Recursos para la predicación

05 May 2021
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Recursos para la predicación 30 MayoMay 2021

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Evangelio de Juan 2.23–3.17

Reacción en Jerusalén: Jesús, Mesías reformador. 2.23-25

La actuación de Jesús en el templo ha tenido gran resonancia. Muchos han tomado partido por él, descubriendo en él la figura del Mesías reformador, de acuerdo a la interpretación dada a su actuación por sus propios discípulos (2.17). pero la señal dada en el templo era claramente mesiánica; así lo demuestra el uso del azote de cuerdas, el cumplimiento de la profecía de Zac 14.21. Muchos prestaron adhesión a su figura (v 23), pero de manera equivocada, interpretando mal sus señales. Aceptan un Mesías poderoso que desafía el poder; no pueden imaginar que el poder de Jesús es un amor hasta la muerte.

Jesús ha mostrado su intención de liberar al pueblo de la explotación religiosa, pero dando a os dirigentes la oportunidad de rectificar (2.16). pero los ahora partidarios de Jesús no han visto que la señal manifieste su amor al ser humano, ni que anuncie unas sustitución del templo por su humanidad (su cuerpo) que, por ser la expresión máxima del amor de Dios, se convierte en el santuario donde en adelante brillará su gloria (3.17).Pero él, Jesús, no se confiaba en ellos, por conocerlos a todos (24): porque seguirlo no significa adherirse a un triunfador humano, sino aceptar al que va a dar su vida para salvar al ser humano y estar dispuesto a unirse a él hasta dar la propia vida.

Reacción farisea: Jesús, Mesías-maestro. Presentación y adhesión de Nicodemo. 3.1-2

Nicodemo es presentado como “un hombre” de los que Jesús conoce lo que llevan dentro (2.25), pero con dos precisiones: la primera declara que era fariseo. El partido fariseo se distinguía por su fidelidad a la Ley mosaica y según esa especial tradición interpretativa. Esperaban el reino de Dios, no por medios violentos sino a través del cumplimiento exacto de la Ley. La segunda precisión que presenta Jn es la del cargo: jefe entre los Judíos, es decir, miembro del Gran Consejo (Sanedrín). Es una figura representativa que, de hecho, hablará en plural (3.2: sabemos).

Impresionado por la actuación de Jesús, Nicodemo quiere manifestarle que él y otros como él están de su parte. Pero va verlo de noche, circunstancian que está en relación con “la tiniebla” (1.5). El mundo de la Ley que representa Nicodemo son tiniebla, son enemigos de la vida contenida en el proyecto divino sobre el ser humano (1.4). Con esa disposición, Nicodemo se acerca a Jesús, la luz.

Se dirige a Jesús con el título honorífico, Rabbí, Excelencia. Habla en plural y expone la persuasión a que han llegado: que has venido de parte de Dios como maestro. Coloca a Jesús como uno de ellos: es el Mesías-maestro avalado por Dios para interpretarla Ley y a su servicio. Nicodemo, al contrario de las autoridades del templo, ve en las señales que realiza Jesús las credenciales de un enviado de Dios. Existen, por tanto, grupos selectos que están con Jesús y en contra de las autoridades del templo.

Sin embargo, al interpretar las señales las lee como denuncia de la corrupción institucional y promesa de restauración. Nicodemo y los que representa no perciben en las señales la manifestación del amor que culminará en la cruz. No comprenden el cambio de alianza, señalado por Jesús al anunciar la sustitución de templo; esperan la continuidad con el pasado (1.45b).

Planteamiento de Jesús e incredulidad de Nicodemo. 3.3-12

La expresión que se traduce de nuevo significa en griego al mismo tiempo de nuevo y de arriba, de lo alto. Jesús no admite los presupuestos de Nicodemo: la Ley no puede llevar al ser humano al nivel requerido por el reino de Dios; la Ley es “de abajo” (3.31), no es fuente de vida(1.4b); la vida viene “de arriba”, de un nuevo nacimiento.

