Recursos para la predicación

06 Dic 2021
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 24 DiciembreDic 2021 - 25 DiciembreDic 2021

Morado


Lucas 2.1-14 (15-20)

¿Qué es velar? En nuestra cultura el verbo velar nos hace pensar casi inmediatamente en sepelios y noches largas junto al ataúd. El texto nos dice que los pastores velaban pero esa afirmación nos conduce a otra actividad, claramente distinta: cuidaban sus ovejas durante la noche para evitar que los animales salvajes las ataquen y devoren. También había otra razón, menos conocida: para evitar que los pastores vecinos se apropiaran durante la noche del ganado ajeno.

Los pastores no estaban esperando al Mesías ni sabían que Dios les tenía preparada una sorpresa esa noche. Trabajaban de serenos y cuidadores de sus rebaños. Pero en ese momento –que podemos calificar de poco “espiritual”, aburrido y monótono– un ángel del Señor se les apareció para darle un sentido totalmente distinto a su velar y anunciarles que en ese mismo día había nacido el salvador, el Cristo. Los pastores velaban para preservar sus pertenencias pero ahora son convocados a celebrar que quien haría que sus vidas dieran un vuelco definitivo estaba cerca de ellos y podrían verlo tan solo con acercarse a la aldea de Belén.

¿Por qué se apareció a los pastores? Podríamos decir que porque eran los únicos que estaban despiertos durante la noche, y no estaríamos errando al blanco. Pero consideramos que hay algunas cosas más precisas que debemos tener en cuenta y que pueden ayudarnos a predicar en esta oportunidad.

  1. El oficio de pastor era tenido en poca estima. Por su carácter los pastores tenían fama de ladrones y nadie que se precie quería ser pastor de rebaños. Así como cuidaban el propio no dejaban pasar oportunidad de apropiarse de ovejas de otros rebaños amparados en la oscuridad de la noche. Quizás tendríamos que pensar en los oficios que hoy son desprestigiados socialmente... ¿Quién le cree a un delincuente? podrían decir muchos… Y esa es la realidad de la situación de aquella noche. Pocos estarían dispuestos a creer la historia que estos pastores les podían narrar desde el momento que eran tenidos por mentirosos de oficio.

 

  1. A su vez es sorprendente la respuesta que estos hombres rústicos tienen ante la visión que se les presenta. Primero tienen miedo –pero eso es comprensible– y luego escuchan atentamente lo que se les está anunciando. A tal punto creen que deciden al final del relato ir a Belén y ver con sus propios ojos “esto que el Señor nos ha manifestado”. No dudan de la veracidad de lo que recibieron, no piensan que fue un sueño o una alucinación producto del cansancio de la noche. Tampoco los turba el hecho de que pocos les creerían, dada la pocas estima que recibían de su vecinos. Ellos están convencidos que el niño ha nacido y quieren ir a verlo.

 

  1. El ángel anuncia nuevas de gran gozo. Era difícil anunciar buenas noticias en aquel tiempo. Más bien todas eran malas noticias especialmente para la gente humilde. Luego de la directa opresión romana ahora tenían a un rey judío (Herodes) pero tan cruel y déspota como los invasores. De hecho había sido colocado en ese lugar por los romanos para que siendo judío pudiera controlar mejor a su gente. Los impuestos y la explotación del trabajo iban en paralelo con las obras “herodianas” que mandaba construir por todo el reino: palacios, caminos, puestos militares, fortalezas, murallas… todo para consolidar su poder y para asegurar el control de la población. Todavía hoy se pueden ver los restos de sus palacios y caminos. Los romanos no podían creer cuán eficaz era este rey que ellos habían puesto para dominar a su propio pueblo y con cuanta habilidad lograba extraer sus impuestos sin que se rebelaran contra el poder. De hecho había sabido sofocar varias rebeliones.

