Septiembre mes de la Biblia – Wesley y la Biblia

16 Sep 2018
en CMEW
Septiembre mes de la Biblia – Wesley y la Biblia

Este mes nos permite volver sobre un tema de vital importancia: el lugar de las Escrituras en la experiencia metodista. En estas semanas veremos distintos aspectos en que los hermanos Wesley señalan el valor y el lugar de La Biblia en la vida de fe y de la Iglesia.

Wesley se decía a sí mismo “homo unius libri” (hombre de un solo libro) aunque esto no quería decir que no leyera otros libros. Por cierto, ¡ha editado, leído y publicado una enorme cantidad de libros de todo tipo! Pero, la Biblia, para Wesley es El libro:


“De ninguna manera me atreveré a desviarme de ese libro, ni en lo pequeño, ni en lo grande, No tengo ningún poder para pasar por alto ni una jota ni un título de lo que ella contiene. He decidido ser un cristiano bíblico, no casi, sino del todo. (Sermón: “Causas de la inutilidad del cristianismo”, 1789

Es interesante notar que, si bien su concepto de palabra de Dios es textual, la práctica de ambos hermanos Wesley, su interés en la aplicación práctica y poética de lo leído, permite un acercamiento hermenéutico (interpretativo) de los textos. Tal es el caso de la interpretación de la parábola del Buen Samaritano que realiza Carlos Wesley en una poesía, en la que la parábola se encuentra relatada desde la persona del sufriente herido en el camino, que termina siendo Cristo mismo. Otro ejemplo, lo podemos encontrar en su interés en no hacer colisionar la Biblia contra los nuevos descubrimientos científicos y astronómicos. En sus comentarios bíblicos explica que cuando en la Biblia dice “el sol se levanta” (para no incurrir en una visión heliocéntrica ya vencida por Copérnico) aclara: en realidad quiere decir “cuando el sol aparece en el horizonte”. Para Wesley ,si bien el conocimiento no es necesario para la salvación, sí lo es para una correcta interpretación de las escrituras.

El anglicanismo en el siglo diecisiete usaba un criterio de interpretación que estaba basado en podrimos DECIR: “LLAVES ÚTILES PARA INTERPRETAR LA Biblia”, estas eran: la Escritura, la Razón y la Tradición. Wesley tomó de sus antecesores anglicanos los mismos conceptos y le agregó un cuarto: La Experiencia. Si bien Wesley nunca usó estas guías como un sistema en sí mismo, ni tampoco usó nunca el término cuadrilátero (este término fue acuñado por el teólogo estadounidense Albert Outler en el siglo veinte), estas perspectivas de acercamiento, hoy se conocen con el nombre de: “el cuadrilátero wesleyano”. También por la centralidad que posee la Biblia en el método wesleyano, algunos escritores han sugerido la imagen del triángulo con la Escritura como centro, antes que el cuadrilátero, en el que pareciera que todas las partes tienen igual importancia.

Más allá de la figura geométrica preferida, lo importante es poder comprender la interacción, que hoy podríamos llamar dialéctica, que el sistema de pensamiento de Wesley otorga a estas fuentes de verificación del conocimiento.
Daniel Bruno

Segunda entrega

Hoy presentamos la explicación del denominado “cuadrilátero wesleyano” y su variante en la figura del triángulo. En cualquier caso, la intención es poder mostrar el proceso de construcción del conocimiento que Juan Wesley establece y el lugar de las Escrituras en el mismo.

Veamos de qué se trata.
Escritura – Tradición – Razón – Escritura
Razón – Experiencia – Tradición – Experiencia



Es un esquema (ver en la imagen) que permite comprender de qué manera Wesley utilizaba estas fuentes para verificar la veracidad de un conocimiento sea este bíblico, o cualquier tema doctrinal. Es una especie de tamiz mediante el cual se van catalizando y equilibrando los énfasis.

La Razón: Los reformadores del continente, especialmente Calvino, renegaban de la razón humana por considerarla corrompida irremediablemente por el pecado original y por lo tanto su accionar solo podría llevar a los seres humanos a la perdición. Lo único que contaba, decían ellos, era la intensidad emocional. Enfatizaban “el calor de corazón”. Por otro lado estaban los deístas (producto directo de la Edad de la Razón del siglo dieciocho en Inglaterra) quienes querían construir una religión basada en la razón y la ley natural, y afirmaban que podían llegar a comprender a Dios a través de deducciones racionales y filosóficas y que la revelación no constituía una real fuente de verdad. Estos enfatizaban “la luz de la mente”.