Para Jesús, el reino de Dios, siendo una realidad social, está ligado,sin embargo, al cambio personal: si uno no nace de nuevo. Nacer de nuevo significa independizarse de un pasado, comenzar una experiencia y una vida. El reino de Dios presupone una nueva calidad humana. Para Jesús, el reino de Dios, mencionado únicamente en este pasaje de Jn, supone la creación acabada: es la realidad final, la etapa definitiva y sin término . Solo el nuevo nacimiento, que completa la creación del ser humano, comunicándole el Espíritu de Dios (Gn27: “el soplo de vida), le permite comenzar a vivir con plenitud(1.12: Los hizo capaces de hacerse hijos de Dios).

Vs 4. La primera de las dos preguntas de Nicodemo plantea la dificultad para él insuperable. La segunda propone una solución irónica por lo absurda: habría que volver al seno materno para nacer de nuevo, y la vida es irreversible. Al encerrarse en su pasado profesa un determinismo que niega a Dios la posibilidad de intervenir en la historia con un nuevo gesto creador; excluye así la posibilidad del cambio radical. Jesús, por el contrario, afirma la libertad: es posible esperar de Dios una vida nueva. Para Jesús, el nuevo nacimiento no resulta del esfuerzo humano, sino de la acción de Dios, que responde a la aceptación de la persona (1.12-13).

Vs 5. Jesús repite su afirmación anterior sin concesión alguna, pero sustituye el adverbio de nuevo/de arriba por otra expresión: (nacer) de agua y Espíritu, que es su explicación. En adelante, sin embargo, hablará solamente de “nacer del Espíritu” sin más mención del agua. Esta reducción, unida al significado “de arriba” aclara el sentido de la expresión de agua y Espíritu. “nacer de arriba” significa nacer del que está levantado en alto, es decir, de Jesús en la cruz. Así lo indica el paralelo entre 3.7: Tenéis que nacer de nuevo/de arriba, y 3.14: Tiene que ser levantado en alto este Hombre; a una necesidad corresponde la otra: él tiene que ser levantado para que los seres humanos puedan nacer de arriba.

El reino de Dios es un ámbito donde hay que entrar. Se expresa así en términos espaciales (entrar) el cambio radical que ha de verificarse en el ser humano, la adquisición de una nueva identidad, de una nueva vida (nacer de nuevo). Entrar significa, por tanto, adherirse y vincularse de un modo estable a Jesús, en quien Dios se hace presente como fuerza de vida que se comunica (3.4s). Así como los conceptos de Ley, templo, verdad, vida se encierran en Jesús, de igual modo el de reino. Jesús mismo es el espacio donde los nacidos de nuevo entran y permanecen. Este concepto se desarrollará en el cap 15 con la imagen tradicional del pueblo de Dios, la vid verdadera en la que el ser humano ha de insertarse y en la que ha de permanecer.

Vs 6: De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu Jesús continúa explicando el sentido de su frase, ahora mediante una oposición. Hay dos principios de vida: la carne y el Espíritu; cada uno trasmite la vida que posee. La carne, concepto estático, denota la condición humana débil, la persona inacabada, no terminada de crear; en consecuencia, transitoria, mortal, sin éxito. El Espíritu, concepto dinámico, denota la fuerza vital de Dios y el ser humano pleno. Nicodemo, como fariseo, piensa que la creación no continúa, que Dios ha terminado su tarea. Por eso el fariseo tiene como mandamiento principal el sábado, el día de descanso divino una vez terminada la creación (cf 9.13s). Se figura que en estas condiciones el ser humano puede llegar a su meta guiado por la Ley. Jesús no reconoce el descanso (5.17: mi Padre sigue trabajando); la creación no está terminada.

Vs 8: El viento sopla donde quiere, y oyes su ruido… El término “espíritu” significa originariamente “viento” y Jn juega en su doble significado. El viento/Espíritu es fuerza y dinamismo. Así, el Espíritu/viento que prepara ciudadanos para el reino de Dios, no conoce fronteras. Es decir, no solo la Ley no es camino para el reino, sino que éste tampoco está circunscrito a Israel, a su nación y tradición. El Espíritu creador es libre, no está ligada a nada ni por nadie.