 

  1. El gran gozo era para todo el pueblo, no solo para los pastores. Y tenía que serlo de verdad porque ya la gente no toleraba más desplantes y promesas que luego no se cumplían. Ante un anuncio que podía confundirse con una alucinación se le suma una multitud de huestes celestiales alabando a Dios y proclamando paz a los seres humanos y la buena voluntad de Dios hacia ellos. Es importante recordar que los israelitas tenían el concepto de que Dios en los cielos tenía un ejército que lo alababan y servían. Esa era una concepción común con otros pueblos cananeos pero lo propio de Israel es que eran solo ángeles y no semidioses. Estos últimos tenían autonomía y podían incluso cuestionar la autoridad de Dios. Le presentaban batalla y si le ganaban se erguían como en nuevos dioses poderosos. En la fe de Israel nunca se cuestionó la autoridad plena de Jehová: las huestes estaban para servirlo, no para pelear con él por el poder. De modo que este coro celestial representa la plenitud del cielo que confirma lo que el ángel solitario había anunciado a los pastores.

 

  1. Luego van a Belén y al ver al niño les cuentan a los que estaban allí lo que había visto en la noche. Los asistentes se maravillan al oír sus relatos ¿Por qué? Esta es una clave de lo sucedido en Navidad que suele pasarse por alto. Los asistentes en el pesebre no sabían quién era este nuevo bebé. Había nacido un niño entre ellos y estaban acompañando a la madre primeriza. Los menesteres propios de toda primera madre no son fáciles: desde darle el pecho hasta limpiarlo son tareas que se deben aprender cuando todavía perduran las fatigas del parto. Y se aprende de otras madres ya experimentadas. Eso es probablemente lo que estaban haciendo aquellos que rodeaban a María y José en aquel primer día de vida del niño: ayudando a la madre, acompañando al padre. En ese momento llegan estos casi delincuentes y les cuentan lo que les fue revelado sobre el niño que tienen delante.

 

  1. Al contarles lo que sabían de ese niño se puede decir que “abrieron sus ojos” a la realidad de lo que estaba sucediendo delante de ellos. Hasta ese momento parece que solo María sabía del destino de su hijo. Ahora son más los que dan gracias a Dios por su bondad y porque se ha acordado de ellos. Luego se retiran a sus lugares dando gracias a Dios por haber sido testigos de tan grande acontecimiento. Sorprende la pequeñez de lo narrado. Luego de estos hechos parece que pocos tomaron la posta y ya casi nadie se acordó de lo sucedido. Pensemos que hasta aquel hecho en el templo cuando llamaba la atención su conocimiento de las cosas de Dios –y allí nadie vinculó eso con su carácter mesiánico– y luego hasta el bautismo en el Jordán, nadie va a considerar a este niño como el enviado de Dios. Una vez más el Creador nos sorprende con sus tiempos: el niño ha nacido pero deberemos esperar hasta la madurez de los tiempos para ser testigos de la plenitud de su mensaje.

 

  1. ¿Cómo nosotros vamos a ser testigos de esta nuestra Navidad del siglo 21? También a nosotros se nos presenta el Señor en la persona de un niño en el que debemos creer. Más allá de toda la ternura que un bebé produce en quienes lo contemplan, es un milagro de Dios que podamos ver esta noche en ese pequeño que evocamos al Hijo de Dios que vino a salvar al mundo. Luego de 20 siglos continuamos implorando por justicia, por paz, por respeto a la vida, muchos pensarán que su mensaje fue en vano o que no pasó de un visionario con buenas intenciones. El creyente sabe que aunque su reino no se ha instalado en forma plena y definitiva, su presencia ya es una realidad en el pueblo que lo proclama como hicieron aquellos ángeles y como luego lo hicieron los pastores. Que aunque haya todavía mucho por hacer en esta tierra y que su reino no es de este mundo, hay un pueblo que sabe que el Señor ha dispuesto que ya tenemos tareas para llevar adelante ahora mismo.

