Recursos para la predicación

05 Sep 2022
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 25 SeptiembreSep 2022

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Evangelio de Lucas 16.19-31

Análisis

La perícopa está formada por una parábola (según algunos autores no es una parábola sino una historia), vs. 19-26, contada por Jesús (no está claro si a sus discípulos a los fariseos), seguida por una exhortación a la conversión, usando la forma de un diálogo entre el rico y Abraham. Esta parábola es la contracara de la del administrador infiel, texto del domingo pasado. Comienza exactamente de la misma manera que aquélla: “Era un hombre rico...” que se podía dar el lujo de derrochar en grandes fiestas y vestirse con la ropa más cara. En el portal de su casa vivía un hombre tan pobre que hubiera querido hartarse con las migas que caían de la mesa del rico. Este hombre era un mendigo, con llagas, llamado Lázaro.

El contraste es impresionante, y para nuestras ciudades y pobres hoy, para nada exagerado. Llama la atención que sólo uno –el pobre, el de las llagas, el que más ha sufrido– tiene nombre, y es quien es llevado por ángeles al seno de Abraham. “El seno” o regazo de Abraham remite a la costumbre de comer con la mano derecha, reclinados sobre el costado izquierdo y con la cabeza apoyada en el pecho del que estaba a la izquierda de uno. Si es así, hay aquí una compensación: Lázaro, que nunca tomó parte en las fiestas del rico, ahora está próximo a Abraham en esta “fiesta post mortem”.

Del otro se dice que “también murió y fue sepultado”, señal de que estaba bien conceptuado en la comunidad, que no había obtenido sus riquezas por medios ilegales. No se dice adónde es conducido, aunque el desarrollo posterior indica que puede ver a Abraham y a Lázaro desde donde se encuentra.

De su diálogo con Abraham quedan claras dos cosas: a) que acepta como justo el castigo que se le ha impuesto (pero se los querría evitar a sus hermanos) y b) que la suerte de cada uno/a se determina en vida, después no hay posibilidad de cambios. El lugar de los muertos es el Hades, no es el infierno. Allí, el rico reconoce a Lázaro ¡para que le sirva! Acostumbrado a tener esclavos y ser atendido, ni siquiera se le ocurre otra posibilidad que pedir que Lázaro vaya a llevarle agua.

El diálogo de los vs. 27-31 hace explícitas las conclusiones de la historia narrada en 19-26: lo que Jesús enseña, lo que espera de sus discípulos es que cumplan “la Ley y los Profetas”, las Escrituras, que vivan el Reino nuevo según el ideal de un pueblo bendecido por Dios y solidario entre sí. En el v. 14 Lucas ha acusado a los fariseos de ser amigos del dinero; una afirmación estereotipada, parte de su estrategia narrativa, que indica que –desde la crítica de los profetas de antiguo– preferían la solvencia económica y el prestigio social a la justicia.

Comentario

La parábola no se pregunta si el rico consiguió el dinero injustamente o no. Lo que pinta es la provocación que causa el contraste entre la riqueza y la pobreza extremas, y la falta de entrañas del hombre rico. Enfoca rápidamente en lo que sucede cuando ambos mueren, predicando por medio de su estructura esa urgencia que transmite también con su mensaje.

Los contrastes entre ambos personajes son grandes. Como indican quienes han estudiado el capítulo con la ayuda del estructuralismo, no se puede concebir uno sin el otro; hay un pobre como Lázaro porque hay un rico como éste.

Prédica

Lucas no escribe contra los fariseos, sino para una comunidad cristiana donde hay preguntas o problemas en lo que concierne al uso del dinero. Por ende, la predicación ni remotamente debe contribuir con los estereotipos antisemitas corrientes en nuestras sociedades, que hacen de todos los judíos “amigos del dinero” o “comerciantes”.

La cuestión no es cuánto dinero tenemos, cuán ricos somos, sino cómo lo usamos, y en esto nadie está exento/a.

Al final, es aquello que la Biblia pone tan crudamente: o Dios o Mamón: “allí donde pongas tu corazón está tu Dios”.

Mercedes García Bachmann, biblista luterana, Iglesia Evangélica Luterana Unida, Argentina. Estudios Exegéticos y Hermenéuticos 18 ISEDET, septiembre 2001


Profeta Amós 6.1-14 - contra el orgullo de Samaria

6.1-7. Las fiestas de Samaria

Si los banquetes mencionados en Am 6.4-6 son de naturaleza pública, es decir, banquetes institucionales, hay cierto paralelismo con la descripción del culto en 5.21-23 (consumo de carne-instrumentos musicales-cantos) y con el sentimiento de seguridad de 6.1-3.

