Recursos para la predicación

18 Mar 2021
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 01 AbrilAbr 2021

Morado


Evangelio de Juan 13.1-17, 34-35

El revelador ante los suyos

La iglesia cristiana nace después de la resurrección de Jesús, pero tiene sus raíces en la historia misma del resucitado. Los cristianos confiesan salvador del mundo al Jesús histórico que murió y resucitó. Los primeros acompañantes del Jesús histórico cambiaron radicalmente su perspectiva de enjuiciamiento del maestro, a partir de la confesión de fe: “Jesús ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. Unos hombres que habían visto en Jesús muy posiblemente al mesías esperado, restaurador de las prerrogativas triunfalistas de Israel, tuvieron que pasar al Jesús hijo de Dios, salvador del mundo entero, en una dimensión divina.

El revelador que habla a los suyos

Jesús, conocedor de su ser más profundo –presencia de Dios en la tierra– y todopoderoso –todo lo puso el Padre en sus manos–, comienza a adoctrinar a los suyos (13.3). A los ojos de los hombres sin fe, sus discípulos están solos en el mundo en su tarea de representar a Dios. Porque esta es, en el fondo, la gran tarea cristiana, hacer presente a Dios a la manera como Jesús lo representó.

Una acción simbólica y su interpretación

Jesús deja la mesa, toma toalla y vasija con agua y y se pone a lavar los pies de sus discípulos. Algo insospechado, que aparece de repente. El revelador que tiene palabras de vida eterna (6.68s) puesto a hacer un menester de esclavos. Pedro no lo entiende y se subleva, pero la palabra de Jesús es dura: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”. Jesús mismo descubre la enseñanza que estaba detrás de la insólita acción.

Entre los cristianos, todos son iguales, y las mutuas relaciones están regidas por un primer principio de la mutua ayuda: estar al servicio del otro. No son ya cosas para los demás, sino la misma persona, la que debe ponerse al servicio del otro. Y con ello, la actitud de servicio rompe los límites del ejemplo aducido, porque Jesús es el que ha dado la vida por todos. Su servicio a los demás le ha llevado hasta la muerte.

No se queda este servicio restringido a la comunidad cristiana primitiva, a los apóstoles, sino que tiene que derramarse hacia los demás hombres, a quienes, después de la resurrección, serán enviados (20.21). Su papel de futuros enviados no les da mando o poder alguno sobre nadie, sino que, al contrario, deberán servirles de esclavos. Ello porque Jesús, Amo y Mandante, la única autoridad de Dios en la tierra, ha desarrollado esta autoridad entregando su propia vida (13.16)

La continuidad en el mundo de la salvación del revelador va a quedar supeditada a la presencia de sus discípulos. Es un quehacer difícil; de aquí que “serán bienaventurados, si hicieran lo que ya saben” por las enseñanzas de Jesús (v 17).

Tener parte con alguien es un semitismo que puede significar participar con otro en una partición (cfDt 10.9; 14.27,29) o en un destino común (cf 2 Sam 20.1). Si Pedro, si el cristiano, quiere ir al Padre, tiene que aceptar el nuevo orden de cosas, por duro y repelente que sea. Este es el primer mandamiento constitutivo de la comunidad de creyentes.

El mutuo amor

El segundo mandamiento tiene lugar en un contexto literario bien definido. En conexión íntima con la muerte de Jesús, tenida ya como acto supremo de glorificación, que significa la separación, la ida del revelador, y entre la consumación de la traición de Judas y el anuncio de la negación de Pedro. Cuando todo resuena a odio del mundo –Judas– e incomprensión de su palabra –Pedro–, Jesús, que está reconociendo la inminencia de su muerte como acto de glorificación porque ha nacido del amor, deja el segundo mandamiento: “Que os améis mutuamente”.

El mandamiento es un mandamiento nuevo. Y no es que, con anterioridad al cristianismo, se desconociera un precepto que hablara de las relaciones entre los humanosbajo el aspecto del amor; el antiguo testamento lo había conocido y expresado; “amarás a tu prójimo como a ti mismo” decía el Levítico (19.18). La novedad radica ahora en la realidad profunda de este amor y su consiguiente primordialidad.

El amor que tiene que darse entre los hermanos es la continuación histórica del mismo amor que llevó a Jesús a la muerte de cruz; es la continuación histórica del mismo amor de Dios. Es un amor primordial, porque queda como el único distintivo del ser cristiano; es el criterio distintivo. Así como las obras de Jesús indicaban su íntimo ser de presencia de Dios, así el mutuo amor de los cristianos será la obra en que resplandezca, en que se haga patente la condición de discípulos de Jesús, que es, en definitiva, hacer presentes a Dios.

