Recursos litúrgicos y pastorales – abril a junio 2021 – Pascua y Pentecostés (Ciclo B)

05 Abr 2021
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Recursos litúrgicos y pastorales – abril a junio 2021 – Pascua y Pentecostés (Ciclo B)

Abril a junio 2021 (Ciclo B)


LA UTILIDAD DEL CULTO

Hemos examinado –en entregas sucesivas de estos Recursos– algunos problemas sobre los principios litúrgicos, y recién abordamos el de la necesidad del culto. Después, solo después, exponemos ahora algunas razones sobre la utilidad del culto. Y finalmente habrá que tocar el punto de la obediencia que pide la iglesia sobre el culto.

Una vez que hemos afirmado que es falso fundar la necesidad del culto en su utilidad, debemos reconocer también que sería falso no tener en cuenta esta necesidad, que es pedagógica, sociológica y psicológica.

Comencemos por la utilidad pedagógica del culto. El culto es la trama de la enseñanza de la Iglesia. En el culto se aprende a ser cristiano, a encontrar a Dios, a encontrar el mundo, a encontrar al prójimo. Se aprende la fe, la esperanza y el amor. La fe se aprende por medio de la oración, porque esta da acceso al Dios que es objeto de la fe, y porque es mala teología la que no es capaz de traducirse en oración. En el culto se aprende la esperanza. La intercesión impide que se desespere del mundo y de los seres humanos, y se enseña a encontrarlos en la libertad e intrepidez cristianas. En el culto se aprende el amor. La presencia de los hermanos y hermanas, el respeto de la función litúrgica de cada uno, la eucaristía compartida por todos, hacen vivir la corporeidad de la Iglesia, arranca el orgullo de la soledad y enseña a ver en el prójimo, misteriosamente, a un miembro del cuerpo de Cristo, un cristóforo, un portador de Cristo.

El culto tiene también una utilidad sociológica. Reúne a los seres humanos y les da la cohesión más profunda y la solidaridad más esencial que puedan encontrar en este mundo: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Cor 10.17). Pero el culto no solo tiene una utilidad sociológica a causa de su virtud cohesiva para la Iglesia. Se encuentra también esa utilidad en el plano de la unión personal, pues imprime a nuestra vida un estilo, una forma de ser, una simplicidad que nos separa de los desgarramientos y de las contradicciones del hombre y la mujer naturales. Hasta se puede llegar a afirmar que el culto estabiliza el mundo, introduciendo en él un elemento que contradice su dispersión y combate su caos.

Finalmente, el culto tiene una utilidad psicológica: ofrece a los fieles un refugio de paz y de alegría. Se ha querido excluir el culto como si fuera una huida ante los compromisos del testimonio, como si fuera un ponerse al abrigo de las tentaciones y de la responsabilidad que caracterizan necesariamente la vida cristiana. Esta acusación puede ser justa. Con frecuencia también puede ser falsa, porque confunde la vigilancia de la Iglesia con las agitaciones de un insomnio. Es preciso, para poderse comprometer, poder quedar también libre de compromisos. Tampoco hay que olvidar que se está en misión y no en una cárcel.

Pero el culto, en el plano psicológico no es útil solamente como lugar de reposo, como el sitio donde puede alimentarse y descansar quien tiene hambre y sed de la comunión de los santos, del perdón de los pecados, de la resurrección y de la vida eterna. Es útil también como el momento y el lugar donde se encuentra la ocasión de decir al Señor que se le ama, que se quieren cumplir sus deseos, de los que hablan los salmos, y que se quiere consagrar uno a su servicio.

Nuestros cultos dejan muy poco espacio a los actos privados de devoción, cuando la comunidad está reunida. ¿No sería posible aclimatar entre nosotros la costumbre de arrodillarse por caso en la santa cena? ¿No sería posible también entre nosotros, en versión reformada, la costumbre de encender un cirio del que ya otro tiene encendido, para testimoniar así la voluntad de integración a una cadena de oraciones, con la conciencia de ser, por la gracia, luz del mundo?

Digamos, finalmente, que es preciso tener mucho cuidado en mostrar que somos conscientes de la utilidad del culto para la catequesis, la vida comunitaria y la cura de almas. Y este cuidado se manifestará en la lucha contra todo lo que pueda hacer cansador el culto, contra la desidia, la incoherencia y la improvisación litúrgicas.



LA OBEDIENCIA A LA CONVOCACIÓN Y A LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA

En la carta a los Hebreos (10.24s) se recomienda lo siguiente:

Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino démonos ánimos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca.

La obediencia litúrgica se impone por causa de la necesidad y la utilidad del culto, como también por causa de la salvación que nos ha concedido nuestro Señor Jesucristo.

Hemos visto que el culto es necesario por ser institución de Cristo, por ser obra del Espíritu Santo, por ser agente de la historia de la salvación, y por no vivir aún en el tiempo del domingo eterno. Hemos visto además que el culto es útil para la vida eclesial en el campo de la catequesis, de la vida comunitaria y del mutuo cuidado pastoral. Estas razones son suficientes para justificar que la vida litúrgica no es un capricho para los fieles, sino que se impone como una gracia y no como una carga; por eso la vida litúrgica no está hecha de susurros, sino de cantos.

En un texto muy logrado que Peter Bruner dedica al culto como obediencia en el Espíritu, hace notar:

Lo que es esencial y determinante para cada uno de nosotros, lo que es esencial y determinante para el mundo entero sucede precisamente gracias al acontecimiento salvífico de la proclamación de la palabra y de la comunión, tanto en la cena como en el encuentro fraternal. Si esto deja de producirse, no será posible en ningún campo de nuestra vida servir a Dios de manera que le agrade. Si este acontecimiento decisivo se extingue, también acaba por sucederle lo mismo a todas las demás maneras de servir a Dios en el mundo, haciéndose estériles.

