Recursos para la predicación

11 Jul 2022
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 17 JulioJul 2022

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Lucas 10.38-42

El encuentro de Jesús con Marta y María es uno de las escenas que suceden de camino a Jerusalén. De estas dos mujeres el texto sólo nos dice que eran hermanas y que vivían en una aldea. Marta lo recibió en su casa. Y mientras María se sienta a los pies a escuchar las palabras de Jesús, Marta se dedica a los quehaceres de la casa. Esto molesta a Marta y se queja a Jesús de que su hermana la deja sola con el trabajo. Jesús le contesta que María ha elegido correctamente cuando decide oírlo y eso tiene un valor tan alto que no le será quitado.

La una y la otra

En estas pocas palabras vemos dos modos de aproximación a Jesús. En realidad ambos son válidos y Jesús no critica a Marta como se ha pretendido en las lecturas tradicionales. Más bien señala que lo que María hace está bien y tiene sentido, mientras que la actividad de Marta la distrae en ese momento de algo más importante que el mantenimiento de la casa.

Como en tantos otros textos el evangelio juega con un alto grado de simbolismo. En este caso vamos a detenernos en cuatro gestos que expresan actitudes de la vida. El primero es el de recibir a Jesús (v. 38). Este pasaje viene luego de que Jesús ha sido rechazado en una aldea samaritana (9.51-56) y en ciudades muy cercanas a su propia vida como Corazín (10.13) y Capernaum (10.15). Ahora una mujer desconocida le hace lugar en su casa. No era habitual que una mujer sola recibiera la visita de un varón. Pero esta no es la primera vez que el evangelio nos sorprende colocando a Jesús o a sus seguidores en situaciones que desentonan respecto a la práctica socialmente aceptada. Por el contrario, Jesús y sus seguidores aparecen en muchas ocasiones innovando y transgrediendo prácticas sociales habituales. En esta oportunidad es un acto de valentía e independencia el hecho de que Marta lo reciba y le abra su casa. Al predicar sobre este texto es necesario resaltar esa cualidad de esta mujer para contrarrestar la carga negativa que la tradición ha colocado en su nombre.

El Jesús rechazado en muchos lados es recibido por una mujer. Esta es otra escena más donde las mujeres pueden vislumbrar el papel importante que ocuparon en el ministerio de Jesús, aunque luego por razones de liderazgo dentro de una sociedad patriarcal buena parte de sus acciones no quedaran registradas. Aun cuando hay escenas centrales donde ellas aparecen, es muy probable que haya habido más mujeres de las que los evangelios narran en torno al ministerio de Jesús o siguiéndolo en su peregrinar.

El segundo gesto es el de sentarse para oír su palabra. María se sienta a los pies de Jesús para escuchar su mensaje. La simbología presente en este gesto tiene que ver con el disponer de un tiempo para el Señor, con apartar momentos para oírlo y meditar en lo que nos dice, etc. Apartar un tiempo supone dejar otro tiempo para otras tareas.

En una interpretación apresurada de este pasaje se entendió que el apartarse para oír el evangelio era una actividad valorada mientras que el dedicar tiempo a otras cosas era como perder el tiempo. No pocas órdenes religiosas de clausura basan en textos como este la práctica de una vida contemplativa alejada de las cosas cotidianas. Más allá de nuestra valoración de esa práctica, la actitud de María no solo deja espacio para la vida activa sino que la presupone.

Entonces lo que se está diciendo aquí es que María está aprovechando una oportunidad quizá única en su vida y lo hace plenamente. Sentarse a los pies es un gesto de reconocimiento de la autoridad de Jesús, y de que está dispuesta a escuchar su palabra.

El momento preciso

El tercer gesto que deseamos comentar es el de Marta atareada por otras cosas. Ya señalamos que no hay aquí una crítica a las tareas manuales en oposición a la contemplación espiritual o intelectual. Marta está haciendo sus deberes, las tareas que le corresponden. Quizá creyó que era bastante con darle un lugar en su casa, con abrirle las puertas a este forastero para que descanse de su viaje. También puede ser que creyera que su hospitalidad estaba cumplida y que no había nada que aprender de este viajero. Y por último no podemos descartar que la llegada de visitas a su casa hubiera generado un cúmulo de tareas no previstas, como nos pasa a nosotros cuando caen en nuestra casa sin avisarnos. Marta entonces estaría preocupada por atender bien a su huésped.

