Samuel y Yavé.

Mercedes García Bachmann, biblista luterana (IELU) argentina, en Estudio Exegético-Homilético 32, Enero 2003, ISEDET, Bs As.


Salmo 139 – Presentación de Enzo Cortese y Silvestre Pongutá

Casi para todos los exégetas se trata de una meditación sapiencial sobre la creación del ser humano en general. En cambio, una interpretación reciente se fija en el significado histórico de los verbos, la descripción de la acción de Dios en la creación de la vida humana (13ss) se refiere al sujeto que ora y no tiene en cuenta la creación de cualquiera.

El pretendido influjo de Job 10 o 23 0 28 se explica a lo sumo en sentido contrario y, más que en Job, se debe mirar el paralelo antiguo de Amós 9.1-4. De esta manera, también la contemplación precedente (1b-12) no es la de la omnisciencia divina, sino del conocimiento divino particular de este personaje. Él concluye admirado y agradecido (17s), se puede considerar, por tanto, como un canto de acción de gracias.

La segunda parte es una especie de examen de conciencia (21-24), sin la ostentación de seguridad que tenía el rey en 18.21-25 o en 101.

El camino del rey

El largo camino (derek, 3 y 24) del rey es el motivo por el cual se agradece con emoción y elocuencia en la primera parte y se examina con humildad en la segunda. Este balance de la propia vida es maravilloso, si se acepta la hipótesis de que es el del anciano David (independientemente del tiempo o del autor). Él se siente conocido por Dios íntimamente y desde siempre (yd´: Is 4.14, 23 bis), como Moisés en Éx 33.12-17; se siente objeto de un proyecto de amor inmenso (8ss) de su espíritu (7), guiado por su mano (10).

La última frase es conmovedora: guíame por el camino eterno (derek ‘olam, 24b). Especialmente en estos salmos ‘olam significa siempre la eternidad (futura: 138.8; 145.1s, 13, 21) para el pasado lejano se usa qedem (143.5). Sal 139 es una descripción de los sentimientos de David análoga y paralela a 2 Sam 7.18-29.

Conmovedor es también el recuerdo de la gestación en el vientre de la madre (13b) y surge espontánea la relación con 22.10. La madre está presente en la plegaria el Mesías (ver también 86.16 y 116.16).

Dejamos al lector la  confrontación de esta manera monárquica-davídica de considerar la obra de Dios creador y la sapiencial que suele proponerse para nuestro salmo.

Lectura cristiana

La lectura que hemos propuesto, en el fondo, no excluye la sapiencial. Nosotros cristianos sabemos que el proyecto divino de la creación y del ser humano es ya un proyecto mesiánico. El antiguo Adán se haya ya en la perspectiva del NT. Por lo demás, el próximo Sal 144, que hace volver la plegaria del rey a la calma, después de las lamentaciones de 140-143, repetirá para el rey el Sal 8, acerca del hombre (Mesías) poco inferior a los ángeles.

Porque, como dice la literatura sapiencial en sus fases culminantes y, como repite profundamente el NT, todo fue hecho por medio de él y para él (Col 1.15ss). Por tanto, esta página despliega los más amplios horizontes para la meditación sobre la figura del Mesías y es bello pensar que fue objeto frecuente de las meditaciones de Jesús.

En este proyecto cósmico, mesiánico y sapiencial, hay lugar para la pequeña historia y la creación de cada uno de nosotros y a esta luz debemos leer el proyecto de nuestra vida, recitando el Sal 139.

Enzo Cortese y Silvestre Pongutá, biblistas católico y colombiano en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Estella, España 2007.