Francisco de la Calle, en Teología de los Evangelios de Jesús, Sígueme, Salamanca, 1980, en colaboración con Javier Pikaza, teólogos católicos españoles.


Éxodo 12.1-14 

Este capítulo está formado por una serie de perícopas individuales, algunas relacionadas con eventos todavía en Egipto, otras con el impacto del evento de la Pascua en la vida futura de la comunidad israelita (los vs 3 y 47 enmarcan con “toda la comunidad de Israel” esta serie de disposiciones). El cap. se divide en: mandamiento de la Pascua anual (1), cambio del calendario (2), ofrenda pascual (3-13), fiesta de los panes ácimos (4-20), instrucciones para pintar el dintel de las casas (21-28), la décima plaga (29-36), éxodo propiamente dicho (37-42), gente excluida de este mandamiento (43-49), constatación de que los Israelitas obedecieron (50) y cierre de la narrativa (51). Dado que el sistema de perícopas no permite una visión de conjunto, sería bueno aunque sea mencionar brevemente los temas del capítulo.

V. 1. Ubica a Moisés, Aarón y Yavé en Egipto, y lo hace, según Sarna, para resaltar el hecho de que el mandamiento de celebrar anualmente la Pascua es el único que Yavé no dio en el Sinaí (¡es anterior a toda la instrucción!).

V. 2. El evento que está por producirse es tan importante que determina el cambio del calendario, haciendo del mes del éxodo (Abib, cuando madura la cebada, marzo-abril) el primero del año.

V. 3-13. Instrucciones sobre la comida sacrificial del cordero. El texto no presenta dificultades textuales serias, sino más bien de interpretación: ¿cuántos miembros tiene que tener una familia para no ser “demasiado pequeña” para un solo animal? ¿Quiénes forman la comunidad?

V. 3. Hebreo ‘edah, “comunidad”, es un término técnico pre-monárquico en referencia al pueblo de Israel actuando en asamblea, como entidad política. Toda la asamblea debe cumplir con este mandamiento; se exceptúan (vs. 43-49) los incircuncisos que no pertenecen a la comunidad: extranjeros de paso y trabajadores temporarios. Acá se ve dónde un término como “asamblea”, que parece inclusivo, en realidad no lo es: la inclusión de los circuncidados presenta un problema especial para las mujeres, para quienes no hay (al menos en los textos) un rito de inclusión en la comunidad del mismo modo que para los varones.

V. 4. “en proporción al número” en el TM se refiere a la cantidad de gente, mientras que la LXX lo refiere a lo que cada quien comerá. De todos modos, lo importante es que toda la familia participa, y si es muy pequeña se junta con sus vecinos/as.

V. 8-9. Introducen los demás elementos de este ritual: las hierbas amargas y las matzot, el pan sin levadura sobre el que después se dan más instrucciones (vs. 14-20).

V. 11. Introduce dos términos importantes. Un término es bejippazon, “a las apuradas” (ver Dt 16:3 e Is 52.12). El otro término es pesaj, cuya etimología no es clara (hay tres versiones: a] la más segura, tener compasión; b] proteger, c] pasar sobre). Este v. corrige dos malentendidos comunes entre nosotros/as.

Primero, que pesaj, es el sacrificio del cordero o carnero sin mancha para Yavé, no para Israel. Al ofrecerlo según se le ha mandado, Israel participa de la comunión con la Divinidad. Pero es Pascua porque Dios acepta ese sacrificio.

Segundo, solemos entender la señal de la sangre en el dintel como una señal para Dios o su ángel, para que no se vaya a equivocar. Sin embargo, el texto dice que es señal de Dios para ISRAEL, para que confíe y recuerde a través de la sangre, que es vida, que Yavé aniquilará a los dioses egipcios y traerá vida al pueblo esclavizado. “Dios usa la creación para lograr la redención”.

