Recursos para la acción pastoral

04 Mar 2022
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Recursos para la acción pastoral
Recursos para la acción pastoral 13 MarzoMar 2022

Morado


  • Derechos humanos, derechos de Dios, frente a los Estados, los gobernantes y los poderosos, en tiempos democráticos o en tiempos dictatoriales, siempre en primer lugar en defensa de los más débiles e indefensos. Y también abriendo conciencias, acompañando iniciativas comunitarias, buenos samaritanos atendiendo asaltados, para después volver a los palacios de gobierno y a los medios masivos de comunicación.
  • Acción diacónica testimonial en medio de nuestras comunidades, demostrativa y pedagógica. Nunca vamos a solucionar un problema social cabalmente, desde nuestras pequeñas comunidades. Pero siempre podemos mostrar las mejores actitudes en un ropero comunitario o en un servicio educativo, en un trabajo con niños o con ancianos, cuidando y escuchando, dando y aprendiendo, enseñando y compartiendo.
  • La dimensión pedagógica de nuestro servicio comunitario es parte ineludible de nuestro testimonio. Nunca ser un paliativo asistencialista a los problemas de la gente, sino ayudando en la organización y en el enfrentamiento de sus problemas: dar pescado y enseñar a pescar. Ni tampoco ser utilizados por ningún gobierno, ni nacional ni municipal, para llevar agua a los molinos de alguna corriente política, especialmente cuando sean manipuladoras y engañadoras.


Probemos la mayordomía

Llamados a lo extraordinario

Dice la Biblia que “sin visión el pueblo perece” y, al describir las consecuencias del derramamiento del Espíritu Santo, señala que “los viejos soñarán sueños y los jóvenes verán visiones”. Palabras alentadoras y desafiantes para una Iglesia con desafíos abiertos y que necesita, sobre todo, recuperar la visión y el poder para emprender grandes cosas por Cristo y por su Reino.

A movimientos desesperanzadores y destructivos, solo puede responder un movimiento poseído del Espíritu de Dios y de una  clara visión de sus designios de justicia y salvación para esta humanidad. Por eso escribía Vinet: “De nosotros se espera lo extraordinario; y sin  duda, para que se espere eso, es suficiente que hayamos sentido la convicción de que Dios nos amó de tal manera que se hizo un ser humano para salvarnos”. ¿Seremos capaces de responder al tremendo desafío de este tiempo?

Una comunidad redentora

Ya en su época Juan Wesley, impresionado por un mundo de grandes necesidades y oportunidades, había lanzado el reto: “Quiero una alianza ofensiva y defensiva con  todo soldado, con  toda militante del evangelio de Jesucristo: quiero que sean toda luz, todo fuego, todo amor, y que crezcan en todas las cosas en Aquel que es la cabeza”.

Y ese reto sigue resonando en nuestros oídos como la voz de Dios a una generación de cristianos que debe afrontar una de las oportunidades más extraordinarias de la historia. Lo importante es que en cada congregación se levante por lo menos un grupo de personas que estén dispuestas a tomar en serio ese llamado. Puede ser la Junta Directiva de una iglesia, o el grupo de jóvenes o el grupo de liturgia y predicadores. Con profunda humidad, sin pretender más santidad que los que les rodean, pero sí experimentando el impulso a obedecer en aspectos concretos la dirección del Espíritu Santo, estos grupos deberían orar intensamente y trabajar pacientemente por una renovación de toda la Iglesia en nuestra generación, comenzando con  su propia congregación.

Algunos aspectos concretos

Hay puntos concretos en los que la Iglesia necesita alcanzar una nueva visión. Hay puntos concretos en los que usted mismo y el pequeño círculo de creyentes en que actúa, puede poner a prueba su conciencia de mayordomía de la vida en su totalidad.

