Recursos para la predicación

05 May 2022
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 15 MayoMay 2022

Blanco


Una esperanza mediada

 … La esperanza cristiana es una esperanza mediada, una esperanza en la resurrección y en la vida eterna, mediada por la cruz del resucitado. (…) La resurrección y la vida eternales serán trasmitidos a los que han caído bajo el poder del pecado y de la muerte por medio del crucificado, el cual se ha desposeído de sí mismo enajenándose y, mediante su solidaridad con los “sin Dios”, les ha reconciliado con él. Pero lo que se les ha trasmitido a través del crucificado es ese futuro en el que Dios está junto a los hombres y los hombres están junto a Dios.

Jürgen Moltmann, El futuro de la creación, Edic. Sígueme, Salamanca, 1979, p.37.


Juan 13.31-35 – Salida del traidor, código y distintivo de la nueva comunidad

Los discípulos siguen desorientados, Judas ha salido, y Jesús interpreta lo sucedido. Al terminar el lavado de los pies, había explicado Jesús su significado. Ahora interpreta la salida de Jesús, que va a entregarlo. Explica su aceptación de la muerte en términos de manifestación de su gloria, que se identifica con la de Dios. El Hombre que realiza el proyecto de Dios manifiesta la gloria/amor en toda su plenitud (1.14).

Jesús ha aceptado su muerte; es más, ha puesto libremente su vida en manos de sus enemigos por amor al ser humano, para salvarlo. Su muerte es la gran prueba del amor de Dios, que da a su Hijo único (3.16).

La breve perícopa de 13.31-33 es de capital importancia: en el contexto de la Pascua, promulga el estatuto fundacional de la nueva comunidad humana; él sustituye la Ley mosaica, estatuto del antiguo pueblo y de su alianza. Jesús ha explicado con su ejemplo que el amor consiste en el servicio del ser humano hasta dar la vida (lavado de los pies); luego ha mostrado que ese servicio se extiende a todos, incluso al enemigo (traición de Judas) aun a costa de la vida; excluye así toda violencia y respeta totalmente la libertad, haciendo ver que el amor es más fuerte que el odio.

Síntesis

Jesús excluye toda violencia. Muestra que Dios no se impone ni coacciona, sino que es puro amor que se ofrece. La idea de un Dios impositivo justifica todo poder y violencia entre los seres humanos. El Dios de Jesús, el Padre, no justifica ninguna. Por eso no existe más juicio que el hombre da de sí mismo.

El primer mandamiento de la Ley antigua se refería a Dios: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas (Dt 6.5). Como todos los de aquella Ley, queda sustituido por el mandamiento que da Jesús: Igual que yo os he amado, también vosotros amaos unos a otros. Lógicamente, se esperaría que Jesús pidiese una correspondencia a su amor: “Amadme como yo os he amado” (cf 1 Jn 4.11). La frase de Jesús muestra, por el contrario, que solo amando al ser humano se ama a Dios, que Dios es inseparable de la humanidad. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso (cf 1 Jn 4.20). El amor a los otros es la única prueba de la presencia del amor de Dios.

Amar a Dios es, en primer lugar, aceptarlo en uno mismo como presencia y fuerza de amor (el Espíritu), cuyo término es siempre el ser humano. Así, amando a los demás, se hace a Dios presente en uno mismo y se establece con él la única relación posible, la de su amor aceptado, que es su presencia y su gloria.

En Jesús, Dios se ha hecho presente en el ser humano y uno con él (10.30). Con eso exige el máximo respeto por él y toma como suyos lo mismo el amor a él que la ofensa. El Dios lejano y trascendente permitía manipular al ser humano. El Dios que habita en el hombre o la mujer los hace intocables.

El mandamiento de Jesús da existencia a su grupo, lo constituye. Este se encuentra en medio del mundo como la alternativa frente a la muerte, de la dignidad y la libertad frente al sometimiento. Es el ofrecimiento permanente del amor de Dios a la humanidad por medio de Jesús. Él es el centro de ese grupo humano, por ser su modelo, el dador de la vida que comparten los miembros y, con ella, de la posibilidad de amar. Desde esa alternativa y esa vivencia se ejerce el servicio al ser humano.