Este sentimiento de seguridad se basa en cuatro presupuestos:

  1. El lugar donde se realizan los banquetes después del fallido asedio asirio a Jerusalén (a fines del s. VII aC) afianzó el sentimiento de que el templo de Sión hacía de Jerusalén una fortaleza invencible (cf Sal 46; 48). Un sentimiento parecido se impuso también en Samaria, la capital del reino de Israel, situada en una elevación aislada y rodeada de montañas protectoras.
  2. El convencimiento de que Yavé está con nosotros (5.14) aleja toda preocupación por una derrota o desventura (6.3). En este contexto, el anuncio de un día de Yavé oscuro (5.18-20) suena a una cosa absurda.
  3. La posición social de quienes participan en los banquetes, que es al mismo tiempo la clase dirigente (a los que acude la Casa de Israel; 6.1).
  4. El poder sobre los subalternos que genera violencia (6.3 como en 3.10 y 4.1).

El llamado del v 2 a ver ciudades tomadas por los asirios busca minar ese sentimiento de seguridad, aunque sea una alusión anacrónica, ya que los sitios que aquí se mencionan fueron conquistados por los asirios en el último cuarto del s VIII aC.

La invectiva contra los que celebran banquetes recostados en lechos de marfil concluye con un por eso que introduce el anuncio de la desventura (6.7). Este anuncio parecía increíble en tiempos de Amós, ya que entonces se vivía una etapa de paz y prosperidad.

El v 6b indica que los festines se hacían sin sentir ninguna aflicción por “la ruina de José”, quwe es una denominación de las tribus del Norte. Tal indiferencia denota una vez más la ceguera de los que se sienten seguros, sin tener en cuenta las advertencias que les hacía el profeta. En el camino al cautiverio, estos notables irán al frente de los deportados.

6.8-11. El orgullo de Jacob.

Como Yavé (5.21) manifestó su aversión por el culto de Israel, ahora (6.8) un sentimiento semejante lo lleva a dejar la ciudad de Samaria en manos de sus enemigos.

6.12. Pregunta didáctica. La pregunta se vale de comparaciones sin sentido para mostrar que es absurda la conducta de los habitantes de Samaria. La eficacia mortal del veneno y la amargura del ajenjo ilustran una vez más la corrupción del derecho y la justicia, como ya se había anticipado en 5.7.

6.13-14. Opresión del extranjero.

Ahora se agrega un tema más: el orgullo militar del reino del Norte que prepara el anuncio de la derrota. El v 13 muestra que Israel no se consideraba dependiente de Yavé para conquistar Lodebar y Carnayín, dos sitios de la Transjornania que fueron arrebatados a los arameos antes que Amós iniciara su actividad profética. Esta soberbia será abatida cuando intervenga Yavé por medio de un pueblo que los oprimirá desde una punta a la otra.

Santiago Rostom Moderna, biblista católico argentino en Amós, Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, España, 2007.


Primera Carta a Timoteo 6.6-19

Si en el comentario a la perícopa del domingo anterior señalábamos cómo la iglesia debió incorporar las preocupaciones de personas y familias por su sostén cotidiano, por su diario vivir, aquí aparece también el límite a esas preocupaciones. El párrafo organiza el discurso en torno de la relación entre “economía y fe”:

a) 6-10: el uso del dinero y sus peligros (de los que lo ambicionan)

b) 11-16: la verdadera aspiración del creyente (con una doxología)a’) 17-19: el uso correcto del dinero (de los que lo tienen).La primera frase del v. 6 ya nos pone en tono: se trata de lo que es una verdadera ganancia. “Es una ganancia grande la piedad con autogobierno”, sería una traducción textual. El v. 7 enfatiza que los bienes materiales son transitorios (“la mortaja no tiene bolsillos”, decimos por acá) en contraste con la fe, que es un bien que nos lleva a vida eterna.A partir de allí muestra que, cubiertas las necesidades básicas de la vida, alimento y abrigo, no debemos aspirar a otra cosa. Buscar más allá de eso, es caer en una carrera que solo termina en destrucción y perdición.

La frase con que comienza el v. 10, sin duda un dicho de la época, “raíz de todos los males es el amor al dinero”, no puede ser leída en clave solo individual. Habla de “todos los males”. Las palabras de la Epístola apuntan a la tensión surgida entre la vida humana orientada por el reconocimiento de la voluntad divina, o fijada en el dinero como patrón último de vida y conducta.