Siempre me llamó la atención que toda la escena de la Navidad en los evangelios se da en el marco de cierta normalidad. Los pastores tienen una visión pero no se desesperan, María recibe al ángel pero no descree, José duda pero luego acepta lo que sucede. Así podríamos decir de tantos otros personajes que a pesar de lo extraño y a veces fuera de lógica de lo que Dios les ponía delante, supieron aceptar la misión a la cual se los llamaba. Pusieron sus dones al servicio del Señor aun cuando no terminaban de entender todo lo que estaba en juego en la mente de Dios.

En esta nochebuena dejemos que el niño de Belén nos permita ver su proyecto para el mundo y para nuestra vida. Que podamos comprender cuál es el papel que Dios espera de cada uno de nosotros a partir de hoy. Y que la Navidad sea una oportunidad para renovar nuestra fe en el recién nacido que se hizo grande y dio su vida por nuestras faltas.

Pablo Andiñach, biblista metodista argentino, en Encuentros Exegético-Homiléticos 69, ISEDET, Bs. As., diciembre 2005. Resumen de GBH.


Isaías 9.2-7 (RV) / 9.1-6 en ediciones católicas

Isaías 9 es un hermoso poema que anuncia la liberación de la opresión y el advenimiento de un príncipe que restaurará en el trono de David el dominio de la equidad, la justicia y la paz. Una lectura continuada del texto de Isaías obliga a leer este pasaje teniendo en cuenta las perícopas de 7.10-17 (la señal del nacimiento del niño Emanuel) y 11.1-10 (el surgimiento de un vástago / retoño que sale del tronco / raiz de Isaí); pues tienen muchos aspectos simétricos desde la perspectiva de la esperanza de un salvador, y también desde la relectura neotestamentaria y su aplicación al reino inaugurado con la venida de Jesús. Estas profecías son clara expresión de un mesianismo real que espera una intervención salvadora de Yavé en la historia de su pueblo, cuyo fundamento principal se encuentra en las promesas dadas a la casa de David por medio del profeta Natán en 2 Samuel 7.

Los primeros versículos (vs 2-5) recogen el vocabulario de la acción de gracias por la liberación obtenida y la segunda parte da cuenta del nacimiento del príncipe de la justicia y de la paz (6-7).

Es significativo que el texto augura un cambio que proviene del norte (v 1), la región de Galaad del otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. Aunque las referencias no sean muy precisas, el movimiento es de norte a sur, desde Galilea hasta Jerusalén, con resonancias hacia todo Israel por la apelación al trono de David (v 7).

En el versículo 2 aparece el binomio de oposición tinieblas / luz aplicado al pueblo del lugar: “los que andaban en tinieblas, vieron una gran luz”. Estos motivos son tradicionalmente aplicados a la liberación (“ver la luz”) de situaciones de opresión y sufrimiento (“estar en tinieblas”); lo cual en este caso queda igualmente reforzado por el contexto general del relato y los antecedentes explícitos en los últimos versículos del capítulo 8. Luego de la contraposición tinieblas / luz se pasa al motivo de la alegría (v 3) que se destaca recurriendo varias veces al mismo término, y se compara con la satisfacción de la cosecha y el reparto de un botín.

Probablemente la situación de devastación que se describe sea el producto de las campañas imperialistas del rey de Asiria Tiglat-Pileser III que había asolado y sometido las regiones del norte mencionadas en el versículo 1. Entonces, la obra liberadora de Yavé se ocupará de quebrar el yugo impuesto y el bastón de mando del opresor (v. 4). También se anuncia el fin de la guerra con la quema de sus símbolos: “la bota y el manto ensangrentado” (v. 5).

La mención del “día de Madián” (v. 4) recuerda la célebre victoria de los israelitas frente a los madianitas al mando de Gedeón (Jueces 7.15-25); y es significativa porque evoca la liberación política de la opresión de un pueblo extranjero. También es sugestiva porque remite a una victoria basada en la confianza del pueblo en Yavé, su Dios, y no tanto en su capacidad militar; así lo entiende el profeta cuando la compara con la liberación de Egipto (ver Isaías 10.24-27).

