Vigencia del diálogo ecuménico

22 Jun 2022
en Artículos CMEW
Vigencia del diálogo ecuménico

Una característica de la Iglesia Evangélica Metodista en la Argentina desde su autonomía (1969) como también las demás Iglesias Metodistas del continente fue su impronta ecuménica como algo profundamente distintivo en su vivencia y en su perfil.

Este compromiso ecuménico nos insertó y visibilizó en la realidad latinoamericana donde debería desarrollarse nuestro testimonio como cristianos.

Encarnar el evangelio en la realidad y cultura latinoamericana fue algo que fuimos construyendo en diálogo con otros. Nos enriquecimos con aportes bíblicos-teológicos de hermanos y hermanas de la gran comunidad cristiana que nutrieron nuestra espiritualidad. Una espiritualidad cristiana que nos desafió y nos desafía permanentemente en la búsqueda de un mundo más humano y justo frente a la dolorosa y palpable realidad de injusticias sociales de nuestro continente.

Esto seguramente surgió en su momento con predisposición de nuestras iglesias nacionales inspiradas en la herencia que nos viene del metodismo que hizo suyas ciertas frases célebres que se atribuyen a Wesley y que marcaron nuestro modo de ser iglesia.

Algunas de estas frases circulan constantemente en predicaciones, devocionales, afiches, tarjetas, ejes transversales de los proyectos de las iglesias metodistas etc. y que difunden y corresponden a escritos más extensos y dicen, por ejemplo, a modo ilustrativo:


“Dame la mano. No quiero con ello decir que has de tener la misma opinión que yo. No es necesario. Ni lo espero ni lo deseo. Tampoco quiero decir que yo tendré tu opinión. No puedo: no depende de mi gusto. No puedo pensar a voluntad, como tampoco puedo hablar u oír según mi placer. Mantén tu opinión, y mantendré la mía, con la misma fuerza de siempre. Sólo dame la mano. Con ello no quiero decir: adopta mis formas de culto, ni que yo adopte las tuyas. No me mueve el deseo de discutir contigo al respecto ni un momento. Deja a un lado toda cuestión de creencias, y que no se interpongan entre nosotros. Si tu corazón es como el mío, si tú amas a Dios y al prójimo, no pido más: dame la mano.”


Otra expresión muy repetida es “pensar y dejar pensar” que nos habla de un espíritu de libertad y autonomía del creyente, algo que no es poca cosa cuando hoy otros quieren decidir que tenemos que pensar y hacer.


“Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas. De todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas. A toda la gente que puedas, durante todo el tiempo que puedas.”


Esto traduce el espíritu metodista de la mirada en el prójimo de manera permanente.

Seguramente podemos mencionar otros pensamientos, pero estos se encuentran entre los más conocidos en diferentes ambientes evangélicos.

La actitud ecuménica siempre nos puso en diálogo con el universo que nos rodea, al decir de Juan Wesley: “la gran parroquia” donde tenemos por delante nuestra misión y que alcanza y demanda el diálogo con el mundo religioso y social. Todo esto nos ha llevado a comprometernos en proyectos ecuménicos de diferentes características ya sean educativos, sociales o en la defensa de los derechos humanos.

Muchos de los proyectos y organizaciones que generamos junto con otras iglesias evangélicas y católicas han sufrido el desgaste propio que sobrelleva lo institucional a lo largo de los años y no hemos escuchado los desafíos que se proponen para los nuevos tiempos.

Frecuentemente evaluamos nuestras relaciones ecuménicas a partir de instituciones u organizaciones que han sido exitosas o se agotaron. Pero la actitud ecuménica está en primer lugar porque responde a una visión de ser parte de una iglesia más grande llamada a proclamar el Reino de Dios y su justicia. No somos la única iglesia santa y verdadera sino parte de ella junto con otras comunidades de fe cristianas. Esto debería ser una obviedad, pero no siempre está presente este mandato bíblico de ser uno en nuestro ministerio pastoral.

Nuestras organizaciones eclesiales vienen pasando un invierno ecuménico a veces con un poco de soberbia vacua pensando que no necesitamos de los demás.

Nos cuesta entender lo ecuménico como parte de nuestra misión y actividad pastoral. Nos encontramos con un repliegue que puede ser peligroso y nos encierra con conductas sectarias y fundamentalistas. No han faltado líderes religiosos que han mal interpretado la palabra ecuménica a veces por desconocimiento o con otra intencionalidad.

Avizoro como muy alentador en este tiempo la propuesta de la construcción en América latina de la red CLAI tomando como antecedente lo que fue el CLAI en nuestro continente. Una organización ecuménica que por diversas crisis se desplomó y que tampoco podemos sostener en términos económicos. Creo que esta reimaginación desde otra mirada es sumamente positiva y necesaria en tiempos de tremendos desencuentros y donde aparecen voces que pretenden hablar en nombre de todos. Por ejemplo, “todos los evangélicos pensamos así… o todos los metodistas…”, expresiones que van contra el verdadero espíritu evangélico. A lo sumo podemos ser una voz de referencia de un sector, pero no la totalidad. Estos discursos que se inician de este modo ya encierran cierto autoritarismo y apropiación del “ser evangélico”. No representan todas las voces, sólo simplifican porque tal vez las diferencias, que son humanas y propias de ciertos egos, molestan a ciertos colectivos o tradiciones quedadas en el tiempo y en otras realidades.

El mundo es mi parroquia” demanda al movimiento metodista una mirada amplia con apertura de mente y corazón. Solos no llegaremos a ninguna parte, necesitamos escuchar y recibir la riqueza de los otros y nosotros aportar lo nuestro en el camino.

Tenemos por delante una agenda urgente que necesita ser considerada por todos. El sistema económico en el cual vivimos ya no sólo lleva a la destrucción del ser humano sino a toda la creación con sus animales, vegetación, ríos…

Uno de las razones de nuestro repliegue se conecta posiblemente con un fundamentalismo religioso que hace una mala interpretación de los textos bíblicos creyéndonos dueños de la verdad en lugar de convertirnos en buscadores de la verdad que anima y recrea.

Necesitamos un debate interno y urgente acerca de esto porque no es una cuestión menor: está unido a nuestra manera de ser iglesia en el mundo.

El compromiso ecuménico nos llama a trabajar por los problemas comunes que tenemos en la casa que habitamos como humanidad.

Conversar de ecumenismo no significa fusionarnos con otras religiones para hacer una gran religión como si todo es lo mismo. O en el ámbito cristiano unirnos al Papa católico romano. Se trata que cada uno aporte su propia riqueza. Hay temas que nos incumben a todos que trascienden nuestras fronteras denominacionales y forman parte de la defensa de la vida en esta casa común, vida humana y vida de todo lo creado por nuestro buen Dios.

La identidad metodista que recibimos en nuestro continente con los procesos de autonomía que buscaron poner el foco de la misión en lo local con una apertura a todo creyente.

Estamos ante un gran desafío de ser sal y luz en un mundo plagado de injusticias y divisiones del cual la iglesia no se puede evadir. Encerrarnos en nosotros mismos nos debilita y no permite llevar la voz profética de denuncia y anuncio, un gran desafío y un gran signo de pregunta que clama por nuestra respuesta desde nuestra visión metodista y ecuménica.


Frank de Nully Brown para CMEW


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