Introducción a la Segunda Carta a los Corintios – Presentación de Eduardo de la Serna

Dentro de las cartas paulinas, 2 Cor presenta una serie de elementos que son propios de las demás epístolas, otros que tiene en común con 1 Cor, y otros que son exclusivos de este escrito. Probablemente entre una y otra carta hay un escaso período de tiempo, y por lo tanto no parece que los conflictos de la primera estén solucionados en la segunda, aunque pueden haberse suscitado nuevos. Por ejemplo, nada indica que los partidos hubieran desaparecido; sin embargo, tampoco parece que aquí se haga referencia a ellos. ¿Están supuestos en algunos de los variados conflictos de la carta o es un tema ya superado?

Los desórdenes morales, particularmente sexuales, quedan ahora limitados a solo un versículo (12.21), los problemas de asamblea no ocupan lugar, ni tampoco la negación de la resurrección. La gravedad de la idolatría es apenas aludida (cf 11.2). ¿Acaso han desaparecido como fruto de la primera carta? No parece probable un efecto tan inmediato. Los nuevos conflictos: los adversarios, los problemas económicos, el lugar del AT, por ejemplo, ¿tienen un mismo origen que los anteriores u ocupan su lugar otros nuevos y más graves conflictos? Unos pocos temas se repiten, aunque más desarrollados: por ejemplo, el apostolado y la colecta.

Unidad de la carta

La correspondencia de Pablo con la comunidad de Corinto fue muy asidua. Lo mismo los contactos personales o por intermediarios. Sabemos que al menos hay cuatro cartas, dos de las cuales parecen perdidas: la primera (cf 1 Cor 5.9) y la tercera (comúnmente llamada “de lágrimas” (cf 2 Cor 2.4). sin embargo, varias cesuras literarias, cronológicas o narrativas han hecho pensar que en la actual 2 Cor podemos encontrar varias cartas o fragmentos recopilados. Sostenemos que las posibles divisiones deben buscarse solo en 2 Cor, ya que 1 Cor constituye una carta única, aunque probablemente compuesta en dos etapas.

Nos adherimos a la posición que ve aquí tres o cuatro cartas, que encontramos en 1-7 (8); 9; 10-13. El motivo principal que nos ha decidido por esta opinión es el de los adversarios que pueden entreverse en la actual carta. En 10-13 se nota un conflicto muy vehemente con falsos apóstoles que transmiten otro evangelio y que cuestionan el apostolado de Pablo, de tal modo que debe hacer una extensa apología que no desea. Estos aparecen aceptados por la comunidad o por buena parte de ella. En 1-7 vemos que necesitan cartas de recomendación; la crítica parece dirigida a la predicación de los rivales (y su uso del AT). En ningún párrafo está ausente lo económico, pero mientras en 1-7 se dice que comercian con el Evangelio, en 10-13 se dirá que devoran a los corintios. La situación en 1-7 no parece tan grave como en 10-13.

Finalmente, decimos que la carta debe leerse tal cual la hemos recibido; no popdemos obviar una lectura sincrónica, aunque partamos de una mirada diacrónica.

Aportes teológicos

Como en todas las cartas paulinas, el contenido teológico debe buscarse en medio de un conflicto, una catequesis, una homilía, una exhortación. Pablo no es un sistemático. En Pablo la cristología, la escatología, la antropología, la eclesiología se entremezclan e iluminan mutuamente. Es casi imposible encontrar alguno de estos elementos en “estado puro”. Por eso habrá que ir “espigando” en los textos, complementando con otros, corrigiendo con nuevos aspectos y reconociendo los silencios si pretendemos saber qué dice Pablo sobre algunos de estos “tratados”. Pretender una síntesis teológica de la carta sería olvidar que nos encontramos, precisamente, ante uno de los escritos más dinámicos y vivenciales del apóstol. Los temas deben leerse en su contexto.


2 Corintios 3.1–4.12 – Presentación de Eduardo de la Serna

Podemos decir que Pablo, el escritor de cartas, escribe epístolas y ve en ellas un signo visible de una carta todavía mayor: una carta en Espíritu, una nueva alianza de la que él es ministro: las comunidades son esa carta viva y llenas de vida, escritas no con letras de tinta sino con la vida del Espíritu de Dios. Si la comunidad está viva es precisamente porque ha recibido ese Espíritu de Dios vivo y vivificante.