De las instrucciones de la Pascua en general se podría rescatar:

1) que el mandamiento de la Pascua no se puede cumplir individualmente;

2) que está insertado en el seno de la familia, no en el templo, adonde se trasladó más tarde (en la época del Segundo Templo). Al comer, la familia comparte la solidaridad y la salvación que Dios está a punto de ejecutar;

3) tomarse un minuto para recordar que la familia (bet-ab “casa de un padre”) no es la familia nuclear, sino que incluía a miembros de varias “casas”, hijos casados, hijos e hijas solteras, posiblemente alguna viuda o divorciada, y también los esclavos circuncidados (Gn 17) y esclavas. Todos estos miembros participan en la Pascua y todos estos miembros están listos para salir, con la túnica atada para mayor agilidad;

4) la Pascua es un sacrificio, el primero ofrecido por el pueblo esclavo en Egipto a Yavé; y por ser sacrificio, sagrado, todo se come y lo que no se come, se quema; no queda para el día siguiente.

5) Otra idea para la predicación: Las fiestas y estaciones litúrgicas señalan momentos de la historia, tiempos particulares. La Pascua señala no sólo un momento único de comunión entre Yavé y quienes participan del sacrificio que se le ha ofrecido; también un momento único por lo que significará la salvación/liberación de la esclavitud. Finalmente, significa un momento tan único que determina el cambio del calendario, es el acontecimiento fundante, al menos tal como el texto lo presenta. A todos estos elementos les podemos dar todavía mayor relevancia cuando los unimos al relato de la Última Cena de Jesús y la comunión establecida con él, por un lado como familia que comparte la misma mesa y el mismo cordero, y a la vez como Cordero sin mancha ofrecido a Yavé y aceptado.

Comentarios hechos en el grupo:

Es importante redescubrir la importancia de las formas de las celebraciones.

A partir del texto del AT, es decisivo enfatizar la dimensión comunitaria de la Santa Cena.

Sería interesante participar en una celebración de la Pascua Judía para conocer el origen de nuestra Santa Cena.

Con relación al hecho de que el animal para sacrificio debía ser perfecto, se plantea la cuestión de la “excelencia”. ¿Qué “excelencia” ofrecemos nosotros/as a Dios? ¿Cabe hablar de “excelencia” en una situación de marginación y exclusión?

Mercedes García Bachmann, biblista argentina, Iglesia Evangélica Luterana Unida, en Estudios Exegético-Homiléticos 1, abril de 2000, ISEDET, Buenos Aires.


Primera Carta a los Corintios 11.23-26

Participación en la asamblea: la Cena del Señor

Enmarcamos este comentario en la sección de la Carta que se refiere a varios temas sobre “la participación en la asamblea cristiana (11.2–14.40): 

Tres temas distintos componen esta sección, y en cada uno se palpa una realidad conflictiva en el interior de la comunidad de Corinto. El primer tema (11.2-16) tiene que ver con la presentación personal de mujeres y varones al tomar parte activa en la asamblea por medio de la oración y la profecía (v 5). En una segunda subsección (11.17-34), provocada por la noticia de un escandaloso desprecio hacia los pobres en la cena comunitaria que celebran junto con la eucaristía, Pablo lanza una fuerte denuncia a los responsables de esta conducta. Para corregirlos, cita las palabras de institución de la cena del Señor, con las implicaciones que tiene para ellos el amor solidario de Jesús al entregarse a la muerte por los suyos. En la subsección más larga (12.1–14.40), Pablo responde a una consulta que la comunidad le ha hecho sobre los dones espirituales. Para reorientar un culto carismático individualista hacia la mutualidad del cuerpo de Cristo, se introduce en el centro de esta subsección un trozo poético que describe cómo se comporta la persona que ama a otros (cap. 13). 

Rumores que le han llegado a Pablo desde Corinto (v 18) le informan del comportamiento egoísta y excluyente de algunos hermanos en la cena comunitaria que acompaña la celebración de la santa cena o eucaristía: mientras estos se hartan y hasta se embriagan, las personas más pobres quedan con hambre (vs 21-22). Pablo pronuncia una severa sentencia contra esta conducta: “eso no es comer la cena del Señor” (v 20), por cuanto contradice la entrega sacrificial y solidaria de Jesucristo que supuestamente celebran. 

Después de su denuncia del problema en el primer apartado (vs 17-22), Pablo lo aborda con un recordatorio del origen de esta cena que profanan, citando la tradición de la institución de la eucaristía o santa cena (vs 23-26). Con las exhortaciones y los consejos del tercer apartado (vs 27-34) Pablo insta a los corintios a participar de la cena, no indignamente, sino con un comportamiento que exprese en forma concreta la realidad del cuerpo de Cristo. En toda la subsección está presente el elemento del juicio, tanto apostólico como escatológico, a que la comunidad debe corresponder con un autojuicio que la lleve a corregir sus relaciones dañadas. 

