Un plan para el autoexamen

07 Abr 2021
en CMEW
Un plan para el autoexamen

Juan Wesley construyó su pensamiento teológico desde la dimensión de lo que hoy llamamos teología práctica. Ahondar en los grandes temas de la fe cristiana desde la perspectiva de aquello que le permite a cada creyente y a la iglesia toda, servir a Dios y a su prójimo con amor sincero e integridad en el testimonio. “Una teología a caballo” la denominó el historiador Justo González.

En esa teología que se amasa al calor de la misión de la iglesia, Wesley produjo materiales que sirvieran de sostén al liderazgo y a los pequeños grupos desde los cuales cada integrante nutría su fe desde la Escritura, la oración y el sostenimiento fraternal.

Entre las obras agrupadas bajo el capítulo, “Espiritualidad”, del Tomo IX de las obras de Juan Wesley, nos encontramos con un opúsculo de titulado “Un plan para el autoexamen”. Este material era utilizado por los primeros metodistas en Oxford y sirvió para la dinámica de crecimiento y apoyo mutuo en las reuniones semanales.
Si bien, esta obra es breve en su extensión posee una riqueza que queremos sacar a la luz y puede ser de utilidad en el presente. Consta de dos partes: una para el día domingo y otra para el día lunes. En la primera se ofrece un conjunto de preguntas para guiar el autoexamen en torno al tema “Amar a Dios y sencillez. Medios para alcanzarla: la oración y la meditación”. La segunda parte se titula “Amar al prójimo”. En el primer tema las preguntas están encabezadas por las siguientes:

Nuevamente podemos constatar un tema recurrente en los escritos Wesleyanos: amar a Dios y amar al prójimo. Como dos caras de una misma moneda, dos dimensiones de la fe en Cristo que son indisolubles, tal como el mismo Señor lo planteara cuando fue interrogado acerca de cual era el mandamiento más importante. Jesús en su respuesta ensambló los dos primeros mandamientos, haciendo la aclaración que el segundo mandamiento era semejante al primero. De esta manera, establecía esa indivisibilidad que nos brinda una perspectiva de la fe amplia y profunda.

En esta oportunidad vamos a dedicarnos a la primera parte de la obra, la referente al amor a Dios. Se trata de seis preguntas que permiten el autoexamen desde la oración y la sencillez. Cada una de las preguntas posee una serie de preguntas complementarias, tan directas que no admiten respuestas evasivas o muy generales, hasta el punto que, en una ocasión se aclara que se debe indicar las faltas por las cuales se falló. Veamos las preguntas principales.

  1. ¿He sido sencillo y consecuente en todo lo que he dicho y hecho?;
  2. ¿He orado con fervor al entrar y al salir de la iglesia?;
  3. ¿He usado declamaciones indebidamente?;
  4. ¿He orado debidamente por la virtud del día?;
  5. ¿He usado una colecta (oración) a las nueve, a las doce y a las tres y he orado antes y después de cada comida?;
  6. ¿He meditado debidamente cada día, excepto cuando he sido impedido por algún acto de misericordia?

Entre nuestro presente y aquellos tiempos del metodismo naciente hay no sólo muchos años, sino también diferencias geográficas, culturales y, porque no decirlo, pedagógicas. Sin embargo, la obra que hoy presentamos es un fiel retrato de una manera de vivir la experiencia de fe, tanto en la dimensión personal como comunitaria. Del mismo modo, aparecen integrados el amor a Dios y al prójimo, la oración y la acción, la devoción y el servicio. Todo ello de manera inseparable.

Nótese en la pregunta 6, que lo que puede interrumpir la meditación es un acto de misericordia. De esta manera Wesley impide la dicotomía entre la adoración a Dios y el servicio en amor al prójimo. Quién sirve al prójimo movido por misericordia, está adorando al Señor.

En la próxima entrega culminamos la presentación de esta breve obra de Wesley y continuaremos hablando de cómo expresa la manera integral de vivir la fe cristiana.


Claudio Pose para CMEW


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