Recursos para la predicación

15 Mar 2021
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Recursos para la predicación 28 MarzoMar 2021

Morado


Evangelio de Marcos – El evangelio del seguimiento

Marcos escribe a una comunidad perseguida. Los cristianos y cristianas, después de vivir con intensidad la experiencia del encuentro con el Cristo, de la e, de la comunidad, de los dones del Espíritu, comienzan a ver el aspecto más oscuro de este camino: quienes siguen a Jesús tienen que asumir también el misterio de la cruz, la persecución. Los miembros de la comunidad marcana tienen miedo. Les cuesta tener que perder su trabajo, ser considerados ciudadanos de segunda clase; temen la posibilidad de padecer torturas, la prisión y quizá la muerte. A estos cristianos atribulados se dirige Marcos. Desde su propia experiencia, quiere acompañar a estas cristianas en su testimonio de la entrega de sí mismas por amor a Jesús.

En 1.16-20, al iniciar su evangelio, nuestro autor nos presenta el llamado de cuatro discípulos: Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, que son los primeros en seguir a Jesús. Es el Señor quien los llama: el discípulo cristiano no elige a su maestro sino que es elegido por él. Ambas parejas de hermanos dejan todo, su oficio, su familia, sus posibilidades de “éxito”, para hacerse pescadores de hombres.

Desde ese momento los cuatro discípulos estarán presentes acompañando a Jesús en cada escena. Casi no hacen ni dicen nada. Están presentes, ven, escuchan y aprenden cuando Jesús predica y sana. En 2.13 se agrega Leví, el cobrador de impuestos, y en 3.13 queda constituido el grupo de los Doce, enviados a realizar los mismos signos que el Maestro.

A partir de allí, todo el Evangelio es un seguimiento de Jesús. En esta escuela itinerante ellos deben comprender poco a poco quién es Jesús. Al llegar al centro del evangelio, Pedro confesará su fe: “Tú eres el Cristo”. Sin embargo, Marcos nos hará notar inmediatamente que la comprensión de los discípulos es muy limitada. Pedro tiene un “pre-concepto” acerca de lo que significa ser el Mesías. La sección principal del evangelio será un camino de profundización en este misterio. Jesús es el Cristo, pero no el Mesías poderoso, rey de una nación, que solamente trae prosperidad y paz terrenas. Él es el Mesías-Hijo del hombre que anuncia y realiza señales del reino que viene, que estará dispuesto a sufrir y ser despreciado y hasta crucificado, para después resucitar. Quien quiera ser discípulo o discípula debe aceptar este camino, atender y realizar las mismas señales, viviendo ya la resurrección de la vida nueva.


Evangelio de Marcos 11.1-11 – La entrada en Jerusalén


La escena de Jericó señala el corte entre dos etapas: el camino y la llegada a Jerusalén. Jesús camina con sus discípulos hacia Jerusalén por el Monte de los Olivos. Pasan por un poblado muy poco conocido, que quizá no era más que un caserío, y luego por Betania, que está a unos dos kilómetros y medio de Jerusalén. Todas estas indicaciones sobre estos lugares dirigen la mirada hacia la ciudad grande, que en Marcos es la ciudad de los enemigos de Jesús.

Lo primero que hace Jesús es enviar a dos discípulos para que consigan el animal en el que debe hacer su entrada solemne. El evangelio subraya cómo todo sucede de acuerdo con su proyecto: Jesús es el Señor de los acontecimientos. Los enviados encuentran un asno y lo desatan. Alguien pregunta por qué lo desatan, y ellos responden que el Señor lo necesita.

La escena siguiente recuerda la entronización de Salomón como rey y sucesor de David. El nuevo rey toma la mula de su padre y se dirige al lugar de la unción. En ese gesto todos reconocen a quién pertenece la realeza (cf 1 Re 1.38-40). Tender mantos y esparcir ramas en el camino era un signo de homenaje real (cf 2 Re 9.13). Así lo canta el Sal 118.27: “Formen una procesión con ramas hasta los ángulos del altar”.

Aunque no hay una referencia a Zac 9.9, como en Mt 21.5, aquella página se le hace presente al lector: Jesús aparece montado en un asno, como rey manso y humilde, seguido por el pueblo. La muchedumbre lo aclama gritando ¡Hosanna!, expresión hebrea que significa “¡Sálvanos!”, “Danos la salvación”. Originariamente era un grito de súplica para pedir auxilio, pero luego se convirtió en un grito de alegría por la ayuda recibida y el triunfo obtenido. La expresión está tomada del Sal 118.25. La segunda frase, que es una bendición, pertenece al mismo Sal 118.26. En ella se reconoce a Jesús como Mesías que llega en nombre del Señor. Jesús es aclamado como el Mesías esperado y ya presente como rey. La tercera frase, bendito el reino que viene de nuestro padre David, no se encuentra ni en la Biblia ni en la literatura rabínica y debe haber surgido en ambiente cristiano. El útimo ¡Hosanna en las alturas! pareciera ser un llamado de auxilio pidiendo a Dios que intervenga desde lo alto.