 11.17-22. Denuncia: menosprecian a los pobres en la Cena. 

La breve frase de introducción “no os alabo” advierte a los lectores que la actitud de Pablo es severa: les dice que sus reuniones “son más para mal que para bien”.  

Se anuncia que hay “divisiones” en la comunidad (v 18) y Pablo opina que “tiene que tiene que haber entre vosotros disensiones” (v 19), frase que puede ser irónica pero que también puede ser realista ante los que provocan división al separarse de los hermanos más humildes.  

El hecho de que las congregaciones primitivas tuvieran por lugar de reunión la casa de algunos de sus miembros permite estimar, grosso modo, el número de personas que componían la iglesia en una ciudad como Corinto. Ocupando las áreas abiertas al público dentro de una casa amplia de familia acomodada –el atrio, el triclinio (comedor), el peristilo (patio interior) si lo hubiera– cabrían de 40 a 70 personas, mayormente de pie. 

Si se intenta reconstruir el presente caso, se toma en cuenta que la reunión se celebra en horario vespertino, y que la gente común y los esclavos, con sus jornadas de trabajo largas y pesadas, llegan más tarde que los hermanos de rango social más alto. Estos, que son del mismo status que el anfitrión, se adelantan a disfrutar de su abundante comida y bebida (v 21), a tal punto que, cuando llegan los demás, ya no queda nada para ellos (v 22).  

Junto con el hambre que pasan, los humildes sufren también una seria deshonra a manos de sus hermanos, hartos ya, que los dejan sin nada que comer en una cena supuestamente comunitaria. Con un tono apasionado, Pablo acusa a los poderosos: “despreciáis a la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen” (v 22). Esta equiparación entre los débiles y la iglesia de Dios ha motivado a Pablo a tomar partido por los débiles en otras situaciones (6.1-8; 8.7-12). Para asegurarse la libertad que necesita para asumir esta postura, Pablo ha optado por mantenerse libre de compromisos económicos con los miembros más pudientes de esta iglesia (4.12; 9.3-7,12,15,19). Pero no se considera enemigo de los ricos; lo que busca de ellos es su conversión a la forma de actuar que caracterizan a su Señor. Por eso pasa a recordarles a ellos y a toda la asamblea que la santa cena o eucaristía que celebran manifiesta la disposición de Jesucristo a darse por entero, hasta la muerte, por los que no son nada. 

11.23-26. Recordatorio: la Cena significa entrega y solidaridad. 

Con el lenguaje técnico de “recibir” y “transmitir”, Pablo enfatiza el carácter de tradición autorizada que tiene el trozo que sigue. El v 23 y el v 29 señalan dos horizontes: primero, el pasado histórico y concreto –“la noche en que era entregado” el Señor Jesús–, luego, el futuro escatológico –“hasta que él venga” –. Al usar la expresión “Señor Jesús” queda plasmada la unión entre estos dos horizontes; el Señor de la parusía futura es también el Jesús de la historia humana. Entre estos dos puntos se celebra la Cena, que lo hace presente dentro de la comunidad de la nueva alianza. 

A diferencia de los relatos de última cena en los evangelios, el que Pablo transmite comienza con las palabras desoladoras “la noche en que era entregado”. En esta referencia a la traición por un miembro del grupo íntimo de Jesús, hay una advertencia para los cristianos que traicionan y anulan la cena del Señor (v 20). Para estos que guardan su pan solo para sí, la tradición les recuerda que Jesús bendijo el pan para entregarlo a todos, así como se entrega a sí mismo por ellos. La tercera copa de la comida pascual judía, la que se tomaba “después de cenar”, queda reinterpretada por Jesús como signo de una alianza nueva, sellada por su propia sangre como cordero pascual (cf.5.7). 

Pablo cita una formulación de la tradición que repite con la copa el “haced esto en memoria mía” del reparto del pan, y agrega “cuantas veces la bebiereis”. En esto hay una apelación directa a la situación escandalosa de los que embriagan en la cena de la comunidad. Las personas que tienen suficiente capacidad económica para traer vino a la reunión, pero que no lo comparten con los hermanos humildes, se descalifican como destinatarios de  la nueva alianza; no están dispuestos a encarnar la memoria de Jesús. El pueblo de la nueva alianza, al participar del pan y el cáliz, anuncia la muerte del Señor (v 26) y toma conciencia del compromiso de solidaridad y sacrificio que esta le exige. La comunidad cristiana proclama que con este evento se inició el tiempo escatológico de la salvación, tal como se expresa en el maranatha litúrgico, “el Señor viene” (16.22). 

