Recursos para la predicación

18 Mar 2022
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 14 AbrilAbr 2022

Morado


No predicamos el sacrificio, ni de la misa católica ni de la predicación fundamentalista. “Misericordia quiero y no sacrificios” dijo el profeta Oseas (6.6). Guardamos la presencia de Cristo, en la memoria y en la fe, la entrega de Jesús por amor a todos nosotros, por lealtad al proyecto de Dios, en la entrega de nuestras vidas, como dice el texto de Juan.

“RECORDAR: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”, dice Eduardo Galeano. No es poca cosa volver a pasar cosas por el corazón, en este tiempo cuando empiezan a despreciarse los avances en la recuperación de la memoria histórica, por mezquindades de la pequeñez política. Así recordamos a Jesús, no como un viejo dato sino reviviéndolo en nuestros corazones y en cada comunidad.

En la entrada de EL LIBRO DE LOS ABRAZOS, Ediciones de La Cueva.


Juan 13.1 17

En lo que Néstor Míguez llama “teología narrativa”, nos cuenta el relato imaginario de Rode, personaje del Nuevo Testamento, con erudición y sentimiento.

–Me llamo Rode. Me crió María, la mamá de Juan Marcos. Me recogió de niña, cuando murió mi madre. Yo le ayudo en la casa. Para la gente soy “la sirvientita”... a mí no me importa. Sé que servir es un privilegio. Le cuento cómo llegué a esa conclusión.

Fue la noche antes de la Pascua, el 14 de Nisán, cuando crucificaron a Jesús. Algunos lo ponen un día después, pero fue en mi casa, así que yo sé. Lo de que ofreció el pan y el vino, puede ser, pero yo no lo vi, no le puedo confirmar. Los discípulos de Jesús lo celebran, yo también participo, pero en ese momento yo no estaba. Esas palabras de comer su cuerpo y beber su sangre ya las había dicho Jesús una vez, cuando lo buscaron después de haber multiplicado los panes (cf. Jn 6.53-56). Lo que yo vi es otra cosa, y eso le cuento. Aunque admito que yo no estuve todo el tiempo allí. Subía y bajaba con las cosas de la cena, pero trataba de meterme lo menos posible, porque el Maestro quería tener un último momento de tranquilidad con el grupo más cercano.

Se mostraba tan serio, pero tan lleno de amor al mismo tiempo. No es posible un amor más grande, más intenso, total. Hasta el último día antes de morir no dejaba de pensar en los suyos, en todos nosotros, en todas nosotras. Cuando le habló a mi patrona para que le dejara usar el piso de arriba de la casa y le preparara la cena, le escuché decir: “Esta es la hora, mi hora”. Él sabía lo que venía y quería preparar todo.

Yo hice lo mejor que pude. Les puse unas pieles de oveja para que se reclinaran, preparé la mesa, con pan y vino. Hice una sopa bien nutrida; no tenemos mucho, pero Doña María me dijo que pusiera lo mejor. Cuando llegaron me acerqué para lavarles los pies, como estoy enseñada. No me gusta mucho, pero una se acostumbra... Jesús me sorprendió. Me hizo señas que no, que dejara el ánfora con agua y la toalla en un rincón del cuarto y que nos fuéramos.

Al rato, cuando subí para llevarles la sopa caliente, me quedé pasmada. Yo lo vi, nadie me la contó. Cuando se la conté a Juan casi no lo podía creer. Aunque era esperable viniendo del Maestro... Allí estaba él, Jesús, con la toalla en la cintura, inclinado delante de Judas (ni más ni menos que de Judas), lavándole los pies. Dura me quedé en la mitad de la escalera. ¡Ese era mi trabajo, y lo estaba haciendo él! Le lavó los pies a Judas y luego se puso a lavárselos a Simón. Simón se mostró casi ofendido por ese gesto: “–Señor, ¿cómo vas tú a lavarme los pies a mí? No me lavarás los pies jamás”. El Maestro le respondió “Ahora no lo entiendes (Eso es cierto, Pedro a veces es medio duro de entendederas...), pero después lo entenderás”. Él siempre le dice “Piedra” de sobrenombre. Como Simón seguía resistiendo agregó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”.

¡Para tener parte con Jesús hay que dejarse servir por él! Claro que resultaba difícil de entender. Hemos sido criados para pensar de otra manera. Que hay que servir a los más poderosos, y reclamar el servicio de los inferiores. A mí, mujer, joven, criada, siempre me toca estar debajo de todos, no puedo pedir que nadie me sirva y todos se creen con derecho a reclamarme. Pero él tenía otra cosa en mente... después lo dijo.