Wesley, nuevamente se ubica en un término intermedio. Por un lado, confronta con los protestantes ortodoxos, diciéndoles que, si bien la razón humana se ve afectada por el pecado, la gracia justificadora y santificadora de Dios, restituye su potencial original y de esta manera, la razón es recuperada como un instrumento valioso dado por Dios a los seres humanos. Decía algo así: “Para nosotros los metodistas, es un principio fundamental que el renunciar a la razón es renunciar a la religión; que religión y razón van juntas, y que toda religión irracional es religión falsa” (Carta al Rev. Rutherforth, 1768). Por otro lado, se enfrenta a los deístas, porque consideraba que su doctrina destruía las bases mismas de la fe cristiana. Porque la razón, por sí misma no puede producir fe, esperanza, o amor. Estos son producto de la fe. Pero la fe no rechaza a la razón, sino la tiene como un complemento. “Van juntas” diría Wesley. Para Wesley es tan necesario “el calor del corazón” como “la luz de la mente”.

Wesley ve en la razón, no la promotora de la transformación de la vida de las personas (como pretendían los deístas), para ello efectivamente está le fe, pero sí era vista como esencial para comprender cómo el ser humano expresa esa fe. Por ese motivo para Wesley era fundamental la doctrina, o enseñanzas de la fe. En la Conferencia Anual junto a sus predicadores, en los comienzos del movimiento, en 1744 se discutieron estas tres preguntas: ¿Qué enseñar?, ¿Cómo enseñar? y ¿Qué hacer?, o sea cómo reglamentar nuestra doctrina, disciplina y práctica. Para ello era necesario el uso de la razón. Por eso valoraba sobremanera la preparación intelectual de sus predicadores, les resumía obras clásicas o escritos de teología para que los estudiaran para luego ser examinados por él mismo. Wesley también demostró ser un hijo de su época. La era de los descubrimientos científicos. Descartes, Newton abren el mundo a grandes interrogantes. Si bien Wesley no especula doctrinalmente sobre esto, su práctica revela no solo su interés sino su abierta disposición a conocer y utilizar la tecnología de su tiempo. En cuanto a su relación con la ciencia, lejos de plantear una dicotomía entre fe y ciencia, él veía la ciencia como un logro de la razón humana al servicio de los seres humanos. Un don de Dios, que, recuperado de su estado de corrupción mediante la Gracia redentora de Dios, queda habilitada como una herramienta válida al servicio de la humanidad.

Tercera entrega

Ya hemos visto la razón como uno de los pilares en los que se basa Wesley para iluminar la interpretación de las Escrituras. Otro de los elementos que constituye el cuadrilátero wesleyano es la tradición, que en esta oportunidad explicamos.

La Tradición: Por tradición Wesley entendía la “antigüedad cristiana” o sea lo que en la historia de la iglesia se había dicho e interpretado sobre distintos temas bíblicos y doctrinales. Esto incluía:

a) A los llamados Padres de la Iglesia (los teólogos de los primeros siglos del cristianismo, en el caso de Wesley se apoyaba en los Padres Orientales, los más primitivos, que habían escrito en griego, más que en los Occidentales, que escribieron en latín); y b) La tradición de la iglesia anglicana.

a) Wesley pensaba que lo más puro de la fe y la moral cristiana se halló al comienzo, en su punto de partida: Cristo y en la primitiva comunidad cristiana y que fue decayendo según el paso de los años. El creía que los escritores cristianos más antiguos eran poseedores de mayor piedad y santidad que aquellos que los siguieron. Por eso Wesley le otorga una especial excelencia a la época anterior a Constantino (325 DC). Esta tenía una especial unidad y pureza. El creía que los dones milagrosos habían continuado durante este período y suponía que aparte de los santos conocidos de la primitiva iglesia hay muchos más que permanecen desconocidos.

Después de la experiencia de Aldersgate muchos han intentado ver a Wesley como perdiendo su anterior interés en el cristianismo primitivo. Sin embargo, esto no fue así. Antes y después del comienzo del despertar metodista él continuó leyendo y estudiando los escritos de los Padres y mencionándolos en los escritos fundamentales de su Obra. Después de 1737 pueden encontrarse más de ciento cincuenta referencias de escritos de la antigüedad cristiana, incluyendo referencias de los siguientes autores: Arnobio, Agustín, Credo Atanasiano, Atanasio, Atenágoras, Basilio, Juan Crisóstomo, Clemente de Alejandría, Clemente de Roma, Cipriano, Dionisio de Alejandría, Dionisio el Pseudo Areopagita, Efraín de Siria, Epifanio, Eusebio, Ignacio de Antioquia, Jerónimo, Justino Mártir, Macario de Egipto, Orígenes, Polycarpo, Tertuliano, Teófilo de Antioquia.

