Recursos para la predicación

29 Ago 2022
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Recursos para la predicación 11 SeptiembreSep 2022

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Evangelio de Lucas 15.1-10

Análisis

El capítulo 15 del EvLc tiene tres parábolas muy conocidas e interrelacionadas, de las cuales las dos primeras, las “parabolitas” de la oveja perdida y de la dracma perdida, forman el texto para este domingo. Se excluye la más larga y más elaborada del padre y los dos hijos (o “el hijo pródigo”).

V. 1-3. Forman la introducción a “la parábola” (singular, es una unidad) y la explican: mientras que los pecadores y publicanos se acercaban a Jesús (y éste a ellos), los fariseos y escribas murmuraban. La murmuración es la señal del descontento no con los líderes, sino con Dios, tal como la historia de Israel en el desierto, antes de entrar a la Tierra, muestra. Los líderes religiosos critican, pero desde la perspectiva del Reino, murmuran.

Las tres parábolas contienen los mismos elementos básicos: la pérdida de un elemento de la totalidad (una oveja, una moneda, un hijo), el encuentro después de trabajo (ir a buscar la oveja, encender la lámpara y revisar todo el piso de la casa, esperar (el hijo perdido), alegría por la recuperación de la totalidad y proyección de la alegría sobre otros (hacer fiesta).

Las dos parábolas breves tienen una estructura “conclusiva: totalidad - pérdida - búsqueda - hallazgo - totalidad + extensión o aplicación del discurso parabólico” frente a la oposición de los religiosos. Estructuralmente, el capítulo se presenta así (Krüger, 1987, p. 91):

A Inclusión de publicanos y pecadores en la comunidad de Jesús
B Exclusión de los mismos por la oposición de fariseos y escribas, contrarios a esa comunión
X Tres parábolas: esfuerzo de Jesús por los oponentes en vista de una eventual deposición de su actitud excluyente
B' Abandono o no de la oposición excluyente
A' Inclusión de publicanos y pecadores Y fariseos y escribas

V. 4-7. Tiene paralelos temáticos en el AT, especialmente en Ezequiel 34, donde los pastores, los líderes religiosos y políticos del pueblo, son acusados por Dios de comerse a las ovejas en lugar de cuidarlas, y se les promete (amenaza con) que serán reemplazados y se les sacará el rebaño porque han sido hallados indignos.

V. 8-10. Como es usual en Lc, se desarrolla un tema con dos ejemplos similares, muy a menudo uno del mundo de la vida pública, el ámbito del varón, y el otro de la vida doméstica, el ámbito de la mujer.

Comentario. Es muy difícil comentar sobre estas dos “parabolitas” sin recurrir constantemente a la del padre y los dos hijos; esto se debe no sólo a la riqueza de elementos en aquélla, sino a que, como se desprende de la estructura del capítulo, las tres forman una unidad. Las dos parábolas menores, sin embargo, son lo suficientemente ricas como para poder usarse sin la tercera.

En ambos casos me llama la atención lo desmesurado de la fiesta que “despilfarra” en celebrar el objeto perdido con amigos/as y vecinos/as. La parábola de los dos hijos y el padre, llegada a este punto, abre la invitación al hijo mayor a ser parte de la fiesta y de la relación recuperada con el que estaba muerto, o quedarse fuera, murmurando. Esta es la invitación que Jesús hace a los murmuradores, que prefieren quedarse sin la fiesta a compartirla con el perdido. ¿Dónde están hoy los fariseos y escribas, los/as murmuradores/as, los/as exclusivistas? ¿Afuera o adentro?

Prédica. Para la prédica partiría de a) la totalidad (las 100 ovejas, las 10 monedas; quizás un ejemplo de hoy día). Seguiría con b) lo que significa la pérdida de una parte de esa totalidad cuando no se sabe si se recuperará; c) la búsqueda, la toma de decisiones activa, la salida a buscar lo perdido, no esperar con los brazos cruzados; hasta d) el hallazgo, qué significa recuperar la totalidad –más que eso, porque una totalidad recuperada es mejor que la no-pérdida; y ante la recuperación, e) la alegría compartida, anunciada, proclamada, testimoniada por medio de una fiesta que, a los ojos calculadores de la razón o la lógica, despilfarra más que lo que recuperó.

