Recursos para la predicación

16 Jun 2021
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Recursos para la predicación 04 JulioJul 2021

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Evangelio de Marcos 6.1-13 - Poderes del reino de Dios

 

Estructura

Se puede dividirla primera perícopa en cuatro partes: Jesús enseña en la sinagoga (6.1-2a). El público pasmado responde con una serie de preguntas sobre Jesús (6.2a-3). Él responde con un refrán proverbial sobre la falta de honor (6.4), y la historia concluye con un par de comentarios sobre el impacto de la respuesta al ministerio de Jesús (6.5-6a).

La segunda (6.7-13) se basa en tres dichos de Jesús (tocante a llevar poco encima para sostenerse en el camino; posar en casas prestadas y sacudirse el polvo si no se los recibe).

Escenario

Hay varias tensiones narrativas: A Jesús se lo describe enseñando pero la gente también cuestiona “los hechos poderosos”. Inicialmente “apabullados” por él, se sienten ofendidos y se niegan a creer en él (6.2, 3). La segunda parte de 6.5 implica que Jesús sanó a algunas personas, aunque antes se dice que no pudo obrar ningún hecho poderoso allí.

Los discípulos no juegan ningún papel en la historia excepto acompañar a Jesús. No obstante la mención de su presencia corresponde a su llamado para estar “con él” (3.13) y su presencia queda implícita a lo largo de 3.13–6.6a. También prepara el envío de Jesús a la misión en 6.7-13. La perícopa se cierra con una oración de sumario que indica que el ministerio especial de Jesús tenía que ver con la enseñanza (6.6b).

Comentario

Esta es la última mención de Marcos sobre Jesús presente y enseñando en una sinagoga. Así la sinagoga se vuelve el lugar de rechazo por los líderes religiosos y de aquellos que lo conocieron mejor.

El “estaban apabullados” es un verbo que expresa sorpresa positiva (7.37; 11.18) así como la incredulidad (10.26) en Marcos. “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” La palabra que se traduce “carpintero” puede implicar trabajador manual con la piedra, metal o madera y el “hijo de María” representa o que su madre era muy conocida en ese momento o un insulto cruel. La referencia a sus hermanos y hermanas puede ser también algo peyorativo o ser un hombre común. Este conocimiento común de quién era Jesús “realmente” llevó a rechazar la alternativa de que Dios pudiera estar usándolo de manera especial.

“Ellos se negaron a creer en él” lleva la carga de escándalo en griego, más que un insulto a su inteligencia connota una ofensa “religiosa” profunda, un rechazo de su enseñanza y obra, de su “sabiduría” y de sus obras poderosas. En otros términos, las palabras de Jesús y sus obras eran como enigmas para aquellos sin oídos y sin ojos para la fe (cf. 4.11).

La incapacidad de Jesús para hacer cualquier obra poderosa apunta a la naturaleza de su ministerio. Jesús no vino como mago o un obrero milagroso a desplegar y deslumbrar a su público. Sus palabras y su obra eran de Dios (cf. 6:2). Los que rechazan esta demanda inherente en su ministerio no podrán experimentar la obra redentora de Dios en su nombre.

El asombro de Jesús sobre la falta de fe expresa su humanidad, el mismo problema que había deslumbrado a aquellos que lo conocieron mejor. Su perplejidad refleja el dolor personal y compasivo. Su falta de fe no sólo significó el rechazo a su persona (6.2b-3) sino “ver” lo que Dios estaba haciendo a través de él (6:5a).

El mayor de todos los milagros de Jesús fue que reunió a unos discípulos imperfectos y humanos para unirse con él en su tarea. Los milagros no son magia sin sentido, sino que fueron hechos para hacernos ver quién era Jesús. Marcos contiene una gran colección de milagros, pero todos se encuentran en los primeros capítulos. Una vez que Pedro reconoció que Jesús era el Mesías, pasó de la enseñanza a las multitudes a la enseñanza de sus propios discípulos, y ya no hacían falta más milagros para mostrarles a éstos quién era él.