De cualquier modo lo que Marta no ve es que en ese momento preciso lo importante es escuchar al Señor. En ningún lugar se dice que sus quehaceres no fueran valiosos. La oportunidad de ellos es la que está siendo cuestionada. “Que me ayude...” reclama Marta a Jesús, tan solo para que este le responda que está ocupada de muchas cosas y está perdiendo el momento justo para oír lo que le tiene que decir.

El cuarto gesto es la frase “no le será quitada”. Es una expresión que aparece en varias ocasiones en la Biblia y tiene que ver con aquellas cosas que da Dios y que no pueden perderse a menos que el mismo Dios así lo decida. En este pasaje parece referirse a la decisión de María de oír a Jesús dejando para luego otras tareas, y que siendo esto lo mejor ella es confirmada en esa actitud. Es así, pero no debemos perder la intención de toda la escena que es mostrar que las enseñanzas de Jesús son prioritarias sobre toda otra cosa. En ese sentido este pasaje está emparentado con “los que querían seguir a Jesús” (9.57-62) pero anteponían otras tareas al ministerio, aunque aquí el papel de María compensa la carencia de Marta y sirve de ejemplo.

La predicación puede centrarse en la exigencia de total entrega a oír y vivir la palabra de Dios.

Pablo Andiñach, biblista metodista argentino, en Estudios Exegético-Homiléticos 16, ISEDET, julio 2001, Bs As.


Amós 8.1-14

Habíamos visto que el relato de Am 7.10-17, más que informarnos sobre la vida de Amós, busca explicar por qué ya de nada vale la intercesión del profeta y por qué se ha colmado la paciencia de Dios. Tampoco se trata de una oposición profeta-institución. De hecho, los que aquí están en litigio no son Amasías y Amós, sino sus respectivos superiores: Jeroboam y Dios. Amasías ha dejado de ser sacerdote de Yavé para convertirse en un funcionario del rey Jeroboam.

De intercesor, Amós pasa a anunciar el castigo inexorable: para Jeroboam, para Amasías y para Israel.

8.1-2: Canasta de fruta madura

La estructura el desarrollo de esta cuarta visión en Amós es similar a la precedente, pero con tres diferencias: lo que se contempla es un objeto y no una acción que comienza a realizarse. Dios ya está ausente y la interpretación no usa el futuro sino el pasado: lo que se ha visto es ya realidad.

El juego de palabras se da con “verano” (qayis) y “fin” (qes). Como la fruta estival que está madura, así el pueblo está maduro para el fin. De la canasta con fruta madura –imagen de las fiestas por los dones de la tierra– se pasa al anuncio del aniquilamiento definitivo.

8.3-14: Interpretación de la cuarta visión

La dura sentencia con que termina la cuarta visión se explica con la detallada demostración de la culpa de Israel y la descripción del fin. Am 8.3 sirve de nexo entre la visión y su interpretación, exponiendo dos temas: la alegría se transforma en lamentación, los cadáveres se amontonan por doquier, y de nada vale la pretensión de protegerse de la cercanía letal de Dios con el silencio.

En 4b-5 se introduce un nuevo tema (el fraude) que sirve para explicar los términos retomados. Al juramento divino sigue el anuncio del castigo (cf 4.2; 6.8), la seguridad de que Dios tendrá siempre presentes las acciones del culpable.

Lo que más se denuncia es la desenfrenada expansión económica de los latifundistas y su desmedida codicia de tierras, que expulsa a los campesinos y a sus familias de sus posesiones hereditarias “hasta hacer desaparecer a los pobres del país” (v 4). De este modo se deroga una de las cláusulas básicas del derecho territorial israelita, heredado de la tradición (cf 1 Re 21.2-3).

Santiago Rostom Moderna, biblista católico argentino en Amós, Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, España, 2007.


Seguimos con la Carta a los Colosenses, 1.15-23

El himno cristológico. Vs 15-20. Este trecho es el conjunto más famoso de la Epístola a los Colosenses… Se trata aquí de un himno pre-existente, un texto que procede de Colosas o que era usado en Colosas. Pablo invoca un testimonio de la fe de los colosenses: quiere sacar de la propia fe de ellos las consecuencias relativas al culto de las potestades y a las filosofías paganas de aquel tiempo.

Entre todos los textos paulinos este es uno de los que más explícitamente afirma la preexistencia de Cristo: ya existía antes de la creación. Y porque existía antes de la creación sirvió de modelo para toda la creación, y participó activamente en la creación. No solamente participó en el pasado, sino que permanece como principio activo para mantener esa creación en la existencia, en la unidad, para organizarla y conducirla a su destino.