11.27-34. Exhortación e instrucción 

Con la combinación recordatorio-exhortación típica de su estilo retórico, Pablo enlaza la tradición de la eucaristía o santa cena con la conducta de los hermanos. En este párrafo abunda el vocabulario forense. Pablo declara “ro del cuerpo y la sangre del Señor” (v 27) a cualquiera que participe de la cena indignamente. Exhorta a los corintios a examinarse si quieren evitar una condena por no discernir el cuerpo. Después de señalar consecuencias funestas ya presentes en la congregación, Pablo reitera la importancia de que se juzguen a sí mismos para evitar ser castigados por Dios. Les presenta una alternativa: ser castigados por el Señor y corregidos por él, o bien ser condenados con el mundo. Con una nueva advertencia contra el posible castigo, termina la instrucción (v 34). Esta concentración de terminología legal está calculada para impactar a los hermanos con la gravedad de su afrenta contra la comunidad y la urgencia de cambiar su conducta. Hay un aviso esperanzador en el v 32: el juicio y la corrección de Dios tienen el propósito de librarlos de ser condenados con el mundo. 

Pablo advierte contra una forma indigna de participar del pan y el cáliz (v 27) e indica que esto consiste en no discernir el cuerpo (v 28-29). Las interpretaciones varían sobre el referente de la palabra “cuerpo”. La expresión se ha tomado como una referencia al cuerpo de Jesús presente en el pan de la eucaristía; en este caso la advertencia a los corintios tendría el carácter de una corrección doctrinal. Los que enfatizan la relación recíproca que tiene este párrafo de corrección con el de acusación (v 17-22) ven en la palabra “cuerpo” una referencia a la comunidad cristiana como cuerpo de Cristo, concepto que será desarrollado en el cap. 12 y que se ha anticipado en la interpretación del pan de la mesa del Señor en 10.17. En este análisis, “sin discernir el cuerpo” describe a los hermanos que participan de la cena con una total despreocupación por los humildes que deberían ser acogidos con aprecio como miembros de un mismo cuerpo (cf 12.14-26). 

Pablo condena esta conducta tan dañina pero no habla de pecado. Exhorta al autoexamen y al cambio, sin mencionar arrepentimiento ni conversión. Incita a los corintios a una renovación en su comunidad, sin usar términos como “amor” y “perdón”. Su estrategia de comunicación ha privilegiado el ejemplo de Jesús y no el discurso propio. Ha llamado la atención del grupo a la autoentrega de Jesús, enunciada en las palabras de la última cena, que debe impactar a los creyentes de manera directa por cuanto lo asimilan en forma personal al participar en la cena eucarística. 

Como una medida práctica para restaurar el carácter comunitario a la cena, se propone que se esperen unos a otros (v 33). Si los que tienen comida dejan de adelantarse a comerla, podrán compartirla con los que llegan tarde, con poco o nada para poner en la mesa común. Un segundo consejo (v 34a) se dirige a alguien que siente necesidad de satisfacer su hambre pero no es capaz de hacerlo en forma fraternal y sin discriminaciones: será mejor que este “coma en su casa”. Esta salida, lejos de ser ideal, al menos lo pone a salvo del juicio y evita el daño que pudiera hacer a otros hermanos. 

Es significativo que Pablo, en este apartado de amonestación y corrección, se dirija a toda la comunidad como un todo, porque es ella la que debe tomar conciencia del error que se comete y buscar que los culpables cambien su conducta. Aun cuando Pablo reconoce el liderazgo de Estéfanas y sus colaboradores, y pide que los demás se pongan a su disposición (16.15-16), no responsabiliza a estos de solucionar este problema ni ningún otro. La carta refleja una confianza de parte de Pablo en la capacidad (a menudo descuidada) que tiene la comunidad de resolver sus problemas forma colectiva (5.4-5), sobre todo si sus miembros más aventajados ejercen más autodisciplina y sensibilidad (cf  6.1-8; 8.7-12; 10.23–11.12). Pablo demostrará en la próxima sección de la carta (caps. 12-14) su convicción de que el Espíritu de Dios obra en medio de la comunidad, dotando a los distintos miembros de los carismas necesarios para contribuir de forma complementaria a la liturgia, la enseñanza y la misión. 

Irene Foulkes, biblista evangélica, Costa Rica, Primera carta a los Corintios, en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, España, 2003.
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