Día de la Reforma

21 Oct 2021
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Día de la Reforma
Día de la Reforma 31 OctubreOct 2021

Rojo

Textos y recursos para conmemorar el Día de la Reforma


Evangelio de Juan 8.31-36: Si se mantienen fieles a mi palabra, serán de verdad mis discípulos y discípulas; conocerán la verdad, y por la verdad serán libres. Si el Hijo los hace libres serán verdaderamente libres, hijos e hijas, nunca esclavos.

Profeta Jeremías 31.31-34: El Señor afirma y espera que un día hará una nueva alianza con su pueblo. Ya no será una alianza que se quebró, sino que pondré mi ley en su corazón y la escribiré en sus mentes. Ya no será necesario enseñarla, porque todos y todas me conocerán…

Carta a los Romanos 3.19-28: Dios en su bondad y gratuitamente nos justifica, mediante la liberación que realizó Cristo Jesús, dando su vida como instrumento de perdón. ¡Dios hace justo al ser humano por la fe, solo por la fe!

Salmo 46.1-3, 7-11: Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra. ¡Reconozcan que yo estoy por encima de toda la tierra!


Recursos para la predicación


La Reforma del siglo 16…

…fue una batalla decisiva por la libertad de la fe cristiana, pero fue preparada durante siglos antes de ella misma: fue la lucha de Francisco de Asís y de los valdenses, de los hugonotes y de Savonarola, de los albigenses y de los anabaptistas…

Todos ellos dieron pasos importantes para una iglesia que viviera en la sencillez y libertad de Jesús, para recuperar la alegría de la salvación de Dios, para vivir en comunidades fraternales, sin ninguna jerarquía, sirviendo a los más pobres y necesitados en primer lugar.

Cuando el 31 de octubre de 1516 Martín Lutero clavó sus 95 tesis invitando, como era costumbre en la época, para convocar a un debate sobre un punto de interés público, nunca pensó que iba a abrir una nueva etapa en la historia del cristianismo, y con grandes consecuencias para la historia de toda la humanidad…

Podemos señalar tres aspectos importantes de esa reforma, siguiendo el texto propuesto del Evangelio de Juan:

  • “Si ustedes se mantienen fieles a mi palabra, serán de veras mis discípulos”. Esto le dice Jesús a los judíos que habían creído en él, pero que le estaban dando señales al Maestro de que no eran verdaderamente discípulos de Jesús. Y esto nos plantea la discusión sobre quiénes son verdaderamente discípulos de Jesús. Esta palabra de Jesús había sido tapada por la iglesia medieval, había sido escondida y atrapada en una lengua ya muerta. Hubo que esperar nuevas condiciones sociales y políticas que permitieran su publicación, hubo que traducir la Biblia a la lengua del pueblo: primero en alemán, luego en inglés, en español, en francés, en holandés… para todos los pueblos… Se necesitaba el aire fresco de los evangelios, el aire vitalizador de las cartas de Pablo, de Pedro, de Santiago y de los textos de Juan…Y hoy, si queremos ser verdaderamente discípulos, no simplemente admiradores de Jesús, tenemos que recuperar su palabra, de verdad…
  • “Ustedes conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. La libertad de Dios, que no está atado a nadie, que vive libre para amarnos, para cuidarnos y servirnos. La libertad de Jesús, que no tuvo miedo a nadie, que ni siquiera le tuvo miedo a la muerte. Libertad de nuestros  miedos, de nuestros rencores y resentimientos, de nuestras envidias y celos, de nuestros egoísmos… Libertad de nuestras pasiones egoístas, para poder amar de verdad… Libertad de nuestros condicionamientos sociales, de nuestros prejuicios y discriminaciones, de nuestro miedo a bendecir a todos y a todas…
  • “Son esclavos del pecado todos los que practican el pecado como norma de vida. Ahora bien, un esclavo puede ser un servidor de la familia, pero en realidad no pertenece a la familia. Un hijo, en cambio, sí pertenece para siempre a la familia”… (vs. 34ss en una traducción libre). Hemos tenido esclavos y esclavistas mostrándose como servidores dentro de la familia cristiana. Hoy mismo hay predicadores que no los reconocemos como miembros de la familia, porque en verdad están comerciando con la fe de la gente. Pero si  nosotros somos verdaderos seguidores de Jesús, hacedores de su palabra, pertenecemos siempre a su familia, y vamos a dar testimonio de que “si el hijo de Dios nos hace libres, seremos verdaderamente libres”…