Todo ese discurso, dicho por Jesús a causa de la oposición de los religiosos de su época a su contacto con todo tipo de pecadores/as, es para tratar de que no renieguen de la totalidad.

Hoy sigue habiendo la misma fiesta en el cielo por cada pecador/a que se convierte, por cada oveja que el pastor (de la parábola) trae cargada sobre sus hombros, por cada moneda que la señora de la casa logra recuperar.

Mercedes García Bachmann, pastora de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, Argentina, en Estudios Exegéticos y Hermenéuticos, ISEDET, septiembre 2001.


Éxodo 32.1–34.15 y 32.1-14 – Idolatría de Israel

Después de la claridad y el orden de los caps. 25-31, donde la voluntad de Dios se expresa nítidamente, nos encontramos con la ruptura literaria de estos tres capítulos. En ellos se relata una serie de graves conflictos y desencuentros: Dios con el pueblo, Dios con Moisés, Moisés con Aarón, los levitas con los idólatras, Moisés con el pueblo, etc. Esta situación se produce en el momento cuando Dios acaba de entregar las tablas de la Ley, momento crucial en la historia de Israel.

Es como si toda la historia anterior estuviera organizada para llegar a ese momento, y cuando finalmente se arriba a él, la idolatría y el descontrol lo arruinan todo. La misma forma del texto, desordenada y por momentos hasta caótica, es parte del mensaje por contraste, revelando la distancia entre la voluntad de Dios y el proyecto de los seres humanos que, en este caso, después de una breve espera, pierden la paciencia y buscan alternativas más afines a su mezquindad.

Podemos notar dos estructuras literarias en estos capítulos. Una está dada por los sucesivos ascensos y descensos de Moisés en medio de esta crisis. La otra puede construirse sobre los diálogos entre Dios y Moisés. Resalta la preeminencia de Moisés en todo el relato, y la virtual desaparición de Aarón, que queda “pegado” a la debilidad de la idolatría. Pero, sobre todo, se destaca la presencia rectora de Dios. La iniciativa de la idolatría no inhibió la conducción de Dios de los destinos de Israel, sino que en cierta mediada la potenció al abrir un nuevo modo de relación, donde la identidad del pueblo queda más expuesta en su debilidad y donde la vocación de Dios por rescatarlo es llevada a su más extremo límite.

El relato del becerro de oro se convertirá en el paradigma de la idolatría israelita. En el trasfondo de todo el relato de los caps. 32-34 está la experiencia de los becerros de oro construidos por Jeroboam en el reino del Norte (1 Re 12.28), pero será la narración del desierto la que el AT verá como una crisis superior a la de la desmesura que condujo a Adán y Eva a la expulsión del jardín en el Génesis. De hecho, la referencia a la idolatría es el punto recurrente de toda la teología del AT para mostrar de forma superlativa la tendencia a apartarse del compromiso con Dios y a olvidar el pacto por el cual Israel debía obrar la justicia y el derecho.

De todos modos, la estructura literaria de esta unidad tiene un fin muy claro desde el comienzo, que se expresa en el hecho de que la narración comienza con la idolatría del becerro y finaliza con el pacto renovado y un vínculo fortalecido entre Dios y Moisés. El pecado será superado por la buena voluntad de Dios, quien se muestra dispuesto a aceptar la intercesión de Moisés y el arrepentimiento del pueblo.

Éxodo 32.1-14

Para el pueblo, Moisés se demoraba en el monte, y eso le hacía perder toda su confianza. De haber sido el líder que los condujo desde Egipto y que los guió para encontrar comida y agua en el desierto, ahora es mencionado como “ese hombre”, un desconocido con el cual han perdido todo contacto. En ese contexto, rodean a Aarón y le piden que les haga “Dioses”. Es sabido que la palabra ‘elohim es un plural que se utiliza como singular denotando majestad, y en ciertos contextos vuelve a ser plural. La ambigüedad apunta a si el becerro es la imagen de un Dios egipcio (Anubis) o cananeo (Baal) o lo es de Yavé mismo.

