Recursos para la predicación

24 Ene 2022
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 13 FebreroFeb 2022

Verde


Lucas 6.17, 20-26

Breve reflexión teológica

Oír a Jesús y dejarse sanar por él: combinación asumida como la más natural del mundo por aquellas personas. ¡Cuántos problemas ha causado la pregunta acerca de la correcta relación entre estas dos dimensiones de la misión de la Iglesia! Unos han defendido la absoluta supremacía de la proclamación verbal del señorío de Jesucristo en la predicación y la enseñanza; otros, la absoluta necesidad de sanar, dar de comer, luchar contra la injusticia y producir la transformación de las estructuras de opresión.

Los primeros se espantaban ante todo lo que sonaba a “política”, por considerar que la salvación del alma era la única misión de la Iglesia. Los segundos rechazaban todo lo que sonaba a “espiritual”, “interioridad”, “alma”, “salvación”, “cielo”, “eternidad”. Gracias a Dios –y también a quienes con mucha paciencia entablaran un fructífero diálogo entre ambas posturas– en muchas Iglesias estamos arribando a una visión integral de la obra de Cristo a favor de las hijas y los hijos de Dios en esta tierra. Ahora bien, con prestar debida atención al texto bíblico nos habríamos ahorrado años de dolorosas discusiones. Bien, las multitudes acudían, pues, a oír a Jesús y para ser sanados.

Es fascinante ver cómo Jesús incluye las necesidades concretas de la gente en su actuación curativa y en el sermón mismo, y cómo vincula a sus oyentes con la acción de Dios.

La introducción al sermón es un vigoroso testimonio de que aquellas personas buscaron y encontraron salud, dignidad y firmeza en Jesús. El evangelista transforma este testimonio en una oferta hermosa para nosotros. Pablo expresa esto a su manera cuando dice en Filipenses 4.13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Ambas cosas, la oferta lucana y el testimonio de Pablo, son un cuestionamiento a nuestra forma actual de ser Iglesia. ¿Qué se ofrece en ellas?

Luego, a nivel personal, hemos de preguntarnos con qué listado nos identificamos como Iglesia y como individuos. ¿Con las bienaventuranzas, con los ayes, con algo intermedio, con ambos a la vez?

La reflexión teológica honesta no puede esquivar una serie de preguntas inquietantes: ¿Se produjo acaso la inversión socioeconómica anunciada por Jesús? ¿Por qué sigue habiendo tanta brecha, incluso creciente, entre ricos y pobres? ¿No fuimos capaces de arreglar estos problemas? Los dos mil años de cristianismo, ¿no fueron capaces de orientar mejor a la humanidad?

Nos corresponde confesar nuestra falta de conversión, fe y amor. Hemos de someternos de manera siempre renovada y sincera al juicio que el mismo Evangelio pronuncia sobre nuestras vidas, y rogar a Dios que nos ayude a serle obedientes. Sólo así podemos hablar con toda humildad de la introducción de la dignidad, relacionada con el concepto del ser humano como imagen y semejanza de Dios; de la incorporación de la protección de los sectores más débiles de la sociedad en la legislación; de la organización masiva y oficial del cuidado de enfermos, huérfanos, viudas, ancianos, discapacitados; de la toma de conciencia de los derechos humanos sociales, políticos, económicos, religiosos, educacionales, de salud y otros más por el cuerpo social.

Todo ello sería impensable sin aquellos impulsos provenientes de la prédica y la actuación de Jesús; sin aquella espina del anuncio de la inversión de las relaciones socioeconómicas; y sin su opción concreta por las personas marginadas y excluidas. No cabe hablar de logros de la Iglesia ni de sus personeros más lúcidos, sino apenas de unos pocos actos de obediencia a las exigencias concretas de nuestro Señor.

Por último, una palabra sobre la adulación. La zalamería del predicador o de cualquier cristiano o cristiana, el éxito sorprendente de un predicador, la pompa que rodea a ciertos eventos religiosos y programas evangelísticos, deben ser una clara señal de advertencia de que algo anda mal. Asimismo lo deben ser la autosatisfacción de ciertas Iglesias, la seguridad económica de sus arcas llenas, la grandeza de sus sistemas teológicos o la venerabilidad de sus tradiciones. La bienaventuranza de los pobres, hambrientos, dolidos y perseguidos es el faro correcto; y no el exitazo, el brillo o el auge.

