Las preguntas de la Gran Parroquia – Justicia comunicacional

26 Sep 2019
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Las preguntas de la Gran Parroquia – Justicia comunicacional


 

JUSTICIA COMUNICACIONAL
VERDADES Y MENTIRAS

Por Leonardo Félix y Daniel Favaro

Como ciudadanos y ciudadanas, diariamente intentamos informarnos a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. Sin embargo, muchas veces nos enfrentamos a problemas de información proveniente de fuentes poco confiables, datos distorsionados o incompletos, o “noticias falsas”. Los invitamos a leer este texto que nos introduce en esta problemática para reflexionar al respecto desde una perspectiva de “justicia”.


¿Qué hay en las noticias?

Todos los días los medios de comunicación, de diferente tipo y origen, nos dan multitud de noticias e información, brindándonos recursos para formular opinión y juicio sobre diversos temas. Se ponen así en circulación nuevos discursos, textos e imágenes que alimentan la relación que tenemos con otras personas, la comprensión de la sociedad y nuestra manera de entender la acción de Dios en el mundo. Se produce un diálogo que en principio es necesario para una sociedad democrática.

Pocas veces tenemos la posibilidad de evaluar la calidad de esa información que recibimos, especialmente si proviene de una persona conocida por medio de las redes sociales.


  1. ¿Qué dificultades encuentran a la hora de querer estar informados? ¿A qué creen que obedecen estas dificultades? Compartan sus experiencias con el grupo.
  2. ¿Han escuchado hablar de las “noticias falsas” (fake news) y de la “posverdad”? ¿Pueden expresar sus ideas al grupo antes de avanzar con la lectura? Si no conocen estas expresiones, continúen leyendo el texto. Si las conocen, intenten responder las preguntas que siguen.
  3. ¿Qué problemas creen ustedes que acarrea esta producción de noticias falsas? ¿Hay dificultades éticas implícitas?
  4. ¿Cómo podemos verlo desde nuestra fe?

En general, se puede verificar un creciente empobrecimiento de la información debido a que es parcializada y no se tiene en cuenta que los medios de comunicación han pasado a ser propiedad de empresas con diversos intereses económicos, que es lo que más les preocupa. Además, esto ha llevado a una concentración de medios de comunicación de todo tipo, posibilitado por marcos regulatorios estatales ambiguos y débiles.

En la vida cotidiana hay una significativa desigualdad en el acceso a la información socialmente relevante, en parte producida por aspectos económicos y sociales y en parte porque los temas abordados son del interés de las empresas y no de la sociedad.

Este deterioro de intercambio también es cultural. Sobre todo, teniendo en cuenta que tendemos a seleccionar las fuentes de información con las que más nos identificamos, lo que refuerza nuestros juicios previos (pre-juicios).

Toda esta situación ha dado oportunidad a la generación de noticias falsas (fake-news) y al discurso de la “posverdad”. Se trata de construcciones con formato de noticia o análisis periodístico que, utilizando verdades a medias, construyen un relato cuyo único objetivo es reafirmar posiciones en quienes las reciben.

Dicho de otro modo, el fenómeno de la “posverdad” se basa en la subjetividad que cualquier persona tiene de la realidad que percibe, pero en este caso dicha o narrada como un absoluto indiscutible de lo que es (y no puede ser de otro modo). Un ejemplo interesante de esto sería suponer que todas las personas que nacen en América Latina son corruptas por el mero hecho de haber nacido en una región geográfica dada. A esto lo llamamos también “sentido común” que, como tal, carece de valor crítico al momento del análisis. Siguiendo con el ejemplo, preguntas tales como: ¿por qué son corruptos los nacidos en tal o cual lado? no pueden ser respondidas desde la afirmación del ejemplo; simplemente “esas personas son corruptas” y se acepta el dato sin mayores cuestionamientos. Pero claro, el “sentido común” se reafirma sobre la base de quién dirige la información y la multiplica en la sociedad. No es lo mismo nuestra voz diciendo esto en la mesa familiar que un gran multimedio diciendo lo mismo con capacidad de llegar a grandes audiencias.

