Carta pastoral y profética de la Iglesia Colombiana Metodista

05 May 2021
en En contexto
Carta pastoral y profética de la Iglesia Colombiana Metodista


Carta pastoral y profética

La justicia producirá paz, tranquilidad y confianza para siempre” (Is. 32:17)


A la opinión pública, a nuestros hermanos y hermanas en la fe, al gobierno de la república de Colombia, a todas las instancias gubernamentales e instancias del Estado, hermanas y hermanos de nuestras iglesias y a todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad: Gracias, Justicia, Paz y Amor en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Nosotros, como Iglesia Colombiana Metodista, quienes a través de los distintos ministerios, siendo parte del pueblo que habita en las diversas comunas de nuestras ciudades, veredas, barrios, territorios indígenas, debido a que por Gracia de Dios, somos campesinas y campesinos, obreras y obreros, estudiantes, hombres y mujeres trabajadores y guardianes de nuestros hogares, mujeres lideresas, líderes y lideresas afrocolombianos, población LGBTIQ, docentes, profesionales de las distintas áreas del saber, pequeños empresarios, defensores de los Derechos Humanos, participantes en diversos grupos sociales, médicos, enfermeras y de más trabajadores de la salud, informales, desempleados, desplazados, transportistas etc.; quienes en nuestras comunidades ministramos el Evangelio entre nuestras familias, constatamos con profunda preocupación la peligrosa y degradante situación de crisis socio-económica, agravada por el virus del Covid-19, la cual sufre, sobre todo, la población más vulnerable y pobre de nuestro querido país, deseamos manifestar pastoral y proféticamente lo siguiente:


Queremos testimoniar, porque si callamos las piedras hablarán (Lc.19:39-40), que constatamos con escandaloso asombro y dolor propio y el de nuestros prójimos, que las medidas económicas anunciadas por el gobierno, las cuales, según los expertos, profundizan la desigualdad e injusticia (Reforma tributaria, reforma laboral y reforma de la salud), persisten en mantener las brechas de inequidad, empobrecimiento y desconocimiento de la realidad que vivimos en nuestros territorios día a día. Porque esas medidas favorecen a los acaudalados en deterioro de los estratos medios y bajos; nos alarma igualmente, el incumplimiento y la desatención para con el consagrado personal de salud.

Se añade, el silencio cómplice por las masacres y el asesinato reiterativo de hombres y mujeres que lideran diversos procesos de producción y organizaciones sociales, defensores de los Derechos Humanos, organizaciones juveniles; el incumplimiento de acuerdos anteriores con los diversos resguardos indígenas; se suma la oposición oficial y desidia que llevan a un desmonte y deslegitimación sistemático de los esperanzadores Acuerdos de Paz entre el gobierno anterior y las FARC-EP y por tanto, el interés por eliminar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Constatamos también, que la degradación del país se confirma en las vergonzosas cifras y actos de corrupción de los mismos entes del Estado, ejemplificado con los inescrupulosos y descomunales salarios y dietas para los más altos funcionarios, despilfarrando así, los recursos que el pueblo en general paga como impuestos. Esto sin duda se ha convertido en un acto opresor que ha abierto y profundizado las heridas en los sentimientos y en la conciencia de la población, produciendo igualmente una pérdida generalizada de confianza en los gobernantes.

Constatamos igualmente, la ineficaz, ineptitud y equivocada respuesta del gobierno a tan profunda crisis; lo cual nos puede empujar a un laberinto sin salida, propicio para desencadenar un estallido de violencia destrucción y muerte, habiendo ya peligrosas muestras de ese riesgo en los últimos días. Por ello advertimos con temor y temblor, que este riesgo es eminente, debido a que el gobierno hace oídos sordos, de cara a la crítica realidad del país. Al ignorar esta realidad, el gobierno asume posiciones arrogantes y lanza cortinas de humo, posiblemente guiado por la ideología u obedeciendo órdenes de los grupos de poder nacionales e internacionales del confeso neoliberalismo; por ello responde militarizando las ciudades y carreteras, reprimiendo y asesinando nuestros hermanos y hermanas colombianas.