Posible esquema para la predicación

La predicadora, el predicador se enfrenta con el deber de transmitir el carácter inusitado del anuncio de Jesús, tanto a los pobres como a los ricos. El texto final y actual del sermón no tiene dos destinatarios claramente visibles y expuestos, sino que se dirige “simplemente” a la comunidad. Claro que en ella hay ricos y pobres. Este anuncio contiene evangelio y ley a la vez; advierte ante el peligro de una vida centrada y confiada en sí misma, y propone una total apertura a la acción salvífica de Dios.

  1. Bienaventurados los pobres. ¿En qué encontramos felicidad, qué nos brinda satisfacción, qué nos hace sentir bienaventurados? ¿Qué da sentido a nuestras vidas? Solamente la gracia de Dios, que nos llega a través de Jesucristo, nos da vida plena y nos llama bienaventurados y bienaventuradas. ¿Cómo se vincula esto con nuestra situación socioeconómica? ¿Cuáles son nuestros reaseguros más eficientes? ¿En qué y en quién colocamos nuestra confianza?
  2. ¡Ay de ustedes, ricos! La miseria de una existencia centrada en sí misma, autosuficiente, con todas las cosas a su alcance. Constantemente, la persona de negocios, trabajo, posición importante o incluso encumbrada debe probarse a sí misma y a los y las demás su capacidad y su superioridad. Pero esto no otorga dignidad última a la persona. Al contrario, la riqueza, el status y el poder la destruyen. Se equivoca aquel que cree que el sentido de su vida consiste en vivir tranquilo con todo lo que consigue acumular (cf. Lc 12,15 y 21).
  3. Bienaventurados los pobres. Nuestro compromiso concreto con los pobres es la consecuencia de la opción de Dios por ellos, no de alguna supuesta bondad nuestra o de la llamada filantropía. Reconociéndonos dependientes de Dios, podemos participar en su obra de vida, promoción, justicia, salvación y todo lo que el Evangelio nos vaya mostrando y pidiendo.
René Krüger, pastor y biblista argentino de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, en Encuentros Exegético-Homiléticos 11, febrero 2001, ISEDET, Bs As.2001, ISEDET, Bs As.


Jeremías 17.5-8

El contraste entre las dos clases de confianza lleva a la idea del Señor escudriñando el corazón (10; cf. sobre 9.7). El corazón es el verdadero fundamento del carácter, incluyendo la mente y la voluntad en el AT. El v. 10b no está enseñando la salvación por obras, sino recalcando el hecho de que el Señor verdaderamente conoce el carácter de una persona. El v. 11 ilustra pintorescamente la falsedad de la injusticia, una forma de autoengaño (sobre la verdad como acción véase en 5.26-28). La exclamación en los vv. 12, 13 es sugerida también en el tema del autoengaño. No sólo los individuos, sino también todo el pueblo puede engañarse al no ver que el Señor es la fuente verdadera de su bienestar (12, 13). La alabanza (12) está en boca de Jeremías.

17.6. Tierra salada. La presencia de sal en la tierra era una maldición. Hay un número de textos mesopotámicos que describen una salinidad progresiva en el suelo del sur de Iraq en el tercer y segundo milenio. Cuando alcanza un cierto punto de salinidad, la tierra era inútil para la agricultura y entonces era abandonada, a veces por un período de siglos.

Notas

5a Esta frase falta en LXX.

6a. Puede entenderse como despojado (desnudo); esa imagen indicaría la amenaza mortal a uno que intenta sobrevivir en el calor de la Arabá sin agua o protección. La traducción escogida da un buen paralelo al v. 8 y da una imagen similar de carente de agua y, por consiguiente, de vida.

8b No verá, un paralelo directo al v. 6.

Estructura y situación

Una nueva perícopa está indicada por la fórmula introductoria del mensajero en v. 5. Aunque falta en la LXX, esta fórmula sirve para marcar la transición. Cae fuera de la métrica de la sección, y lo que no es un oráculo profético, sí es una explicación de los “dos Caminos” similar al Sal 1. Muchos comentarios notan el parecido con el Sal 1 y asumen que este pasaje es dependiente del mismo, como un salmo de sabiduría, y es, por consiguiente, tardío. Sin embargo, el Sal 1 podría ser dependiente de este pasaje, o los dos podrían ser interdependientes, o sea, tomados del ambiente de sabiduría. Ciertamente las tradiciones de sabiduría tanto en el Cercano Oriente antiguo en general y en Israel específicamente eran bastante antiguas.

