Tiempo de Oración – Propuesta semanal para el 31 de octubre

30 Oct 2018
en Espiritualidad y devoción
Tiempo de Oración – Propuesta semanal para el 31 de octubre

Encuentro con Dios

 

SALMO 28. RVC

Señor, tú eres mi roca.
A ti clamo. ¡No te apartes de mí!
De lo contrario, seré como los que bajan al sepulcro.
Escucha mi clamor, que pide tu ayuda,
cuando levanto mis manos hacia tu santo templo.
No me lleves junto con los malvados,
ni con los que hacen el mal;
con los que hablan de paz con sus amigos
pero por dentro están llenos de maldad.
Págales conforme a sus malas acciones;
por tanta maldad que cometen, dales su merecido.
Hazlos caer, Señor, y no vuelvas a levantarlos,
pues no han entendido tus acciones
ni han prestado atención a tus obras.

Bendito seas, Señor,
pues escuchas la voz de mis ruegos.
Tú, Señor, eres mi escudo y mi fuerza;
en ti confía mi corazón, pues recibo tu ayuda.
Por eso mi corazón se alegra
y te alaba con sus cánticos.
Tú, Señor, infundes fuerzas a tu pueblo;
tu ungido halla en ti un refugio salvador.
¡Salva a tu pueblo, bendice a tu herencia!
¡Guíalos y cuida de ellos ahora y siempre!

 

Alabad al Señor

Estr.:
El señor es mi fuerza, mi roca y salvación (bis)

Tú me guías por sendas de justicia,
Me enseñas la verdad.
Tú me das el valor para la lucha,
Sin miedo avanzaré.

Iluminas las sombras de mi vida,
Al mundo das la luz;
Aunque pase por valles de tinieblas
Yo nunca temeré.

Yo confío el destino de mi vida
Al Dios de mi salud;
A los pobres enseñas el camino,
Su escudo eres tú.

El Señor es la fuerza de su pueblo,
Su gran libertador;
Tú le haces vivir en confianza,
Seguro en tu poder.

Juan Antonio Espinosa (CA. N° 7)

 

Lectura del día

Mateo 20: 29-34. RVC

Cuando ellos salieron de Jericó, una gran multitud seguía a Jesús. Junto al camino estaban sentados dos ciegos que, al oír que Jesús pasaba, gritaron: « ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!» La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban aún más: « ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!»  Entonces Jesús se detuvo, llamó a los ciegos y les preguntó: « ¿Qué quieren que les haga?»  Ellos le dijeron: «Señor, ¡que se abran nuestros ojos!» Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos, y en ese mismo instante ellos recibieron la vista y lo siguieron.

Como comentario –al pasar, notemos que, este relato lo encontramos en Marcos 10: 46-51; donde se relata, que en el lugar había una sola persona ciega y que se llamaba Bartimeo o sea hijo de Timeo; pero con las mismas necesidades que tenían estos dos, del relato de Mateo. Lo importante no es que fueran una o varias personas; lo importante es, que estas personas esperaban a Jesús y cuando lo escucharon se lanzaron hacia él, levantado sus manos para que los curara.Ellos se abrieron el camino hacia el milagro, pues estaban ciegos, pero sus espíritus, mentes y corazones estaban colmados de Esperanza, de manera que con las manos erguidas se lanzan hacia Jesús pidiendo que les abra los ojos. Porque « la Esperanza es, depende de nosotras(os) sea » (*)

Ahora… Vivimos en una sociedad donde hay religiones que hacen falsas promesas, promesas mágicas que solucionan todo tipo de problemas y conflictos (salud, dinero, trabajo, afectos); parecería que la gente que acude a esos grupos, pidiendo ayuda o están muy desesperadas o les agrada que les mientan. Los ciegos fueron, quienes se pusieron en movimiento para que el milagro se produjera y no al revés. De manera que lo que el Evangelio nos dice; es que estas personas escucharon el mensaje de Jesús y creían en sus dichos. Su fe pudo haber sido imperfecta  porque lo llaman Hijo de David,pues pensaban que Jesús era el rey o mesías esperado por todo el pueblo; sin embargo, a pesar de todo, sabían que Jesús no los iba a defraudar, no les mentiría; pues, toda la verdad estaba en Él… Estos hombres no temieron el ridículo, nada les impediría el encuentro para llegar hasta Jesús y… Llegaron. Su fe era imperfecta, sabían que en Él estaba toda la verdad y Él los acepta.

Por último estos dos ciegos eran personas agradecidas porque, inmediatamente, que fueron sanados siguieron a Jesús. No hay pecado más feo que la ingratitud. Los humanos muchas veces hacemos acciones “buenas” hacia nuestro prójimo y a cambio no recibimos el “esperado gracias”. Claro, lo que pensamos o decimos es que “hacemos algo para que no nos agradezcan” pero, no me digan que no es lindo recibir “un sencillamente, gracias”. Con toda seguridad, Dios nos ha bendecido con bienes materiales y espirituales a través de Jesús, de manera que, no perdamos el sentido de ser agradecidas(os) porque jamás podremos devolver a Dios todo lo que nos ha dado o sigue dando.. Amén.

(*) Pastor Mauricio López, desaparecido en Enero de 1977

R.G.

Oración de la mañana

Amado Jesús, gracias por entrar por mi ventana, con el sol de cada mañana, gracias por la vida que me regalas cada día, gracias por ayudarme a escribir estas notas, gracias por darme sentido de buen humor cuando me encuentro con una vecina(o) a pesar de los tiempos difíciles que vivimos. Gracias por el amor, la fe y la esperanza con que me alimentas todos los días. Amén.

 

Hoy oramos

  • Por el trabajo de misión en nuestras iglesias.
  • Por los pastores, pastoras y nuestro obispo.
  • Para que Dios guíe y acompañe a nuestros adolescentes y jóvenes en sus estudios, al aproximarse fechas de exámenes.
  • Por nuestros abuelas y abuelos.
  • Por la unidad de nuestro pueblo.
  • Por Paz, Pan y Trabajo.
  • Por los proyectos y actividades en cada una de nuestras comunidades.

A las hermanas y hermanos de las congregaciones del país:

Les invito a que envíen sus motivos de oración (u oraciones) para que podamos compartirlos en la semana, mediante este medio. De esta manera, estaremos en verdadera conexionalidad y unión, pidiendo a nuestro trino Dios que nos guíe y cuide como parte de su pueblo.

Enviarlos a virgiminico@hotmail.com

 

Oración de la noche

Amado Jesús, después de un día agitado por las tareas cotidianas, me retiro a descansar con la seguridad de tu presencia; pues sé que tu bondad y misericordia me seguirán acompañando todos los días de mi vida y que en algún momento, de acuerdo a tus promesas me iré, a vivir en tu casa para siempre.

Sal. 23: 6

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