Después de las aclamaciones, Jesús entra en la ciudad, se dirige al templo, y después de mirarlo todo vuelve a su refugio de Betania.

Jesús observa todo con una mirada profunda. Está preocupado por lo que ve en el templo de Jerusalén y que al día siguiente habrá de purificar. Los Doce son testigos de lo que están viviendo y serán los futuros transmisores de las acciones mesiánicas del Salvador. El relato de la entrada en Jerusalén apunta ya hacia el otro gran comienzo jerosolimitano: el proceso judicial y la cruz.


Sergio Briglia, sacerdote y biblista católico argentino, 1959-2012. Evangelio según san Marcos en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, España, 2003. Extractos, resumen y adaptación de GBH.


Profeta Isaías 50-4-9

Los poemas del Siervo de Yavé en el Segundo Isaías

El Segundo Isaías (Is 40-55) es conocido también como el Libro de la Consolación de Israel (ver 40.1 ss) y su mensaje central está orientado a reconstruir la esperanza del pueblo luego de la destrucción de Judá y del Templo, el destierro y la dispersión. Esta obra contiene cuatro notables poemas que hablan sobre el Siervo de Yavé y se encuentran en 42.1-4 (5-7); 49.1-6 (7-9a); 50.4-9a (10-11); 52.13–53.12 (señalamos entre paréntesis los versículos cuya pertenencia al poema se discute). Estos poemas destacan diferentes perfiles del Siervo y en parte aportan una voz crítica al tono optimista y esperanzador de la obra en su conjunto.

En el primer poema (42.1-7), el Señor presenta a su Siervo impartiendo su enseñanza y la justicia entre las naciones; el Siervo es llamado a ser “alianza del pueblo y luz de las gentes, para abrir los ojos ciegos, sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que viven en tinieblas” (vv. 6-7).

En el segundo poema (49.1-6) el que habla no es el Señor sino el Siervo que interpela a su audiencia, defiende su causa al estilo de los profetas y se presenta como cono­cido por Yavé desde antes de su nacimiento. Aquí se invoca el oráculo de Yavé para la presentación del Siervo y su misión: “Me dijo: tu eres mi siervo, Israel, en quien me gloriaré” (v. 3), “... para levantar las tribus de Jacob y hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” (v. 6).

El tercer poema (50.4-9) es una expresión reflexiva de un profeta o sabio de la comunidad que reclama autoridad sobre la base de su experiencia de sufrimientos y paciencia. Aquí el sujeto no aparece como instrumento de Yavé de la misma manera que el Siervo de los otros tres pasajes y no alude al sufrimiento como medio para su misión.

El cuarto poema (52.13–53.12) es uno de los más conocidos y utilizados; tiene características distintivas de los anteriores y representa con mayor probabilidad una elabora­ción más tardía. En éste se introducen novedades en cuanto a la expectativa mesiánica, y principalmente sobre la interpretación del sufrimiento y su sentido expiatorio y vicario; refleja una revisión de la teología tradicional a partir de la experiencia traumática del destierro.

El tercero y cuarto poema son los que más coinciden en la imagen del sufriente y la reflexión sobre el sufrimiento, algo que está casi ausente en los poemas anteriores; y es por esta razón que son utilizados en la preparación de la semana de Pascua. Estos dos últimos poemas neutralizan el tono más triunfalista de los dos primeros, y por eso conviene tener en cuenta el conjunto.

La identidad del Siervo de Yavé en el Segundo Isaías y en los poemas citados apunta al pueblo de Israel o a una parte del mismo, y a las críticas circunstancias que estaban viviendo. Éste es el sentido básico del texto en su contexto y sobre el cual las diferentes tradiciones, tanto judías como cristianas, fueron construyendo nuevas interpretaciones. En la semana de Pascua con estos poemas también se recuerda a Jesús como el Siervo que encarna los sufrimientos y miserias del pueblo, y a través de quien esperamos la victoria.