El contenido de vv. 5-8 es un paralelismo por contraste entre el bendito y el maldito. Vv. 7-8 son fuertemente recordativos del Sal 1, aunque la metáfora es más hermética en este pasaje. La unidad es poética.

Comentario

La colocación de este perícopa inmediatamente después de vv. 1-4 produce un efecto específico: Judá ha estado como hombre que confía en la humanidad y en su propia fuerza en lugar de en Yahvé. Su fin será la maldición de vv. 5-6. La contestación implícita es el llamado en vv. 7-8: disfruta de la bendición que da Yahvé incluso en los tiempos difíciles.

Quizás este perícopa simplemente empieza con la maldición debido al juicio anunciado a Judá; quien está como maldito. La referencia a los lugares chamuscados (sequedales, v. 6) recoge la alusión a la ira eterna de Yahvé (v. 4). Igualmente es la “Arabá” y “una tierra” salada inhabitada. Incluso en la segunda mitad de la perícopa, la mención de “calor abrasador”, y “sequedad en el desierto” (ambos en v. 8), completa la imagen. Estas imágenes calientes pueden pintar el enojo caliente de Yahvé metafóricamente. Las imágenes también pueden relacionar las imprecaciones de maldición, desde que una tierra salada implica una falta de fertilidad y vida.

El maldito es el “hombre fuerte”, quién confía en la “humanidad”, por lo que se refiere a los tratados políticos y alianzas o se refiere a su propia fuerza personal en lugar de la fuerza en Yahvé. De hecho, esta persona sale deliberadamente de la órbita de Yahvé (5b). Éste precisamente es el pecado del que se acusa a Judá. Las consecuencias de tal acción son devastadoras. El arbusto del matorral constantemente se expone al sol y al calor de la Arabá. No hay casi o nada de agua para sostener el crecimiento, apenas suficiente para sostener la vida. La imagen es de esterilidad e improductividad. Las palabras tienen asonancia notable: como un “arbusto de matorral” “en la Arabá”). La traducción alternativa ofrecida en las Notas indicaría despojado, desnudo, uno que tampoco tiene protección contra el sol tenaz y el calor abrasador de la Arabá. La implicación es que no podría sobrevivir. Así que no estará vivo para ver cuando algo bueno venga. El lugar que ha escogido es un lugar desierto, inhabitado, sin la vida.

Por contraste, el hombre bendito pone su confianza en Yahvé y Yahvé es el objeto de su confianza. Esta doble ocurrencia de una palabra raíz, aquí “confianza”, es un ejemplo típico del estilo de Jeremías. Porque confía en Yahvé, recibirá bendición. Florecerá como árbol bien regado. Incluso cuando la sequedad (sequía) llegue a la tierra, continuará floreciendo porque tiene la fuente de agua cerca.

Estos versículos hacen un juego de palabras en hebreo entre “ver” y “temer”. El hombre maldito no verá lo bueno cuando venga (es decir, el fin de la maldición), al parecer porque estará muerto. El hombre bendito no teme la sequedad (la maldición); aun cuando la sequedad venga tiene la fuente de agua a mano. El contraste de estas dos situaciones se intensifica por el uso de palabras de similaridad sonora en hebreo. Entonces el pasaje afirmaría que el árbol no vería el calor abrasador debido a su suministro de agua y su dosel de hojas exuberantes. Tales juego de palabras son comunes a Jeremías.

Explicación

El AT a menudo presenta los dos caminos, el camino de la bendición y el camino de la maldición. Jesús y los Evangelios comparten esta visión (camino ancho y angosto). Aquí, los dos caminos se presentan como un discurso del Señor diferente de la sabiduría usual que pone tales palabras proferidas como sabiduría del hombre sabio. La unidad se presenta como si Dios recogiera un tema de la sabiduría familiar y lo hablara en respuesta a la imputación y sentencia de vv. 1-4. Judá está ahora bajo la maldición de Dios y puede esperar los frutos de la ira de Dios. Quizás un poco de esperanza puede verse en vv. 7-8: aun ahora si Judá confiara en Dios, entonces quizá podría disfrutar de los frutos benditos de Dios.

Ricardo Pietrantonio, biblista luterano (IELU) argentino, en Encuentros Exegético-Homiléticos 47, febrero 2004, ISEDET, Buenos Aires.


