La Comunión, ¿un sacramento devaluado?

07 Jul 2022
en Artículos CMEW
La Comunión, ¿un sacramento devaluado?

-“¿Cada cuantos domingos se predica el evangelio en los cultos de tu iglesia?” pregunta Inés. -“Una vez por mes” responde tranquilamente Juan.

Sorprendida Inés: ” Pero ¿cómo? ¿por qué una sola vez por mes?”, Juan le argumenta…”Y no sé…siempre se hizo así…” Además”, agrega, “es algo tan importante que es mejor hacerlo poco, ¡pero bien! De lo contrario ¡podría gastarse su sentido y los cultos serían muy largos todos los domingos!”


Extraño diálogo ¿no? Claro es inventado. Eso nunca podría ocurrir porque la predicación de la Palabra es considerada central en nuestros cultos. Por eso, la Palabra es predicada todos los domingos.

Sin embargo, no nos resultaría tan extraño y más aún nos sonaría un diálogo casi normal, si en esa misma conversación la palabra “predicación” fuese sustituida por “Santa Cena, o Comunión”.

Efectivamente, en el metodismo argentino, solo el 33% de las comunidades celebran la Eucaristía dominicalmente, otro 33% lo hace cada quince días y el 33% restante, ¡una vez por mes! Hace 40 años el porcentaje mensual hubiese sido aún mucho mayor. Esta realidad no debe diferir demasiado del resto de las iglesias metodistas de América Latina.

¿Por qué sucede esto?

Las respuestas a esta pregunta podrían ser muy similares a las dadas por nuestro personaje Juan. Así, tan superficiales y sin sentido. Pero ¿cómo llegamos a esta práctica, siendo que tanto la Palabra predicada, como la Palabra gestual del sacramento se encuentran en el mismo nivel de importancia para la liturgia cristiana de casi todas las iglesias, incluido el metodismo en sus orígenes.

Los motivos podemos encontrarlos en distintos planos, (ninguno de ellos tan poderoso como para que no pueda cambiarse).

Uno de los motivos está dado por el condicionamiento histórico de nuestras iglesias metodistas en América Latina, producido por la impronta misionera del metodismo del siglo 19 en los EEUU. En ese momento el metodismo norteamericano se abría paso en las áreas de frontera en expansión hacia el oeste. Los encargados de esa expansión misionera fueron los llamados “circuit riders” o “predicadores itinerantes de circuito”, reales héroes en esa tarea ciclópea. Como la palabra lo dice, eran predicadores que recorrían a caballo un circuito de pueblos y aldeas donde había comunidades metodistas.

El recorrido de un circuito podía durar de uno a dos meses. Esto quiere decir que esas comunidades celebraban su culto, cantos, predicación y santa cena, solamente cuando llegaba el predicador, o sea, una vez por mes o cada dos meses!. Los domingos en los que no estaba presente el predicador itinerante, las comunidades se reunían para leer la Biblia y escuchar a un miembro de la comunidad local compartir una reflexión sobre el evangelio. Los sacramentos, bautismo y Santa Cena, se celebraban solo cuando llegaba el itinerante.

Obviamente, estos eran tiempos fundantes, ¡en condiciones extremas (se calcula que la expectativa de vida de los itinerantes no superaba los 40 años) tiempos en los que se hacía lo que se podía! Esta práctica no estaba basada en argumentos teológicos, ni doctrinales, sino en lo rudimentario de las condiciones prácticas en las que se desarrolló el metodismo en EUU.

La llegada de los misioneros a América Latina tuvo esta impronta, además, durante el desarrollo de las primeras comunidades metodistas, la realidad no era muy distinta a la experimentada en la frontera norteamericana, también aquí, la vida sacramental debía esperar la presencia de un ministro itinerante que recorría un circuito para su celebración.

Otro de los motivos, podemos encontrarlo en la intolerancia mutua que el metodismo latinoamericano mantenía con el catolicismo. Se podría decir que, hasta ya entrada la década de 1940, el metodismo, como el resto del campo “evangélico”, mantuvo una actitud de choque controversial con el catolicismo.

Esto llevó al metodismo a rechazar muchas “formas” o “actitudes” o “gestos” que podían parecer católicos. Por lo que la celebración de la misa católica, o sea la celebración de la eucaristía cada vez que se realiza una Misa, debía, en este contexto, ser sustituida con alguna práctica característica propia “evangélica”. De esta manera se pensó que la Santa Cena dominical, podría parecerse mucho a la práctica católica de la Misa, por lo que se alentó el no uso de la palabra Eucaristía, y también la práctica no frecuente de la santa Cena. De esta manera el metodismo se privó durante muchas décadas de rescatar palabras, símbolos y rituales que enriquecieron la historia y la liturgia cristiana sin distinción de procedencia durante siglos.

Otro motivo, ligado al anterior es el desprecio o poca importancia que se prestaba al valor de lo simbólico en nuestras liturgias. O para decirlo de otra manera, el sobredimensionado lugar que se le otorgó (tal vez por una herencia calvinista desubicada en nuestra tradición wesleyana) al valor de la palabra hablada en detrimento de la palabra gestual y simbólica que conforma el lenguaje propio con el que hablan los sacramentos cristianos.

Por último, existen argumentos, de un nivel tan pobre, como los que expresaba nuestro personaje Juan al comienzo: “celebrar la Santa Cena todos los domingos, gasta el sentido por la repetición”, o “los cultos con Santa cena se hacen muy largos.” o “demanda mucha preparación”. No debemos descartar el peor argumento…”¡Porque siempre se hizo así!”, argumento que revelaría la suma de todos los motivos anteriores, ocultos y operando en el subconsciente de muchas comunidades.

Como con tantos otros temas, vale la pena recurrir a la experiencia y los problemas con que se enfrentó Wesley en su tiempo. Su posición sobre este tema, lo deja muy claro desde el título de uno de sus sermones: “El deber de la comunión constante” donde realiza una fuerte defensa de la Cena del Señor, no solo dominical, sino de participar de ella “tanto como fuera posible”.

El desarrollo de la argumentación de Wesley en este sermón lo podrán encontrar en un posteo de nuestra colección, elaborado por el pastor Claudio Pose, al cual podrán ingresar a través de este enlace.


“La fiesta que el Señor ha preparado para nosotros.”


Daniel Bruno para CMEW


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