¿Serán necesarios tales milagros en nuestro día al predicar el evangelio? Las opiniones sobre este asunto han seguido divididas a través de la historia de la iglesia, y han vuelto a verse durante las renovaciones carismáticas y los avivamientos. Algunos opinan que todos los milagros cesaron una vez que el NT fue escrito; otros piensan que el “evangelismo de poder” sigue requiriendo milagros continuos para dar apoyo a la predicación; otros han pensado que Dios puede hacer milagros o no hacerlos según su voluntad soberana.

Sea cual fuere nuestra posición, es importante que no veamos los milagros como una suspensión del orden natural, sino como que Dios obra en todo y de toda manera, sea algo común o insólito para nosotros.

Limitando el poder (6.1-6; ver Mt 13.53-58; cf. Lc 4.16-30).

Estos poderes del reino tuvieron muy poco efecto sobre algunos de aquellos que los vieron o supieron de ellos, a juzgar por el siguiente relato. Las señales en sí mismas nunca han de producir fe, ya que la fe es una dedicación y una decisión personal.

Cuando Jesús llegó a su tierra los que lo oyeron estaban maravillados ante sus enseñanzas y milagros, sin embargo, esto no los condujo a tener fe en él. Ellos estaban tan ocupados discutiendo acerca de él como para no poder oír sus palabras. Dios sólo ha decidido actuar en respuesta a la fe. Usualmente Marcos dice que la gente estaba maravillada de Jesús; aquí dice que Jesús estaba asombrado de ellos. ¿Será un peligro al que se enfrentan algunas de nuestras iglesias de hoy? Un proverbio dice que lo familiar crea desprecio.

Compartiendo el poder (6.7-13; véase Mt 9.35– 10.15; Lc 9.1-6).

Hasta ahora los discípulos habían estado con Jesús, a partir de este momento los envía solos aunque a través de la autoridad dada y las instrucciones los acompaña. A pesar de la incredulidad, la obra de hacer conocer las buenas nuevas debía continuar, de manera que Jesús envió a los doce en una misión. Todos los Evangelios –con diferentes detalles– concuerdan en que “viajarían sin equipaje”. Quienes se ocupan dela evangelización no deben ser meticulosos en cuanto a los alimentos y los lugares donde se han de quedar; deben darse cuenta de que su misión es asunto de vida y muerte para sus oyentes.

Más allá de la autoridad sobre los espíritus inmundos, podemos notar (v. 12)que la principal tarea era la de predicar el evangelio que conduce a la expulsión de los demonios y la sanidad de los enfermos espirituales. El ungimiento con aceite aquí es simbólico, no médico. No tenemos ningún dato de que Jesús haya usado aceite, y hay bastantes ejemplos en el NT de sanidades sin el uso de aceite. St 5.14 no es una regla universal, sólo una ayuda externa para la fe; en el aceite mismo no hay nada mágico.

Ricardo Pïetrantonio, pastor luterano argentino, en Estudio Exegético-Homilético40, ISEDET, julio 2003. Resumen de GB.


Introducción general a Ezequiel

 

Ezequiel. "Yehezqui-el", "Aquel que tiene la Fuerza de Dios" o "Aquel que Dios es su fortaleza") ha sido considerado un profeta del exilio que sufriera Israel en Babilonia, si bien el libro comienza en el periodo anterior, tras la primera deportación en tiempos del rey Joaquín. El profeta oscila con su presencia entre los deportados (Ez 1.1) y sus visitas (¿reales? ¿en visión?) a la ciudad de Jerusalén. Sus visiones en esta etapa anuncian el abandono del Templo por parte de la Gloria divina y la destrucción de la ciudad. Luego asiste a estos hechos, y la última parte del libro propone la organización del Israel a su retorno. Por ello, hay que considerar el libro formado en el tiempo exílico, aunque probablemente tenga un proceso de edición en la época post-exílica, y refleja uno de los proyectos de restauración. Su proyecto es más amplio que el de Esdras y Nehemías, pues considera la recuperación de la totalidad de Israel, incluyendo las tribus del norte, y una reubicación del Templo.

