Biblioteca Pagura: Homenaje y legado para cambiar de vida

11 May 2015
en Hombres, Servicio social
Federico Pagura

La Multisectorial de Solidaridad con Cuba y el Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes), llevaron el nombre del obispo metodista y lo presentaron al director del penal, Mario Fernández, para designar a la biblioteca de la cárcel.

Por Alicia Simeoni
Tomado de Pagina 12 -Rosario-

La enorme humanidad de Federico Pagura y una biblioteca con su nombre en la Unidad de Detención Nº 6, creada a partir de la instrumentación del programa cubano de alfabetización «Yo, sí puedo», fueron los motivos para reunir en ese lugar, en la ex Alcaidía de Jefatura de Policía, en avenida Francia al 5.200, a los representantes de distintos credos religiosos: El titular del Arzobispado de Rosario, Eduardo Martin, el sacerdote Alejadro Saba de la Iglesia Ortodoxa, Walter Arturo Callieri de la Asociación Civil Islámica y al pastor Eduardo ‘Teddy’ Rivello, de la Iglesia Evangélica. Alrededor de 1.000 libros se ofrecen a los detenidos, en su mayoría hombres jóvenes y pobres, tal como sucede en otras cárceles del país, transformadas en depósitos de personas, tal como decidieron las políticas neoliberales para que la sociedad tenga a quien culpar por males cotidianos. El compromiso de Pagura por construir una vida mejor porque el paraíso, sostiene, está aquí y no en la muerte y la elección de su nombre para la biblioteca por parte de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba y el Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes).

Las dos organizaciones llevaron el nombre del obispo metodista y lo presentaron al director del penal, Mario Fernández, para designar a la biblioteca de la cárcel. La idea surgió el año pasado cuando comenzó la tarea de alfabetización en una población donde hay porcentajes importantes de analfabetos reales o funcionales. En la primera ‘promoción’ se graduaron 18 hombres y en lo que va de 2015, de los cerca de 500 internos, 108 se anotaron para aprender a leer y escribir. Esta experiencia puede exhibirse como estandarte: si es posible llevar adelante esta acción en el confín de la sociedad, debe ser viable en el afuera de la cárcel, para que en el país todos los habitantes sepan leer y escribir.

Federico Pagura es ciudadano ilustre de Rosario y también de Arroyo Seco, su ciudad natal, fue presidente del Consejo Mundial de Iglesias pero sobre todo se comprometió con la defensa de los derechos humanos con una concepción integral. Mientras era obispo en Mendoza jugó un papel importante en la ayuda a los perseguidos por la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile. Con la dictadura argentina él mismo fue un perseguido por su defensa de la democracia, de los más necesitados, y de quienes se enfrentaron al terrorismo de Estado. Fue y es amigo de la revolución cubana e intercambia correspondencia y tiene trato personal con el comandante Fidel Castro, con numerosos intelectuales y figuras de todos los continentes comprometidos con la idea de un mundo mejor y del trabajo activo para conquistarlo. Es miembro fundador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y, a sus 93 años, está en cada lugar donde se lo necesita. Además es poeta y escribe letras de tango «siempre esperanzadoras», dice el obispo metodista.

El acto ecuménico con el que se dio el nombre de Pagura a la biblioteca fue el que se correspondía con la realidad que se vive en la cárcel: la Iglesia Evangélica es la que tiene presencia diaria en éste como en otros lugares de prisionización. En ausencia del Estado se ocupa de la ‘pacificación’ para un tránsito más tranquilo en la vida de los presos. De los 11 pabellones que existen en la Unidad 6, 7 de ellos son los conocidos como ámbitos cristianos: allí los detenidos se convirtieron y abrazan la religión aunque mucho podría decirse acerca de qué pasa cuando quien está en condición de detención sale de la cárcel y se encuentra con la realidad adversa: la Biblia y la palabra de Dios continúa en la vida del liberado sólo en algunas ocasiones y, se deja de lado en muchas otras.