Más allá de esta discusión, el sentido general del texto es bastante claro: el pecado de Israel es el de buscar un poder distinto al de la fuerza liberadora de Yavé, el responsable de su liberación de la esclavitud y de su protección en el camino hacia la tierra prometida. No interesa si lo llaman del mismo modo o no. Lo que han cambiado es la identidad esencial del Dios que los sacó de la angustia y de la muerte.

El oro que debía utilizarse para la confección del Tabernáculo –señal de la gloria del Dios liberador– ha sido utilizado para la idolatría. Lo que estaba destinado a la santidad máxima se transformó en vergüenza y humillación. La imagen se hace con el oro de los zarcillos y es tallado por Aarón. La ironía es que reemplazan al Dios que envió plagas, abrió el mar y le envía el maná cotidiano por una estatua hecha con el oro que cuelga de sus orejas y que adquiere forma por las manos de un artista inhábil.

El texto muestra una evidente tendencia en contra de Aarón. Quizá esto se explica por el hecho de que en tiempos postexílicos el sacerdocio aarónico había caído en corrupciones y ya no gozaba del respeto del pueblo. Así, esta historia vendría a consolidar la crítica –el descontento con la religión oficial pre o postexílica– y a ofrecer como alternativa el reencuentro con Dios en una renovación del pacto. Desde un punto de vista teológico, la actitud de Aarón puede verse como el intento de crear una religión que se construya a partir de los deseos de la gente y no desde la palabra revelada. No se basa en la pregunta ¿qué espera Dios de nosotros?, sino en ¿qué Dios desea tener la gente?

El v 7 introduce a Moisés en la escena de idolatría. Es Dios quien le anuncia lo que está sucediendo en el campamento con “tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto”. Esta forma de nombrar a Israel es suficiente prueba del enojo de Dios. A la vez ordena a Moisés descender del monte y no hace ninguna alusión a la Ley que acaba de entregarle. Es como decir que no tiene sentido detenerse en la Ley si el pueblo construye ídolos para arrodillarse ante ellos  y les atribuye un poder que no tienen.

El v 8 resume en una línea lo sucedido. El pueblo decía que había pasado mucho tiempo sin saber de Moisés, y Dios dice que “rápidamente” se apartaron de lo que les había ordenado. Dios expresa su ira porque esto no es producto de la ignorancia de los hechos liberadores de Dios, sino de la búsqueda de Dioses que puedan manipular. La respuesta de Moisés es una genialidad del autor. En sus palabras le devuelve a Dios sus atributos: le dice “tu pueblo”, el que “tú sacaste de Egipto” y le recuerda que lo hizo con “poder y mano fuerte”. Las palabras de Moisés pretenden poner la actitud de Dios en el marco más grande posible.

Al decirle Moisés a Dios que los israelitas serán la burla de los egipcios le estaría dándoles la razón a quienes se quejaban de los peligros del desierto (14.11-12) y confirmando el argumento de los opresores de que todo fue un proyecto inútil y avieso promovido solo por Moisés. El proyecto de exterminio del faraón que había quedado incumplido por la acción liberadora de Dios sería ahora ejecutado por Dios mismo. Cuando Moisés le pide a Dios que cambie de parecer, recurre a un argumento último y profundo al recordarle las promesas a los padres y su voluntad de cumplirlas con esta generación.

Más allá de las construcciones literarias y retóricas, la unidad se cierra anunciando que Dios ha decidido oír la voz de Moisés y preservar al pueblo.

Pablo Andiñach, pastor metodista argentino, en El libro del Éxodo, Sígueme, Salamanca, 2006.


Introducción general a la Primera Carta a Timoteo

La titulada “Primera Carta a Timoteo” forma parte de la herencia paulina, dentro del grupo llamado “pastorales” (con destinatario individual, sobre la cualidades personales de un “pastor”). La mayoría de los exégetas modernos la reconoce como un escrito tardío, y por lo tanto posterior al tiempo de vida del apóstol Pablo.