La profecía de Ezequiel es rica en visiones, en metáforas y gestos simbólicos,  incluyendo “traslados en el Espíritu”, en acciones que involucran directamente la vida del profeta, más que la de cualquiera de los otros profetas. Algunas de estas visiones se han prestado a interpretaciones muy imaginativas, vinculándolo con seres y naves extraterrestres, viajes en el tiempo u otras lecturas esotéricas. También han inspirado luego las visiones de otros textos (Apocalipsis, por ejemplo) así como cánticos y poemas, como por ejemplo la visión del valle de los huesos secos y su resurrección. Teológicamente tiene puntos de contacto con su contemporáneo Jeremías, en cuanto a la dimensión personal del pecado y la oportunidad del arrepentimiento (Ez 18 = Jer 31).

El texto que nos propone el leccionario se refiere a la vocación del profeta, y podría compararse con la vocación de los otros grandes profetas, como la de Isaías (Is 6.1-13) o Jeremías (Jer 1). En todos estos casos hay un llamamiento, una audición y visión, y una “habilitación de la Palabra” por parte de Dios (la brasa sobre los labios, en caso de Isaías, la mano de Dios tocando la boca del profeta en Jeremías, y el “rollo” que debe tragar Ezequiel). Quizás sea ese el motivo de la inclusión de este texto en el leccionario, para acompañar la presencia de Jesús en su ciudad y el envío de los doce, que constituye el texto del Evangelio (Mc 6.1-13).

Elementos exegéticos

En realidad la visión de la vocación debe comenzarse unos versos antes, a partir de 1.26. Esta visión sin duda inspira la visión de Juan de Patmos en Ap 4, ya que pueden notarse varias semejanzas. Desde el trono resuena la voz que lo convoca a la misión (como en el caso de Isaías). Por otro lado, el texto del llamamiento se prolonga, incluyendo el cap. 3. Como en el caso de Isaías, el mensaje a expresar no será bien recibido. Los versos que nos propone el leccionario se orientan a remarcar que la misión ha de desarrollarse en medio de la hostilidad y la incredulidad, adelantando así una interpretación al texto del Evangelio.

V. 1 El profeta es convocado con la expresión “hijo de hombre” (ben-adam) que es una expresión que en el libro de Ezequiel constituye la forma usual en que la divinidad se dirige al profeta. Esta expresión, que ya encontramos en los Salmos y Job (una vez aparece en Números, 23.19), la veremos también en Jeremías y en Daniel, donde toma un matiz diferente, de corte apocalíptico. Sin embargo, frente a las pocas menciones que encontramos en estos textos, se repite constantemente en Ezequiel (más de 70 veces), con lo cual se transforma en el antecedente más fuerte para esa nominación, que luego Jesús adoptará para hablar de sí mismo, según los Evangelios. En este caso, busca marcar la distancia entre el Dios que ordena y envía, y la humanidad limitada del profeta que recibe el mensaje y lo obedece. El profeta debe ponerse sobre sus pies para escuchar el mensaje.

V. 2 La comunicación divina se hace aún más profunda, porque es complementada con la entrada en él del ruaj, el Espíritu divino. Esto nuevamente lo emparienta con la literatura apocalíptica. Esta presencia del Espíritu lo hace afirmar sobre los pies (hiphil, causativo), con lo cual indica que lo llena de fuerza (hace sentido así al nombre del profeta). Así, vuelve a oír al que le habla, ahora en una nueva disposición.

V. 3-4 Así se produce el envío. El pueblo de Israel es caracterizado como rebelde. Esa rebelión se remonta a los padres y se prolonga hasta hoy. La misión del profeta, en esta etapa, es dar a entender que Dios no quedará impasible ante este desconocimiento de su voluntad: ha retirado su protección a estos rebeldes y quedan expuestos a la ira de las naciones (esto se verá más adelante en el texto).

V. 5 Sin embargo, Dios no niega la posibilidad, una última chance de que este pueblo preste oídos al llamado del profeta. Es interesante la conclusión que saca: si no escuchan, si persisten en su rebeldía, si no son capaces de volverse de sus malos actos, al menos deberán reconocer que, una vez más, Dios les trató de acercar a través de la palabra profética. Deberán reconocer que hubo profeta entre ellos.