Juan Mateos y Juan Barreto, biblistas católicos, en El Evangelio de Juan, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1982, pp. 603-638, viendo como resumen la introducción y la “síntesis” del comentario. Resumen y adaptación de GB.


Hechos 10.1–11.18 – Conversión de Cornelio, conversión de la Iglesia

10.1-48. CONVERSIÓN DE CORNELIO Y TODA SU CASA

Presentación de Cornelio. 10-1-8. Es la presentación clásica del “temeroso de Dios”: un gentil que simpatiza con la religión judía, pero que no acepta la circuncisión y la consiguiente obligación de la ley. Cornelio aparece siempre acompañado de toda su familia. Es un centurión romano. Nos recuerda al centurión de Lc 7.1-11. Aunque es un piadoso, no deja de representar a las fuerzas romanas de dominación, acantonadas en Cesarea. Cornelio tiene una visión, donde un ángel de Dios le ordena mandar a traer a Pedro desde Jope.

Visión de Pedro. 10.9-16. Instruido por una voz en una visión, Pedro no debe considerar ningún alimento como profano o impuro. Pedro rehúsa comer tales alimentos, como si no conociera la tradición de Jesús, conservada en Mc 7.17-23, donde declaró puros todos los alimentos, pedro actúa como un judío de estricta observancia. No se revela todavía a Pedro el sentido de la visión. Lo entenderá solo posteriormente en casa de Cornelio (v 28).

Encuentro de Pedro con  los enviados de Cornelio. 10.17-23. Los enviados de Cornelio llegan cuando Pedro está perplejo pensando qué podría significar la visión que habían visto. Como Pedro está confundido, la orden de acompañar a los enviados de Cornelio viene directamente del Espíritu: “le dijo el Espíritu… vete con ellos sin vacilar, pues yo los he enviado” (vs 19-20). Los enviados narran a Pedro la visión de Cornelio. El lector del relato ya conoce esta visión, pero Pedro no. Lucas relata por segunda vez la visión para obligar a sus lectores a entrar en el relato y vivirlo desde dentro. Pedro es invitado a la casa de Cornelio para ser escuchado. Con esto, Lucas quiere llamar la atención sobre el discurso de Pedro.

Pedro en casa de Cornelio. 10.24-28. Cornelio espera a Pedro con su familia, pero ahora es una comunidad que ha crecido con la invitación de parientes y amigos íntimos. Cuando Pedro entra en la casa de Cornelio, entiende el significado de la visión que tuvo anteriormente. Pedro recuerda la Ley judía que prohíbe a un judío juntarse con un extranjero y entrar en su casa. Estas palabras de Pedro –que no son muy simpáticas ni educadas– son para hacer resaltar la orden divina de no llamar profano o impuro a ningún hombre (v 28). Cornelio narra a Pedro su visión del ángel. Ya Pedro la conocía por los enviados y el lector la escucha ahora por tercera vez. Cornelio recibe a Pedro como un mensajero divino, se postra a sus pies y ahora expresa la intención de la comunidad de escuchar de Pedro todo lo que ha sido ordenado por el Señor (v 33).

Pedro comienza su discurso dando testimonio de su cambio de actitud: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato” (vs 34-35). Esta declaración de Pedro es lo que Lucas comunica a su comunidad (a Teófilo) y lo que el Espíritu comunica a la Iglesia de todos los tiempos. El discurso de Pedro es un bello resumen del kerigma apostólico primitivo, un evangelio completo, anterior a nuestros cuatro evangelios.

El Espíritu interrumpe el anuncio de Pedro al “caer sobre todos los que escuchaban la Palabra” (v 44). Pedro y los seis circuncisos que lo acompañan desde Jope quedan atónitos de ver que los gentiles han recibido el Espíritu Santo como lo recibió la comunidad apostólica en Pentecostés. Pedro hace que todos se bauticen y nace así la primera comunidad cristiana gentil. Pedro se queda algunos días con ellos.

