Paz y bien amada hermandad.
«Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él».
1 Juan 4.16
La iglesia-comunidad del Amor es donde recircula el Amor. El apóstol Pablo dice de modo profundo y bello que “el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5). Una Comunidad de Amor es entonces una comunidad espiritual: está animada y sostenida por el soplo del Espíritu. No es una comunidad sentimental de gente sin identidad, fotocopiados los unos a los otros. El Espíritu de Dios es el soplo de amor que nos mantiene unidas y unidos con calidad relacional, de acogida y de vinculación afectiva.
Una Comunidad de Amor no es autorreferencial, nunca es una comunidad para sí misma. Más bien, toda ella se refiere al Reino y a la Misión que implica el seguimiento de Jesús. Un aprendizaje relevante es reaprender el amor para ser verdaderamente comunidades cual casas generosas en la fe y magnánimas al derramar el perfume de nuestro
amor.
Somos desafiados/as a vivirnos como casa de comunión amorosa, porque en el Espíritu de Jesús somos mujeres y hombres capaces de relacionarnos, acompañarnos, acogernos y contenernos. Convertidos en “nueva creación”, estamos hechos para la comunión, para generar encuentros más allá de la simpatía o antipatía. Convertidos en mucho más que en viento que sopla por donde quiere, sino en Espíritu que nos transforma, nos vincula y nos familiariza, haciendo que se establezcan entre nosotros lazos más fuertes que los de la carne y la sangre.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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