Vs 10. Repuso Jesús: “Y tú, siendo el maestro de Israel, ¿no conoces estas cosas? El diálogo eleva la tensión. Siendo Nicodemo una figura representativa, engloba el ministerio fariseo, característico de la sinagoga, que exalta y perpetúa a Moisés como legislador y maestro. Pero Moisés fue más que maestro, anunció un futuro (5.46: de mí escribió Moisés); y además, la tradición profética ofrecía datos que hacían comprensibles las afirmaciones de Jesús (cfJr 31.31; Ez 36.25: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo, etc. Con el apego a un código que excluía de antemano toda novedad, se habían cerrado al Espíritu y a la acción de Dios. Habían sustituido el Espíritu por la letra, su dinamismo por el Libro.

El Mesías levantado en alto. 3.13-17

En oposición a la adhesión recibida en Jerusalén (2.23), que Jesús no aceptó porque suponía una adhesión equivocada de su mesianismo, se expone el verdadero término de la adhesión: el Hombre levantado, y la auténtica concepción del Mesías: el Hijo de Dios, prueba de su amor. La calidad del rey mesiánico que Jesús va a manifestar, no corresponde la expectación judía. Su reino, que será el de Dios, no se inaugurará con una manifestación de poder, sino con la del amor de Dios manifestado en la cruz, negación del poder (cf 18.36).

Vs 13: Nadie sube al cielo para quedarse más que el que ha bajado de cielo, este Hombre. Las expresiones de Jn sobre “el cielo” no deben ser tomadas en sentido espacial. Significa la esfera divina, caracterizada en cuanto excelente (superioridad) e invisible, aunque no inaccesible a la experiencia humana. La frase el que ha bajado del cielo está en paralelo con 1.32: el Espíritu que bajaba como paloma desde el cielo. “Haber bajado del cielo” equivale a haber recibido la plenitud del Espíritu, que ha hecho de Jesús el nuevo santuario (2.19,21), el lugar de la presencia divina (1.14).

Vs 14-15. Lo mismo que, en el desierto, Moisés levantó en alto la serpiente, así tiene que ser levantado este Hombre, para que todo aquel que lo haga objeto de su adhesión tenga vida definitiva. La misión del Mesías consistirá en conferir al ser humano el amor y la lealtad (1.17), la vida propia y peculiar del reino. Por ello su triunfo es la cruz, demostración suprema de amor que lleva al dinamismo del Espíritu. De ahí que “ser levantado” signifique al mismo tiempo su muerte y su exaltación definitiva, la manifestación perenne de su gloria, que es la del Padre (17.1).

Ese hecho se explica con un episodio del éxodo, donde Moisés no aparece como el maestro de Israel, sino como aquel que, con su acción. Crea un tipo del Mesías (5.46: de mí escribió él). El texto se refiere a Nm 21.9 cuando, ante la plaga de serpientes venenosas, fabrica Moisés, por indicación de Dios, una serpiente de bronce y la levanta en un poste. Quien era mordido, al mirar a la serpiente alzada quedaba curado, o, según la expresión hebrea, vivía. En el caso de Moisés, la vida que se obtenía era transitoria; aquí, definitiva.

Este signo, del que brota la vida, es la expresión del amor de Dios a la humanidad (3.16), y está alzado de modo que el mundo entero pueda verlo. Toma el puesto de la Ley, que falsamente prometía vida (cf 1.17).

Vs 16. Porque así demostró Dios su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único, para que todo el que le presta adhesión tenga vida definitiva y ninguno perezca. Se ofrece la explicación última de la realidad del Mesías. En el pasaje anterior (3.14-15) se le ha descrito partiendo desde el ser humano, como la señal visible, el Hombre levantado; ahora, partiendo de Dios, que toma la iniciativa insertando su acción en la historia. Jesús es el don del amor de Dios a la humanidad. El Hombre levantado a la vista de todos es al mismo tiempo el Hijo único de Dios (cf 1.34); ésa es su realidad escondida, que se revela al ser levantado en alto y mostrar así el amor de Dios al mundo.