La siguiente oposición es entre Moisés y Pablo como ministros –cada uno– de una alianza diferente, es un contraste de ministerios. Todo el texto hace referencia al párrafo de Ez 34. Aunque no abandone las alusiones que vimos a Jr 31 y Ez 11 y 36.

El paso que Pablo da aquí a la antigua alianza, a Moisés, al velo y los hijos de Israel invita a sospechar que los adversarios de Pablo fueran judíos o, más probablemente, judeocristianos. Uno de los modos con que argumentará con mucha frecuencia en todos estos capítulos es el típicamente judío “de menor a mayor”, 3 en 5 versículos, vs 7-11: si la antigua alianza hizo esto, cuanto más hará la nueva… En estos casos la primera parte se da por segura y se supone obviamente una superación en la segunda parte, cuánto más, vs 8, 9, 11.

El conflicto parece más bien relacionado con el judaísmo, y muy probablemente palestinense. Los vs 14-15 invitan a sospechar que se trata de judíos no cristianos, aunque es más probable que un grupo de judeocristianos haga frecuente referencia a Moisés, la Alianza y esta actitud lleve a Pablo a señalar la transitoriedad de todo esto frente a la novedad absoluta de Cristo.

Quizá los adversarios, con cartas de recomendación de la comunidad de Jerusalén, predican un  mensaje de tablas de piedra, de una letra que mata, de una palabra pasajera. Pablo podría haber sido uno de estos, pero la iniciativa de Dios lo condujo por otros caminos. Otros han pensado en las cartas de recomendación que, según Hechos, llevaba Apolos (cf Hch 18.27). Uno de los grupos en que se ha dividido la comunidad en 1 Cor 1.12 es el de Apolos, y es probable que la elocuencia de este alejandrino haya sido una de las causas principales, si no la única, de la división en partidos.

El conflicto parece relacionado con la predicación. El apóstol dice que negocian la Palabra de Dios (2.17) o que distorsionan la Palabra de Dios (4.2) callando cosas fundamentales con un silencio vergonzoso. Con  mucho énfasis afirma que “¡antes bien! Con sinceridad y como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo” (2.17). Esto no debe entenderse como una auto-recomendación de Pablo; es el mismo ministerio el que lo recomienda. Otros, que sí se recomiendan, para conquistar los favores del auditorio, callan o adulteran la palabra de Dios, callan la novedad del Evangelio; ese tal es un ministerio de la muerte.

El de Moisés es el ejemplo supremo de ese ministerio que dura poco; y sin embargo era una manifestación gloriosa de Dios. La nueva alianza es una efusión del espíritu. Han llegado los tiempos definitivos, lo viejo ha pasado, y comienza el ministerio del Espíritu. La acentuación del contraste entre lo viejo y lo nuevo, lo pasajero (3.7, 11, 13) y lo definitivo, la antigua (3.14) y la nueva alianza (3.6), la muerte (3.7) y el espíritu (3.8), la condenación y la justicia (3.9) es tan tajante que en el mismo nivel deben ponerse el rostro de Moisés (3.7) y el rostro de Cristo (4.6), o nuestro rostro que refleja la gloria del Señor, que es Espíritu (3.18).

Pareciera que el antagonismo con la Ley, con la antigua Alianza, es más virulento aquí que el que encontramos en Gál y Rom; sin embargo, el contexto de enfrentamiento con los adversarios, conflicto ciertamente duro, nos permite preguntarnos si la crisis es con la antigua Alianza o con esta tal cual era presentada por los adversarios. El contexto invita a esta segunda lectura. En el juego de contrastes, sería de esperar que a ministerio de muerte (v 7) se contrapusiera un ministerio de vida; sin embargo, Pablo usa del Espíritu.