Por otra parte, desde nuestra fe no nos basta el sentido común para comprender la voluntad de Dios. Dios se revela en Cristo, pero no a partir de una serie de dogmas a cumplir, sino más bien su revelación implica indagar y descubrir dónde y cómo obra Dios en nuestro medio, según el testimonio de las escrituras y su interpretación actualizadora en la comunidad de fe. Por ese motivo necesitamos acercarnos a la Palabra de Dios con espíritu crítico y preguntarnos el cómo y el porqué de lo que el Señor quiere para nuestras vidas y su iglesia.

“En un cristiano de verdad no hay engaño, ni falsedad alojada en su corazón, por lo tanto, tampoco en su boca. Su virtud es la veracidad, la expresión de la verdad en su corazón, la eliminación de toda mentira obstinada.”. J. Wesley, Sermón 90

Si bien, la posverdad no siempre es una mentira en sí misma, siempre expresa una subjetividad que como tal es discutible, cuestionable y nos permite otras lecturas; esto es, preguntas sobre lo que se afirma como un “absoluto” respecto del cual no hay más comentarios que decir, o nada se puede hacer para cambiarlo.

Para poder ir más allá de la posverdad y buscar la verdad de la fe, y así la verdadera libertad, el camino es el discipulado, permanecer en la palabra de Dios revelada en Jesús, y obrar en consecuencia. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:31-32). La verdad es la que genera amor, misericordia, encuentro con mi prójimo y con Dios; todo lo que genera prejuicio, discriminación y odio no proviene del amor de Dios. La mentira que genera odio es diabólica (Jn 8: 44-45). En cambio, quien nos guía a toda verdad es el Espíritu de Dios (Jn 16:13).

Es importante, en esta sintonía de la que hablamos, ver cómo el Consejo Mundial de iglesias estructura su mensaje de Pentecostés 2019 con estas palabras, entre otras:

“Profetizar es decir la verdad. Ningún rango o clase, ninguna raza o club, ningún género, ni siquiera una religión, tiene el monopolio de la verdad. Incluso un humilde pescador puede alzarse para decirla.

Y ninguna falsedad o mentira puede resistir ante el contundente testimonio del amor de Dios que se nos revela en Jesús, un amor que todo lo abarca, que sana y, sin duda, transforma. Finalmente, todas las autoridades deben ceder a la verdad:

Y viendo la valentía de Pedro y de Juan, y teniendo en cuenta que eran hombres sin letras e indoctos, se asombraban y reconocían que habían estado con Jesús. (Hechos 4:13)
En los tiempos que corren, necesitamos un testimonio profético de la verdad como aquel; en nuestras sociedades y políticas, en nosotros mismos y en nuestras iglesias.

La conversión, nuestro enamoramiento de Dios, revela valores que iluminan nuestra comprensión, amplían el alcance de nuestra empatía e incluso agudizan nuestras percepciones. “La mirada del amor” colorea de nuevo el mundo entero en los tonos brillantes de la verdad última y nos impulsa a interiorizarla y a comprometernos con ella.”


Verdades y mentiras: apariencia y revelación

Si bien el uso y consumo de la comunicación digital implica la aparición de intersticios por donde circula cierta información “alternativa”, y que variadas voces circulan por estos nuevos medios, en muchos casos los usuarios (a su vez productores de sentidos nuevos)[1] asumen la visión de esos grandes medios – empresas.

Las cuestiones públicas se resuelven en la vida de todos los días, en las calles, en las manifestaciones, en las comunidades e instituciones como nuestras iglesias y organizaciones de la sociedad civil. Por eso la información debe estar disponible y al alcance de cualquiera para procesar los sentidos sociales que como país vivimos.

Lo que está entonces en el centro de todo esto es la relación entre los medios por los que nos informamos y nuestra capacidad de cuestionar críticamente sus afirmaciones, que resulta en un ejercicio imprescindible para llevar adelante el rol profético de la Iglesia.


