Entrevista al Pastor Américo Jara Reyes, Obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina

31 Oct 2017
en El Estandarte Evangélico, Episcopado
Entrevista al Pastor Américo Jara Reyes, Obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina


1. EEE: Seguramente estos días han sido de mucha emoción y movilización, tanto personal como familiar. ¿Cómo estás y cómo te sentís?

Estos días han sido muy movilizadores y de mucha oración. Hace tiempo que veníamos orando sabiendo que mi nombre era levantado por algunas hermanas y hermanos como posible candidato a la función episcopal. En el fondo, siempre creímos que había otros nombres con mejores dones y aptitudes para ejercer el episcopado.

Muchas cuestiones se han puesto en juego: familiares, de pareja y personales. Hemos estado orando pidiendo discernimiento sobre este tiempo. Reconocer la voluntad del mismo Espíritu y su evidencia, para entender el llamado de Dios en la voz de la hermandad reunida en la XXV Asamblea General. Temor y temblor es la mejor manera de describir la vivencia de este tiempo. A la vez una gratitud inmensa a la iglesia, la familia grande por esta elección. Esta función sigue siendo pastoral y de acompañamiento, no puedo desestimar el temor frente a lo nuevo y la responsabilidad que significa el ejercicio del episcopado. Confío en el Señor, quien hasta aquí ha acompañado y seguirá haciéndolo con su gracia y tierna presencia.

2. EEE: Sabemos que viniste de Chile con tu familia siendo muy joven. ¿Qué motivó el traslado familiar a la Argentina?

Los que nos trajo como familia a la Argentina fue la dictadura militar encarnada por el General Pinochet. Nosotros, tanto por la línea materna como paterna, crecimos en la iglesia metodista de Victoria de Chile. Mi papá, predicador laico de la iglesia, militaba activamente en la Unidad Popular. Así que, cuando Salvador Allende llega democráticamente al poder, imagina el festejo de mi viejo. Él era secretario del partido socialista en nuestro pueblo. Pero luego, accedió a un puesto en INDAP (Instituto de Desarrollo Agropecuario) como jefe de área, y ello lo llevaba a la visita de pequeños productores rurales acompañando las líneas políticas en favor del campesinado gestadas por la Unidad Popular. Al mes del golpe militar, para ser más preciso, un 27 de octubre, luego de varias detenciones y torturas, fue cobardemente acribillado por una ráfaga de metralla en un campo cercano, donde fue llevado desde la cárcel de Victoria cuando tenía38 años de edad, junto a otro joven de 21 años de edad llamado Pedro Apablaza. Esto nos sumió en un profundo quebranto familiar. Recuerdo que no pudimos hacer ni siquiera una despedida, ya que fue prohibido cualquier tipo de discurso frente al ataúd cerrado, por orden de la repartición militar. No obstante, el pastor que nos acompañó en el cementerio, tuvo palabras de despedida y predicó el evangelio haciendo caso omiso a la orden establecida. Después de este desgarrador suceso la historia familiar no fue para nada fácil, y así es que en el año 76 llegamos a la Argentina en búsqueda de un futuro mejor, según decía mi madre. Pasamos por la iglesia de Ramos Mejía en el año 76 y luego fuimos a Lanús Este, como caseros de la iglesia.

3. EEE: Todo obispo ha sido antes pastor y antes laico. ¿Cómo fue tu llamado al pastorado?

Siempre participe activamente en la iglesia. En los grupos de jóvenes, como coreuta, etc. Pero tuve un tiempo de crisis a mitad del cursado del secundario. Deje de estudiar por un año sin saber el rumbo de mi vida. Ahí tenía una cantidad de amigos en situaciones parecidas, medio hippies/rockeros escuchando al “flaco” Spinetta, Pastoral, Vox Dei… y deambulando por las calles de Lanús y por el centro de la ciudad. Venía complicada mi historia, creo que mi vieja no sabía qué hacer, así que se dedicó a orar por mi vida. No sé bien cómo, pero pasado ese año, tome la decisión de terminar el secundario, y pasados tres años, sentí un llamado vocacional a formarme como varios de los pastores que había tenido: Don Eduardo Gattinoni, Guillermo Sabanes, Claudio Pose, Guido Bello. Primero fue el tema de la música, en aquella época estaba la escuela de música en el ISEDET y terminé decidiéndome por la capacitación teológica. Creo que el Señor me arrancó de una historia bien poco feliz con ese llamado vocacional intenso en mi vida.

4. EEE: Te preceden obispos que han marcado con su impronta la vida de la Iglesia Metodista. ¿Qué consideras que han aportado Federico Pagura, Aldo Etchegoyen, Nelly Ritchie y tu antecesor, Frank de Nully Brown?

