¡Dichosos los que procuran la paz…!

29 Abr 2022
en El Estandarte Evangélico, May-2022
¡Dichosos los que procuran la paz…!

El Equipo Editorial de EEE respeta la opinión de sus colaboradores/as. Los artículos firmados expresan única y exclusivamente pareceres de sus autores. Permitida la reproducción total o parcial de los artículos, citando la fuente.

La Pastora Anahí Alberti, de Salta, nos acerca una reflexión profunda, humana, sentida y desafiante que nos interpela en tiempos de enfrentamientos, separaciones, dolores y muerte. Nos revela un mensaje que apunta a reconocer que Dios ya hizo su parte por la paz en nuestras vidas y pone al descubierto la importancia vital de nuestra parte, hijos e hijas diligentes que deseamos trabajar por la paz.




“Dichosos los que trabajan por la paz,
porque Dios los llamará hijos suyos.”

Mateo 5:9 (versión DHH)

Hace algunos años, compartiendo un estudio bíblico con un grupo de personas en la iglesia acerca del sermón del monte, nos sorprendió la traducción Dios Habla Hoy de este texto, pues en vez de decir los “pacificadores” traduce “los que trabajan por la paz.” Resulta muy romántico pensar que dentro de las iglesias estamos los pacificadores, las personas que hemos sido bendecidas con el don de la pacificación. Sin embargo, resulta que en este caso, en el Sermón de la montaña, no parece ser un don, sino algo que se obtiene.

Sin lugar a dudas sabemos que si hay algo que no se puede comprar es la paz, ¿por qué entonces Jesús habla de los “que procuran la paz” o “trabajan por la paz”? Hasta resulta contradictorio pensar que en algunos momentos este mismo Jesús hecho hombre -que tantas veces habla de paz, y tantas otras acciona en paz- les dice a sus discípulos que “no vino a traer paz sino espada”[1]… Y supongo que casi todos entendemos a la palabra espada como una alusión a la guerra o al menos una metáfora acerca de la falta de paz.

¿Qué de actual tienen estos mensajes aparentemente contradictorios de Jesús? El Jesús que para reinar se presentó como hombre pobre sin los loores de los dioses, el que para triunfar frente a la muerte le hizo frente muriendo. Hasta me parece que conocemos tanto la historia, que quizás hemos perdido la capacidad de asombro y la sencillez de la locura.

¿Resulta fácil la paz en este momento en el que vivimos? ¿Resulta razonable la petición de Jesús? ¿Tiene aún vigencia que Jesús nos anime a trabajar por la paz?

Año 2022, dos años después del año perdido, un año después del año de las vacunas. Año 2022, el año que parece que ganamos la guerra contra la enfermedad, pero la volvimos a comenzar entre los hermanos. Basta, sino, con mirar las más de 20 guerras que hay en el mundo, para darse cuenta que la mayoría de los que se pelean son vecinos, y comparten más cosas que las que los diferencian.

Y… ¿qué de la iglesia? ¿qué de sus fieles, qué de usted, qué de mí? Para ser honesta, hace mucho que no sentía tanta rabia, bronca y violencia en mi ser como en este año al volver a una normalidad que ya había dejado de ser normal. Volvimos a las congregaciones esperando que las cosas sean como fueron hace 2 años, y en estos 2 años muchas cosas fuertes pasaron, muchos golpes, muchas desilusiones, e incluso muchas separaciones. ¿Y entonces qué decir y qué hacer? Pues, que la paz se hace necesaria cuando no se la tiene, cuando se la extraña, cuando pasó a ser un artículo espiritual de lujo siendo antes uno de primera necesidad. Que la paz se necesita cuando en el interior de nuestros corazones tenemos las convulsiones de los resentimientos, desilusiones, dolores, broncas y cuántas otras expresiones de violencia.

Pero también reconocer que la paz no aparece por el solo hecho de orar, claramente creemos en el poder de la oración, pero Jesús mismo, nos dice que trabajemos por ella. ¿Será esto un recuerdo de que dejamos de obrar con acciones de paz? ¿Será un recordatorio de que hace mucho que hacemos huelgas a la paz? Será que tenemos que disponernos a dejar los resentimientos y escuchar lo que alguien tiene para decirnos. Será que tenemos que asumir nuestro orgullo y nuestros dolores y con honestidad ir hacia Dios, y hacia el hermano o hermana y confesar nuestras verdades del corazón. Será que tenemos que hacer algo, cambiar algo, actuar en algo que modifique el estado de intolerancia propia que tenemos a todo lo que es diferente a lo que somos, o incluso a lo que creemos que somos.

Dios hace el milagro de renovarnos la mente, pero una vez que nos ha hecho entrar en razones, mover las manos y accionar para la paz, ya es una tarea nuestra. Ya es una misión nuestra que demuestra que el trabajo más difícil por la paz ya fue realizado, el cambio de los corazones duros por corazones de carne. El otro trabajo solo precisa de hijos diligentes y no perezosos que quieran ser llamados “hijos de Dios.”

Reflexión: ¿Qué pensamientos y acciones violentas he experimentado en estos tiempos? ¿Deseamos disponernos a que Jesús nos lave los pies y transforme así esos pensamientos? ¿Qué acciones me harían trabajar por la paz?

[1] Mateo 10:34

Anahí M. Alberti D’Amato
Pastora IEMA Salta




El Estandarte Evangélico

Paz, para una vida abundante y gozosa en unidad con Dios y toda su creación

Mayo 2022








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