Recursos para la predicación

06 Dic 2021
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 19 DiciembreDic 2021

Morado


Lucas 1.39-49

Este cuarto domingo de Adviento nos acerca al hecho esperado de la Navidad. El texto que tenemos describe la visita de María a Elizabeth, ambas encinta aunque con situaciones diferentes: Elizabeth es una mujer mayor y que fue estéril durante su vida pero que entrada en años ha quedado embarazada; María es una joven de pocos años (se daban en casamiento a los 12 años), primeriza y recién despertando a la vida adulta. Poco se ha explorado esta simbología de dos mujeres en los extremos de la vida compartiendo un mismo proyecto dado por Dios. Hay varios elementos que las hermanan y las distinguen. Proponemos un recorrido a esos elementos para adentrarnos en un texto rico y profundo.

  1. No está claro si María era de Judea o Galilea, pero sí que pertenecía al pueblo judío. Elizabeth vivía cerca de Jerusalén, “en una ciudad de Judá”. De hecho eran parientes entre ellas, lo que es también un dato curioso porque los lazos de parentescos se establecían y mantenían a través de los maridos y sus familias. No era habitual que las mujeres conservaran vínculos con sus familias de sangre ni que se visitaran cuando al casarse se iban a otra localidad.

    Si pensamos que Galilea está bastante lejos de lo que sería la residencia de Elizabeth en Judea, cabe la pregunta si María viajó sola a visitarla. De no ser así uno puede preguntarse dónde estaba José, por qué no se lo nombra en esta historia. De cualquier modo el relato nos muestra a dos mujeres con bastante autonomía y decisión. Si esto fue así o si refleja la intención del autor de enfatizar el valor de las mujeres tiene poco importancia, ya que lo que vale es el rol central femenino en esta historia.

    También es de destacar que ambas mujeres están es una situación bien distinta respecto a su condición social. Mientras Elizabeth es una mujer casada, María es aún comprometida –y no casada– y en consecuencia socialmente sospechada de adulterio.

  2. Un último elemento a destacar es que mientras Elizabeth es parte de una familia sacerdotal, María no lo es. Se dice de José que era descendiente de David, lo que ubica a Jesús en una línea real y de la cual se esperaba una nueva figura entre monárquica y celestial. Entonces Elizabeth –pariente de la madre de Jesús– aporta el elemento sacerdotal a su biografía pero a partir de un sacerdote humilde y del llamado “clero bajo”.

    El encuentro de dos embarazadas es descripto con suma ternura. El movimiento del bebé en el vientre de Elizabeth como signo de alegría y la llegada del Espíritu Santo evidencia que esta parte de la historia de la salvación está en manos de mujeres, en funciones que solo ellas puedan ejercer. La buena noticia comienza entonces con el encuentro de dos mujeres en los extremos de la vida. Ese bebé para Elizabeth significaba el fruto esperado –quizá el único, debido a lo avanzado de su edad– a lo largo de su vida de mujer estéril. Es el regalo de Dios luego de una larga espera. Para María es la noticia de que su hijo primero será del Señor, y seguramente imagina su futuro como toda mujer de la época colmada de hijos y al frente de su hogar junto a José.

    Es decir, el presente está cargado de significado en una mujer por el pasado y en la otra por el futuro. Pero ambas mujeres están en una situación particular y que las hace expresar gratitud a Dios.

  3. “Bienaventurada la que creyó”. No está de más enfatizar en esta fecha que la felicidad y la alegría que expresan estas mujeres se basan en la fe que ambas profesan ante el plan de Dios. Porque historias de ángeles anunciadores y de bebés con poderes corrían en esa época tanto como en la nuestra, y el mismo Jesús más tarde tuvo que evitar ser tenido por milagrero o un simple charlatán. ¿Por qué creerle a estos anuncios?

    La respuesta no es fácil porque se sumerge en el mundo de las experiencias personales. El convencimiento de que Dios es verdadero en sus acciones y planes no tiene otra garantía que su propia fuerza y el convencimiento de que ese mensaje viene de Dios porque es coherente con lo que ha dicho y actuado a lo largo de la historia. Y la única respuesta que espera es nuestra fe y sus consecuencias.