Jeremías 31.31-34

El tema central del texto es la realización de un nuevo pacto en vistas a restablecer la relación del pueblo con su Dios, la cual se había roto a causa de las infidelidades del pueblo y había provocado nefastas consecuencias para la vida de la nación y la situación del país. La ruptura de la alianza es un tema clásico entre los oráculos proféticos de denuncia y juicio, pero junto a esto los profetas también anuncian de diversas maneras la esperanza y la posibilidad de un nuevo comienzo.

Un pacto es un compromiso mutuo entre las partes que intervienen e implica la fidelidad y el cumplimiento de lo establecido. La forma de los pactos en la Biblia refleja la estructura de los pactos entre los soberanos y sus vasallos del Antiguo Oriente, y generalmente van acompañados por un resumen de bendiciones y maldiciones que son condicionadas por la fidelidad o infidelidad al mismo.

En el caso de Jr 31.31-34, la referencia es el pacto anterior o primer pacto, el que fue concertado con los ancestros del pueblo de Israel cuando fueron liberados del país de la esclavitud (v. 32). Pero aquél fue invalidado por la conducta de los padres y sus descendientes, y en especial por los representantes de la monarquía y los sacerdotes del templo de Jerusalén; y es por esta razón que la vida institucional del país estaba condenada a un inminente desastre. Aquel primer pacto de salvación y liberación no funcionó en las nuevas condiciones de opresión porque hacía mucho tiempo que la nación se había apartado de su Dios y de su proyecto (torá).

Ahora, la esperanza está puesta en un nuevo pacto, un compromiso verdadero, que permita al pueblo resurgir y encaminarse hacia un proyecto de vida sustentable. La característica principal de este nuevo pacto consistirá en la interiorización y apropiación de las instrucciones divinas (torá), que serán escritas en el corazón mismo del pueblo (v. 33); y si tenemos en cuenta que en el pensamiento semítico el corazón es la sede de la voluntad y no de los sentimientos, podemos inferir que la novedad del pacto no se refiere tanto al contenido sino a un cambio radical de actitud: obediencia y fidelidad a Yavé y sus enseñanzas.

Esta nueva actitud es la que asegurará la presencia y compañía del Señor junto a su pueblo, aún en las situaciones más difíciles; y hará que el pacto pueda ser definitivo e inquebrantable como se espera de acuerdo a 32.40, donde se habla de pacto perpetuo o eterno.

Una connotación relevante de esta interiorización de la torá por parte de todo el pueblo es que ya no va a ser necesario que alguien enseñe a su prójimo el conocimiento del Señor, porque todos lo conocerán directamente y sin intermediarios, desde el más pequeño hasta el más grande (v. 34). El verbo hebreo conocer (yd‘), cuando se refiere a personas, no alude solamente a una actividad intelectual y receptiva: saber cosas sobre una persona o informarse sobre ella, sino que también implica involucramiento y compromiso: reconocimiento, respeto, cuidado, prestar atención.

Finalmente, la concertación del nuevo pacto ofrece como corolario el perdón de los pecados pasados, un primer paso propiciatorio para el nuevo comienzo (v. 34b).


Para la reflexión

Para evitar lecturas individualistas o intimistas conviene recordar que cuando el texto habla de una interiorización de la torá se refiere a un acontecimiento comunitario que tiene en cuenta al conjunto del pueblo y no a individuos aislados; se trata de un tipo de pacto social.

