Recursos para la predicación

19 Feb 2021
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Recursos para la predicación 21 MarzoMar 2021

Morado


Juan 12.20-33

La misión universal y condiciones para ello (12.20-26).

Vs 20.“Griego” puede significar no judío. Podían ser prosélitos o simples simpatizantes (cfHch 8.27, donde el eunuco, que como tal no podía ser prosélito, había ido a Jerusalén para el culto). El cortejo que se adhiere a Jesús se hace universal, gente de otros pueblos va detrás de él. Se verifica la frase de los fariseos: todo el mundo ha ido detrás de él.

Los que subían para dar culto en el templo descubren a Jesús y renuncian a su propósito. Jesús sustituye al templo, desvía el itinerario de la multitud yanuncia el fin de los templos, en particular del de Jerusalén. Sustituye el antiguo culto por el amor fiel al hombre.Se acercan las ovejas que no son del recinto de Israel (10.16) para ser reunidas por Jesús.

Vs 21-22. Felipe, con Andrés, son los discípulos que inmediatamente después de su encuentro con Jesús fueron a invitar a otros a participar de su experiencia (1.40, 45). El nombre Betsaida(lugar de pesca) alude sin duda a la actividad en la misión, expresada con la metáfora de la pesca, común en los sinópticos. De hecho, el tercer discípulo natural de Betsaida, Simón Pedro (1.44), aparecerá ejerciendo esta actividad, que simbolizará la misión entre los paganos (21.3).

La petición que hacen los griegos a Felipe corresponde a la invitación que hizo éste a Natanael: Ven a verlo. Pero los griegos no tienen que ser invitados, muestran ellos mismos el deseo de conocer a Jesús. Buscan conocerlo, tener experiencia personal de él (ver) en relación con la luz, que es Jesús, y con la gloria (resplandor) que es su amor (1.14).

Felipe, que había invitado a Natanael a acercarse a Jesús, no se atreve a hacer lo mismo con los griegos. Pero tampoco Andrés toma solo la iniciativa; va con Felipe, y va a Jesús a proponerle la cuestión. Refleja este episodio la dificultad con que las comunidades dieron el paso a la evangelización de los paganos. Juan desea hacer ver que esta decisión fue tomada después de haber consultado al Señor.

Empieza aquí una nueva convocatoria, que se verifica una vez que existe el grupo de Jesús, cuando él se ha revelado ya como liberador de la muerte. Los paganos quieren participar de la vida y toman la iniciativa. Quieren acercarse a Jesús, anticipando lo que va a suceder cuando sea levantado en alto (12.32).

Vs 23. Jesús no habla directamente con los griegos, se dirige a sus discípulos, a su comunidad. A ella tocará la misión con los paganos. Declara, en primer lugar y por primera vez, que “la hora” anunciada desde el principio (2.4) ha llegado, y que en ella se manifestará la gloria de “el Hombre”, su amor fiel hasta el don de la vida. La gloria que en él va a manifestarse es la misma del Padre (1.14): va a mostrar el designio creador de Dios, que significa la plenitud humana. Quiere devolver al ser humano su valor fundamental, por encima de toda ideología.

Vs 24. No se puede producir vida sin dar la propia. Amar es darse sin escatimar; hasta desaparecer, si es necesario. Jesús va a entregarse por sus propias ovejas (10.11), ha aceptado la muerte y prevé ya el futuro.

En la metáfora del grano que muere en la tierra, la muerte es la condición para que se libere toda la energía vital que contiene, la vida allí encerrada se manifiesta en una forma nueva. Los griegos y la multitud son una anticipación y una promesa de fecundidad. La fecundidad no va a depender de la transmisión de un mensaje doctrinal, sino de una muestra extrema del amor. El amor es el mensaje (5.24).