Pautas hermenéuticas, pistas homiléticas

El mensaje es brindado en un medio hostil: esa experiencia ha sido una y otra vez la que conocieron los anunciadores de la Palabra de vida en medio de culturas de muerte. Es que, para quienes han hecho de la opresión de otros su modo de establecerse en el mundo, ante la Palabra de Dios solo cabe el arrepentimiento, el reconocer los propios errores, como personas, como pueblo, como humanidad, y disponerse a un cambio y a la novedad de vida. Pero si ese mensaje no es aceptado, se transforma en acusación, en señalamiento, y provoca resentimiento, hostilidad, o incredulidad. Quien no quiere cambiar ve en todo anuncio de cambio una amenaza, un remover su comodidad, su ambición, o, en el caso de tenerlos, sus privilegios. Además, hay quienes anuncian cambios que en el fondo son seguir con lo mismo, con sus propios beneficios.

El profeta se reconoce desde la voz que le dice “hijo de hombre”. El hecho de ser convocado como mensajero no lo distingue de su común humanidad, no lo pone ningún escalón por arriba de nadie, no lo hace más que humano. En todo caso, por la presencia del Espíritu, lo restituye en su plena humanidad (ponte de pie) para anunciar desde allí el mensaje de un Dios que convoca, que da la oportunidad de oír y cambiar, de un Dios que no se ha quedado silencioso, no se desentiende de los seres humanos, aunque estos se rebelen, y les da sus mensajeros. Una línea homilética que nos da este texto es la presencia del Espíritu en nosotros, que nos permite y nos hace poner de pie para escuchar y obedecer la voz de Dios, nos renueva en nuestro abatimiento, y nos da fuerzas para hacer aun lo que parece difícil o provoca conflicto. Es, nuevamente, dejar en claro que Dios no se ha quedado sin profetas, y que su voz resuena en la de aquellos que nos convocan desde la fe a aceptar y cumplir con nuestras responsabilidades hacia los demás.

Y si bien en algunos el mensaje provoca hostilidad, para quien lo recibe es vida y esperanza, es perdón y sentido, muestra del amor de Dios y de su poder sanador, salvador. Por eso vale el esfuerzo seguir en el camino profético, llamar al arrepentimiento y anunciar la presencia, a la vez majestuosa y humilde, a la vez severa y gozosa, de nuestro Dios.

Néstor Míguez, pastor y biblista metodista argentino, en Estudios Exegético-Homiléticos 111, julio 2009, ISEDET, Buenos Aires.


2 Corintios 12.2-10

Introducción

A partir del cap. 10 al final Pablo se centra en defender nuevamente su apostolado, como ya lo ha hecho en 1Co 4, que es importante leer como antecedente. Al parecer la primera carta no había logrado disuadir a quienes cuestionan la autoridad apostólica de Pablo, por lo que ahora más extensamente tiene que presentar argumentos que vindiquen su apostolado ante los cuestionamientos de sus adversarios y la patente impresionabilidad de los corintios.

Comentario del texto

Es en esta carta donde la expresión gloriarse aparece con más frecuencia en todo el Nuevo Testamento. Particularmente en estos tres capítulos 10-12 se registran 17 menciones (lo cual es casi la mitad del total en el NT: 37 veces). Y en 2Co 12.1-10 se cuenta 5 veces el término. Esto resalta la gran importancia del asunto que Pablo ya había mencionado en 1Co 1:10-31 que concluyó con la frase “El que se gloría, gloríese en el Señor”, que es una referencia al texto de la LXX de Jeremías 9:22-23. Este precepto ya fue recordado en 2Co 10.17-18. Pablo continúa con pasión su argumento que ha venido desarrollando y llega en esta sección a su cenit.

La máxima razón para gloriarse de Pablo (2-7a): No debe descontextualizarse esta parte de lo anterior. Pablo viene presentando razones que él mismo tiene para enaltecerse ante la comunidad corintia, deslumbrada por aquellos “grandes apóstoles” que se enaltecen en sus logros. Esta no es la costumbre de Pablo, pero no deja de hacerlo, señalando a sus interlocutores como responsables de esta conducta desaprobada por él (2Co 12.11).