La distribución amplia del conocimiento del Señor a todo el pueblo nos ofrece claves orientadoras de participación, organización y control por parte del pueblo, en lo que concierne a la elaboración e implementación de sus proyectos, tanto en las comunidades particulares como en la sociedad abierta.

El énfasis en la voluntad (=corazón) y la alusión a un nuevo pacto con Yavé están relacionados con un nuevo conocimiento de Yavé y su torá, que no es el cumplimiento mecánico y obligatorio de códigos de preceptos y reglas que sólo conocen, administran e imponen los especialistas y las autoridades. Esto era en definitiva en lo que se había convertido la práctica religiosa y política, y lo que la oportunidad de la crisis permite revisar.

Muchas versiones traducen el término torá por ley, algo que tratamos de evitar pues el concepto de ley es percibido como algo exterior e impuesto. En el contexto de Jeremías, el término torá se utiliza en su sentido básico que es propedéutico (instrucción/enseñanza) o de proyecto constructivo para la comunidad (Constitución/Carta Magna); y no se refiere a escritos sagrados.

Finalmente, remarcamos que el perdón del pecado y la reconciliación con Dios debe corresponderse con el perdón y la reconciliación con el hermano y con el prójimo en general.

Samuel Almada, Encuentros Exegético-Homiléticos 37, ISEDET, abril 2003.


Introducción a la Epístola a los Romanos

“El evangelio más puro”

En su prólogo a la Epístola a los Romanos, Martín Lutero denomina a esta carta: “Justamente la parte central del Nuevo Testamento y el evangelio más puro”; y agrega que bien merece que el cristiano la aprenda de memoria, palabra por palabra. En consecuencia, opina Lutero que esta epístola presenta el evangelio con más claridad que cualquier otro escrito del Nuevo Testamento.

Pero no han faltado voces empeñadas en sostener que este juicio de Lutero encierra una dosis de exageración. Como él personalmente le debía tanto a la epístola, y en ella había encontrado el apoyo principal para su labor de reformador, era natural que viera en ella la parte principal del NT y el evangelio más puro. Sin embargo, se agrega, no podemos acompañarlo en este juicio. Si es posible señalar en el Nuevo Testamento una parte principal, sin duda deben ser los Evangelios.

Esta objeción es tentadora y a muchos les parece lógica. Pero un examen más detenido muestra que, al menos en parte, se basa en conceptos erróneos. Detrás de esta idea a menudo está la creencia de que en los Evangelios –particularmente en los sinópticos– poseemos la información histórica original sobre la vida y obra de Jesús; y que ese material primario fue recogido después por Pablo y utilizado por él en una forma que no responde a su real significado. Si esto fuera realmente así, tendríamos que admitir que el evangelio más claro se encuentra en los sinópticos, y que Pablo lo ha oscurecido.

Sin embargo, lo cierto es que la fe en Cristo es, para los Evangelios como para Pablo, una presuposición básica. De no haber existido esa fe, no tendríamos Evangelios. Los evangelios no son relatos descriptivos escritos con un interés histórico: son testimonios de Cristo, nacidos de la fe en él y destinados a evocar en otros la misma fe. “Pero estas (cosas) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis visa en su nombre” (Juan 20.31).

La idea fundamental de la Epístola: la justicia que proviene de Dios

Esta expresión –“la justicia que es de Dios”– encierra el verdadero pensamiento fundamental de la Epístola a los Romanos. El mismo Pablo lo destaca al indicar el tema de su carta en 1.17: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revele por fe y para fe, como está escrito: “Mas el justo por la fe vivirá”. Y a continuación la epístola entera no es otra cosa que Ia interpretación de esa “justicia que es de Dios” y de las consecuencias que se derivan para la vida cristiana de esa justicia de Dios revelada en Cristo, y que es compartida por aquel que cree en él.