Vs 25 Infundir temor es la gran arma del orden injusto. El temor a perder la vida es el gran obstáculo a la entrega. El apego a la vida lleva a todas las abdicaciones. El amor leal consiste en olvidarse del propio interés y seguridad, en seguir trabajando por la vida, la dignidad y libertad del ser humano en medio y a pesar del sistema de muerte.

El ámbito donde se ha desarrollado la actividad de Jesús y va a continuar la de sus discípulos (15.18) es “el mundo” que lo odia, porque él denuncia que su modo de obrar es perverso (7.7).

Vs 26. Ahora Jesús invita a seguirlo en su camino, el del servicio total. Jesús está en la esfera del Espíritu, que es la de Dios. Quien se decide a seguirlo entra en esa esfera divina. Estar donde está Jesús significa permanecer unido a él, permanecer en su amor; pero no de modo estático, sino dinámico, dejándose llevar por el Espíritu, que es amor y entrega.

El lugar de Jesús es, por tanto, el de la plenitud del amor que va a demostrar en la cruz, de donde brotará el fruto y desde donde tirará de todos hacia sí. La comunidad, que debe ser fecunda, lo será en ese seguimiento, viviendo en el don continuo y total. La muerte será el último acto del don hecho en cada momento.

El Hombre levantado en alto, el Mesías rechazado. 12.27-33

Vs 27. Jesús ha desafiado la institución judía (en medio de “este mundo”, traduzco “este orden”) y su actitud le va a costar la vida. Ahora su ser protesta, se agita, oponiéndose a esa muerte. Él es la vida, la antítesis de la muerte. “La carne” se rebela ante la muerte violenta y, a mayor plenitud de vida, más fuerte es su rebelión.

Vs 28a. Jesús reacciona contra su estado de ánimo reafirmando su decisión de llevar a cabo su obra; por eso pide al Padre que manifieste su gloria, su amor fiel. Su tentación ha sido recurrir al Padre para obtener una intervención que lo sacara de la situación crítica en que está. Pero rechaza esa tentación y reafirma su fidelidad a la misión recibida (10.17).

Vs 28b. La respuesta desde el cielo confirma la actitud de Jesús. La voz ahora se dirige al pueblo y promete una manifestación de la gloria-amor visible para todos. Será una nueva teofanía que sustituye a las del AT. Y Jesús promete el acceso de todos a esta nueva teofanía, pues cuando él esté levantado, en la altura, atraerá a todos hacia sí, para que allí, donde esté él, estén todos (12.26).

Vs 31. El orden este, el sistema de poder, es el enemigo de Jesús y de sus discípulos (12.25, cf 8.23). En 8.23 se distinguían dos pertenencias, a la esfera “de arriba”, la de Dios, y a la de abajo, que se identificaba con “el orden este”. Una tiene por Padre a Dios, por haber recibido el Espíritu (Jesús), y la otra tiene por padre al Enemigo (“el diablo”), asesino y embustero (los dirigentes, 8.44), el círculo de poder, los dirigentes, hijos y agentes de ese “padre” que designa al dios-dinero (el tesoro del templo (8.44a).

Vs 32-33. Ser levantado en alto no significa simplemente morir, sino convertirse en potencia vivificante, salvadora de la muerte. Jesús levantado será un signo visible, la señal de la vida en medio de un campo de muerte, la gran demostración del amor de Dios, que da a su Hijo único para salvar a la humanidad (3.16s).


Juan Mateos y Juan Barreto, biblistas católicos españoles, El Evangelio de Juan, Edic. Cristiandad, Madrid, 1979. Resumen y adaptación.


Profeta Jeremías 31.31-34

Es tiempo de cuaresma y se acerca la celebración de la Pascua. Los textos propuestos por el calendario litúrgico ecuménico nos ayudan a recrear la memoria de los creyentes y nuestra experiencia espiritual, tanto individual como comunitaria.

