Paz y bien amada hermandad.
“–¡Paz a ustedes!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Y ellos se alegraron de ver al Señor.”
Juan 20.19
La narrativa del evangelio nos ayuda a dimensionar que solo la presencia del amor hará posible la liberación de ese temor paralizante. La presencia del Resucitado va a quebrantar la parálisis de una comunidad escondida, atemorizada y sin ninguna audacia para expresarse en público a favor dequien fuera injustamente condenado. Parecía no solo el fin de la vida de Jesús, sino también el fin del caudal de esperanzas que su mensaje y su accionar habían levantado en esos miles y miles de seguidoras y seguidores en Galilea y Samaria, en Judá, en los pueblos sirofenicios y en la misma Jerusalén.
Es sólo la presencia misma del resucitado puede dar seguridad y alegría y paz en medio de la oposición y hostilidad del reino de este mundo.
Ciertamente que podemos sentirnos encerradas y temerosos como los discípulos.Ciertamente en estos días tenemos muchos motivos de amargura y de tristeza.Pero también es cierto que el encuentro con Jesús nos llena de esperanza y enciende nuestro amor. También es cierto que en nuestro desasosiego, la presencia de Jesús nos trae paz, nos renueva la vida y nos brinda el soplo tierno de ese Espíritu que hace nuevas todas las cosas.
¡Que el Espíritu derrame su ánimo entre nosotros y nosotras! ¡Que el Espíritu Santo siga animando a su iglesia!
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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