Con mayor claridad que nadie, Lutero vio que en la Epístola a los Romanos lo más vital es ese contraste entre la comunión con Dios egocéntrica y la teocéntrica: entre la justicia que nosotros mismos producimos y la justicia que proviene de Dios. Las primeras palabras del comentario que Lutero hace de Romanos contiene una explicación del compendio de la misma: “La suma de esta carta es: destruir, extirpar y aniquilar toda sabiduría y justicia de la carne”. Y refiriéndose a Jer 1.10 Lutero explica: arrancar y destruir, arruinar y derribar todo lo que hay en nosotros, es deicr todo lo que nos complace, porque proviene de nosotros mismos y está en nosotros mismos; yu edificar y plantar, todo lo que hay fuera de nosotros, en Cristo”.

Los dos eones

Pablo piensa en eones. Aquí se confrontan dos reinos. Uno es el poder soberano de la muerte sobre todo lo que se llama ser humano, expresado en Adán. El otro es el poder soberano de la vida, por medio de Cristo. En Cristo se ha iniciado el nuevo eón, el eón de la vida. Con esto todos los que están con Cristo y confían en él, han sido liberados del poder de la muerte que pesa sobre la estirpe de Adán, o para expresarlo con palabras de la epístola a los Colosenses 1.13: Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. Esta es la significación universal de Cristo, que va mucho más allá de nuestras experiencias subjetivas y psicológicas, que se efectúan en el plano anímico del ser humano.

El evangelio es la proclamación de la acción realizada por Dios cuando envió a Cristo al mundo. Es el mensaje de la intervención dinámica efectuada por de esta manera por Dios en nuestra existencia. El evangelio es el mensaje de cómo Dios ha introducido algo totalmente nuevo en medio de esta era: de que por medio de Cristo ha introducido entre nosotros la nueva era –una era que comienza en medio nuestro, pero culminará en la gloria.

Para la gente de la Reforma esta interpretación del sentido del evangelio lo m ismo que la idea de los dos eones, eran realidades vivas. Ellos operaban con las mismas presuposiciones naturales de Pablo, y por ello estaban en armonía con  su concepto. En cambio la gente de nuestro tiempo, que gracias al secularismo han perdido en gran medida ese entendimiento, tienen que volver a recuperarlo mediante un penoso proceso. Nos preguntábamos si no debíamos valorar lo mucho de valor permanente que ha edificado la cultura humana. Y con argumentos como ese, en períodos optimistas y anhelantes de cultura, hemos rechazado el concepto de los dos eones.[1]

Ahora la situación mundial nos enseña a juzgar con mayor realismo. Y vemos que nuestro mundo, librado a sí mismo, cae bajo el poder soberano de la muerte. Si los pueblos vuelcan muerte los unos sobre los otros, resulta evidente que lo que se derriba o lo que se construye sobre las ruinas, está señalado por la muerte y lleva en sí su propio juicio y aniquilamiento.

¡Pero  Dios, mediante Cristo, hizo irrumpir en medio de nuestro mundo el dominio de la vida, y mediante el evangelio nos llama ahora a entrar en esa nueva vida, en él y con él!


Romanos 3.19-28

En nuestro análisis de la carta a los Romanos, estamos en la sección que denominamos “la ira de Dios contra la justicia por la ley” (Rom 2.1–3.20). En los vs iniciales de la perícopa que nos propone el leccionario en esta conmemoración de la Reforma, Pablo va llegando al final de su razonamiento. Y pregunta si los creyentes –judíos o gentiles– son mejores que los paganos, y la respuesta es que de ninguna manera. La Escritura pone a todos bajo el pecado. La finalidad de la ley consiste precisamente en que el ser humano calle delante de Dios, reconociendo la justicia de su juicio, y reconozca es pecador. Y no se refiere al pecado en un sentido moralista, sino que piensa ante todo en el pecado como un  poder, como dínamos.

Pablo busca los testimonios fundamentales de su evangelio en estos dos grupos principales de escritos veterotestamentarios: de “los profetas” ha tomado el tema de la carta en su forma más concisa: “El justo por la fe vivirá” (1.17). Y de “la ley” –los libros de Moisés– saca las ilustraciones que le permiten trazar una imagen del “justo por la fe”. Abraham, tal como se nos presenta en la narración del Génesis, llega a ser para Pablo el verdadero “prototipo” e ideal del “justificado por la fe” (cf Rom 4). Luego, tanto la ley como los profetas dan testimonio contra la justicia legal.