El pequeño lugar destinado a la biblioteca que desde el miércoles pasado lleva el nombre de Obispo Federico Pagura está atendida por Walter Gutiérrez y Juan Nóbile, dos hombres de 35 años que tuvieron alguna posibilidad en la educación formal y pueden trabajar como coordinadores en todas las tareas que fueron desde la clasificación de los materiales recibidos a través de donaciones, en la campaña que se llamó «Mi primer libro», impulsada por el Cepes y la Multisectorial, hasta la recorrida diaria a través de los pabellones para ofrecer materiales de lectura a los internos. Gutiérrez y Nóbile son quienes con un carrito de los que se usan en supermercados realizan el recorrido diario desde las 10 de la mañana y hasta el mediodía, ofreciendo distintos títulos de los cerca de 1000 que componen el bagaje de la biblioteca. Allí hay ejemplares de historia, de aventuras, cuentos, algo de literatura general y pequeños libros infantiles que se prestan a las familias con niños que van de visita al penal.

«Los cuentos, algunas aventuras, enciclopedias y literatura bíblica son los más demandados», dice Juan Nóbile quien con su compañero Walter cumplieron con la función de facilitadores del programa del «Yo, si puedo» durante el 2014.

La reflexión de Nóbile es una muestra del sentimiento de temor que está con cada uno de los detenidos cuando se acerca el momento de la libertad: «Hay personas que reciben los libros, otras que no se interesan, pero es bueno sentir que se tiene la capacidad de conocer a través de la lectura. Cuando llega esa salida tan esperada, hay intenciones muy distintas a las que se tenía al momento del encierro. Pero pronto esa persona que recupera su libertad deberá enfrentarse con todas las puertas cerradas. El Estado debería contar con instituciones de contención, sobre todo para los primeros 6 meses o 1 año a partir de la salida del penal, el período más difícil de sortear para no volver a delinquir» .Además explica que se debe prever que «A quien está dispuesto a cometer un delito no le importa la pena que pueden llegar a darle. Si no tiene ninguna oportunidad y estuvo 2 o 3 años preso, la próxima vez tendrá una condena de 10». Pareciera que es imposible salirse de ese futuro anunciado. Y sigue: «Yo me convertí aquí, el rol de la iglesia es fundamental: donde antes había personas lastimadas, muertas, ahora hay tranquilidad y paz, respeto. La palabra de Dios está donde antes había puñaladas». Mientras tanto el Estado hace lo que siempre hizo: sólo pone presos a ocupar distintos pabellones.

Chicos rosarinos

Guillermo Cabruja, director del Cepes e integrante de la Multisectorial abrió el acto. «Quienes no saben leer ni escribir son chicos rosarinos, de los distintos barrios de la ciudad y la aclaración vale para que desde el Estado no se quiera evitar la responsabilidad al decir que vienen del Chaco, que son parte de la migración interna que se produce en el país. Nadie eligió ser pobre, muchos menos analfabeto cuando tenía 5 años y eso no significa que las personas no tengan que hacerse cargo de las malas decisiones que toman, pero para una sociedad más justa y solidaria no hay otra salida que traerlos con nosotros. Es más fácil decir: «Hay que matarlos a todos que pensar en que hay que cambiar»

Luego fue el propio Pagura el que con su llamado a la paz dejó un mensaje al Servicio Penitenciario para que ninguno de sus hombres olvide «que están trabajando con seres humanos»

Norberto Galiotti, referente de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba señaló el aporte de Pagura a la teología para la liberación porque «él concibe su militancia cristiana como un compromiso de vida con los pobres, los excluidos y los marginados y ese compromiso es el que le permite tener el reconocimiento internacional» que hoy tiene. Pagura orienta su fe para la construcción de una sociedad mejor, no de un paraíso mejor y está convencido que el paraíso está en la vida y no en la muerte. Esto es lo que trasmite en sus liturgias».

También fue publicado en «El ciudadano & la gente«

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