Paz y bien amada hermandad.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
Isaías 41.10
El sufrimiento y el conflicto forman parte de nuestra experiencia humana. En esos momentos, es normal que nos sintamos desanimados y desanimadas con una tendencia a perder la esperanza.
Pero también es cuando nuestra fe puede recobrar sentido, y nos puede ayudar a enfrentar cualquier adversidad con esperanza.
La palabra crisis deriva del sánscrito kri, que significa purificar y acrisolar. Es decir, se trata de un proceso en realidad doloroso, pero que conlleva la posibilidad de realizar una profunda purificación de las miradas y las actitudes en la vida. En esta visión, la fe persiste en confiar en Dios, en seguirlo de cerca, conociéndolo y amándolo.
Es el despliegue de una fe que no se conforma con “gracias baratas”, sino que se arrima a una “gracia cara”, la que se juega la vida en esa aventura. Aunque no perciba resultados inmediatos, la fe es capaz de esperar: “aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos”, todavía se puede confiar en Dios, todavía él puede darnos palabras de confianza y esperanza para el tiempo presente.
Afirmamos que es posible la resurrección ante las más diversas complejidades y contradicciones del presente tiempo, que se rompan los muros de los distintos cautiverios, que haya respuestas de Dios en medio de la crisis, que haya caminos de verdad y vida plena.
Hay senda de alegre resurrección en medio de los miedos y la resignacion, que posibilita la confianza y la esperanza.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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