Un llamado a desenmascarar la hipocresía

03 Jun 2020
en CMEW
Un llamado a desenmascarar la hipocresía

Una mujer acaba en un manicomio encadenada y con los tratamientos acostumbrados a la época en materia de salud mental. Wesley narra los acontecimientos por los cuáles esta mujer se convierte en una víctima de su matrimonio, del machismo y de la hipocresía de la sociedad.

Juan Wesley escribe en su diario una nota que podría pasar desapercibida en una lectura rápida. El 23 de agosto de 1741, en las propias palabras del autor, relata lo siguiente:


“Una mujer de la baja nobleza (la Sra. C._____) deseaba hablar conmigo para relatarme una extraña historia. El mismo sábado 16 (como me lo contó) una Sra. G. de Northampton, convencida profundamente de su pecado, y por lo tanto, abominable para su esposo fue internada por él en Bedlam (N del T: una institución para enfermos mentales). El martes ella se escapó en compañía de otros y después de un rato y sin saber a donde ir, se sentó en la puerta de la Sra. C.______. Esta, no sabiendo nada de ella, le aconsejó regresar al día siguiente a Bedlam y la acompañó al hospital donde fue encadenada y tratada en la forma usual. ¡Esta es la justicia de los hombres! ¡Un pobre salteador de caminos es ahorcado, y a Sr. G. se le estima como un hombre muy honesto!”


Esta es la breve historia contada por Wesley en su diario (Tomo XI de las Obras de Wesley, Tomo I de los Diarios). Si no fuera por su reflexión final el relato podría entenderse como un caso meramente anecdótico, de una mujer trastornada que fue puesta a disposición de los médicos y la institución correspondiente.

Sin embargo, las palabras finales de la narración otorgan un vuelco al significado del hecho, ya que allí, Wesley, apunta a la sociedad y al marido de la mujer en cuestión. Pareciera, incluso, no haber mucha conexión entre el relato y la reflexión final. Intentaremos profundizar un poco en el asunto.

¿Por qué Wesley apunta directamente al marido y a la sociedad? Para responder esta pregunta es necesario conocer cómo se entendían las enfermedades mentales en el siglo XVIII y cómo las abordaba el manicomio referido en el relato: Bedlam (Bethlehem Royal Hospital).

Bedlam, que significa la casa de los locos, fue el primer hospital de salud mental en Europa. Surgido del priorato de la orden de las Estrellas de Bethlehem en 1246. En el año 1337 fue convertido en hospital de salud mental.

Fue recién a comienzos del siglo XVIII que por primera vez se les comenzó a llamar “pacientes”, ya que hasta ese momento se consideraba la enfermedad mental con una degradación de la condición humana. Sin embargo, para la mayoría de las personas los locos eran vistos como personas débiles moralmente, por lo tanto, la percepción de los enfermos mentales era producto de un juicio de valores y no el resultado de una observación científica.

Esta arraigada creencia es la que lleva al marido de la mujer del relato a decidir la internación de su esposa que estaba, según el relato de Wesley, “convencida profundamente de su pecado”. Ahora podemos comprender la relación entre lo que parece ser un estado espiritual (la mujer convencida de su pecado) y la decisión “médica” de su esposo de internarla en una institución de salud mental.

Pero Wesley va todavía más al fondo de la cuestión. No es sólo el marido el que confunde un estado espiritual con la insanía mental, sino que toda la sociedad parece estar sumida en una hipocresía por la cual se aplaude la decisión del marido, mientras se considera punible de la horca a un ladrón de caminos.

A simple vista puede parecer exagerada la comparación de Wesley: Un marido que obra de acuerdo a lo que la sociedad establece y, por otro lado, una sociedad que en vez de condenar la conducta de este hombre se ensaña con los rateros comunes.

Juan Wesley en este breve relato de su diario personal pone en evidencia algo que será recurrente en su obra: la sociedad es una apariencia, la realidad profunda se observa en los comportamientos sociales, políticos y económicos. Este mismo proceder de Wesley se observa en su tratado sobre la escasez de alimentos, en el cual también desenmascara una injusta realidad, en ese caso socio-económica, oculta en una apariencia.

Más de un siglo antes que los denominados “maestros de la sospecha”, dieran forma a la idea de que la sociedad y los comportamientos humanos no se encuentran en la superficie de la realidad, sino que operan por medio de ocultos mecanismos.

Hoy, Juan Wesley nos ofrece una posibilidad de análisis del mundo que nos rodea. No todo es como parece ser o como se pretende que lo veamos. Finalmente, el autor del relato, redime a la mujer que es víctima de su marido y de una sociedad que, hipócritamente, no tolera los pecados o debilidades… de los demás, aunque el tratamiento de los propios sea más benevolente.


Claudio Pose para CMEW
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