¡Somos millennials!

19 Mar 2018
en El Estandarte Evangélico, Jóvenes
¡Somos millennials!
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¿Por qué encontramos una situación dispar en donde hay jóvenes muy involucrados con la iglesia y otros que no lo están? Y los que no están involucrados: ¿Se van? ¿Supieron involucrarse? ¿Tuvieron la oportunidad o espacio para hacerlo?

Para poder reflexionar sobre las personas que componen el grupo generacional “millennials” me gustaría poder caracterizarlos (tampoco implica que todos seamos así -sí, yo soy millennial- pero a grandes rasgos son cualidades representativas), para tener una base uniforme de conocimiento sobre ellos:

  • Nacieron entre 1985 y 1995 aproximadamente, son parte de los jóvenes que la Iglesia tiene hoy (varían los años +/- 5 de acuerdo a la investigación)
  • Se los denomina “nativos digitales”, esto significa que el uso de la tecnología es parte de su vida cotidiana, desde sus primeros años. La tecnología es imprescindible para su existencia.
  • Ponen como prioridad en la vida a las personas, en especial su familia y amigos.
  • Buscan ser felices, y esta búsqueda no los ata a ningún trabajo, universidad o iglesia.
  • Para el 2020, representarán el 50% de la fuerza laboral mundial.
  • Fácil adaptación al cambio

Extrapolando estos datos a la vida de la Iglesia, llego a la siguiente pregunta: ¿Por qué encontramos una situación dispar en donde hay jóvenes muy involucrados con la iglesia y otros que no lo están? Y los que no están involucrados: ¿Se van? ¿Supieron involucrarse? ¿Tuvieron la oportunidad o espacio para hacerlo?

En muchos casos la Iglesia es uno de los principales grupos de pertenencia, donde se encuentran hermanos de todas las edades que nos ofrecen su amor y contención. Esto se nota principalmente cuando los afectos se encuentran distanciados, ya sea por kilómetros, tiempos que se deciden tomar, diferencias, etc.

Esta Iglesia –la Iglesia Evangélica Metodista Argentina- se caracteriza por estar en permanente contacto con instituciones y organizaciones, permitiendo referencias, experiencias, financiamiento para diversos proyectos, contactos, entre otros, generando visibilidad y la oportunidad de participar, involucrarse y crecer. Sabe entender el conocimiento que ésta generación adquirió mediante estudios formales universitarios, generando posibilidades laborales para algunos jóvenes, así como la asignación en cargos de distintos tipos. Estas son posibilidades únicas que les permite ver el mundo de otra manera.

Pero ¿Qué pasa, que no hay muchos jóvenes en las iglesias? Me arriesgaría a decir que, en muchos casos, esta generación no encuentra a Jesús en la comunidad.

Por supuesto que no existe la comunidad perfecta, porque todas ellas están conformadas por personas con sus virtudes y defectos. Pero ¿qué sucede cuando los conflictos personales se trasladan a la iglesia y vemos que hay un trato diferenciado o privilegiado hacia algunos? ¿Los conflictos se transmiten de generación en generación?

¿Participan en algo los jóvenes? Si hay jóvenes en la iglesia, el pastor y los líderes laicos tienen que aprovechar esta situación y guiarlos en actividades como el grupo de jóvenes, proyectos para trabajar en la iglesia (desde trabajos como reparar la iglesia, participar de la liturgia o la música, escuela dominical, recreación con los niños, etc.). Estableciendo metas claras, cumplibles y medidas. Nunca llegando al punto de la sobre carga de trabajo porque esto es uno de los primeros disparadores para irse, o dejar de hacer. Hay que animarse a delegar tareas.

¿Saben qué? Se necesitan mutuamente y pueden generar acciones muy lindas y motivadoras en el nombre de Jesús. Hablen. Reúnanlos, y pregúntenles qué cosas están buscando y cómo les gustaría contribuir en la Iglesia. Estoy segura de que se sorprenderán mutuamente. A veces por falta de comunicación ambas partes dan cosas por sentado, generando confusiones, prejuicios y desmotivación.

Aprovechen su conocimiento, su facilidad con la tecnología, las ganas que tiene de crecer y conocer para potenciar la fe de la comunidad.

Vivamos en comunidades llenas de Jesús, que nos trae esta vida para descubrir y compartir.



Por Denise Dekker
Ingeniera, Coordinadora del ENJ (Equipo Nacional de Jóvenes) de nuestra Iglesia, miembro de la Congregación de Almagro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



El Estandarte Evangélico
Desde la tierra hasta los smartphones: realidades y desafíos…

PRIMER CUATRIMESTRE 2018


 

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