Paz y bien amada hermandad.
“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y también el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido.”
Ap. 21:1-2
Juan, prisionero político sin quererlo en la isla de Patmos, es el visionario, profeta de valiente y cortante pluma y verdadero artista de las imágenes, quien hace esta descripción cargada de profundidad y sentido sobre el final de su libro.
Juan les escribe a las pequeñas comunidades esparcidas por el Imperio Romano, en la llamada Asia Menor, que sufren la persecución violenta, padecen la prisión y el martirio por parte del Imperio.
La revelación que trae Juan es la respuesta de Dios al pueblo afligido y perseguido para que vislumbre, con claridad cada vez mayor, que esta propuesta de salvación tiene que ver con sus vidas personales y comunitarias, y apunta hacia una “nueva creación”.
La visión en el Espíritu del prisionero de Patmos abre la historia y no la cierra, habilita a los pueblos y las comunidades a reinventar su fe, su esperanza y su acción liberadora.
Los períodos de convulsión son siempre los más difíciles de vivir, pero en estos momentos es cuando la vida grita más fuerte despertando a quienes aún no sucumben impunemente a la condición de zombies. Es el mismo Espíritu quien nos regala la convicción de que la vida triunfará sobre todo proyecto de muerte, y que el cielo nuevo y tierra nueva los hemos de alcanzar extendiéndonos hacia ellos.
Amada hermandad que nuestro Señor nos encuentre vigilantes, preparados y atentas en la espera de aquél que nos amó y murió por nosotros, el que resucitó es el mismo que volverá.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
Suscribite al envío por email Suscripción