11.1-18. PEDRO JUSTIFICA SU CONDUCTA EN JERUSALÉN

El v 1 expresa alegría: “los apóstoles y los hermanos que había por Judea oyeron que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios”. Pero en el v  2 tenemos un reproche de parte de “los de la circuncisión”. Parece que era un grupo diferente de “los apóstoles y hermanos” del v 1. Posiblemente ya en la Iglesia de Jerusalén había un grupo judeocristiano moderado y otro más radical (como aparecerá más adelante en la Asamblea de Jerusalén). Los primeros están por Judea; los segundos “en Ierousalem” (nombre sacro: expresa que están dentro de la institucionalidad judía).

Los de la circuncisión no reprochan a Pedro el haber bautizado a los gentiles, sino haber entrado en su casa y comido con ellos. La apología de Pedro vuelve a contar todos los hechos, cosa que no es necesaria para el lector, pero sí para los de Jerusalén. La apología acentúa la iniciativa divina en toda la historia. Por eso Pedro termina diciendo: “¿Quién era yo para poner obstáculos a Dios?”. Todo lo que ha sucedido con los gentiles ha sido preparado y actuado, en todos y cada uno de sus detalles, por Dios mismo y su Santo Espíritu. El relato termina con el testimonio de la comunidad judeocristiana de Jerusalén: “Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida”.

REFLEXIÓN GENERAL: Es evidente la importancia de este relato de los Hechos de Pedro dentro del libro de Hch, especialmente en esta sección de los Helenistas (caps. 6 al 15). El relato legitima y refuerza los Hechos de los Helenistas que serán narrados en 11.19-30, donde son los helenistas los primeros en predicar el evangelio a los gentiles en Antioquía. El relato de Pedro está subordinado a este relato de los Helenistas. En los Hechos de Pedro (10.1–11-18) tenemos no solo la conversión de Cornelio y toda su casa-comunidad, sino también la conversión de Pedro y de la Iglesia judeocristiana hebrea de Jerusalén. Aparece claro en el relato, y en la intencionalidad de Lucas, cómo la fidelidad al Espíritu, que lleva la misión a los gentiles, exige la conversión de Pedro y de la Iglesia. No hay misión sin transformación de la Iglesia. Además aparece claro en el relato que el Espíritu Santo actúa no soplo en Pedro, sino también en Cornelio. En el encuentro de Pedro con Cornelio, el Espíritu está actuando en Pedro y en Cornelio, desde los dos lados, simultáneamente.

REFLEXIÓN PASTORAL SOBRE HECHOS 10.1–11.18

  1. Los Hechos de Pedro confirman lo que ya ha aparecido a lo largo de Hch, a saber, que la misión es imposible sin un cambio estructural en la Iglesia. la conversión de Pedro apunta hoy a una conversión de la jerarquía de la Iglesia en función de la misión. La misión exige obediencia al Espíritu y conversión.
  2. La misión es obra del Espíritu Santo. El Espíritu actuó en Pedro y en Cornelio simultáneamente. Así hoy el Espíritu actúa no solo en la Iglesia misionera, sino también los pueblos y personas misionados o evangelizados. El Espíritu Santo está en acción en la Iglesia, pero también, independientemente de la Iglesia, en los pueblos, culturas y personas que la Iglesia busca evangelizar.
  3. La evangelización no es solo de personas, sino de comunidades, pueblos y culturas. Es paradigmático cómo Cornelio recibe el evangelio con toda su casa, parientes y amigos íntimos.
  4. La casa de un centurión romano era el último lugar que Pedro se hubiera imaginado en su estrategia misionera. Él estaba ocupado visitando las comunidades judeocristianas de Lida y Jope, cuando el Espíritu le cambio el programa y lo llevó a donde él menos se imaginaba. ¿Estamos atentos hoy en la Iglesia a la estrategia misionera del Espíritu, tal como se revela paradigmáticamente en el libro de los Hechos? ¿Dónde y cómo se revela hoy el Espíritu Santo para empujar a la Iglesia a la acción misionera?
  5. Lo que impedía a Pedro y a los de la circuncisión ir a los gentiles era un problema más cultural que teológico (una cierta interpretación de la ley más que la ley misma). También hoy la Iglesia está encerrada en su propia cultura, lo que le impide ir a otros pueblos y “entrar en su casa”. La evangelización desde las culturas exige a la Iglesia tomar conciencia de sus limitaciones culturales y abrirse a la presencia del Espíritu en los pueblos y personas.
Pablo Richard, biblista católico chileno, 1939-2021, Hechos de los Apóstoles en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, España, 2003.


