Iglesia, comunidad profética

Derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad:
los hijos e hijas de ustedes profetizarán,
los viejos tendrán sueños
y los jóvenes visiones.
Profeta Joel, 3.1 – Biblia Dios habla hoy
Nuestra experiencia de 190 años de presencia activa en la sociedad argentina nos demuestra la importancia de que la fe y las obras vayan de la mano. Vivir este principio es una prioridad de cada día en nuestras comunidades de fe. Me siento privilegiado de servir en una comunidad en la que nos esforzamos por caminar, aunque sea en pequeños pasos, en caminos de amor, justicia y esperanza.
Me siento privilegiado de amar a un Dios que invita a todos y todas, haciendo de desposeídos, pobres y oprimidos, explotadas y maltratadas los primeros y primeras ciudadanas de su reino. ¡Qué privilegio que Dios nos llame en el nombre de su hijo Jesucristo a transformar el mundo de modo que los primeros sean los últimos y las últimas sean las primeras! Nos preguntamos, ¿qué nos pide el Dios de la salvación eterna? Y respondemos cada día con nuestra vida, practicando la justicia, amando la bondad, y caminando humildemente con nuestro Dios.
“Dios nos ha dado la esperanza de saber que la justicia reinará en el mundo, tal como lo hace ahora la injusticia. Aunque sabemos que toda la creación gime a una, nuestro consuelo es que no gemirá por siempre: Dios levantará y sostendrá su propia causa.”
J. Wesley
Comunidad profética es aquella que tiene y muestra compasión y justicia. Es la comunidad que vive la buena noticia, que sigue las pisadas de Jesús atendiendo al necesitado, no desde el mero discurso, sino asistiendo y transformando la vida un poco cada día, con la firme decisión de mostrar algo del Reino de Dios y su justicia. Es la comunidad que no se conforma al presente tiempo, sino que evidencia y hace la voluntad de Dios de modo crítico, solidario y esperanzador.
Queremos seguir fortaleciéndonos en acciones cotidianas que se interesan por el bienestar de nuestras gentes más allá de nuestra propia iglesia, realizando actos de misericordia en nuestros vecindarios. Queremos ser pertinentes y relevantes, buscando todas las oportunidades que Dios nos posibilita para mostrar y vivir su fidelidad, su amor y su justicia.
La vivencia y el compromiso histórico y profético resulta ser una de las dimensiones relevantes en la misión de la iglesia. Como cristianos, los y las metodistas no somos espectadores de nuestra realidad, sino que, con Jesús profeta, profetizamos nuestra indignación por toda injusticia y vivimos con alegría y gratitud la profecía de la solidaridad compartida todos los días. Junto a Jesús víctima de los atropellos, denunciamos los vejámenes sufridos por niños y niñas, adolescentes y juveniles, ancianas y ancianos, al tiempo que nos alegramos y festejamos todo avance por cada dignidad restaurada en la lucha por la vida y en la solidaridad compartida.
Trabajar por la libertad, la justicia y los derechos mutuamente asumidos es un llamado urgente e ineludible para cada metodista. Cumpliendo 190 años de testimonio vivo como iglesia en nuestro país, a los 57 años de nuestra autonomía, es que asumimos el deber y la responsabilidad que nos toca frente a la herencia de fe que nos acompaña: la gran nube de testigos, junto a nuestro pueblo y como parte de la gran patria latinoamericana.
Y con fidelidad nos asumimos como expresión de una iglesia profética: libres de todo y de todos, para ser servidores de nuestra gente, sin distingos, siervos solo del Jesucristo que nos hace libres.
Te invito a orar: Dios de la vida con corazón de madre y padre, inspíranos para ser comunidades que resisten…
- desde que aceptamos a Jesucristo como único Señor,
- desde la indignación ética de Jesús,
- desde comunidades de fe sencillas que se comprometen como luz y sal en la comunidad más amplia que nos rodea,
- iluminando en la construcción de proyectos sociales, culturales, políticos y económicos,
- que brindan prioridad a lo público por sobre lo privado, al bien común antes que al bien individual, a la inclusión antes que a la sistemática exclusión, priorizando la cultura de la paz antes que la cultura de la violencia.
Y oramos, Dios de la vida plena y abundante, que nos ayudes a romper los sectarismos, como servidores de reconciliación,
- para unirnos a otros y otras en la certeza de que otros mundos son posibles y
- para que trabajemos en la construcción diaria, cimentados y arraigadas en la propuesta de Jesús y su reino de justicia, alegría y paz.
“Plantemos dátiles, aunque quienes los plantamos nunca comamos de sus frutos. Debemos vivir por el amor de lo que nunca veremos… Esta forma de amor disciplinado es lo que ha dado –a los profetas, los revolucionarios y los santos– el coraje de morir por lo que han vislumbrado. Hacen de sus propios cuerpos la semilla de su más honda esperanza.”
Rubem Alves
Abrazo fraterno/sororal.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
