Pensamos y dejamos pensar

08 Jul 2020
en Artículos CMEW
Pensamos y dejamos pensar

No a la imposición ni a la persecución, si a una vida cristiana apasionada


En los posteos anteriores los pastores Claudio Pose y Daniel Bruno realizaron reflexiones desde varias fuentes, acerca de esta frase de Juan Wesley. Yo lo haré en base al sermón “La naturaleza del entusiasmo”, (Obras, Tomo II, Sermón Nº 37). La frase y su desafío “piensa y deja pensar “desde nuestra tradición ha sido y es muy relevante en nuestra región. En nuestra América y sus venas abiertas, el tema nos interpela.

Este sermón es clave en lo que nos enseña y advierte. El mismo fue predicado ya hace dos siglos y medio y, con muy pocas modificaciones, podría predicarse de nuevo contra los “entusiasmos” (o fanatismos diríamos hoy), de nuestro contexto actual. Juan Wesley lo predica –dicen los que saben de su vida y contexto-, para enfrentar los problemas del fanatismo en su tiempo. Wesley usó como referencia bíblica el texto de la defensa de Pablo ante Festo, cuando este le interrumpió y le dijo “Estás loco, Pablo,” (Hch. 26:24). Aunque Wesley no desarrolla ese texto en el sermón, solo lo menciona. No nos podemos detener en las causas –hay estudios sobre ellas- que motivaron a Wesley a enfatizar, en este sermón, el entusiasmo “demente”. Los que saben del contexto histórico del sermón, sostienen que el pietismo había despertado un cierto “avivamiento” en su época y debido a ello surgieron muchos predicadores, incluyendo mujeres, algunas apoyadas por Wesley, pero él se refería a otros que eran itinerantes sin comunidad definida y se prestaban para todo tipo de doctrinas y entusiasmos.

Lo que primero hace, es tratar el problema que aparentemente le preocupaba. Comienza haciendo una diferencia entre la “religión del corazón” y la religión “formal”. Esta, para Wesley, era aquella apegada a la ortodoxia, una religión nominal que se ajusta a las reglas de juego y al rito común. La “religión del corazón” es aquella que se vive en el Espíritu y se puede salir de la formalidad para hablar de la justicia, la paz y el gozo. Así, en la perspectiva de Wesley, los profetas y los apóstoles bíblicos pudieron ser “entusiastas” (p.1). Por ello, no se detiene en este sermón a hablar de los entusiastas inspirados por el Espíritu Santo, a quienes practicaban la “religión del corazón”. Dicen los que saben, que no se concentró en ello porque no era un problema para el naciente movimiento que él lideraba. Pero, sí se concentró y con mucho vigor y vehemencia, a atacar lo que consideró un entusiasmo “negativo, una desgracia, o bien un error” (p.10). Este entusiasmo lo consideró como “un desorden mental” el cual impedía el ejercicio de la razón. Lo llamó una “demencia” (p.11). Lo concibió como una demencia religiosa, locura religiosa originada en el equívoco supuesto de que está bajo inspiración de Dios (p.12). Entonces para el son “entusiastas”:

  • los fanáticos de la religión que son cristianos superficiales por cuanto no han tenido una transformación profunda (p.15)
  • los “fanáticos” porque se atribuyen dones como el de sanidad sin realmente tenerlos (p.19).
  • los entusiastas convencidos que Dios les dicta lo que dicen (p.19), en “visiones y sueños”, pero que según Wesley, no es otra cosa que “imaginación febril” sin verdad (p.21), porque no se guían por lo razonable y bíblico (p.26).
  • Y quienes teniendo “medios” a disposición no los toman sino que recurren a las extraordinarias intervenciones de Dios. Así por ejemplo, creen conocer la voluntad de Dios y conocer la Biblia, pero no la leen. También estos entusiastas son los que no se preparan para hablar, porque Dios habla por ellos (p.27).

Insistirá que la demencia de tales entusiastas es nefasta porque estos crecen permanentemente en soberbia y en su propia opinión pero se la atribuyen al Espíritu Santo, afirmando que Dios habla por ellos, actúa por ellos cuando en realidad son imaginaciones, sueños, visiones y deseos propios.

Tratando de bajar a la realidad, Wesley hace dos recomendaciones –entre otras- que me parecen claves para nuestra actualidad mencionada al comienzo:

  1. “aprende a pensar antes de hablar”… “cuídate de no hablar sobre aquello que no conoces” (p.33). Insiste en que nos debemos cuidar de juzgar o tildar a alguien de entusiasta, según lo que dicen terceros de él. Juzgar sin evidencia no es justo ni misericordioso, sentencia (p.34).
  2. Y también aconseja que no actuemos como los “entusiastas” que andan persiguiendo a los demás. Dios no nos llamó a destruir la vida de los demás sino a salvarla. “Nunca se te ocurra a forzar a otros a entrar en los caminos de Dios “(p.36). Tampoco, se debe forzar a otros a pensar como tu. … “Piensa y deja pensar. No obligues a nadie sobre cuestiones de religión, ni los fuerces a entrar por medios que no sean la razón, la verdad y el amor” (p.36).

Para concluir, y siguiendo estos consejos: debemos aprender a convivir con los otros sin los prejuicios de cualquier tipo que se nos quieren imponer. Conocer de primera mano y pensar antes de hablar. No muy común en las redes sociales y el diálogo hoy. ¿Verdad?

Segundo, La destrucción del otro o su eliminación es una marca de nuestra cultura profunda, como el autoritarismo y la imposición. Los pueblos originarios sufrieron esto desde la llegada del conquistador. Y sufren hoy la persecución y su eliminación. Y hoy en tiempo de fake news, de escuchas ilegales para perseguir a propios o extraños, en tiempos de big data para imponernos opiniones o consumos, en tiempos de pandemia donde se nos puede hacer creer que el otro/a se reduce a una amenaza, la lectura de este sermón es clave. También en tiempos donde el cristianismo debe recuperar la pasión o un saludable entusiasmo – (uno de sus significados es tener a Dios dentro, “en theos mos”- .)

Necesitamos una religión del corazón saludable, una militancia cristiana auténtica y renovada, pero sin caer en la imposición, fanatismo o autoritarismo. Sino en un diálogo sin prejuicios, sin imposiciones y guiado por la razón y el respeto de la libertad del otro ¿Nos parece que es posible vivir esto en la sociedad en que vivimos, o es una ilusión? ¿Para pensar y seguir pensando, no?


Pablo Oviedo para CMEW
Tiempo de pandemia, pero de resurrección


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