Herramientas para administrar las diferencias

15 Jul 2020
en Artículos CMEW
Herramientas para administrar las diferencias

En tiempos de pensamientos absolutos y de apariencias de verdades, Juan Wesley nos hace un llamado a la amplitud generosa que busca y necesita la otredad. ¿Existe un límite o todo cabe dentro del metodismo?

Desde distintas miradas hemos podido acercarnos a esta inquietante cuestión: ¿Pensamos y dejamos pensar? Los pastores Daniel Bruno y Pablo Oviedo, ambos historiadores especializados en el pensamiento de Juan Wesley, nos ofrecieron matices que completan el mosaico complejo de este tema, que tendemos a simplificar.

No siempre hallaremos respuestas unívocas a asuntos de cierta complejidad, pero esto no nos inhibe de hacer el intento de encontrar pistas, o tal vez criterios que nos permitan enfrentar las diferencias con generoso espíritu, pero también con firmeza ante aquello que no tiene lugar en la experiencia de la fe cristiana, aunque posea una apariencia de ello.

En el recorrido, humilde y temeroso, de buscar indicios en el pensamiento de Wesley que nos ayuden a encontrar señales, proponemos a continuación algunos senderos que merecen ser transitados.

“Por metodistas quiero decir aquéllos que declaran buscar (en cualquier medida que la hayan obtenido) la santidad del corazón y de la vida, una conformidad interior y exterior en todas las cosas a la voluntad revelada de Dios; personas cuya religión refleja su gran Objeto, y en constante imitación le adoren en todas sus perfecciones imitables; en especial en cuanto a la justicia, la misericordia y la verdad, o el amor universal que llena el corazón y gobierna la vida.” (En “Consejos al pueblo llamado metodista”. Obras Tomo V, p. 61)

En primer término, Wesley propone una definición de los metodistas como personas “que declaran buscar… la santidad del corazón y la vida” y esto a partir de “la voluntad revelada de Dios”. La experiencia de fe (que Wesley llama “religión”) debe reflejar justicia, misericordia y verdad, que luego resume en la expresión “amor universal”.

Aquí encontramos unas primeras pistas: la búsqueda de la santidad, que Wesley gusta describir siempre como dos caras de una misma moneda, en este caso “santidad de corazón y vida”, en otras ocasiones, por ejemplo, hablará de santidad personal y social.

Estas pistas continúan siendo descritas desde lo que deben reflejar: justicia, misericordia y verdad y, en último caso, el amor universal “que llena el corazón y gobierna la vida”. Como un horizonte que establece el rumbo, encontramos la santidad y la justicia, la misericordia y la verdad en el amor. Ya estamos ante unas herramientas que nos permitirán aproximarnos a las diferencias.

Por otro lado, al continuar con la lectura del mismo escrito de Wesley (“Consejos al pueblo llamado metodista”), nos encontramos ante otra versión de cómo abordar y comprender la diversidad en la experiencia de fe.

“Si siguen este principio, esforzándose de continuo por conocer, amar, parecerse y obedecer al gran Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, como Dios de amor y de misericordia perdonadora; si basándose en este principio de amor y obediente fe, se abstienen cuidadosamente de todo lo malo, y trabajan según tengan oportunidad, en hacer el bien a sus semejantes, sean amigos o enemigos; y si, finalmente, se unen para animar y ayudarse unos a otros, forjando así su salvación y con ese fin se vigilan con amor, ustedes son lo que yo llamo metodistas.” (p.p. 62-63)

A lo ya dicho, ahora podemos agregar una nueva señal: “hacer el bien a sus semejantes”. Las cuestiones de las diferencias y la convivencia con ellas no tienen como criterio el debate mismo, sino que Wesley pone la señal por fuera del debate, hacer el bien a los semejantes. Esto nos recuerda cuando Jesús pone en un estatus de igualdad al primero y al segundo mandamiento, declarando la inseparabilidad del amor a Dios, al prójimo y a uno mismo. Hasta tal punto lleva Wesley este asunto que aclara que el hacer el bien a los semejantes, incluye el que “sean amigos o enemigos”.

Un tercer elemento que Wesley remarca y puede convertirse en otra señal de cómo actuar ante lo que no es como nosotros pensamos o sentimos, es el que nos ofrece en su tratado “Los principios de un metodista mejor explicados” (Obras, Tomo V).

“¿Acaso una persona deja de ser nuestro prójimo porque tiene una opinión distinta, y así lo declara? ¿No deberíamos pues, ser con esa persona como quisiéramos que lo fueran con nosotros? Pero, ¿nos gusta a nosotros ser expuestos o colocados bajo la peor luz? ¿Aceptaríamos con gusto ser tratados con desprecio? Si no es así, ¿por qué lo hacemos con otros? (p. 108).

Wesley apela a un criterio básico: tratemos a los demás como esperaríamos ser tratados. Esto lo expresa en el contexto de las opiniones diferentes, no meramente en el trato general con los demás. Es decir, que la gestión de las diferencias, nuevamente, es puesta bajo la mirada atenta de la dinámica amor al prójimo-amor a uno mismo.

Por último, ofrecemos otro aspecto que Wesley contempla y que incorpora, junto a los criterios ya mencionados.

“Nunca se te ocurra forzar a otros a entrar en los caminos de Dios. Piensa y deja pensar. No obligues a nadie en cuestiones de religión. Aun a aquellos que se encuentran más alejados del camino, jamás los fuerces a entrar por otros medios que no sean la razón, la verdad y el amor.” (Sermón 37 “La naturaleza del entusiasmo” Obras, Tomo II, p. 377).

Si bien el texto parece dirigido a quiénes han de acercarse a personas que no conocen la fe, bien puede aplicarse para el caso de las diferencias. “Jamás los fuerces”, así comienza la frase final, un llamado a evitar toda violencia discursiva y espiritual que concluye invitándonos nuevamente a tener presente, como actitudes ante el otro: la razón, la verdad y el amor.

“Que nadie hable de la intolerancia de los metodistas”. Así concluye el opúsculo “Pensamientos sobre un fenómeno reciente” (Obras, Tomo V p. 392). Desafío que continúa abierto hasta el presente para ese pueblo llamado metodista.


Claudio Pose para CMEW
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