Apocalipsis 21. 1-5 - Y NOS SENTÓ SOBRE SUS RODILLAS.

No se trata de parches. La verdadera esperanza aspira a todo. No se conforma con que algo mejore de vez en cuando, aunque todos lo apreciamos cuando eso ocurre. En realidad, percibimos que hay algo mal de base, que no importa cuántos y cuán hábiles esfuerzos se hacen, siempre hay algo que sale mal, y nunca estaremos plenamente conformes.

Por eso la verdadera promesa y la visión decisiva de Juan ve todo nuevo. Nuevo Cielo nueva Tierra, una nueva Ciudad…, todo nuevo. El mar, que para los antiguos israelitas era el lugar de donde venían los peligros y donde residía el abismo misterioso, ya no existe.

Los pueblos guaraníes buscaban una tierra sin males. Los griegos añoraban una edad de oro. Parece que todos los pueblos se dan cuenta que hay algo que esencialmente no funciona como debiera en la realidad humana (en América Latina, en cambio, nos sorprendemos si algo funciona!...), y la expectativa es que ese algo ceda lugar a una esperanza de plenitud. La Promesa es que todo será nuevo, y ese espacio del peligro, el mal, el dolor, la muerte, desaparecerá.

Algunos dirán que esa es una esperanza que va más allá de la historia… y es cierto. Las esperanzas históricas se hacen posibles también por esa esperanza total.

Una vez más la presencia de Dios se hace cotidiana. Es una presencia llena de amor… la nueva Jerusalén es como una novia lista para su boda. El mismo Dios establece su carpa con nosotros (cf. 7.15-17). Nosotros seremos su pueblo… Un Dios sin mediadores a los que hay que satisfacer, un Dios que se pasea sin guardaespaldas ni secretarios que llevan agendas, un Dios totalmente accesible por todo el pueblo.

Esa esperanza puede anticiparse, porque el mismo Dios que estará es el que hoy es… La esperanza se construye porque lo que es anunciado puede vivirse como una realidad, al menos en lo que Dios nos da. Quizás nuestro problema es que no estamos viviendo según la Promesa que se hace realidad… o que no nos atrevemos a vivir según la Promesa.

Ese Dios victorioso que culmina la visión, que ha librado la más terrible batalla cósmica, que ha hundido definitivamente el mal, sin embargo, no sale de paseo en carro de victoria… Cuando ha establecido todo nuevo, se dedica como una madre o un abuelo cariñoso a enjugar las lágrimas.

Sabe que hemos caído y nos golpeamos… y nos sangran manos y rodillas. Y entonces, sentándonos en las divinas faldas, nos limpia las lágrimas, nos consuela… “Ya no llores más, ya no va a doler nada, no habrá de qué quejarse”… Y añade lo que solo Dios puede añadir, lo que mostró en la mañana de Resurrección: “Ya no habrá más muerte”…

Estas cosas fieles y verdaderas. Así, en que sea fiel y verdadero lo justo y bueno que hoy parece imposible, construye Dios nuestra esperanza. El Dios cariñoso capaz de sentarnos en sus rodillas…

Pastor Néstor Míguez


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