Las lecturas de Wesley en este período, anotados tanto en sus entradas y a veces en sus cartas y memorias, muestran un continuo interés en la vida y pensamiento de la cristiandad antigua. A bordo de la nave que lo traía de vuelta de Georgia, Wesley se volcó a los escritos de Cipriano encontrando en ellos fortaleza. Por pedido de un amigo en 1740, leyó la Teología Mística de Dionisio el Pseudo Areopagita, reaccionando fuertemente contra lo que entendió como quietismo presente en la obra. En noviembre del siguiente año se sumió en la lectura de la Historia Eclesiástica de Eusebio y el Compendio de Historia eclesiástica de Jean Alphonse Turrenttini, un teólogo ginebrino que había rechazado el calvinismo reaccionario del sínodo de Dort.

En 1749 Wesley publica su ecléctica colección Biblioteca Cristiana destinada a la formación de sus ministros y predicadores laicos. Esta colección incluía muchas obras traducidas, editadas o resumidas de autores cristianos antiguos. En enero de 1749 Wesley publicó una revisión de la Moral Cristiana de Claude Fleury.

b) Las otras fuentes de tradición para Wesley eran las acumuladas por el anglicanismo a lo largo de su historia tales como: El Libro de Oración Común originado en el siglo dieciséis, las Homilías, una selección de sermones elaborada también en el siglo dieciséis para reforzar la doctrina y ayudar a los predicadores a enriquecer sus predicaciones y los 39 Artículos de Religión y Fe, elaborados contra la Iglesia católica, Wesley redujo estos artículos a 25 (24 para la IEMA) y son los usados hasta el día de hoy para delinear los creencias básicas del metodismo. (se encuentran en las primeras páginas del reglamento de la Iglesia Metodista Argentina)

 

Cuarta entrega

La experiencia en la interpretación de la Biblia.

Hasta aquí, las tres fuentes anteriores para la interpretación de la Biblia eran compartidas también por la Iglesia Anglicana. Esta nueva fuente, tiene más que ver con la época en la que Wesley estaba inmerso.

John Locke fue uno de los pensadores más influyentes de la época y fue contemporáneo a Wesley. Sin duda sus premisas influenciaron la manera en que Wesley concibe el conocimiento. En varias ocasiones Wesley comenta su lectura de Ensayos de Locke y lo alaba bastante, aunque dice “hay algunos errores pero que no son de suma importancia, por lo demás es una gran pensador y mejor escritor” . Locke, padre del empirismo, se oponía a la idea de que la realidad pudiera ser conocida “a priori” a través de la Razón, el afirmaba, por el contrario, que la realidad era conocida “a posteriori” a través de lo vivido, de la experiencia, de lo percibido por los sentidos.

Como hemos visto hasta ahora, Wesley siempre intenta la relación dialéctica entre aparentes opuestos, por ese motivo, si bien no acuerda totalmente con Locke, algunas de sus premisas se traslucen en su pensamiento, de esta manera Wesley encuentra el balanceo entre Razón y Experiencia. Especialmente en lo que se refiere a la teología cristiana. Como vimos, un total acercamiento a la razón, provocaba una religión deísta, o cristianos que se daban por satisfechos con una religión racional y formal, desprovista de vitalidad. Es conocida su afirmación: “No tengo miedo de que el pueblo llamado metodista alguna vez deje de existir ni en Europa ni en América. Pero si temo que sólo exista como una secta muerta, con la forma de una religión, pero sin su poder”. Por eso la experiencia es fundamental para Wesley para poder balancear los efectos de un racionalismo desprovisto de vitalidad. Como afirma Charles Yrigoyen “Para Wesley hay dos niveles de experiencia: la interior, cuando advertimos la presencia de Dios operando en nuestras vidas, dándonos seguridad de que somos hijos e hijas de Dios y ayudándonos a vivir más en conformidad con la imagen de Cristo en tanto que marchamos por sus caminos de justicia, misericordia y verdad. La presencia de Dios nos da una conciencia interior de amor, gozo, y paz. Si es auténtica, también la acompaña un cambio en el comportamiento y las acciones del creyente. Por otro lado una experiencia exterior de Dios, cuando lo vemos actuar en la creación, en la historia y en la vida de las personas.”

De esta manera, las cuatro fuentes que conforman un real círculo hermenéutico están presentes en todo el desarrollo del pensamiento de Wesley, son las que ayudan a una lectura de la Biblia amplia y no sectaria, lo que permite una comprensión, que hoy podríamos llamar holística, de su pensamiento.

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