Nos interesa aquí señalar que esta carta refleja un momento de la vida de la Iglesia posterior a las cartas de Pablo “a las iglesias” o a Filemón. Mientras estas muestran una iglesia en sus inicios, afrontando los problemas de su formación, las pastorales, especialmente 1Tm, señalan temas vinculados con una iglesia en proceso de consolidación institucional.

Se han propuesto variadas estructuras para 1Tm. Lo que aparece como un elemento decisivo para poder comprenderla y organizar su contenido, son los “encargos” que van apareciendo y que abarcan distintas tareas de la Iglesia: defensa de la fe, exhortación a la oración y al decoro, el ordenamiento del ministerio, la función de enseñanza, la instrucción para la conducta doméstica. En ellas se reflejan ciertas tensiones tanto doctrinales como de poder en las comunidades, y el creciente proceso de fijación en la formulación de la fe.

Primera carta a Timoteo 1.12-17

Aquí aparece otra lectura teológica de la conversión de Pablo: por un lado aparece un descargo que de alguna manera torna más tolerable su anterior celo y violencia persecutoria y permite entonces la intervención de la gracia divina: “lo hice de ignorante, en la desconfianza” (v. 13).

Esa gracia es muestra de la misericordia de Dios. Por esa compasión Pablo no solo tuvo acceso a la gracia sino que fue tenido por fiel e incluido en el ministerio. Por esa compasión Pablo llega a entender la misión de Cristo: salvar a los pecadores. De esa manera aparece también la idea de Pablo como un “modelo”, pero no ya de una conducta a imitar, sino de la compasión divina que implanta en el mundo la gracia salvadora.

Esta acción de la gracia de Dios que lo ha redimido lo lleva a prorrumpir en una exclamación de gratitud (v. 17). El modo de esta declaración doxológica muestra que ciertas fórmulas han comenzado a cristalizar en “lenguaje cristiano”, como resúmenes necesarios que expresan núcleos doctrinales básicos. Las doxologías marcan que ha comenzado a plasmarse una liturgia que expresa, en frases reiteradas y memorizables, su convicción fundamental y la entrega del cristiano a su Dios.

Que esta reflexión paulina sobre su vida y ministerio termine con una doxología no es un dato menor. Por un lado muestra cómo la iglesia ha comenzado a fijar sus expresiones y encontrar lenguajes que puedan aportar una identidad propia, necesaria para consolidarse en medio de tiempos donde los vaivenes e influencias cruzados pueden poner en peligro su integridad. Por el otro destaca, por boca del apóstol, como vida y liturgia se entrelazan, la experiencia de vida alimenta la liturgia, y la liturgia se hace significativa porque expresa la vivencia de la gracia renovada en las vidas de los creyentes.

Pautas homiléticas

¿Cómo refleja nuestra vida la gracia de Dios? ¿Cómo expresa nuestra liturgia esa vivencia? Es una buena oportunidad para una predicación testimonial. Esta mezcla de lenguaje autobiográfico y litúrgico nos invita a incluir nuestra vida, la del predicador y de todos los fieles participantes, en la celebración de la gracia divina, de su salvación y liberación.

Es también una buena guía para pensar en los testimonios –el texto se centra en la acción de Dios y no en el sentimiento humano. Muchas veces los testimonios que se brindan ponen el acento en lo pecador que era antes, o en los sentimientos que ahora tengo.

Si bien este testimonio menciona ambas cosas, prefiere abundar sobre la acción de Dios y ver como esa acción redentora de Dios, esa compasión que yo experimento es un don para todos, una acción ilimitada de Dios. Es ejemplo para todos los que han de creer (v. 16). Dios no mira méritos, ni siquiera “deméritos”; Dios obra a partir de su amor, buscando la respuesta del ser humano, que obrará en su propio beneficio y creará la comunidad capaz de prorrumpir en la alabanza. Dios no ignora nuestras historias de vida, pero nos busca en ella para transformarnos de desorientados pecadores en personas con sentidos y ministerios, otorgados por su propio don. De eso damos testimonio, y, como Pablo, de esa gracia nos nutrimos.

Néstor Míguez, en los Estudios Exegético–Homiléticos del ISEDET, N° 54 – Septiembre de 2004. Hacemos un extracto de este comentario.


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