El don se ha hecho en el pasado (demostró) y se va realizando a lo largo de la vida de Jesús, que culminará en el momento de ser levantado en alto, “su hora” (2.4), con la manifestación plena del amor de Dios, el don total de sí para comunicar vida.

Vs 17. Porque no envió Dios el Hijo al mundo para que dé sentencia contra el mundo, sino para que el mundo por él se salve. La doble formulación, positiva y negativa, que aparecía en 3.16, vuelve a encontrarse aquí. Pero la manifestación del amor de Dios y el don del Hijo único se describen ahora en términosde misión (envió…al mundo). El amor de Dios fue el móvil del envío del Hijo y su finalidad era salvar a todo ser humano; toda intención negativa queda excluida, el propósito divino es enteramente positivo y universal (el mundo).

Aparece por primera vez la denominación “el Hijo” aplicada a Jesús. Esta resume las dos anteriores: “el Hombre” (el Hijo del hombre, 3.13,14) y “el Hijo único de Dios” (3,16,18; cf 1.18). Jesús es “el Hijo”, en el cual se unen la raíz humana y la procedencia divina, el máximo exponente del ser humano que hace presente la plenitud de Dios.

Síntesis del comentario al Evangelio de Juan 2.23–3.21.

Dios, en Jesús, ofrece a todos la vida plena.

Tras la manifestación mesiánica de Jesús en el templo, donde ha denunciado la opresión y anunciado la sustitución del santuario por su propia persona, expone Jn la reacción al hecho: primero, de modo general; luego, la de los hombres de gobierno y de la Ley.

Están representados por un personaje perteneciente a las altas esferas del poder, judío observante y maestro de la Ley. Este no espera el Mesías de la fuerza, sino el Mesías del orden, el maestro capaz de explicar la Ley e inculcar su práctica, para llegar así a construir el hombre y la sociedad. El problema está en la validez de la Ley como norma de conducta y fuente de vida, como medio de implantar la sociedad humana que Dios desea y promete.

Jesús echa abajo el presupuesto de Nicodemo: no se puede obtener plenitud y vida por la observancia de la Ley, sino por la capacidad de amar. Esta capacidad, que da el Espíritu, le viene de Dios y ella completa el ser del hombre. Los dos aspectos de la Ley se concentran en Jesús mismo levantado en alto: él es fuente de la vida definitiva, el Espíritu, y al mostrar su amor con el don de su vida, la norma para que el hombre alcance la plenitud.

Solo con hombres dispuestos a amar hasta la muerte puede construirse la verdadera sociedad humana. Son los hombres libres, que rompen con un pasado para comenzar de nuevo, no ya encerrados en una tradición, nacionalidad ni cultura. Su vida será la práctica del amor, el don de sí mismos, con la universalidad con que Dios ama a toda la humanidad.

Dios, en Jesús, ofrece así a todos la vida plena. El hombre tiene que optar entre la vida y la muerte. Quien de alguna manera es enemigo del hombre y de la vida, la rechaza y se condena él mismo a morir. Quien está por el ser humano y por la vida, se adhiere a Jesús.

Toda empresa que pone por base el hombre a medio hacer, al hombre si amor, está condenada al fracaso.

Juan Mateos y Juan Barreto, en El Evangelio de Juan, Cristiandad, Madrid, 1982. Extractamos la “Síntesis” de ese comentario, p. 184-198 y 204. Resumen de GBH.


Profeta Isaías 6.1-8. La misión encomendada a Isaías.

Abordaremos el desafío de ser creyentes y anunciadores de la Palabra a partir del llamado a Isaías, en el convencimiento de que así como en aquellos tiempos como en los nuestros el Espíritu continúa convocando hombres y mujeres para su ministerio. Y hoy como ayer, esa invitación suele tener más resistencia en nuestros propios miedos y debilidades que en las verdaderas limitaciones que se invocan.

El lenguaje de este texto

Isaías dice primero que tiene miedo de morir. Esto es debido a que siendo un hombre pecador y perteneciendo a un pueblo impuro considera que no puede ver a Dios. Lo primero en nuestra predicación que es necesario hacer es clarificar dos cosas: que se refiere simbólicamente a “ver a Dios” y que su impureza le viene por pertenecer a la raza humana.