Sus aportes, en diferentes momentos de nuestra historia, han sido muy valiosos. Hay que mencionar a Don Carlos Gattinoni, quien le dio una profunda impronta de visión pastoral a su episcopado. Condujo la iglesia en un tiempo nuevo que se abre en el ´69, con la asamblea de la autonomía. Tuvo siempre una profunda vocación misionera y de compromiso. Ahora, lo que le llevó a un compromiso enorme con los refugiados de Chile por el golpe del ´73, al igual que a uruguayos y paraguayos, que se asilaban en Argentina. Sostenía que un pastor lo único seguro que puede hacer por el que sufre es orar por y con él. Puede no tener respuesta, no tener los recursos, hasta puede equivocarse en el consejo, pero debe orar con fe por la persona. La oración se convierte en acción y compromiso de vida y por la vida.

A este gran hombre y pastor le sucede Don Federico Pagura. Como me encanta la música y aprecio la poesía, no te puedo mentir y te confieso que “Tenemos Esperanza” es una marca indeleble de este gran conductor de la IEMA que fue elegido en el ´77 como obispo de la iglesia. Este tango describe con mucha elocuencia una profunda y profusa espiritualidad y el compromiso histórico de este pastor nacido en Arroyo Seco. No puedo dejar de valorar su compromiso con los refugiados chilenos, que le costará una bomba en la iglesia de Mendoza. Su compromiso y militancia por los derechos humanos, marcó mucho su trayectoria. Reconocido en América Latina, por su presencia y voz profética. Hasta sus últimos días no cesó de mantener en alto la bandera del compromiso por la vida, una mirada y práctica ecuménica y de pastoreo militante en la gran parroquia. Su referencia en el Consejo Mundial de Iglesias, como así también en el Consejo Latinoamericano de Iglesias, resulta indiscutible y de un valor inestimable.

Otro gran hombre de Dios, el pastor Aldo Etchegoyen, con un obispado señero. Un gran compromiso hacia los pueblos originarios. Destaco su compañía en la obra en el Chaco, con la Junta Unida de Misiones en las tantas luchas del pueblo QOM. Un fuerte trabajo en Derechos Humanos e impulsor incansable de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Y en hora buena, la iglesia levanta una gran mujer y pastora como la obispo Nelly Ritchie. Firme vocación y compromiso con la vida y misión de la iglesia. Sin desestimar la vocación y el compromiso histórico de la iglesia en pos de los derechos humanos, el compromiso social por la construcción de un tiempo más justo, la denuncia de los poderes que generan pobreza e inequidad, he sentido un fuerte impulso en pos de un tiempo de renuevo para la iglesia. Fortaleció líneas estratégicas hacia la generación de nuevos liderazgos, la pastoral de la mujer, los jóvenes, la educación cristiana. Allí inicia la construcción del Plan Estratégico Integral y marcas señeras de preocupación por fortalecer la misión y evangelización. Una visión profundamente conexional de la vida de la iglesia le acompañó durante su episcopado, por mencionar algunos tópicos de su ministerio.

El pastor Frank de Nully Brown, ha marcado su gestión con una mirada pastoral, junto a una importante capacidad organizativa así como su preocupación por el desarrollo congregacional. La búsqueda del diálogo ecuménico e interreligioso es parte de su mirada. La formación del liderazgo, incluyendo el pastoral, además de una clara búsqueda y construcción de espacios formativos, en el apoyo al Centro de Estudios Wesleyanos y a la carrera de licenciatura en teología en la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano.

5. EEE: Hay tensiones y conflictos en diferentes lugares de Latinoamérica ¿Qué lectura haces a nivel regional en cuanto a lo político social y el papel que las Iglesias deben tener en medio de esas situaciones?

Estamos sumergidos en un tiempo complejo por la diversidad de conflictivas que se dan en nuestra América Latina. Hemos vivido procesos políticos esperanzadores por las respuestas a las grandes mayorías humildes y necesitadas. Pero estos procesos, no debemos engañarnos, han estado teñidos por actos de corrupción. Ningún gobierno ha estado libre de caer en este tipo de hechos, que empañan los grandes objetivos políticos de construcción y búsqueda de un tiempo de justicia y plenitud para los pueblos. Tampoco debemos ser ilusos en cuanto a la reacción frente a procesos de mayor justicia social, igualdad, políticas de inclusión y promoción de la vida, por parte de quienes concentran -hasta escandalosamente- los medios de producción materiales y simbólicos. Hay grandes temas que siguen siendo parte de una agenda que no ha recibido respuestas profundas. La realidad de los pueblos originarios, el derecho a la tierra, la crisis medioambiental, la concentración de la riqueza y los medios de producción, las necesidades básicas insatisfechas de grandes mayorías de nuestros pueblos. Y todo ello, en una suerte de paradigma que parece afirmar con nuevas lógicas de construcción donde se desarrolla una sociedad desigual.