El texto de Juan 12.20-33 se ubica en el contexto de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, poco antes de la Pascua y de su muerte. Allí se presenta la exaltación / glorificación de Jesús, pero a través de su muerte / sufrimiento (vv. 24-25); esto es una paradoja difícil de comprender. Jesús mismo estaba turbado por esta situación (v. 27).

Introducción a Jeremías

El libro de Jeremías recoge una amplia variedad de oráculos relacionados con un profeta de Judá de fines del siglo VII y principios del VI a.C. En esta época uno de los imperios más poderosos y crueles de la historia, Asiria, había llegado a su fin luego de varios siglos de dominio sobre extensos territorios de Mesopotamia, Asia Menor y Egipto; y emergía el imperio neobabilónico. El reino de Judá y el templo de Jerusalén se encontraban en medio del conflicto de poder entre Babilonia y Egipto por el control de los territorios heredados de los asirios.

El tenor del mensaje del profeta es muy crítico; denuncia la infidelidad de su pueblo al pacto con Dios y la ingenuidad de confiar en las potencias extranjeras para la salvación del país y la nación. Por tanto, el profeta anuncia que Judá va hacia el desastre y la destrucción del templo de Jerusalén es inminente. Esto sin duda provocaba la antipatía y la animosidad de muchos, y en reiteradas ocasiones el profeta se vio perseguido y maltratado.

Las conocidas confesiones del profeta reflejan sensibilidad, pasión y fidelidad a su ministerio profético (ver p. ej. 20.7-18); su sufrimiento lo convirtió en un prototipo de profeta perseguido y humillado, y como consecuencia, en prefiguración de Jesús.

Pero Jeremías no había sido enviado solamente para arrancar y destruir, sino también para edificar y plantar (1.10), y por tanto encontramos bellos pasajes que dan lugar a diversas promesas de esperanza y salvación (cap. 30-33), donde el texto de 31:31-34 representa un punto culminante.


Jeremías 31.31-34

El tema central del texto es la realización de un nuevo pacto en vistas a restablecer la relación del pueblo con su Dios, la cual se había roto a causa de las infidelidades del pueblo y había provocado nefastas consecuencias para la vida de la nación y la situación del país. La ruptura de la alianza es un tema clásico entre los oráculos proféticos de denuncia y juicio, pero junto a esto los profetas también anuncian de diversas maneras la esperanza y la posibilidad de un nuevo comienzo.

Un pacto es un compromiso mutuo entre las partes que intervienen e implica la fidelidad y el cumplimiento de lo establecido. La forma de los pactos en la Biblia refleja la estructura de los pactos entre los soberanos y sus vasallos del Antiguo Oriente, y generalmente van acompañados por un resumen de bendiciones y maldiciones que son condicionadas por la fidelidad o infidelidad al mismo.

En el caso de Jr 31.31-34, la referencia es el pacto anterior o primer pacto, el que fue concertado con los ancestros del pueblo de Israel cuando fueron liberados del país de la esclavitud (v. 32). Pero aquél fue invalidado por la conducta de los padres y sus descendientes, y en especial por los representantes de la monarquía y los sacerdotes del templo de Jerusalén; y es por esta razón que la vida institucional del país estaba condenada a un inminente desastre.

Aquel primer pacto de salvación y liberación no funcionó en las nuevas condiciones de opresión porque hacía mucho tiempo que la nación se había apartado de su Dios y de su proyecto (torá).

Ahora, la esperanza está puesta en un nuevo pacto, un compromiso verdadero, que permita al pueblo resurgir y encaminarse hacia un proyecto de vida sustentable. La característica principal de este nuevo pacto consistirá en la interiorización y apropiación de las instrucciones divinas (torá), que serán escritas en el corazón mismo del pueblo (v. 33); y si tenemos en cuenta que en el pensamiento semítico el corazón es la sede de la voluntad y no de los sentimientos, podemos inferir que la novedad del pacto no se refiere tanto al contenido sino a un cambio radical de actitud: obediencia y fidelidad a Yavé y sus enseñanzas.