Lo que asusta a Isaías es que siendo un ser humano pueda vincularse directamente con el creador. Este temor viene de antiguo cuando se fue gestando la idea de un Dios lejano e inaccesible, al que no podía llegarse porque su presencia mataba a quienes se acercaban a él. El miedo viene del mismo Isaías y no de Dios, que no mata a nadie porque se acerque a él. Su temor nace de creer que respetar a Dios es no acercarse a él, cuando en realidad respetar su Palabra es asumirla fielmente y “acercarse” lo más posible a su presencia.

El otro aspecto es el de la impureza. La distancia entre la santidad de Dios y nuestra condición es inmensa pero para Dios ese no es un problema, pues ha enviado a su hijo para que recorra esa distancia y nos acerque a él. En la encarnación Dios se hizo ser humano asumiendo y transitando esa distancia. Es la gracia de Dios la que nos habilita para vincularnos con él sin miedo ni distancias, y nos permite asumir el compromiso de ser testigos de su evangelio.

El símbolo del ángel que toca la boca del profeta con una brasa que purifica su boca para hacerla apta al anuncio del mensaje que Dios le encomienda no está lejos de lo que nosotros hoy anunciamos como acción de Dios en Cristo. También nosotros hoy necesitamos que se nos limpie de mezquindades e incredulidad a fin de tener la posibilidad de compartir su ministerio aquí en la tierra. Nos hizo discípulos suyos, nos invita a su mesa, nos encomienda una tarea.

La misión

Hay muchos matices y desafíos diversos cuando deseamos hablar de la misión cristiana. En este momento de la predicación es oportuno referir al Juan 3.16 y apelar a que una vez habilitados por Dios nuestra tarea se concentra en anunciar esa verdad con la boca pero también con la vida, en la acción concreta que da fortaleza a la palabra predicada. En Nicodemo vemos a una persona deseosa de conocer la verdad y en búsqueda de alguien que le indique la dirección a seguir en su vida. ¿Es muy distinto eso de la búsqueda que tantos hombres y mujeres tienen hoy?

Uno de los riesgos de hablar de misión es reducirla por cualquiera de sus lados. Algunos piensan que la misión de una tarea que debe concentrarse en el testimonio de vida interior. Quienes han tenido una experiencia personal e íntima con Dios suelen considerar que su misión es hacer que todos accedan a la misma experiencia. Por otro lado están quienes han experimentado la presencia de Dios en la acción por el prójimo. La espiritualidad viene en estos casos como consecuencia de una experiencia concreta de encuentro con los más necesitados o con aquellos que nos rodean. Por un lado se enfatiza la experiencia interna y en el otro la externa, Cristo en el corazón contra Cristo en el prójimo.

La lectura atenta y madura del evangelio muestra que tal dicotomía es ajena a él. Que no hay experiencia interna de Dios sin consecuencias visibles y concretas en nuestra relación con el prójimo, y por el otro lado, no hay encuentro con Cristo en el prójimo sin que haya una conversión del corazón, es decir, la totalidad de la vida.

En conclusión, la experiencia de Isaías, y la de Nicodemo, nos ayudan a delinear nuestro compromiso con el mensaje de Dios hoy. Ambos tenían dudas, temores, preguntas. Ambos recibieron respuestas a sus inquietudes y no quedaron con las manos vacías.

Proponemos entonces organizar la predicación de acuerdo a los siguientes puntos:

  1. Dios nos llama a una misión.
  2. No debemos temer ni considerar que no estamos capacitados para ella.
  3. Dios capacita y da herramientas para la tarea.
  4. Debemos evitar la falta disyuntiva de espiritualidad vs. acción. Ambas cosas van juntas.
  5. El ejemplo de Jesús nos invita a vivir su evangelio sin fisuras.
Pablo R. Andiñach, en Estudios Exegético-Homiléticos 39, ISEDET, junio 2003. Resumen de GB.
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