Paz y bien amada hermandad.
“Mientras tanto hermanos míos, estén alegres en el Señor. A mí no me cuesta nada escribir las mismas cosas, y a ustedes les da seguridad”.
Filipenses 3:1
Pablo nos anima a fijar nuestra mirada en la fuente de nuestra fe, que es el Señor. Ciertamente no nos resulta muy fácil, porque en nosotros conviven tristeza y alegría, miedo y confianza, esperanza y desesperación, luces y sombras…Pero es aquí, en esta existencia contradictoria, es aquí donde tenemos el desafío de vivir en el espíritu de Cristo. Es aquella certeza y confesión de fe de Tomás en el evangelio de Juan: largo itinerario desde la humana desconfianza, hasta la plena confesión del arrodillado que humildemente exclama: “Señor mío y Dios mío”.
Pero Pablo no se conforma con convocar a los hermanos y hermanas filipenses a la alegría y al festejo. La alegría se manifestará en nuevos modos de comportamiento, reflejando bondad y amabilidad, hasta simpatía y encanto. Y ello depende de la cercanía del mismo Señor. No alcanza con que nosotros pasemos por el Señor. Se requiere que el Señor pase por nosotros. ¡¡Ser habitados por Jesús mismo!!
Al beber de la fuente de la Resurrección podemos llevar la alegría, porque sabemos invariablemente que finalmente la vida tendrá la última palabra.
Mi hermana y hermano, que te inunde la alegría y la serena certeza de que la vida tiene sentido, que nace de la confianza de sabernos amados por Dios.
…alegría…
Como la tierra
Eres necesaria.
Como el fuego
Sustentas los hogares.
Como el pan eres pura.
Como el agua de un río eres sonora.
Como una abeja repartes miel volando.
Alegría…
P. Neruda
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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