Primero: un vivo sentido de la urgencia de la hora que vivimos y de la brevedad de la vida. En momentos en que tantos cristianos duermen como si nunca fueran a dejar esta tierra, “enredados en los negocios de la vida”, no al servicio del Reino, sino de sus propios intereses, se necesitan creyentes despiertos al hecho fundamental de que no somos dueños sino administradores de la vida, y que un día el Señor nos ha de decir, como en el caso de la parábola de Jesús: “Da cuenta de tu mayordomía, porque no podrás ser más mayordomo”.

Segundo, una clara conciencia  de la responsabilidad personal ante Dios y el prójimo. En medio de una sociedad que ha sido forjada en el más estrecho individualismo, y ante la amenaza de un nihilismo disolvente, se necesitan cristianos y cristianas que sientan hondamente la pregunta de Dios a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” Cristianos que dejen de ser indiferentes a la vida total de sus semejantes y de encogerse de hombros ante sus necesidades, El profesor Caleb Winchester lo expresó diciendo a un creyente demasiado “espiritual”: “Usted me habla de pasión por las almas, pero yo no deseo que nadie ame a mi alma si no me ama a mí”.

Tercero, un profundo gozo en dar. Ofrecer los talentos, ofrecer el tiempo, ofrecer el dinero generosamente, abnegadamente. Mientras un cristiano no aprenda a darse a sí mismo con alegría, con todos sus valores y posibilidades, mientras la iglesia o la sociedad deban arrancarle como por fuerza su contribución a Dios y a la vida, no podrá conocer la abundancia, la plenitud de la vida en Cristo. “A quienes reparten, más se les da… El que sacia a otros, será saciado… ¡El fruto del justo es árbol de vida!” (Proverbios 11, 24, 25, 30).

“Pueden ponerme a prueba”

¿Hasta cuándo esperaremos para tomar en serio nuestra mayordomía? Algunos esperan jubilarse para dedicar más tiempo al Señor. Puede ser que ese día nunca llegue o que cuando llegue no lo sepan reconocer, como tan a menudo sucede. Otros esperan que mejore la situación  económica o que prosperen sus negocios para ofrecer al Señor mucho más que el diezmo; pero en el momento no se animan ni aún a consagrar el diezmo de sus entradas, como tantos creyentes humildes lo están haciendo desde hace largo tiempo, con  gran gozo y grandes bendiciones.

Algunos esperan que toda la iglesia se lance a una gran empresa misionera para ofrecer todo su apoyo y entusiasmo, pero no están dispuestos a asumir una responsabilidad concreta ahora, en este momento, ni a privarse de una hora de diversión o de descanso, para ir a hablar a alguien de su Señor y Salvador.

El profeta Malaquías, hablando en nombre de Dios a su pueblo, y llamándolo a asumir concretamente sus responsabilidades frente a Dios, declaraba: “Pueden ponerme a prueba: verán si no les abro las ventanas de los cielos y derramo sobre ustedes abundantes bendiciones” (Mal 3.10). ¿Cuántos están dispuestos a echar mano a tan gloriosa promesa? ¿Cuántos jóvenes, en la plenitud de sus fuerzas; cuántos adultos, en la madurez de la vida; y aún cuántos ancianos en el ocaso de su existencia sobre la tierra, captarán la visión y se lanzarán a la aventura más grande de la vida: la de ser mayordomos de Dios?

¡Oh si se levantara en cada congregación, en estos días, un grupo de creyentes dispuestos a responder a este reto de la Palabra de Dios, qué cambios extraordinarios podrían producirse en la vida de la Iglesia cristiana, y qué nuevos canales se abrirían para la obra del Espíritu Santo en el mundo! Oremos para que así sea, pronto.

Por el obispo (E) Federico J. Pagura, en “Sostendré mi iglesia con mis oraciones, con mi presencia, con mis contribuciones, con mi servicio”, Iglesia Metodista en Uruguay, 1971, folleto de 31 págs, resumen de GBH.


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