Ya nos había dicho (v 3) que el espíritu de Dios vivo ha escrito las tablas del corazón de carne, y que el Espíritu es dador de vida (v 6). En el v 17n también relacionará el espíritu con la libertad. La novedad que el espíritu trae como don escatológico lleva a que este sea nombrado y en él se incluya todo bien: la vida, la libertad, la alegría… El nuevo contraste entre ministerio de condenación y ministerio de justicia no solo es más equilibrado, sino también clásico en Pablo. En este aspecto la gloria queda sobrepasada, y casi anulada, por una gloria mayor. Es por esta esperanza segura que Pablo (nosotros) se mueve con libertad y decisión (parrêsía) para hablar. Esta parrêsía parece ligada al ministerio escatológico que Pablo desempeña.

A partir del v 12 comienza a predominar el uso del sustantivo velo (kalymma, cuatro veces es este párrafo y solo aquí en Pablo y en todo el NT), que será una palabra clave en la unidad. Nuevamente se hace referencia a Éx 34. Lo que cesa, en este caso el ministerio de Moisés, llega a su final (télos) y –por lo tanto– la vieja alianza. De allí el salto abrupto en el que el velo, que en el v 13 lleva Moisés, en el v 14 esté sobre el pensamiento endurecido de los hijos de Israel. El término “pensamiento” (noêmata) en 2.11 se refería a Satanás, en 4.4 al dios de esta era y en 11.3 la serpiente que engañó a Eva pervirtió su pensamiento. El término hace referencia a un conocimiento pervertido por las fuerzas del mal que nos apartan de Cristo. El agente del endurecimiento, entonces, debe ser Satanás.

Puesto que al AT se refiere en cuanto lectura, ¿pretende Pablo dar una clave hermenéutica (cristológica) de lectura del AT? Ciertamente depende, entre otras cosas, del sentido que se dé a Señor en el v 16: ¿Dios o Cristo? El uso de un aoristo en al volverse supone un momento puntual futuro. La frase donde se habla de la conversión al Señor es extraña; por la construcción, parece referirse a Moisés; pero ¿quién se convierte al Señor? Si se refiere a los seguidores de Moisés, como el contexto parece indicarlo, parece estar diciendo que lo que les impide conocer la novedad aportada por Cristo se quita y pueden, desde entonces, acceder a la revelación plena y permanente de la gloria. Si sigue haciendo referencia a Éx 34, Señor se refiere a Dios, pero es difícil que Pablo piense que los judíos deben volverse a Yavé, aunque es comprensible que deben mirar a Cristo, de quien 1 Cor 15.45 ha dicho que es espíritu que da vida. Señor, entonces, parece referirse a Cristo.

Esto también será importante para la lectura de el Señor es espíritu, del v 17. El espíritu es el don escatológico que está presente en la novedad de la alianza que no cesa. ¿Se refiere a que el Espíritu es Señor? Este espíritu es espacio de libertad, fruto de no tener el velo que impide mirar. Someterse a la ley esclaviza (cf Rom 8.14-17), mientras que ser de Cristo libera (Gál 2.4), por eso reflejamos (todos los cristianos) como un espejo la gloria de Dios que nos transforma: somos imagen de Cristo como él es imagen de Dios (4.4), por eso vamos de gloria a mayor gloria todavía.

Los vs 3.14-15, más que en “leer” parecen detenerse en la conversión, es decir, en el reconocimiento. No es tanto, entonces, cuestión de lectura cuanto de vida. Una vida centrada en Cristo comprende todo lo antiguo, sencillamente; el resto está incluido en el grupo de los que se pierden, los incrédulos, los cegados por el dios de este tiempo ( = Satanás), que terminan predicándose a sí mismos (4.4-5). Los que distorsionan la palabra u ocultan el Evangelio están guiados por este dios que no es tal (cf 1 Cor 8.5-6), y su camino es la perdición, la incredulidad. Allí radica la luz de Dios que, una vez más, toma la iniciativa y se manifiesta en nuestra historia.