Entonces Pedro, cuando no, exageró: “Entonces lávame todo, pies, manos, cabeza”. El Maestro se sonrió. Vaya si nos conocía bien a todos... como que podía leer de antemano nuestras reacciones. También a mí... sabía mi nombre, cuando venía a Jerusalén pasaba por la casa y siempre me dedicaba una palabra, me sonreía. Claro, lo que me dijo a mí no quedó escrito en ningún lado, pero sí en mi corazón. También sabía lo que iba a hacer Judas. Por eso, cuando le contestó a Pedro que el que está limpio no necesita que lo laven, agregó como comentando para sí, pero lo suficientemente alto para que todos pudieran oírlo... “pero no todos son limpios...”. Pensé que se refería a que acababa de lavarles los pies.

Pero es más profundo que esto. Es que su amor nos ha hecho más puros... No con los rituales que enseñan los fariseos, sino con otra pureza, la del amor. El amor de Jesús saca lo mejor de nosotros, lo bueno que hay en cada corazón, lo que él mismo puso. Por eso agregó que, aunque le decimos Maestro, él se puso a servirlos. Para que podamos recibir y disfrutar de lo que significa ser amados gratuitamente. Y entonces podamos hacer lo mismo. Como le decía antes, me cambió la idea de qué significa servir. Porque dijo que el siervo no es mayor que su Señor, pero él, que es Señor, se puso en mi lugar, el de una sierva... dijo que los que servimos somos bienaventurados... Servir no es una deshonra... otra cosa es que te atropellen. Estoy aprendiendo la diferencia.

Bueno, mientras tanto ya se había enfriado la sopa. Así que tuve que bajar y ponerla otra vez al fuego. ¡Buen reto me dio la señora! Me dijo que no hay que espiar. Pero no me importó mucho, en esos minutos había aprendido más acerca del Maestro y de mí misma que en toda mi vida anterior. Llevé la sopa apurada, le dejé sobre la mesa y me fui. Al rato volví para buscar la fuente.

Estaban terminando. El más jovencito estaba reclinado sobre el pecho de Jesús. Pedro los miraba a todos con una mirada entre angustiada y amenazante. Algo raro estaba pasando. Jesús pasó el pan por la fuente, como le gustaba hacerlo, pero no lo comió él, se lo dio a Judas. Algo le dijo, no escuché bien; que hiciera lo que tenía que hacer o algo parecido. Judas se levantó y salió apurado. Como si llevara el diablo en el cuerpo. Casi me tira por la escalera. Siempre decía que hay que pensar en los pobres, pero después nos maltrataba. Así terminó...

Ahora sigo sirviendo en casa de María y Juan Marcos. Muchas cosas han cambiado. Me tratan distinto, y para mí servir es una alegría. Eso sí, también estoy aprendiendo a hacerme valer: ahora sé que soy una hija de Dios, que no me pueden maltratar porque sí. No me voy a olvidar nunca: el mismo Jesús una noche hizo mi trabajo, se puso en mi lugar..., para que yo pudiera estar en el lugar de él. Esa es mi verdadera pureza, la que nunca me podrán arrancar. “El que me recibe a mí, recibe al que me envió”, decía Jesús esa noche... Qué me cuenta, ahora soy Rode, la sirvienta, la que viene en nombre de Dios”.

Sugerencias homiléticas

Este texto se ha usado para el tema de la humildad como actitud interior, como sacramento del servicio, para señalar la disposición de amor de Jesús aún frente a Judas. Todos estos aspectos están destacados en el relato bíblico. Pero también nos hablan de los distintos conceptos de pureza, y de la relación entre pureza y servicio, entre acción y bienaventuranza.

Es también un texto sobre la dignidad y la misión. Es posible pensarlo desde “el Jesús que se pone en nuestro lugar”. ¿Cómo nos ayuda a llevar nuestras tareas, aún las más pesadas y difíciles, con dignidad? Y cómo el hecho de que él se pusiera en nuestro lugar nos ayuda a ponernos a nosotros como sus mensajeros. El que Jesús ocupara el lugar del siervo dignifica todas las tareas, valora todas las personas. Este es también un posible mensaje de este texto.

Néstor Míguez, biblista y teólogo, pastor metodista jubilado, en Encuentros Exegético-Homiléticos, ISEDET, 24, marzo 2002.


Éxodo 12.1-14

Este capítulo está formado por una serie de perícopas individuales, algunas relacionadas con eventos todavía en Egipto, otras con el impacto del evento de la Pascua en la vida futura de la comunidad israelita (los vs 3 y 47 enmarcan con “toda la comunidad de Israel” esta serie de disposiciones).

El cap. se divide en: mandamiento de la Pascua anual (1), cambio del calendario (2), ofrenda pascual (3-13), fiesta de los panes ácimos (4-20), instrucciones para pintar el dintel de las casas (21-28), la décima plaga (29-36), éxodo propiamente dicho (37-42), gente excluida de este mandamiento (43-49), constatación de que los Israelitas obedecieron (50) y cierre de la narrativa (51). Dado que el sistema de perícopas no permite una visión de conjunto, sería bueno aunque sea mencionar brevemente los temas del capítulo.