Volvamos a las palabras de Pablo sobre la “redención que es en Cristo Jesús” (RV95), la “liberación que realizó Cristo Jesús” (DHH). Es una redención o liberación realizada “en Cristo”. Este término apocalytrosis no ha sido elegido arbitrariamente. Su uso reconoce la situación de la humanidad en el antiguo eón, su servidumbre bajo los poderes de la perdición, y quiere mostrar que esta situación ha cambiado completamente “en Cristo”. Aquí se contempla en unidad lo que aconteció en un punto determinado de la historia de la humanidad pero se extiende a través de toda esa historia. Lo que pasó en la muerte y resurrección de Cristo sigue aconteciendo cuando los seres humanos son incorporados en él y se convierten en miembros de su cuerpo.

La justicia de que aquí se trata al hablar de la propiciación o entrega de Cristo no se refiere a ninguna justificación de Dios, como si él tuviera que ser justificado o recompensado por la entrega de su Hijo (v 25). Es siempre la misma justicia mencionada en el v 21, la de siempre, la testificada por la ley y los profetas, y cumplida en la ofrenda del amor de Dios, Cristo Jesús. No dice “para que Dios sea hallado justo” sino que simplemente dice: para que de ese modo “Dios sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (v 26). La justicia de la nueva era es a la vez la justicia propia de Dios y la que nos ha sido conferida por medio de Jesucristo. Es la justicia propia de Dios y no obstante es una realidad en medio de nosotros, así como la ira de Dios es una realidad en nuestro mundo, mientras dure la era antigua.

“¿Dónde, pues, está la jactancia?” es la siguiente pregunta de Pablo (v 27). Desde su época de fariseo, Pablo sabía con cuánta facilidad se pasa de la justicia a la jactancia. Los judíos se glorían del simple hecho de tener la ley (2.23), y quien de entre ellos guarda la ley y es justo, tiene, en opinión de ellos, algo de qué gloriarse. Afirmamos que quien cree en Cristo es justo. ¿Tiene en ese caso un lugar para la jactancia? No, porque “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios”. Y cuando son justificados, es un don, de modo que no hay ocasión para que se jacten.

Es sabido que los antiguos católicos romanos reprocharon duramente a Lutero el haber empleado en el v 28 la expresión “por la sola fe”. Pero muy al contrario, la frase “sola fide”, “por la sola fe” expresa exactamente lo que Pablo quiere decir aquí. Quiere decir, precisamente, que en la cuestión de la justificación todo está excluido, salvo la fe; y precisamente esto es lo que dice la fórmula “por la sola fe”. Y, finalmente, la fe en Cristo no destruye la ley, sino que la confirma y le ayuda a lograr el resultado para el cual fue dada.

[1] Valoramos la secularización como reconocimiento de la autonomía de la ciudad secular, sin pretender una jerarquía de lo religioso sobre la ciudadanía, como en la concepción medieval de la cristiandad. Pero el secularismo es el despojamiento de todo valor a lo que está más allá o fuera de lo secular. Por eso nos pareció ver en estas palabras una confusión entre secularización y secularismo. Nota de la edición de los Recursos.

Anders Nygren (1890-1978), teólogo luterano sueco en La Epístola a los Romanos, La Aurora, Buenos Aires, 1969. Resumen y adaptación de GBH.


Recursos para la acción pastoral


Un pastor de las comunidades Qom, después de la Escuela Bíblica del ISEDET y de la comunidad reformada, nos contó su lectura de la “parábola de la resurrección de Lázaro”, que había vuelto a la vida pero tenía todavía las manos atadas. “Desátenlo y déjenlo ir”, pide Jesús. Nosotros habíamos recibido ciertamente el evangelio –nos cuenta este pastor–, pero estábamos atados, sin recuperar nuestra historia ni nuestra cultura, ni nuestra lengua ni nuestras danzas. Cuando los hermanos profesores nos abrieron la Biblia, leímos nuestro mismo problema de la falta de la tierra, como el pueblo antiguo, valoramos nuestra historia y nuestra cultura, Dios nos habló en lengua Qom, y empezamos a redescubrir nuestras danzas. ¡Ya no estábamos con las manos atadas, éramos libres con la libertad del evangelio!