Relean la última afirmación:

  1. ¿Coinciden con ello?
  2. ¿Creen que incide en el adoptar un rol profético como iglesia nuestra capacidad de mirar críticamente la realidad?
  3. ¿Cómo incide? Piensen ejemplos.
  4. ¿Qué nos dice la cita del Consejo Mundial de Iglesias en su mensaje de Pentecostés sobre el profetizar hoy?
  5. ¿Cómo podemos en cada lugar donde estemos ser proféticos?

Haciendo nuestro lo común

Comunicar implica justamente poner en común. Por eso todo diálogo es el mutuo reconocimiento de cada ser humano como agente reflexivo con el derecho a formar parte de la historia común[2]

Nuestra existencia como hijos e hijas de Dios resulta de la relación con un otro que vive su experiencia en el marco de situaciones y valores distintos marcados por la situación económica, el género, la etnia, la residencia geográfica, las credenciales educativas, etcétera. Y si comunicar implica poner en común, el mismo proceso conlleva dialogar sobre lo diverso de esa experiencia en común y reconocer la diferencia de esa experiencia común.

Como una moneda de dos caras, no hay posibilidad de comunicación si no hay algo en común; pero tampoco habría nada que comunicar si no hubiera diferencias. La experiencia de los otros, de las otras, nos debe interrogar todo el tiempo. Por ende, si lo común permite la comunicación, necesitamos “escuchar todas las voces”, sin prejuicios, para poder tomar esas decisiones que atañen a toda la sociedad, que comprometen futuros y que nos demandan ser sal y luz del Evangelio como señal clara del Reino de Dios.

Silenciar o ignorar algunas voces solo puede conducir a una realidad de pecado donde el desencuentro será inevitable.

Por esto mismo, afirmamos que la iglesia tiene que ser el espacio para comunicar y dialogar haciendo convivir las distintas subjetividades. Debe también liderar la voz profética para este tiempo.

La Iglesia, como cuerpo de Cristo, defiende la verdad (revelación de Dios) no solo en la discusión teórica (aunque esta también tiene su lugar), sino cuando exhibe las consecuencias del pecado y la mentira (apariencia) en la vida de los seres humanos, especialmente de los más débiles, y de toda la creación, y cuando proclama la esperanza de vida plena como voluntad del Dios Creador y Redentor.


Veamos esto desde las Escrituras: vos y tu comunidad, ¿dónde estarían?

El primer motor de búsqueda de la Historia: El Juan 2.0

Decime cuál es el tuyo…

Leemos Juan 1.35-39 y luego Leemos Juan 1.40-43

 

1º lectura: Juan 1.35-39

Una vez más la figura de Juan el bautista señala y anticipa lo que hay que ver y buscar: Al Cordero de Dios. Desde la formulación eclesiológica se parte para compartir en principio el motor de la búsqueda original. Veamos cómo funciona desde las Tecnologías de Información y Comunicación digital nuestra comprensión de los textos bíblicos.

 

Hagamos analogías digitales

¿Qué son los “browsers”? ¿Motores de búsqueda? ¿Mozilla, Chrome? ¿Qué más? ¿Qué los diferencia a unos de otros? Si bien, todo lo que se busca se puede ver desde cualquier motor de búsqueda, no todos permiten hacer operativas esas búsquedas (por ej. La página de la AFIP hace varios años atrás – ya este problema no existe – se hacía operativa en principio desde ciertos motores y desde otros no).

Si pudiésemos hacer el ejercicio de que cada una de nuestras comunidades fuese un motor de búsqueda, ¿qué cosas se podrían buscar en ellas?: su música, por ejemplo, su cálida recepción, sus mensajes, sus reuniones de oración, etc. Pero con esto no basta…. la búsqueda inicial debe tratar de ser lo más “amigable” posible en principio; debe dar datos concretos y abundantes que permitan “seguir usando y entusiasmarse” con lo que se encuentra.