1 Corintios 15.12-20

La resurrección de Cristo y de los creyentes

Con la excepción de los Saduceos y algunos judíos grandemente influenciados por las concepciones griegas (no helenísticas), la mayoría de los judíos Palestinos creían en la resurrección futura del cuerpo (Dan 12.2). La resurrección de Jesús era sólo el acto inicial del cumplimiento en esa esperanza; si uno rechazaba la resurrección futura, también tenía que rechazar la resurrección de Jesús. Siguiendo un formulario retórico típico, el argumento de Pablo obliga a los corintios a que acepten la resurrección de todos los creyentes, porque ellos ya están de acuerdo con él (y objetivamente es lo que se dice en 15.1-11) que Jesús había sido levantado de los muertos. Los maestros judíos también utilizaron a menudo esta retórica para demostrar el principio general que está presupuesto.

15.12-19 - Si Cristo no resucitó. Con el uso de siete “si”, Pablo explora las consecuencias de la creencia de algunos de los cristianos de Corinto que sostenían que el cuerpo no resucita. 12 Comienza refiriéndose nuevamente al hecho de la resurrección de Cristo. ¿Cómo podía alguien afirmar que no existe tal cosa como la resurrección? 13 Si, como creían los fundadores del Areópago de Atenas, la resurrección del cuerpo era una imposibilidad en sí misma, entonces, la resurrección de Cristo era imposible. 14 Si Cristo no ha resucitado, el evangelio es inútil y los corintios pusieron su confianza en el lugar equivocado. 15 Más aun, el testimonio de los apóstoles de que Dios resucitó a Cristo es fraudulento. Pero Dios no podría hacer algo que en realidad no sucede, eso es, la resurrección de los muertos. 16 Que no haya resurrección significa que no tenemos tal cosa como un Cristo resucitado. 17 No tener un Cristo resucitado significa que la fe de los corintios está en el lugar equivocado y que sus pecados no están perdonados (cf. v. 3). 18 Además, los creyentes en Cristo que ahora están muertos y a quienes se había convencido de que abandonaran sus convicciones religiosas anteriores están perdidos; sin embargo, Pablo sí creía que aquellos que habían muerto sin Cristo estaban perdidos. 19 Si la fe cristiana es solamente una mera panacea para esta vida, entonces, dado el costo de ser cristiano en el mundo pluralista de Corinto, los cristianos eran la gente más digna de conmiseración en todo el mundo. Pablo ha traído este punto de vista falso a su conclusión lógica. Si no hay resurrección del cuerpo, deberían abandonar la fe.

15.18-20. Estos versos sugieren que Pablo rechaza la idea griega de una inmortalidad del alma sin una resurrección corporal; si no hay ninguna resurrección, el rechazo Epicúreo de una vida ulterior también sigue (15.32). (A pesar de que la visión griega típica de la mayoría de la vida ulterior de las personas como sombras debajo de la tierra era por de pronto triste e infeliz, proporcionaba poco del incentivo que Pablo encontraba en la resurrección). Pablo podía creer en la resurrección y en una existencia intermedia para el alma, tanto como hicieron los Fariseos. Pero si Dios no hubiera mantenido la esperanza futura para la persona entera, a la gente judía como Pablo que reconocía la naturaleza corporal de la existencia humana habría dudado que él hubiera proporcionado alguna esperanza futura en absoluto. Los primeros frutos eran el principio de la cosecha Palestina (familiar de la fiesta de los primeros frutos, de Pentecostés, Lev 23.21), que garantizaba la reunión inminente del resto de la cosecha.

Si Cristo ha resucitado. Pablo detalla ahora las consecuencias de la resurrección de Cristo. 20 Afirma que es cierta y también que la resurrección de Cristo es la garantía de resurrección de aquellos que han muerto (cf. también 11.30, donde se refiere a la muerte como sueño y no el mal monstruoso que representaba para el mundo pagano). Las primicias de una cosecha muestran que hay más para levantar.

Bibliografía: Carson, D.A.; France, R.T.; Motyer, J.A.; Wenham, G.J., Nuevo Comentario Bíblico, Siglo Veintiuno, El Paso, TX, Casa Bautista de Publicaciones, 2000, c1999.

Para la homilía

Se puede interrelacionar los dos caminos, no sólo para esta vida, también para la vida eterna, y el anuncio de la resurrección, no es solo para la vida futura, también para esta vida.

Ricardo Pietrantonio, biblista luterano (IELU) argentino, en Encuentros Exegético-Homiléticos 47, febrero 2004, ISEDET, Buenos Aires.
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