Hasta este punto de su discurso, Pablo se refirió a sus avances “humanos” (en la carne, 2Co 11.18), pero ahora comenzó indicando: “no me conviene gloriarme así, por tanto me referiré a lo que es propio de Dios”, es decir, sus visiones y revelaciones. Pablo da a conocer ahora parte de una experiencia personal que recibió en el tercer cielo o el paraíso; ambos términos forman parte de las tradiciones escatológicas judías. Representan en conjunto el lugar de encuentro con Dios (en vida o más allá de ella). Pablo se identifica a sí mismo en tercera persona, como era habitual también en la apocalíptica judía, para distinguirse de sus adversarios que se “alaban a sí mismos” (2Co 10.12). Pablo hace un juego de palabras con el verbo saber que conviene destacar:

A          de un hombre en Cristo
B __                 no si en el cuerpo
__               no si fuera del cuerpo
C                                              Dios lo sabe
A'         Sé de tal hombre
B'                     no si en el cuerpo o fuera del cuerpo
C'                                             Dios lo sabe

Esta manera de introducir su experiencia destaca por un lado su parcial entendimiento de la misma; por otro lado pone a Dios como testigo certificado de lo que está relatando, mencionándolo dos veces a propósito. La fecha de esta experiencia (hace 14 años), que ha sido objeto de estudio de los exégetas para tratar de ubicar el tiempo y lugar, no puede determinarse con ninguna certeza. Podríamos preguntarnos si no tendrá un contenido simbólico de alguna manera (7+7), ya que no es la única vez que Pablo asocia este número de años con una revelación divina. En Gál 2.1-2 justifica su actuar “pasados catorce años” en una revelación.

En cuanto a lo revelado, Pablo lo describe como palabras inefables o impronunciables. Este adjetivo sólo aparece aquí en toda la literatura bíblica (aunque hay expresiones sinónimas también infrecuentes, cf. Rom 8.26 y 1Pe 1.8). De acuerdo con sus paralelos helenísticos puede entenderse que Pablo escuchó palabras no para ser dichas, o no para ser pronunciadas. En esto se distingue de otros “arrebatamientos extáticos” supuestamente experimentados por otros personajes de su tiempo (incluso tal vez por sus propios adversarios), que cuentan con lujo de detalles lo que vieron y oyeron. Pablo no alimenta la fantasía y la curiosidad; más bien pone en el centro su privilegio de haber tenido esta experiencia, como el apóstol mismo está convencido.

Llama la atención que a pesar de la importancia personal que para Pablo tiene esta experiencia, él llega a darla a conocer casi porque se vio obligado a hacerlo. Él mismo en ningún momento afirma que esto sea una verdad que deba tomarse como fundamento para edificar la iglesia. Aunque en su caso podría estar vinculada a afirmar algún aspecto en particular de su ministerio apostólico (como parece ser la revelación citada en Gál 2.2), él no la usa como objeto de predicación.

Pablo concluye reiterando su negativa a gloriarse a sí mismo, sino solamente en sus debilidades. Esto ya lo había señalado antes (2Co 11.30). Él reitera que, aunque él tiene mayores motivos para enaltecerse que los otros falsos apóstoles, se niega a hacerlo porque prefiere ser juzgado por las circunstancias que todos pueden ver de él y percibir, y no por la “grandeza de la revelaciones” que el recibe.

El aguijón en la carne (7b-10): Pablo continúa destacando con un quiasmo la dura prueba por la que él pasa o ha pasado en sí mismo.

A        Para que no me sobre-enaltezca
B                    Me fue dado una espina en la carne
B'                   Un mensajero de Satanás para que me golpee
A'       Para que no me sobre-enaltezca

Pablo usa la expresión enaltecer sólo aquí en todas sus cartas, ¡y dos veces para sí mismo! Esto resalta lo peligrosa que él considera esta actitud en sí misma. La palabra espina resalta el carácter continuo y molesto de este sufrimiento, a diferencia de la palabra aguijón (usada en 1Co 15.55-56 y Hch 26.14) que da la imagen de una fuerte punción. Se desconoce la naturaleza exacta de esta prueba. (1) Algunos suponen que se trata de alguna enfermedad por la expresión “en la carne”; tal vez se trata de la misma dolencia referida en Gál 4.13-15 u otra similar; (2) otros sugieren que puede referirse a su tristeza por la resistencia al evangelio que predica por parte de sus hermanos “en la carne”, de Israel (Rom 10.1). El triple ruego que Pablo hace puede representar un número repetido de veces que pidió al Señor que quite de él esa prueba.