Un navegador web (en inglés, web browser) es un software, aplicación o programa que permite el acceso a la Web, interpretando la información de distintos tipos de archivos y sitios web para que estos puedan ser visualizados.

La funcionalidad básica de un navegador web es permitir la visualización de documentos de texto, posiblemente con recursos multimedia incrustados. Además, permite visitar páginas web y hacer actividades en ella, es decir, enlazar un sitio con otro, imprimir, enviar y recibir correo, entre otras funcionalidades más.

 

Si partimos de la base de que Juan el Bautista era en sí un primer motor de búsqueda:

  1. ¿Qué cosas se podían encontrar a través de él?
  2. ¿Qué cosas pueden encontrar en tu comunidad las personas que se acercan con distintos motivos y necesidades?
  3. ¿Tenemos en claro qué necesidades podemos resolver y cuáles no?

 

Juan 1.40-43 

Los invitamos a leer este párrafo con atención

Lo que encuentran los discípulos vuelve a tomar un nuevo significado. Ya no es Cordero de Dios, sino Mesías (Cristo). En el compartir la novedad de la inquietud que se buscaba, se descubren otros significados que están más allá de lo que pensamos que podemos dar y ofrecer. ¿Por qué es esto? Porque esa operación básica de la sorpresa y encontrar un nuevo significado, depende de Dios, no de nosotros y lo que podamos dar. Confiemos también que el Señor abre más puertas de las que imaginamos cuando la gente se acerca a nuestras comunidades. Ofrezcamos nuestro amor y pasión por Jesús en la confianza que Dios añade nuevos elementos en los/as que buscan buena nueva.

  1. ¿De qué manera podemos descubrir lo que Dios nos quiere revelar en las diferentes historias de vida de las personas cercanas a nuestras comunidades?
  2. Elijan alguna situación del entorno más cercano – por ejemplo las personas en situación de calle- y analicen cómo la viven los propios involucrados, cómo la presenta la TV, cómo la interpretamos nosotros.
  3. ¿Cómo nos disponemos a escuchar y entender con mirada crítica y amorosa lo que ocurre a nuestro alrededor?

 

  1. Roguemos al Señor por capacidad crítica para revisar nuestros prejuicios y para reconocer las medias verdades o mentiras de los medios de comunicación y redes sociales.
  2. Roguemos por una mentalidad abierta y sensible a las necesidades de nuestro prójimo y una disposición solidaria para buscar juntos las respuestas concretas.
  3. Roguemos para que nuestra iglesia, a través de sus comunidades y miembros, pueda sostener una voz profética en medio de las apariencias y las mentiras, en defensa de la verdad y la justicia, recordando que Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Leonardo: Presbítero de la Iglesia Metodista, actualmente pastor de la IM de Almagro y capellán del Instituto Schweitzer, Miembro del jurado nacional del Centro Ana Frank (Arg.). Comunicador con Postgrado en comunicación digital por la UNLP, Exdirector nacional en comunicación de APINTA (gremio del INTA), Ex director del EEE y del comité de comunicación de la Iglesia Metodista, Actual presidente de la WACC AL, Actual director Ejecutivo de la Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación.

Daniel: Presbítero de la Iglesia Metodista, actualmente pastor de la IM de Flores, colaborando en Mar del Plata y Balcarce, Coordinador del Comité de comunicaciones de la Iglesia Metodista, integrante de la secretaría de proyectos.

[1]                      Desde hace dos décadas y con la aparición de la WEB 2.0 que permite un real intercambio de opiniones con, por ejemplo, artículos de diarios y portales, se habla de la figura del “prosumidor” esto es, no solo podemos consumir la noticia, sino que a la vez, nuestra opinión en los medios digitales genera nuevas interpretaciones y producciones propias que otros y otras toman, para a su vez, volver a interpretar.
[2]                      WACC global www.waccglobal.org/ (World Asociation in Christian Comunications) “La comunicación como derecho humano”.

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