Diciéndolo negativamente, descuidar el culto es sabotear la obra de la salvación, y por eso Ignacio de Antioquía hablaba del orgullo de los que son perezosos respecto del culto de la iglesia; por tanto, participando del culto se confiesa ser cristiano. Denuevo negativamente, no ir al culto es atentar a la plenitud del cuerpo de Cristo, es dividir la Iglesia y dispersarla.

La obediencia litúrgica se refiere a dos puntos: obediencia a la convocación litúrgica y obediencia a la invitación de participar en la celebración litúrgica.

No se trata simplemente de asistir al culto, se trata de participar en su celebración. Cada uno tiene que ocupar su lugar propio en la asamblea litúrgica y desempeñar su papel: escuchar la palabra en el momento de la lectura y de la predicación, confesar la fe de la iglesia, sumarse a los cánticos de la Iglesia, intervenir en los motivos de gratitud e intercesión, asentir con el amén a las oraciones dichas en nombre de la asamblea y también aceptar la invitación a la mesa del Señor.

Hay que desarraigar esa opinión corriente, muy influenciada por el racionalismo –por medio de un trabajo pastoral y de una catequesis pacientes– de que el culto no es verdaderamente necesario, sino que sólo tiene utilidad pedagógica y pastoral, y que por tanto, la obediencia cristiana no se refiere a la participación en el culto. Antes de irritarnos por la indiferencia litúrgica de tantos fieles, es necesario librarlos de esa herejía que intenta que el culto sea “cuando tenga ganas”, y que cuando más fuerte uno se sienta, hablando espiritualmente, con más facilidad se puede considerar uno dispensado del culto de la Iglesia.

Pero para triunfar contra esa maleza racionalista es preciso también, por una pedagogía litúrgica, devolver al culto su plenitud sacramental, y a la comunidad la parte que le corresponde, colocando la alegría pascual en su sitio legítimo. Solo cuando el culto sea verdaderamente lo que debe ser, se podrá insistir pastoralmente en que los fieles deben participar en él, de forma regular.

Además, mientras más se acerque al ideal de lo que debe ser, esta insistencia será menos necesaria, por causa del poder de atracción que ejerce el culto sobre los fieles. No hay que maravillarse de que no sean atrayentes unos cultos truncados, incoherentes, confiscados en favor del clero, desconfiantes frente a todo signo de exuberancia escatológica, y cuando no ofrecen la seguridad de una predicación verdaderamente vitalizadora.

Continuamos el texto del pastor reformado Jean Jacques von Allmen, El culto Cristiano, su esencia y su celebración, Sígueme, Salamanca,1968, pp 120-129. Resumen y adaptación de GBH.

En el archivo encontrará

  • Orientaciones para la predicación
  • Orientaciones para la acción pastoral
  • Orientaciones para la liturgia del culto comunitario

Muchos de los “Recursos” deberán ser adaptados a un lenguaje inclusivo, en adhesión y respeto a las identidades de género que nuestra sensibilidad actual valora. En muchos casos respetamos el género masculino usado por los autores y autoras, que en la inmensa mayoría de los casos no pretendieron imponer una comprensión patriarcal. En nuestros textos optamos por palabras más abarcativas e incluyentes. Casi siempre preferimos alternar el femenino y el masculino, en vez del “los/as” o los “otres”. Pero siéntanse todos y todas en libertad: nunca haremos de esta inclusividad una herramienta de exclusión ni de condena…

Esta ha sido una nueva entrega de recursos litúrgicos y pastorales para los tiempos de PASCUA Y PENTECOSTÉS, de abril a junio 2021, (Ciclo B). Reedición de 2017-2018 con nuevos materiales, incluyendo sugerencias de recursos musicales.

  • para hermanos y hermanas encargados del ministerio de la Palabra,
  • realizando trabajos pastorales en amplio sentido y con distintos grupos
  • y a encargados y encargadas de la liturgia del culto comunitario.

Cotejando el “Leccionario Común Revisado”, con el leccionario de la IEMA y otros de iglesias hermanas. Nos permitimos abreviar o extender algunos de los textos y proponemos también otras alternativas.

Este material circula en forma gratuita y solamente en ámbitos pastorales, dando crédito a todos los autores hasta donde los conocemos, valorando mucho su disponibilidad.

Agradecemos todos los materiales que hemos usado –ya disponibles en varias redes–, como aportes para estos “recursos”.

Las indicaciones de las fuentes, especialmente las musicales, son:

  • CA – Cancionero Abierto, ISEDET.
  • CFCanto y Fe de América Latina, Igl. Evangélica del Río de la Plata.
  • HE Himnario Evangélico – Buenos Aires 1963
  • HCN – Himnario Cántico Nuevo, Methopress.
  • MV – Mil Voces para Celebrar, himnario de las comunidades metodistas hispanas, USA.
  • Red Crearte, https://redcrearte.org.ar/
  • Red de Liturgia del CLAI: www.reddeliturgia.org
  • Red Selah: www.webselah.com

Y anotamos las versiones de la Biblia mayormente usadas:

  • DHH – Dios habla hoy, desde la tercera edición o Biblia de Estudio.
  • RV60 o RV95 o RVC – Reina-Valera o Reina-Valera Contemporánea
  • BJ – Biblia de Jerusalén –Desclée de Brouwer, Bélgica-España
  • NBI – Nueva Versión Internacional – Edit. Vida, USA
  • Libro del Pueblo de Dios – Verbo Divino, Argentina

Fraternalmente, Laura D’Angiola y Guido Bello, desde la congregación metodista de Temperley, Buenos Aires Sur.

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Abril a junio 2021 (Ciclo B)

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