La respuesta del Señor es presentada como una revelación más, resaltando nuevamente su condición de apóstol que recibe un mensaje de Cristo mismo. En esta ocasión, a diferencia de las “palabras inefables” anteriores, Pablo sí comunica lo que escuchó, agregando su reflexión (v. 9):

A    “Es suficiente para ti mi gracia,
B            porque el poder [mío]
C                 en la debilidad se plenifica”
X                        por tanto, con gusto me gloriaré aún más
C'                 en mis debilidades
B'           para que sobre mí resida el poder
A'   de Cristo.

En el centro de este esquema se presenta de nuevo, enfáticamente, la cuestión con la que se comenzó. La gracia a la cual se refiere Pablo aquí está vinculada con su llamamiento como apóstol, que proviene de Cristo declarado Hijo de Dios con poder, según se lee en Rom 1.4-5. El poder es el de Cristo mismo y el de su evangelio que Pablo predica (Rom 1.16; 1Co 1.18), que se manifiesta no sólo en los hechos prodigiosos que acompañan la predicación (Rom 15.18-19; 1Co 2.4-5), sino también en la capacidad para enfrentar las adversidades (2Co 1.8; 6.3-12); este particular aspecto del poder espiritual es característico de esta segunda carta a los corintios. Así Pablo equilibra su exposición ante sus lectores, ávidos precisamente de manifestaciones poderosas, pero desacostumbrados a considerar las debilidades como escenario de acción del poder de Cristo. Las debilidades serán reiteradas a continuación (v. 10).

Pablo concluye aseverando que por Cristo (que según el versículo anterior debe entenderse gracias a él, y no necesariamente por amor a él, como se interpreta comúnmente) Pablo se complace o se agrada en las debilidades, que él entiende son fruto directo de su ministerio apostólico. Esta lista de debilidades hace eco de las enumeraciones más largas presentadas en 2Co 6:4-12 y la de 11:23-33. Como puede verse, estas debilidades están en relación con la oposición a la predicación del evangelio. El hecho que Pablo se considere fuerte cuando es débil es gracias al poder de Cristo que reside en él, según señala en el versículo anterior.

Sugerencias homiléticas

Podemos destacar el asunto del reconocimiento de las limitaciones o debilidades, especialmente por parte de quien tiene el liderazgo. La sociedad actual es la sociedad de ‘la imagen’, la sociedad ‘virtual’, donde las cosas son aparentes. Para lograr el éxito hay que presentar una imagen de éxito, vistiendo, usando y manejando los productos que reflejen esto, promoviendo el consumo, el orgullo y propiciando las desigualdades. Las iglesias y sus líderes no se han escapado de estas tendencias favoreciéndose las comparaciones, las discriminaciones, los celos, las separaciones.

El texto nos invita a la humildad, al reconocimiento de las limitaciones personales. Este reconocimiento no implica un conformismo. Es una oportunidad para tomar conciencia de nuestra dependencia de la gracia de Jesucristo. Si queremos que la comunidad viva esto, como líderes tenemos que seguir este ejemplo de Pablo, que queda expuesto ante aquellos a quienes quiere convencer de su autoridad. Esto no le resta, sino que le confirma su autoridad como apóstol. ¿Cómo podemos nosotros/as y nuestras iglesias vivir hoy con esta conciencia?, ¿qué nos impide hacerlo?, ¿vale la pena intentarlo?

Iván Efraín Adame, pastor y biblista presbiteriano mexicano, Rector del Seminario de esa Iglesia, en Estudios Exegético-Homiléticos 76, ISEDET, Buenos Aires, julio 2006.
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