¿Quién es el sujeto de este nuevo “nosotros” que reflejamos con el rostro descubierto? (3.18 parece ser parte de la subunidad que termina en 4.6: cf gloria de/l Cristo/Señor e imagen –3.18; 4.4–). La referencia es al ministerio (4.1), no solo del grupo apostólico ni al “equipo” paulino sino  todo el pueblo creyente. No caminamos en el engaño diabólico de la astucia (cf 11.3) que pretende su propio provecho (cf Job 5.13 citado en 1 Cor 3.19). Satanás busca impedir, con astucia, que Cristo sea conocido y se acepte el Evangelio por la fe.

El Evangelio es la predicación de Jesús (repetido dos veces para dar énfasis) que es Mesías (Cristo) y Señor. El primero supone la predicación y la fe de toda la Iglesia, pueblo mesiánico. Cristo no es solo, es con-los-suyos que están en Cristo, son su cuerpo, y actúan con Cristo. El Señor es el resucitado y exaltado, vivo y confesado por la comunidad como junto a Dios. De él y por él, y de los corintios, Pablo es siervo. La repetición de Jesús posiblemente aluda también al Jesús terreno, torturado y crucificado con el que se identifica Pablo en su ministerio sufriente y perseguido.

El texto concluye con una frase muy clara. Utiliza libremente una cita del AT; probablemente Gn 1.3 (es Dios quien habla), aunque también es posible que haga referencia a Is 9.1. La confesión de Cristo como imagen de Dios también parece aludir al texto de la Creación. ¿Quién hace conocer la gloria? ¿Pablo o Dios? Si se refiere al primero, debe entenderse desde una perspectiva evangelizadora; si es Dios, la perspectiva es de la iniciativa divina, el Dios creador ha engendrado un ministro a su servicio y al servicio de los corintios. La memoria del camino a Damasco hace posible la primera lectura.

Hay, en nuestros días, dos grupos que se asemejan bastante a los que Pablo se enfrenta en esta carta: los que lucran con la palabra de Dios, y los que la falsifican. Entre los primeros es frecuente ver pastores de diversas confesiones, reclamando el diezmo o pidiendo “alcancías más grandes”, aunque digan que no “cobran”. En la Argentina, aunque sabemos bastante de estos, seguimos con la herida abierta de los otros. Una Iglesia excesivamente cercana al poder, calló –o disimuló con palabras diplomáticas– el terrorismo de Estado que causó miles de desaparecidos. Por el contrario, se podía ver en los noticieros a los miembros de la junta de Gobierno comulgando, o siendo recibidos por los obispos que, a su vez, negaban audiencia las madres de las víctimas. Y esto también tuvo su beneficio económico: sueldo a los obispos, subsidios a los seminarios, viajes gratis. Mientras tanto, el evangelio era “aguado” u ocultado.

Muchas veces el Evangelio es deformado, velado detrás de las elegantes formas de la diplomacia, o las solemnes formas de una liturgia ajena a nuestra cultura, silenciando a Dios detrás de los aplausos, pero el Cristo vivo en las comunidades revela que la fe del pueblo es un verdadero olor que sube hasta Dios. Muchas veces, en nombre de Dios y de Cristo se está ensalzando al “dios de este tiempo” que no conduce al consuelo, la fraternidad, a la solidaridad, sino a la opresión y la muerte. Y muchas otras veces, en la vida del pueblo, en sus fiestas y su fe, a pesar de las tribulaciones y de las predicaciones deformadas, Dios se hace presente y las comunidades constituyen una verdadera carta viva que habla de un Espíritu vivo.