Este contraste figura también en las palabras de Jesús (Lc 16.13). Una forma de vida organizada sobre el amor al dinero (y no sobre el amor a Dios y al prójimo), no puede traer sino destrucción y perdición a todo el género humano y hundirlo en el abismo de los dolores. Quienes codician no solo se perjudican a ellos mismos espiritualmente, sino que destruyen la vida material y psíquica de muchos otros. El problema es que las conductas dirigidas por el dinero son destructivas de la totalidad del orden creado, son raíz de todos los males.

El segundo párrafo (vs. 11-17) justamente marca este contraste. “Hombre (genérico, no solo ‘varón’) de Dios” no es sólo el ministro consagrado. Es todo aquél que, lejos de organizar su vida por el lucro, la orienta según la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la bondad.

No es casualidad que la justicia sea la primera de las virtudes aquí enunciadas. Señala, justamente, el contraste entre al amor al dinero (la acumulación) y la vida en justicia. Vivir esa vida es la que permite afirmarse en la batalla de la fe (aquí si aparece entonces el sentido de la verdadera militancia cristiana –v. 12) y alcanzar, por la participación en Cristo, la vida eterna. Esa es la vocación del creyente.

Vivir la vida sosegadamente no es hacerlo de espaldas a las actitudes básicas que conforman el llamado de la fe, sino afirmado en ellas. En esa situación somos llamados a dar testimonio. El testimonio es, por ello, testimonio “del Dios que da la vida a todos” (v. 13) y tiene su paradigma en Jesucristo, que lo hizo incluso frente al poder de turno, Poncio Pilato.

Esto también debe regir nuestra conducta frente a las autoridades (ver comentario al domingo anterior). Señala, de paso, que si bien se busca “vivir en piedad y sosegadamente”, la memoria y/o perspectiva de la persecución no está lejana. Como Jesús, somos llamados a ser testigos aún delante de las autoridades y al costo de la propia vida.

Este párrafo cierra, nuevamente, con una doxología. Como también funcionan las doxologías veterotestamentarias y en la apocalíptica, su función es mostrar que solo Dios es soberano, el único que puede ser rey sobre los reyes y Señor sobre los señores. La contestación a la ideología imperial es clara; pero además, en el contexto de la confrontación con el poder del dinero, que retomará en el párrafo siguiente, también afirma la confrontación con las ideologías del Dios Dinero: en Dios sí podemos ir más allá de la vida presente, de la oscuridad de los hombres que se niegan a ver. Solo a este Dios corresponde la honra y el imperio.

Finalmente entramos en el punto a’), vs. 17-19. Aquí completa la inclusión que se abrió en el v.6, sobre el dinero. Ploúsios (que se traduce por ‘rico’) es la persona que ha acumulado más allá de lo que necesita, que tiene en exceso. Contrasta con el que se contenta con “comida y abrigo”.

Por ello, eso que excede debe repartirse generosamente “en buenas obras”, porque esas generan la otra riqueza, la vida abundante que es en Cristo. Nada asegura la vida futura, ni en este lado ni en el otro de la frontera, sino es la gracia divina.

A esa gracia se responde siendo igualmente generosos, para que todos puedan experimentar la riqueza de la creación y el amor divino. Esa es la manera de afirmar la vida que hemos recibido, de conocerla como vida eterna.

Pautas homiléticas

El tema de la oposición entre la fe cristiana y las formas del capitalismo financiero que estamos viviendo es ineludible. El “afán de lucro” es la base y fuente de sustento de todo el sistema económico actual, que está destruyendo al género humano y al planeta todo. La carta paulina se ha vuelto voz profética: “muchas codicias necias y dañosas hunden a los hombres en la destrucción y perdición”.

Cuando los sistemas solidarios son reemplazados por sistemas de capitalización, la vida humana ha sido arrancada de las manos de su creador y entregada a poderes des-almados, sin sentido y sin esperanza, a poderes que solo pueden culminar en la muerte.

Frente a ello solo cabe entonar la doxología: “Dios, el que da vida abundante para todos, es el único Señor soberano, el único que debe tener imperio”. Los creyentes nos sentimos muchas veces débiles e impotentes frente a las prácticas destructivas de los que se abrogan el derecho al imperio y a la acumulación indefinida.

Pero la invitación del texto de hoy es a pararnos más allá de este dolor mediante el testimonio, a “descolonizar” nuestras prácticas de vida, no solo en los grandes espacios económicos o políticos, sino también en nuestras actitudes cotidianas, mostrando la generosidad que extiende la vida, la hace vida eterna en Cristo salvador, y solo en él.

Néstor Míguez, en los Estudios Exegético–Homiléticos del ISEDET, 54 – septiembre de 2004. Hacemos un extracto de este comentario.


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