La justicia y el poder judicial

11 May 2017
en En contexto
FAIE

Declaración de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas

La visión bíblica de la justicia nos trae tres conceptos fundamentales: equilibrio, reciprocidad y defensa de la vida. Tanto los profetas del Antiguo Testamento como Jesús anunciaron un Dios de justicia, no desde el formalismo legal sino en su apego a esta mirada: la justicia divina busca un equilibrio que impida la excesiva acumulación, sea de riquezas o poder, una reciprocidad solidaria, y la defensa de la vida, especialmente allí donde se ve amenazada: la víctima indefensa, el humillado, los y las desprotegidos. Cuando el aparato judicial se convierte en poder, en el sentido de “dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo (Diccionario de la Real Academia española) y abandona los principios de equilibrio, reciprocidad y defensa de la vida deja de hacer justicia.

El fallo de la mayoría de la Corta Suprema de Justicia de la Nación, del día 3 de mayo en curso, aplicando la derogada ley del “dos por uno” en el caso Muiña, no es equilibrado, no se basa en la reciprocidad y, menos aún, asegura la defensa de la vida. Por el contrario, abre el camino a muchos otros casos de impunidad.
Del perdón y la reconciliación

El perdón y la reconciliación son una parte central del mensaje evangélico y están indisolublemente atados a la conversión, al arrepentimiento y cambio de actitud. El amor misericordioso está en el mismo ser de Dios en su relación con el ser humano y toda la creación. Pero si el perdón y la reconciliación se separan de la conversión y el cambio de actitud, se transforman en impunidad e injusticia. Si quien reclama misericordia persiste en la soberbia, el rencor y la amenaza, el amor es un sarcasmo y, como dice la parábola de Jesús, quien así obra “quedará cautivo hasta que pague todo lo que debe” (Mateo 18:23-35).

Como expresión de una historia de defensa de la vida por una parte de las iglesias evangélicas, aún en los momentos más luctuosos y difíciles, donde también hubo víctimas y mártires, esperamos de los victimarios los gestos de humildad y respeto por las víctimas, su contribución a hacer justicia y reparación aún antes de pensar cualquier camino de reconciliación. Y esperamos del poder judicial que asegure la memoria, la verdad y la justicia, pues también estos son dones del Espíritu (Juan 14:17, 26 y 16:8-10) para que se sostenga la vida que Dios creó.

Por la FAIE,
Néstor Míguez, Presidente

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