La novedad de Jesús. Manifestamos la vida de Jesús. 4.7-12

Pablo insiste en que no somos “capaces” sino “capacitados”, y recurre para eso a la imagen de un utensilio de barro. Es el contenido lo importante, no el continente. Y, para ejemplificar mejor esto, muestra su propia experiencia “crucificada”; pero esta experiencia no se agota en la muerte porque hay una vida de Jesús que también se manifiesta. El ministerio del testimonio, de la evangelización, no puede pretender para sus testigos nada diferente de lo que vivió y padeció su Señor. Pero ese morir de Jesús, por causa de Jesús, es vivificador en aquellos a quienes se destina el mensaje de la Palabra. Y, como el mismo Jesús, esa paradoja de muerte que da vida se lleva en el propio cuerpo.

La “cruz” de Pablo no es una cruz reconciliadora, como sí lo es la única cruz de Cristo. El anuncio de la Buena Noticia predicado por Jesús lo continúa Pablo como utensilio de barro; el contenido de esa Buena noticia es “Cristo, y este crucificado”, porque ciertamente Pablo no “fue crucificado por ustedes” (1 Cor 2.2: 1.13). El tesoro que tenemos es, probablemente, el ministerio por el que predica el Evangelio con su resplandor. La imagen del utensilio de barro en la que lleva este ministerio de gloria testimonia que la humanidad de Pablo es frágil y quebradiza, por eso lleva la muerte en el cuerpo; Jesús se manifiesta en nuestra carne mortal. Lejos está Pablo de una lectura dualista al estilo platónico. Toda la persona está comprometida con la muerte y con la vida.

A continuación presenta cuatro antítesis (vs 8-9) que afectan a su propia vida: en todo. Será frecuente en la carta la presentación de dificultades que atañen al ministerio del apóstol; estamos aquí frente a la primera lista de ellas: las cuatro situaciones negativas son acompañadas por un pero no que indica que la situación no ha llegado al extremo precisamente por acción de la fuerza divina. Son ocho participios presentes, presentados en pares breves, donde el primero de cada par muestra las dificultades del ministerio, las cuales serán presentadas con mayor extensión y precisión teológica en los vs 10-11.

El primer par se relaciona con la crisis escatológica: atribulados y angustiados (cf Rom 2.9; 8.35; 2 Cor 6.4). El texto de Rom 8.35 también repite el tercer grupo: perseguidos y abandonados. El segundo presenta un juego de palabras que podría traducirse desesperados pero no desesperanzados. Las imágenes parecen todas tomadas de una lucha. No es la primera vez que Pablo recurre a imágenes deportivas, y lo hace siempre en el contexto de conflicto con adversarios (cf 1 Cor.9.24-27; Flp 3.12-16). La última muestra al combatiente derribado a tierra, pero no le espera la muerte: no perdidos. Dios toma partido por el apóstol.

Las nuevas antítesis más amplias (vs 10-11) son más totalizadoras de la vida de Pablo: presenta cristológicamente lo que viene diciendo; vida-muerte. Ambas se dan en la persona del apóstol: en el cuerpo y en nosotros son paralelas, refieren a la totalidad de la persona; también carne mortal, aunque acentuando más la fragilidad. Es evidente que el término cuerpo (sôma) es importante para Pablo en las cartas a los Corintios (13 veces en Rom; 46 en 1 Cor; 10 en 2 Cor; 1 en Gál; 3 en Flp; 1 en 1 Tes). Se refiere a que actúa en él la única muerte real de Cristo que tiene efecto por nosotros. La unión escatológica entre Cristo y los cristianos es tan real para Pablo, que es lógico que se participe también de su vida.

El martirio, que tanto resplandece en América Latina en nuestro tiempo no es una exaltación necrófila de víctimas, sino el reconocimiento del obrar de Dios en el testimonio del amor mayor, hasta el extremo; y como en Jesucristo, ese amor derramado no queda sin fruto sino que actúa como vida en los hermanos. El testimonio de los mártires es signo visible de la fidelidad y la fuerza de vida de la fe del pueblo cristiano.

Eduardo de la Serna, biblista católico argentino en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, España, 2005.


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