La fe que trabaja por el amor: La comunidad completa la experiencia personal de la fe

29 Sep 2021
en Artículos CMEW
La fe que trabaja por el amor: La comunidad completa la experiencia personal de la fe

La insistencia del metodismo en la necesidad de una verdadera experiencia personal de encuentro con Jesucristo, no se contrapone con el acento puesto en vivir la fe personal en comunidad. Las dimensiones personal y comunitaria de la fe cristiana se enriquecen mutuamente y se necesitan para ser resplandor de Cristo en la humanidad.

La historia de la Iglesia es generosa en ejemplos de extrapolaciones a la hora de definir cómo se forja la experiencia de la fe en Cristo. En un extremo, existen quienes sostienen que la fe es personal, tan personal que es casi individual. En esa corriente, la iglesia es apenas la suma de las experiencias individuales.

En el otro extremo, el modelo de “cristiandad” presupone que se nace en un ambiente, una sociedad y una cultura que ya es cristiana. Por lo tanto, no existe mucho espacio para experiencias o decisiones personales. Se “nace cristiano” y los pasos posteriores están predeterminados: bautismo, confirmación, etc.

El metodismo nace en medio de una experiencia muy cercana a la del modelo de cristiandad, con las características propias del anglicanismo. Pero a la vez, la influencia de las corrientes puritanas y pietistas, desprendidas de la Reforma prendieron en la Inglaterra de las guerras religiosas del siglo anterior.

Juan Wesley en un tiempo se mostró impactado por la fe de los pietistas. También estudió en profundidad a los padres del desierto de la antigüedad. En ambos casos, interesado por la honda experiencia espiritual. Pero, pronto descubrió Wesley que los pietistas “espiritualizaban” la fe, sin que el amor al prójimo, de manera efectiva pudiera observarse. Hasta era considerado innecesario el servicio para el pietismo, ya que se lo comprendía como “obras”, cuando la justificación es por la fe.

De los padres del desierto, Wesley criticó el exacerbado individualismo que los llevaba al desierto en la soledad. No existía una dimensión comunitaria de la fe. También, luego de estudiar a los místicos españoles, llegó a una conclusión similar. Wesley afirmaba que, para los místicos, la contemplación consistía “en la suspensión de toda obra”.

Parte de este análisis sobre los místicos, los pietistas y los padres del desierto, lo encontramos en el “Prefacio” a una colección de himnos que realizara Juan Wesley en 1739. Este brevísimo tratado, resume de manera magistral la teología wesleyana de los opuestos que se complementan. En varios temas Wesley utiliza esta particular dialéctica que consiste en tomar elementos, aparentemente opuestos, y llevarlos a un diálogo y como resultado de ello, surge una mirada diferente y superadora.

A los místicos y los pietistas, Wesley los refuta señalando el error desde el que parten: no existe justicia interior alguna que realice la justificación. En las propias palabras de Wesley:


“Porque ni nuestra propia justicia exterior o interior es la base de nuestra justificación. La santidad del corazón, así como la santidad de vida, no es la causa sino el efecto de ella.”


Acerca de cómo son edificados los cristianos y cristianas, el líder del metodismo, con bastante ironía, explica:


“Ellos dicen: ‘¡Al desierto, al desierto y Dios te edificará’!


Wesley desarrolla una fuerte argumentación bíblica a favor de la necesidad de ser edificados en comunidad y concluye:


“El evangelio de Cristo está completamente opuesto a esto. En él no hay religión solitaria. ‘Santos solitarios’ es una frase tan inconsistente con los evangelios como ‘adúlteros santos’. El evangelio de Cristo no conoce otra clase de religión sino una religión social; no otra santidad sino social. ‘La fe que trabaja por el amor’ es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de la perfección cristiana.”


Wesley denomina “social” a lo que hoy llamamos comunitario. Por lo tanto, afirma que la santidad ha de ser comunitaria, no sólo personal. Formula una definición que merece nuestra atención: “la fe que trabaja por el amor”, esta expresión para Wesley, expresa cabalmente la perfección cristiana (Ver la nota de la semana anterior: El concepto de perfección de Wesley y la teología pentecostal).

Sin duda, el metodismo insiste en la necesidad de llegar a una experiencia personal de encuentro con Jesucristo, a lo que Wesley llama “el nuevo nacimiento”, pero se apunta a un crecimiento dinámico a partir del encuentro con Jesús y es la santidad (personal y comunitaria) el camino a seguir hacia ese horizonte que Wesley llama “la perfección cristiana”.

Por lo tanto, es necesario cuidarnos de enfatizar, de modo desproporcionado, la dimensión personal de la fe sin tener en cuenta la dimensión comunitaria de ser parte del cuerpo de Cristo.  De la misma manera, una fe que sólo indica la dimensión comunitaria, sin considerar el encuentro personal con Jesucristo, está expuesta a convertirse en una comunión de ideas y afectos y no a la integración de la Iglesia de Jesucristo.


Claudio Pose para CMEW



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