Protestantismo. Un enfoque católico romano.

En la actualidad, protestantismo designa al conjunto de iglesias y sectas que provienen de la Reforma del siglo XVI. Forman un conjunto bastante heterogéneo y con grandes diferencias doctrinales, sacramentales y de estructura eclesiástica. Estas divergencias se expresan en la diversidad de asociaciones de iglesias y en la falta de comunión plena entre algunas de ellas que ni siquiera llegan a reconocer los ministerios de las otras.

No hay una iglesia luterana, sino una Confederación mundial de iglesias luteranas, fundada en 1947, a la que no pertenecen todas ellas. Sus bases doctrinales están constituidas por la Confessio Augustana y el pequeño catecismo de Lutero. La estructura fundamental de la confederación es la sinodal y asambleísta con un presidente y un comité ejecutivo.

Junto al luteranismo, las iglesias reformadas de proveniencia calvinista y las iglesias anglicanas constituyen las otras dos grandes ramas protestantes. El movimiento anglicano es el más cercano al católico, y uno de los grandes problemas que plantea es el del reconocimiento católico de las ordenaciones anglicanas.

Por el contrario, las iglesias calvinistas son las que se han desarrollado de una forma más distante de la iglesia católica y las que revelan una mayor heterogeneidad doctrinal, sacramental y estructural, ocupando el luteranismo un puesto intermedio.

Actualmente hay un proceso de diálogo y de aproximación interconfesional, tanto de las confesiones protestantes entre sí como respecto a las iglesias católica y ortodoxa. Ha habido acercamientos significativos en lo concerniente a la doctrina de la justificación, a la relación entre la Escritura y la tradición, y en algunos sacramentos como el bautismo y la eucaristía. Pero en los sacramentos y en la valoración de la ministerialidad de la iglesia subsisten graves divergencias, así como en lo referente a la función eclesial del papa.

J. A. Estrada, Diccionario abreviado de pastoral, Verbo Divino, Estella, España, 1999.


Recursos para la liturgia del culto comunitario


Señor, nuestro Dios, te has humillado

Señor, nuestro Dios, tú te has humillado para que nosotros seamos exaltados.
Te hiciste pobre para que seamos enriquecidos.
Has venido a nosotros para que nosotros pudiéramos ir a ti.
Te has hecho un hombre como nosotros para que podamos compartir la vida eterna.
Todo esto lo hiciste por tu libre gracia que nosotros no merecemos,
y por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Karl Barth, en Para todo el pueblo de Dios, CMI


Invocación del nombre del Señor

Señor y Padre nuestro,
que por medio de tu misericordia nos permites conocerte,
concédenos que participemos con gozo y fe en  las obras de tu Reino,
reviste a tu Iglesia con la capacidad de discernir tu obra
en medio de los tiempos y oportunidades,
danos la felicidad de serte fieles en la obediencia por amor;
prepáranos en  la comunión de la Iglesia para conocerte y servirte,
por Jesucristo. Amén.

Festejamos juntos al Señor, Iglesia Metodista en Am Latina, 100.


Oración por el Día de la Reforma

Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Dios de Juan, María y Pablo,
Dios de Crisóstomo y Agustín, Dios de Wycliff y Lutero,
Zwinglio y Calvino, Dios de Martin Luther King
y de los Obispos Romero y Angelelli,
Dios de Amor, Gracia y Vida.

Damos gracias por todos los que nos procedieron en la fe.
Damos gracias por sus testimonios, por su confianza, por su entrega,
y por su valentía para ensalzar lo bueno y denunciar lo malo.
Estamos hoy aquí como iglesia
que siempre necesita tu reforma y tu renovación.
Guíanos en este camino.
Transfórmanos continuamente con Tu Gracia y con Tu Amor.