Creo que el papel de la iglesia, fiel a su maestro y Señor, es correr todo velo a fin de que se pueda ver con claridad y sin engaños. La palabra de la iglesia ha de desenmascarar aquello que oprime y esclaviza, de modo que nos encaminemos como pueblos a la vida plena. Diría una vieja canción de mi adolescencia: “un mañana de pan y pueblos libres y el Señor como guía del corazón”. Estamos llamados a no ser meros espectadores de lo que acontece, como si todo fuera un reality, sino que estamos vocacionados a ser voz y palabra, que tantas veces denuncia y convoca a la vida, que llama a enderezar las sendas, allanar los montes, a preparar los caminos…

6. EEE: La Iglesia Metodista ha sido y es una iglesia ecuménica. Sin embargo, el ecumenismo enfrenta algunas tensiones no solo en nuestro país, sino también en el continente ¿Cómo considerás el ecumenismo en nuestro país?

Oikoumene es la preservación de la casa de conflictos internos. Oikoumene es la preservación de la casa grande, la totalidad del mundo habitado. Aquí se ubica la tarea ecuménica y el diálogo en pos de las temáticas que aparecen en este nuevo tiempo.

Debemos ser capaces de proseguir, reunidos en una misma mesa y construir caminos de diálogo, puntos de encuentro; aceptar las diferencias en la certeza de que no hay formas únicas, y nadie es poseedor de la verdad absoluta. El tiempo presente reclama fuertemente aquello de que “sean uno para que el mundo crea”. Somos herederos de una historia de diálogo y trabajo ecuménico. Estamos habitados por esta mirada. Y por ello sigue siendo vital el encuentro como hermanos y sumar fuerzas en torno al Reino de Dios y su justicia.

7. EEE: Hace unas semanas se celebró la XXV Asamblea General de la Iglesia Metodista. ¿Qué desafíos consideras que la Iglesia debe enfrentar de aquí en adelante?

La iglesia tiene como desafío enorme conectarse con la misión en un mundo complejo, conflictivo y cambiante. De alguna manera, la gran parroquia va teniendo nuevas preguntas y la iglesia ha de tomar el guante de estos nuevos interrogantes y disponerse a responder. En la medida que la iglesia pueda conectarse con las preguntas del nuevo tiempo y dejarse incomodar por las mismas, tiene la oportunidad de ser una iglesia que tiene algo para decir pertinente y significativo a nuestros pueblos. Tenemos que dejarnos interpelar por una nueva situación de la humanidad, hay un cambio de época y una crisis civilizatoria, como da en llamar el teólogo Leonado Boff. Hay una monumental crisis y se requiere un cambio de paradigma en relación a cómo construimos o destruimos nuestra casa común. La pregunta es cómo se construye un nuevo tipo de ciudadanía con nuevos valores, que surjan de descubrir lo sagrado de la vida misma, la propia y la ajena. En la medida que nos conectemos con la misión es que la ecclessia se estructura. Dicho en otros términos, es la misionología la que constituye la eclesiología. En definitiva, a mi modesto parecer, la misión es el gran desafío para nuestro tiempo y nuestra iglesia, y ello conlleva las nuevas preguntas de la gran parroquia.

8. EEE: ¿Cuáles son lo énfasis o prioridades que tu episcopado tendrá en el próximo bienio?

Hay líneas que vienen siendo abordadas desde la IEMA y se han de sostener y profundizar. La búsqueda de ser una iglesia autosustentable es nuestra meta de mayordomía y gestión, que han de acompasar la vida y misión.

Es necesario enfatizar y lograr ser una iglesia no sólo que se afirme en movimiento, sino que en la misma práctica lo evidencie.

El énfasis en la evangelización debe cautivar nuestras prácticas cobrando pasión, entusiasmo, creatividad en modos de vivenciar este desafío. Hay que fortalecer la comunidad de fe, la unidad en el testimonio, fortalecer la espiritualidad.

Se requiere avanzar y profundizar el ministerio laico, y la formación del mismo para equipar a los equipos pastorales, de misión, etc.

Proseguir dándole seguimiento a la Licenciatura en Teología bajo la modalidad a distancia alojada en la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano.

Lograr que nuestro lema “Jesús vida para descubrir y compartir” se atesore en la vida de nuestras congregaciones. De modo que nuestras comunidades de fe se conviertan en lugares donde la vida es sanada, donde la compasión es posible como estilo de vida, y donde veamos bajo el lente de la gracia, que la verdadera vida es posible.



El Estandarte Evangélico
Siendo acción y palabra que anuncia y denuncia

TERCER TRIMESTRE 2017


 

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