Isaías 50.4-9

El capítulo 50 comienza con una disputa de Yavé con los desterrados y dispersos acerca de su capacidad y voluntad de salvar (vv. 1-3). Así se afirma que no fue Yavé quien quiso divorciarse de su pueblo o venderlos para desentenderse de ellos, sino que siempre los buscó aunque muchas veces no encontraba respuesta; y ahora sigue estando dispuesto a tender nuevamente su mano para rescatarlos y restaurar la comunidad.

Allí se inserta el tercer poema (vv. 4-9) que empieza a esbozar una respuesta con más detalles sobre esta salvación tan deseada, estableciendo un perfil del sujeto (“Siervo de Yavé”), su misión y sus medios.

El sujeto aparece como uno de los profetas cuya vocación lo había llevado a ser resistido y rechazado por su pueblo, teniendo que endurecer su rostro frente a los ultrajes y burlas (vv. 5-7). También recuerda a un discípulo que se transforma en maestro y que reclama su autoridad sobre la base de sus sufrimientos y paciencia (vv. 4-6).

Tanto el profeta como el discípulo que se transforma en maestro, transmiten una palabra recibida (oráculo o enseñanza), y por tanto la condición fundamental del Siervo es saber escuchar la “palabra despertadora” (literal, v. 4) que cada mañana abre el oído del profeta / discípulo y lo transforma en sujeto y agente de la acción divina.

La misión del profeta o maestro se resume en saber reconfortar al cansado (v. 4); y su propia experiencia le da autoridad para transmitir un mensaje alentador. En el v. 6 el locutor describe con mucha crudeza su martirio y sufrimiento, pero no como actitudes de sometimiento pasivo si tenemos en cuenta los versículos siguientes. Los tres versículos siguientes (7, 8 y 9), de manera recurrente, comienzan con una expresión de confianza en la ayuda de Yavé y en la reivindicación del sufrido mensajero.

En los vv. 8-9, el discurso de confianza en la ayuda de Yavé se sitúa en el plano jurídico. La escena es la de un tribunal donde Yavé defiende a su Siervo frente a un querellante. Por el contexto del Segundo Isaías se entiende que el enfrentamiento u oposición principal es entre un poder político poderoso y sus Dioses (Babilonia) y el Dios de los desterrados y cautivos (los israelitas).

La ubicación del poema en este contexto también lo transforma en un discurso de Israel, o parte del mismo (por ejemplo, el representado por las comunidades desterradas en Babilonia), que habla de sí mismo, su sufrimiento y su misión respecto de las otras diásporas (toda la nación). Es una invitación a la confianza en el poder salvador de Yavé frente a la incredulidad de muchos israelitas y su simpatía hacia otros cultos.

Para la reflexión

¿De qué manera hoy una comunidad puede reconfortar al cansado? ¿Cuál es la palabra despertadora?

¿Cómo el sufrimiento y la humillación podrían llegar a motivar la confianza y cambios promisorios?

¿Cuál es nuestra actitud frente a los poderosos, y qué papel juega nuestra confianza en Dios en relación con la opresión que aquellos producen?


Filipenses 2.5-11

es un himno que probablemente formaba parte del culto cristiano primitivo. En él se expresa la humillación (vv. 6-8) y la exaltación de Cristo (vv. 9-11), destacando que para llegar a la mayor exaltación, Jesús tuvo que pasar por la más ignominiosa humillación y despojo total de sí mismo. Por el contexto, este himno forma parte de la exhortación a una comunidad en la que existen ciertas rivalidades y conflictos de poderes, para que procuren la comunión en el Espíritu, actúen con verdadera humildad y busquen el bien común en vez del provecho propio.


El Salmo 118 

es una liturgia de acción de gracias por la salvación recibida de Yavé. Los vv. 19 y ss. representan el momento cuando la procesión se encuentra a las puertas del templo, aquí llamadas puertas de justicia, por donde sólo los que practican lo que es justo están en condiciones de entrar (comparar con los Salmos 15 y 24). Destacamos el v. 22 que hace referencia a la piedra que fue desechada por los constructores y que se transformó en piedra fundamental del edificio; este tema será retomado en el NT para referirlo al rechazo que recibió Jesús de los líderes de su tiempo. La aclamación ritual de los vv. 25-26 se utiliza para evocar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén el domingo de Ramos: “Salva Yavé” (hoshi‘ah na’ = Hosanna); “Bendito el que viene en el nombre de Yavé” (ver Mt 21.9; Mc 11.9; Lc 13.35; Jn 12.13).


Samuel Almada, biblista bautista argentino, en Estudios Exegético-Homiléticos 37, ISEDET, abril 2003.
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