Refórmanos, Señor.

Perdónanos por las separaciones en que vivimos como iglesia.
Ayúdanos a reparar los vínculos rotos con nuestros hermanos.
Que los pecados y las discusiones humanas
no separen más a Tu Cuerpo.
Oramos con Jesús: Te pedimos que todos nosotros estemos unidos;
que como Tú, Padre, estás en el Hijo,
también nosotros estemos en ustedes, para que el mundo crea.

Refórmanos, Señor.

Llénanos con Tu Poder para no ser solamente reformadores de la iglesia
sino de toda la sociedad,
dando de comer y beber, dando alojamiento y ropa,
visitando a los enfermos y los que están en la cárcel.
Danos Tu Espíritu Santo, conságranos
para llevar la buena noticia a los pobres;
anunciar libertad a los presos, dar vista a los ciegos;
poner en libertad a los oprimidos; anunciar el año favorable del Señor.

Refórmanos, Señor.

Tim Bobbitt, Igl. Discípulos de Cristo, Argentina-Estados Unidos


Saludo trinitario:

Dios se nos revela de manera trinitaria, en su sabiduría, su acción es compartida.

Gracias a Dios que en su solidaridad crea y recrea relaciones (encender la primera vela)

Gracias a Dios que en su desprendimiento salió de si y se dio a su pueblo (encender la segunda vela)

Gracias a Dios que en su acción compartida nos llama, nos reúne, y nos hace comunidad (encender la tercera vela)

Como criaturas de Dios que nos encanta con su modo de actuar alegrémonos y cantemos.

Tomado de: Solo por tu gracia. Recursos celebrativos para acompañar la conmemoración de los 500 años de la Reforma, G. Oberman y L.C. Ramos, Red Crearte


Oración de confesión: Sólo la fe

Padre nuestro, reconocemos que la fe es un regalo que llega a cada uno de nosotros, es gratuita y  solamente debemos disponernos a recibirla.

Reconocemos que muchas veces no la dejamos penetrar a lo más profundo de nuestro “ser”.  Reconocemos que por falta de fe ponemos nuestra confianza en otras cosas en vez de en Ti, Padre.

Confesamos que por eso nos invade el miedo; nos llenamos de rejas, alarmas en nuestras casas, autos, y nos paralizamos cuando nos falta la fe.

Perdónanos cuando somos intransigentes y creemos ser dueños de la verdad de las cosas, acciones de los que nos rodean.

Perdónanos cuando juzgamos y emitimos juicios por y en contra de algún hermano. Perdónanos cuando nuestros egoísmos nublan nuestra mente y no te escuchamos.

Arrepentidos te imploramos nos renueves con tu amor y aumentes nuestra fe.

En el nombre de Cristo, Amén.

 

Anuncio de Perdón: Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. Amén.

Dora Moreta IEMA San Juan - Tomado de: Iglesia Metodista Argentina: Sugerencias litúrgicas referidos a la Reforma, Distrito Cuyo.


Oración de la reforma

Señor, reforma a tu iglesia.
Dios de la Fe,
de la fe que justifica, nos perdona,
nos reconcilia y nos incorpora
a tus actos de justicia en el mundo,
reforma la fe de tu iglesia
de manera que podamos creer, confiar,
esperar y trabajar
por la justicia, la paz
y la integridad de la creación.
Dios de las Escrituras,
que te revelas
en el testimonio de tus actos de amor
y no en palabras muertas,

reforma el mensaje de tu iglesia
para que nuestro testimonio sea
tu Palabra viva y vivificante.

Dios de la Gracia,
que sobrepasa toda ley y todo sistema opresor,
que nos acoge y nos acepta,
que sana nuestras heridas,
reforma nuestro corazón
para ser una iglesia de gracia y perdón,
que promueva la libertad, la vida digna,
la vida plena.
Amén.

Amós López Rubio


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