Los versículos 1-5 describen el gozo de la próxima liberación y los motivos para la alegría, el fin de la opresión y de la guerra. En los versículos 6-7 son los mismos que esperan la liberación los que expresan su alegría y entonan su canción de acción de gracias por el niño que les (v. 6a) ha nacido, que tendrá un nombre excelso y llevará los atributos reales de la equidad y la justicia.

Teniendo en cuenta el contexto general del Libro de Emanuel (Isaías 6-12), el anuncio del nacimiento en Isaías 9.6 nos lleva a pensar en la señal del niño Emanuel de 7.14, sobre el cual se acumulan varios títulos y atributos que enfocan aspectos sobresalientes de su inminente reinado.

Entre los atributos que se destacan están la sabiduría (comparar con lo ya visto en 11.2), la fortaleza divina por la confianza en Yavé y la fidelidad a la alianza (recordar lo de Emanuel = “Dios con nosotros”), la perpetuidad de su reinado y la paz / bienestar que traerá su gobierno. Los títulos (maravilla / Dios / padre / príncipe) que acompañan los atributos mencionados reflejan la costumbre e influencia de los faraones de Egipto que eran celebrados con extensos nombres.

Finalmente, el versículo 7 enfatiza la vigencia y el cumplimiento de las grandes promesas hechas a la casa de David (2 Samuel 7), pero bajo algunas condiciones bien claras. El rechazo del rey Acaz no significó el fin de la dinastía, pero la restauración y consolidación del trono davídico aquí no se garantiza por una promesa incondicional y vaga (comparar con 2 Samuel 7.14b y ss), sino por la vigencia de la equidad y la justicia en el gobierno del rey. Solo de esa manera su reinado será exitoso, se extenderán sus dominios y el bienestar de los pueblos, y su dinastía permanecerá para siempre. Yavé no aguanta la injusticia, la violencia y la opresión, por tanto si el rey no actúa de acuerdo a los valores de la justicia y la liberación, Yavé no está con él.

Sugerencias homiléticas

El evangelio de Mateo (4.12-17) hace una relectura especial del pasaje de Isaías 9, aplicándolo no al nacimiento de Jesús, sino al comienzo de su ministerio y predicación. El tema central que conecta ambos pasajes es el anuncio del reino. El motivo de la luz también es relevante aplicado al ministerio y la vida de Jesús (ver Mateo 4.16 y Juan 8.12).

Quizás podríamos intentar imaginar cómo sería hoy aquel reino de justicia y equidad que anunciaron los profetas y Jesús; cuáles serían sus características y sus alcances. Por otro lado, también podríamos esbozar estrategias y proyectos concretos que nos encaminen y acerquen hacia ese objetivo.

Bibliografía: J. Severino Croatto, Isaías 1-39. Buenos Aires, La Aurora, 1989.


Tito 2.11-14

La liturgia de la Navidad utiliza el texto Tito 2.11-14, y también 3.4-7, pues son fórmulas tradicionales que expresan a manera de síntesis el fundamento de la obra de salvación para toda la humanidad. La espera y manifestación de esa gracia tiene sus implicaciones y exigencias en la vida cotidiana, y por tanto se exhorta a vivir de acuerdo a la piedad, la búsqueda de la justicia y la práctica fervorosa de las buenas obras; renunciando a todo tipo de iniquidad y pasiones mundanas. Es un llamado a ser testigos coherentes, en palabra y conducta, de la maravillosa obra de salvación de Dios a través de Jesús.


El Salmo 96 

es un himno que celebra a Yavé como rey y espera su advenimiento como juez de la tierra. Todos los pueblos y la creación entera son invitados a festejar la llegada de Yavé que viene a establecer su reino de justicia. Es una poesía con tono universalista, que contiene reminiscencias de otros Salmos (ver 29.1-2; 47 y 98) y del Segundo Isaías (ver 40.17-20 y 55.12).

Samuel Almada, biblista bautista argentino en Encuentros Exegético-Homiléticos 57, diciembre 2004, ISEDET, Buenos Aires.
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