Por otro lado, concebimos casi que como propio el desgarrador grito de las multitudes que claman justicia en las marchas pacíficas de protesta callejera, en las redes sociales, en los medios de comunicación independientes, entre los diferentes sectores y actores sociales, quienes desde una conciencia de cambio justo para todas y todos alzan su voz para dar a conocer una ausencia de los derechos no solo en existencia, sino en calidad; personas que sufren desempleo e informalidad, desplazados y familiares de los falsos positivos, quienes gimen sin ser asistidos por el Estado. Este desgarrador grito es un gemido que llega a Dios tal como sucedió en la liberación de Egipto (“…Bien he visto la aflicción de mi pueblo…y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias; y he descendido para liberarlos” Ex. 3:7ss). La espiritualidad y fe del pueblo confía en que “El pobre clamó, y le oyó el Señor y lo libró de todas sus angustias (Sal. 34:6).

Nosotros como pastores y ovejas del redil del Señor Jesucristo, hacemos un llamado al poder Ejecutivo, al Congreso de la República, al Poder Judicial, a los empresarios de grandes capitales, al sector financiero y sus bancos, a la fuerza pública, a los partidos políticos, a los medios de comunicación masivos, a las iglesias para que depongamos la actitud ideológica y materialista de ignorar los gritos, gemidos, clamores, cacerolazos, marchas, manifestaciones de arte, analistas críticos y consignas porque en esas manifestaciones hay un alentador mensaje de protesta que abriga siempre una aspiración y esperanza de cambio hacia el bien común.

De igual manera nos oponemos radicalmente a los actos vandálicos de minúsculos grupos de sospechosos infiltrados, con el propósito de degenerar las marchas de protesta con el fin malévolo de confundir la opinión pública, estigmatizar las legítimas marchas y así preparar el ambiente para la intervención de las fuerzas represivas del Estado y reprimir inescrupulosamente la población.

Finalmente, queremos decirles a esas multitudes de personas que salen a marchar en paz, que ustedes tienen todo el derecho constitucional para hacerlo y que, además, el Señor Está con la justicia, y que con ustedes y entre ustedes predicamos El Evangelio por las mismas razones que ustedes han convocado estas marchas de protesta para clamar justicia. Porque Dios escuchará esa súplica (Sal. 66:19).

Reiteramos nuestro compromiso y nuestro llamado al diálogo entre iguales entre el gobierno nacional y las diversas fuerzas vivas que se movilizan en las protestas, pedimos encarecidamente prudencia, sabiduría de las dos partes, desechar el uso de la fuerza y abandonar con humildad la arrogancia y la intervención de fuerzas financieras, ideológicas y políticas extranjeras. Se trata de un diálogo auténtico entre compatriotas, entre servidores (as) públicos y resto de la población en actitud legítima de protesta. Esa será la actitud sabía que nos llevará a la reconciliación, unidad y la justicia, y entonces la paz: “La sabiduría pregona por las calles, en las plazas alza su voz, grita por encima del tumulto… ¿Hasta cuándo inexpertos, amaréis la inexperiencia, y vosotros arrogantes…odiareis el saber?” (Prov. 1:20-22).

Por la Iglesia Colombiana Metodista, su membresía, sus diferentes ministerios de mujeres, niñez, jóvenes, salud, etc., su Junta nacional y demás estamentos:


Rev. Luis Andrés Caicedo Guayara
Obispo ICM/ Representante Legal.

Copias Compañeros en Misión

Iglesia Unidad de Canadá.
Iglesia Metodista de Gran Bretaña.
Iglesia Metodista Unida de Estados Unidos.
Obispos Metodistas de América Latina y el Caribe.


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