  1. 1. Ubica a Moisés, Aarón y YHWH en Egipto, y lo hace para resaltar el hecho de que el mandamiento de celebrar anualmente la Pascua es el único que YHWH no dio en el Sinaí (¡es anterior a toda la instrucción!).
  2. 2. El evento que está por producirse es tan importante que determina el cambio del calendario, haciendo del mes del éxodo (Abib, cuando madura la cebada, marzo-abril) el primero del año.
  3. 3-13. Instrucciones sobre la comida sacrificial del cordero. El texto nos plantea preguntas de interpretación: ¿cuántos miembros tiene que tener una familia para no ser “demasiado pequeña” para un solo animal? ¿Quiénes forman la comunidad?
  4. 3. Hebreo `edah, “comunidad”, es un término técnico pre-monárquico en referencia al pueblo de Israel actuando en asamblea, como entidad política. Toda la asamblea debe cumplir con este mandamiento; se exceptúan (vs. 43-49) los incircuncisos que no pertenecen a la comunidad: extranjeros de paso y trabajadores temporarios. Acá se ve dónde un término como “asamblea”, que parece inclusivo, en realidad no lo es: la inclusión de los circuncidados presenta un problema especial para las mujeres, para quienes no hay (al menos en los textos) un rito de inclusión en la comunidad del mismo modo que para los varones.
  5. 4. “en proporción al número”. Puede ser respecto a la cantidad de gente, o sobre lo que cada quien comerá. De todos modos, lo importante es que toda la familia participa, y si es muy pequeña se junta con sus vecinos/as.
  6. 8-9. Introducen los demás elementos de este ritual: las hierbas amargas y las matzot, el pan sin levadura sobre el que después se dan más instrucciones (vs. 14-20).
  7. 11. Introduce dos términos importantes. Un término es bejippazon, “a las apuradas” (ver Dt 16:3 e Is 52:12). El otro término es pesaj, cuya etimología no es clara (hay tres versiones: a] la más segura, tener compasión; b] proteger, c] pasar sobre). Este v. corrige dos malentendidos comunes entre nosotros/as. Primero, que pesaj, es el sacrificio del cordero o carnero sin mancha para YHWH, no para Israel. Al ofrecerlo según se le ha mandado, Israel participa de la comunión con la Divinidad. Pero es Pascua porque Dios acepta ese sacrificio. Segundo, solemos entender la señal de la sangre en el dintel como una señal para Dios o su ángel, para que no se vaya a equivocar. Sin embargo, el texto dice que es señal de Dios para ISRAEL, para que confíe y recuerde a través de la sangre, que es vida, que YHWH aniquilará a los dioses egipcios y traerá vida al pueblo esclavizado. “Dios usa la creación para lograr la redención”.

De las instrucciones de la Pascua en general se podría rescatar:

1) que el mandamiento de la Pascua no se puede cumplir individualmente;

2) que está insertado en el seno de la familia, no en el templo, adonde se trasladó más tarde (en la época del Segundo Templo). Al comer, la familia comparte la solidaridad y la salvación que Dios está a punto de ejecutar;

3) tomarse un minuto para recordar que la familia (bet-ab “casa de un padre”) no es la familia nuclear, sino que incluía a miembros de varias “casas”, hijos casados, hijos e hijas solteras, posiblemente alguna viuda o divorciada, y también los esclavos circuncidados (Gn 17) y esclavas. Todos estos miembros participan en la Pascua y todos estos miembros están listos para salir, con la túnica atada para mayor agilidad;

4) la Pascua es un sacrificio, el primero ofrecido por el pueblo esclavo en Egipto a YHWH; y por ser sacrificio, sagrado, todo el animal se come y lo que no se come, se quema; no queda para el día siguiente.

5) Otra idea para la predicación: Las fiestas y estaciones litúrgicas señalan momentos de la historia, tiempos particulares. La Pascua señala no sólo un momento único de comunión entre YHWH y quienes participan del sacrificio que se le ha ofrecido; también un momento único por lo que significara la salvación/liberación de la esclavitud. Finalmente, significa un momento tan único que determina el cambio del calendario, es el acontecimiento fundante, al menos tal como el texto lo presenta. A todos estos elementos les podemos dar todavía mayor relevancia cuando los unimos al relato de la Última Cena de Jesús y la comunión establecida con él, por un lado como familia que comparte la misma mesa y el mismo cordero, y a la vez como Cordero sin mancha ofrecido a YHWH y aceptado.

Mercedes García Bachmann, pastora de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, en Encuentro Exegético-Homilético 1, ISEDET, Bs As, abril 2001.


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