En cuanto a las potestades (tronos, señoríos, principados, poderes), ellas forman parte de la creación y están también subordinadas a Cristo. La resurrección de Jesús se presenta aquí como una nueva creación, más perfecta y más completa: como un rehacer la creación de un modo más perfecto. El himno celebra el aspecto “cósmico” de la resurrección de Cristo: restituye la vida al que estaba muerto. No solamente los seres humanos son quitados de la muerte y reconciliados, sino también la creación entera y las propias potestades.

La cristología paulina queda siempre radicalmente distante de todas las mitologías. No se trata de narrar la historia de un ser puramente celestial. El Cristo que desempeña ese doble papel cósmico es un ser muy concreto con presencia en este nuestro mundo material. Tiene dos inserciones materiales. La primera es “la sangre de su cruz”. El Cristo cósmico es aquel que derramó su sangre en la cruz, y esa muerte en la cruz está en el centro de su papel reconciliador de toda la creación. En segundo lugar, a Cristo se lo identifica por su iglesia. Cristo está presente allí donde las comunidades de su iglesia se reúnen.

Destacamos que la iglesia no es puramente terrenal, ya que su cabeza es el Cristo resucitado: ella ya existe como un cuerpo ligado a lo invisible. La iglesia está ligada a lo invisible, al mundo de la resurrección. Por otro lado la iglesia tiene su unidad en Cristo y no en los factores sociológicos. Ella es fuerza sociológica, mas lo que le garantiza la unidad, la capacidad de actuar, la orientación, la fidelidad, no son factores humanos sino el Cristo invisible.

Hoy en día se insiste mucho en que la iglesia tiene la cabeza en el cielo. Para Pablo lo más importante era destacar que Cristo tiene cuerpo aquí en la tierra. El asunto del himno es Cristo. Cristo no es solamente un ser celestial; no es idea, objeto de puro pensamiento. Cristo es visible en la tierra, su cuerpo está aquí entre nosotros: son las comunidades cristianas.

La segunda estrofa exalta la resurrección de Cristo. Cristo se vuelve el nuevo Adán, el inicio de una humanidad nueva: principio, primacía. Su resurrección abre una nueva fase de la historia del mundo… La insistencia en la primacía y en el principio tiende a destronar a las potestades. Para recibir esa vida, el canal es la iglesia: es preciso vincularse con esa iglesia, entrando en las comunidades cristianas donde esa iglesia-cuerpo se realiza en lo concreto.

Identificación de los colosenses a partir del himno. 1.21-23.

El himno permite una identificación tal de los colosenses que de ahí se puede inferir que deben permanecer apartados de las potestades y de todo culto de las potestades. Ellos ahora pertenecen a Cristo. De Cristo recibieron todo lo que se puede recibir. Solamente falta vivir de acuerdo con los dones recibidos…

Pablo recuerda a los colosenses el camino recorrido. Ellos vinieron de lejos. Eran paganos, pecadores, alejados de Dios, extraños al pueblo de Dios. El apóstol no alude aquí a pecados particulares. No quiere decir que los colosenses eran peores que otros o que cometieron crímenes especiales. Simplemente vivían inmersos en una comunidad pecadora. Los pecados personales estaban ligados al pecado social. Ese pecado era en primer lugar una corrupción de la mentalidad, una visión pecadora de la vida y del mundo. De ahí se derivaban obras malas, injustas. Toda la vida estaba organizada sin Dios, sin responsabilidad delante de Dios.

Lo que Cristo hizo para lograr la reconciliación fue ofrecer su muerte. Él sufrió en su cuerpo. Su cuerpo era carnal, entregado a la debilidad y el sufrimiento. La muerte fue lo que Jesús hizo en vista de la reconciliación, que no es obra mítica o cósmica. Es una realidad histórica con dos inserciones concretas. Fue la muerte de Jesús y es la conversión de los colosenses. Y al evocar la reconciliación universal Pablo señala la profundidad del cambio en Colosas: ahí entró en la realidad de la historia un acontecimiento que envuelve al universo entero.

José Comblin. Colosenses y Filemón. Comentario Bíblico Ecuménico. Edic. La Aurora, Buenos Aires, 1989, pp. 39-52. Hacemos una selección-resumen de este texto.


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