Esta nueva actitud es la que asegurará la presencia y compañía del Señor junto a su pueblo, aún en las situaciones más difíciles; y hará que el pacto pueda ser definitivo e inquebrantable como se espera de acuerdo a 32.40, donde se habla de pacto perpetuo o eterno.

Una connotación relevante de esta interiorización de la torá por parte de todo el pueblo es que ya no va a ser necesario que alguien enseñe a su prójimo el conocimiento del Señor, porque todos lo conocerán directamente y sin intermediarios, desde el más pequeño hasta el más grande (v. 34).

El verbo hebreo conocer (yd‘), cuando se refiere a personas, no alude solamente a una actividad intelectual y receptiva: saber cosas sobre una persona o informarse sobre ella, sino que también implica involucramiento y compromiso: reconocimiento, respeto, cuidado, prestar atención.

Finalmente, la concertación del nuevo pacto ofrece como corolario el perdón de los pecados pasados, un primer paso propiciatorio para el nuevo comienzo (v. 34b).

Para la reflexión

  • Para evitar lecturas individualistas o intimistas conviene recordar que cuando el texto habla de una interiorización de la torá se refiere a un acontecimiento comunitario que tiene en cuenta al conjunto del pueblo y no a individuos aislados; se trata de un tipo de pacto social.
  • La distribución amplia del conocimiento del Señor a todo el pueblo nos ofrece claves orientadoras de participación, organización y control por parte del pueblo, en lo que concierne a la elaboración e implementación de sus proyectos, tanto en las comunidades particulares como en la sociedad abierta.
  • El énfasis en la voluntad (= corazón) y la alusión a un nuevo pacto con Yavé están relacionados con un nuevo conocimiento de Yavé y su torá, que no es el cumplimiento mecánico y obligatorio de códigos de preceptos y reglas que sólo conocen, administran e imponen los especialistas y las autoridades. Esto era en definitiva en lo que se había convertido la práctica religiosa y política, y lo que la oportunidad de la crisis permite revisar.
  • Las versiones más conocidas traducen el término torá por ley, algo que tratamos de evitar pues el concepto de ley es percibido como algo exterior e impuesto. En el contexto de Jeremías, el término torá se utiliza en su sentido básico que es propedéutico (instrucción / enseñanza) o de proyecto constructivo para la comunidad (Constitución / Carta Magna); y no se refiere a escritos sagrados.
  • Finalmente, remarcamos que el perdón del pecado y la reconciliación con Dios debe corresponderse con el perdón y la reconciliación con el hermano y con el prójimo en general.


Hebreos 5.5-10 

presenta a Jesús el Cristo como el Hijo de Dios (v. 5) y para esto alude al Sal 2:7. También lo llama sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (v. 6), haciéndose eco del Sal 110.4 y del personaje de Gn 14.17-20. La analogía entre el sacerdocio de Jesús el Cristo y Melquisedec se desarrolla más ampliamente en Hebreos 7. El texto de Hebreos destaca que aunque Jesús era Hijo de Dios y gran Sumo Sacerdote, padeció sufrimientos en su vida y aprendió la obediencia.


Jeremías 31.31-34

es una expresión de arrepentimiento y súplica, a través de la cual el salmista reconoce su pecado y confiesa sus sentimientos de culpa. Pero al mismo tiempo confía en la gracia y misericordia infinitas de Dios, de quien espera su salvación. El pecado le hizo perder el gozo y la alegría; y una transformación profunda de su corazón y su espíritu le devolverá la vida plena. En el v. 12 aparece el verbo “crear” (bara’) que sólo se utiliza en relación con la obra de Dios (como en Gn 1.1): “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio...”; por lo cual se entiende que la justificación del pecador es una obra divina y análoga a la obra creadora.


Samuel Almada, biblista bautista argentino, en Estudios Exegético-Homiléticos 37, ISEDET, abril 2003.
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