Pablo Andiñach, biblista metodista argentino, en Encuentro Exegético-Homilético 9, ISEDET, Bs. As., diciembre 2000.


Introducción a Miqueas

Poco se sabe de los datos personales del profeta Miqueas de Moréset. Su nombre se escribe de dos formas: la que aparece en su libro, Mîkah, y otra larga, Mîkayah en Jr 26.18. Esta última forma indica claramente su sentido: Mî-Ka-Yh: ¿Quién como Yavé? No hay que identificarlo con otro famoso Miqueas, hijo de Yimlá, también profeta, que interviene en el reino del Norte allá por los años 850, un siglo antes que el de Moréset.

El título del libro indica claramente la época de la intervención de Miqueas: de Yotán a Ezequías, reyes de Judá. Es decir, entre 740-687. La desaparición del reino de Israel y la caída de Samaria no fueron alegres bagatelas para quienes tuvieron que vivirlas, aunque ellos mismos fueran de Judá y no les tocase en su propia carne. Por otra parte, la situación de Judá tampoco era muy risueña. La presión asiria se había acentuado desde 740. Tarde o temprano todos los pequeños reinos de la región se verían afectados por su presencia.

En 735 los arameos de Damasco y del reino de Israel habían intentado crear una coalición antiasiria incluyendo a Judá. Pero la oferta fue rechazada por Jerusalén, debiendo enfrentarse a sus vecinos del norte. En tan apurada situación, Jerusalén apela a la ayuda asiria, que no tarda en responder favorablemente pero pasa la factura. Tributo y vasallaje son las consecuencias inevitables. El nuevo rey de Jerusalén, Ezequías, no era partidario de quedarse de brazos cruzados frente a la situación. No solo realizó una atrevida reforma religiosa (2 Re 18.1-12), influenciada quizá por la predicación de Isaías y Miqueas, sino que se fue implicando cada vez más en las coaliciones antiasirias hasta ponerse al frente de una de ellas, a partir de 705-704. ¡En mala hora! Todo acaba peor de lo que estaba. Los asirios conquistan gran parte de del territorio –regalado a los vasallos fieles de los asirios-, y asedian a Jerusalén, encerrando a Ezequías su rey “como un pájaro en su jaula”, dice Senaquerib en sus Anales.

Las grandes líneas de Miqueas y los profetas contemporáneos

Es posible que a Miqueas, como a Amós, le tocase la ingrata tarea de gritar, condenar y denunciar. Miqueas se dedica sobre todo a desvelar desvíos y denunciar culpas con una sutileza difícilmente alcanzable, en lo que llamaríamos hoy “justicia social”. Y va muy lejos. Miqueas es el primero en anunciar la destrucción del templo como castigo de tanta injusticia. Quehacer de otros será más bien el de consolar y dar ánimos, como el Deuteroisaías.

A la mayor parte tocará ambos trabajos, siendo el caso de Ezequías el más llamativo. Hasta el momento de la caída de Jerusalén, Ezequiel presenta la situación y el porvenir con los tintes más oscuros que se pueda imaginar. Pero tras la caída de Judá, Ezequiel se convierte en el predicador de la esperanza cuando ya sus conciudadanos no esperan ya en nada ni en nadie.

Misión paradójica. Así a los que recogieron y editaron la obra de Miqueas les tocó más bien sembrar la esperanza en la liberación de los enemigos, en la venida de un rey capaz de gobernar correctamente a su pueblo (5.1-5), apuntar al universalismo religioso (4.1-4), sin olvidar, claro, el tema clave de las relaciones entre culto y ética (6.1-8), y en definitiva, cultivar la esperanza en la dimensión escatológica, aunque sin destacar la perspectiva histórica.

Miqueas y Belén Efrata

El evangelio de Mateo (2.6) cita Miqueas 5.2, en el marco de los relatos del nacimiento de Jesús. Es uno de los elementos clásicos de la posteridad del texto profético. Es utilizado y comprendido como indicador, como depósito de informaciones sobre acontecimientos futuros como predicción. El procedimiento puede ser considerado legítimo en ciertas condiciones. Es cierto que los profetas representan la expresión más acabada de la esperanza de Israel. Es igualmente claro que el NT considera a Jesús de Nazaret como el cumplimiento y realización de dicha esperanza.

