Al finalizar el año…
Al llegar al final de este año nos detenemos para agradecer, mirar con honestidad lo vivido y volver a poner nuestra esperanza en Dios.
No ha sido un tiempo sencillo. Las decisiones políticas y económicas han impactado con fuerza en la vida de nuestro pueblo, profundizando la desigualdad y afectando especialmente a las personas y comunidades más vulnerables.
Como iglesia, no estamos al margen de esta realidad: nombramos el dolor, la injusticia, las preguntas y el cansancio, y los llevamos delante de Dios.
Y, aun así, damos gracias. Porque en medio de lo difícil, Dios ha estado presente en cada comunidad reunida, en cada gesto de cuidado y solidaridad y en cada oración compartida.
Cerramos el año afirmados en esta promesa:
“El amor del Señor no se acaba; grande es su fidelidad”
Lm 3:22–23
Que el tiempo que viene nos encuentre disponibles para cuidar la vida, servir con ternura y seguir siendo una iglesia que ora, denuncia, canta, abraza y anuncia esperanza, aun en contextos complejos.