Relacionar desde el punto de llegada, desde la realización, la expresión de la esperanza con el que se considera su realización es perfectamente legítimo. Lo cual no quiere decir que el autor de Miqueas 5 tuviese en mente el perfil, la fotografía histórica concreta de Jesús de Nazaret que, para los cristianos del NT, encarna la esperanza y la promesa que Miq 5.2 expresa.

  • Miqueas 5.2-5a – Esperanza mesiánica

El oráculo es tan famoso como complicado. La mezcla de sujetos y personajes alerta ya al lector más distraído. ¿Qué relación hay entre la mujer que dará a luz y el anuncio de un Mesías? La continuación del vs 2 se encuentra en el vs 4. Tampoco los vs 5-6 son claros. La oscilación entre el singular y el plural demuestra la incertidumbre del texto.

Los vs 2-4 están dirigidos a Belén Efrata, calificado de clan. La localidad es más que conocida. En 1 Sm 17.12 David es calificado de “hijo de un efrateo de Belén de Judá”. Efrata es el nombre del grupo, del clan; Belén, la localidad y la región en que están asentados. 5.1 contiene la promesa de la llegada de un jefe que gobernará Israel, oriundo de Belén Efrata. No puede tratarse más que de un descendiente de la dinastía davídica. Se subraya, como en casos semejantes, la antigüedad de la línea dinástica, considerada como un valor seguro y garantía de calidad.

El v 3 no hace sino desarrollar el perfil de dicho personaje, evidenciando que la fuerza y el poder del que dispondrá tienen su origen “en el poder y en la majestad del nombre del Señor su Dios”. La frase es de cemento armado. Pesada y densa. Pero las cosas tienen que quedar claras. Así podrá hacer frente a la situación, mantenerse en pie, y pastorear, es decir, gobernar: No hay que olvidar que la imagen del pastor es una de las más frecuentes y socorridas para designar el gobierno y que en todo el Oriente era ampliamente utilizada. David y sus sucesores no podían ser más que “pastores”. La consecuencia es evidente: dominio universal.

El texto no menciona la unción, rito típico y exclusivo de la monarquía mientras esta existe. Pero todo rey, por naturaleza, es un ungido, es decir, un Mesías. El texto es por ello mesiánico. ¿Supone, sin embargo, una dimensión, una concepción escatológica del mesianismo? Es difícil imaginar dicha dimensión cuando todavía existía la monarquía histórica. En sí, el texto podría referirse a cualquiera de los descendientes históricos de David. Sin embargo, el contexto próximo indica que el exilio es o ha sido ya una realidad y que la monarquía davídica ha desaparecido de la escena.

En este caso es posible atribuir al texto la perspectiva escatológica. Es decir, que la función monárquica conocida y vivida en Israel y Judá durante siglos se convierte en referencia simbólica para imaginar y representar el futuro escatológico, la situación de paz y felicidad definitivas, de comunión perfecta entre Dios y su pueblo.

El v 3 vuelve a la imagen de la mujer embarazada que ya se encontró en 4.9-10. Subrayando en este caso la dimensión de espera, apuntando igualmente al tiempo lejano en el que se encontrarán y reunirán los distintos “restos” de Israel.

El v 5 comienza con una frase que no puede referirse más que al Mesías anunciado en 2 y 4. Crear, promover y restaurar la paz es una de las principales funciones del rey. Sin olvidar que Shalom (paz) es una realidad que va mucho más allá de la ausencia de guerra y otros conflictos. Es prosperidad, bienestar, felicidad y concordia.

Si el contexto histórico es el postexilio, es evidente que la repentina mención de los asirios no puede ser más que simbólica. Frente a la amenaza posible del temido enemigo aparecen dos alternativas difíciles de coordinar: “Él nos librará del asirio” (v 6) y “si los asirios vienen a nuestra tierra” (v 5). La progresión numérica (siete u ocho) es un recurso literario que indica un número indeterminado pero considerable, cf Am 1.3). El conjunto queda envuelto en las brumas de la incertidumbre.

Jesús MarÍa Asurmendi Ruiz, biblista católico en Navarra, España, en el Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, 2007.
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