Administradores responsables de la Iglesia

31 Oct 2019
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Administradores responsables de la Iglesia

(Este estudio está basado en su mayoría en el folleto La Bienaventuranza de dar de C.T Gattinoni)

Lo que sigue no es exactamente doctrina wesleyana, sino más bien, práctica metodista en relación a nuestras ofrendas, las cuales, como dijimos en los estudios anteriores, serán el reflejo de nuestra manera de ejercer la mayordomía en los otros aspectos de nuestra vida. Esa responsabilidad por toda la creación, y en particular en relación a nuestro uso del dinero y el cuidado hacia los más vulnerables, debe necesariamente, tener su correlato en la manera como manejamos nuestro dinero a la hora de sostener a nuestra iglesia.

Evidentemente, el dar del cristiano es una acción espontánea y gozosa. Nunca puede ser una obligación forzada. “No estamos bajo la ley, sino bajo la gracia”, decía el apóstol Pablo. Nuestro Dios no se complace en la ofrenda que nos es “arrancada” a presión o por obligación, cuando lo hacemos porque estamos como “entre la espada y la pared”, con la mala disposición con que generalmente pagamos una multa o un impuesto que consideramos injusto o excesivo.

Si alguien no siente el gozo de ofrendar espontáneamente, para la obra de Jesucristo, es porque NO HA COMPRENDIDO NUNCA EL EVANGELIO DE JESUCRISTO, o si alguna vez lo comprendió, luego ha dejado que la pereza espiritual oxide su fe y su amor.

Si somos verdaderamente discípulos y seguidores de Cristo sentiremos la necesidad de dar, de ofrendar a su causa, a la Iglesia, para que cumpla más eficazmente su ministerio. Hay quienes sostienen que la misión de la Iglesia es “espiritual”, y que se realiza con oración, lealtad al Señor, consagración, etc., etc., Es cierto, pero también se cumple con recursos materiales, como bien lo sabemos. Es verdad que la iglesia cristiana no puede ser legalista o imponer el diezmo u otra regla similar, pero un cristiano se gozará en hacer espontáneamente tanto o más que lo que hacían los creyentes del Antiguo Testamento, que estaban bajo la Ley.

 

¿Cuánto ofrendar?

Algunos cristianos quieren conocer más concretamente cuál es la proporción de sus ingresos que debieran ofrendar. Hay una proporción bíblica, que procede del Antiguo Testamento, que es una buena pauta aún para los cristianos. Algunas congregaciones cristianas la establecen como una ley, obligatoria para todos sus miembros. Nuestra Iglesia no considera conveniente imponerla como una Ley, pero la ofrece como una meta o recomendación sumamente aconsejable y deseable. Y la experiencia de muchos creyentes, incluso en nuestra Iglesia, es que se regocijan en ponerla en práctica y dan testimonio que es una bendición para sus vidas.

Dicha medida es el DIEZMO, o sea la décima parte de nuestras entradas o recursos. Esta práctica viene desde el tiempo de Abraham, quien ofrendó su diezmo, y continuó como un precepto de la Ley mosaica. Tanto es así que el profeta Malaquías acusa al pueblo de haber robado a Dios, al retener los diezmos que solo a Él pertenecían. (Malaquías 3: 8-10).

En el Nuevo Testamento no se menciona en ningún caso el diezmo como una obligación para los cristianos. ¿Sería que los primeros cristianos daban menos que el diezmo? ¡No! ¡Seguramente ofrendaban mucho más! No estaban bajo la ley hebrea, es verdad, pero al estar bajo la gracia se sentían movidos a hacer más que lo que la ley demandaba. Tanto es así que, en Jerusalén, vendían todas sus posesiones y el producto lo ponían a disposición de la comunidad de creyentes. Lo importante no es el nombre que le demos, sino que el diezmo es un punto de partida en la escuela del dar generosamente, Quienes lo practican dan testimonio de que es una fuente de bendición, una disciplina para impedir, de una manera concreta, que la vida sea dominada por los deseos materiales. ¡Cuidado con gastar todo lo que tenemos -y a veces más de lo que tenemos- en nuestro exclusivo beneficio y sólo para satisfacer nuestros gustos y deseos!

Hace un tiempo, un pastor nos hacía notar que, en el Nuevo Testamento, todas las ofrendas que se reunían eran para socorrer y alimentar a los pobres. No hay una sola ofrenda “para la Iglesia”. Y agregaba, con humor, que en el Nuevo Testamento no hay ofrendas pro-templo, o para las alfombras, las cortinas, las estufas o el órgano de la Iglesia”. “En nuestra Iglesia, decía, procedemos así: las ofrendas son siempre para los pobres o para los que padecen alguna necesidad”. Le preguntamos: “Pero entonces, ¿cómo atienden a los gastos de la Iglesia, el sostén pastoral, y demás obligaciones corrientes?”. La respuesta fue: “Mediante los diezmos”. Con eso nos quiso decir que LA OFRENDA EMPIEZA MÁS ALLÁ DEL DIEZMO. Una vez que han dado el diezmo, luego empieza la ofrenda.

Podemos entonces decir que damos al Señor para este aspecto fundamental de SU OBRA en el mundo. Esa ofrenda es una señal de que Dios nos ha confiado los bienes materiales para que seamos “mayordomos” o “administradores” suyos. Lo que tenemos no es nuestro sino de Dios, y lo que ofrendamos para SU OBRA es una señal, una parte representativa de que TODO LO QUE SOMOS Y POSEEMOS PERTENECE A ÉL.

Cuando comprendemos esto, se hace realidad en nosotros la palabra de nuestro Señor: “Más bienaventurado es dar que recibir”. (Hechos 20:35)

Que “Dios ama al dador alegre” y que tenemos que dar espontáneamente, no quiere decir que vamos a hacerlo solamente por impulsos o “corazonadas”. Amamos a nuestros familiares -esposo, esposa, hijos-. y lo que hacemos por ellos, lo hacemos gozosa y espontáneamente.

Pero también lo hacemos ordenadamente, si invertimos en mantener a la familia. De otro modo, no podríamos sostenerla. La obra de la Iglesia también tiene que hacerse -y se hace- ordenadamente, de acuerdo a planes y presupuestos, y tiene que ser sostenida conforme a un sistema.

 

LA PROPUESTA: OFRENDAR

El sistema que la Iglesia utiliza y propone a sus miembros y amigos, -sistema que consideramos que concuerda con el espíritu del Evangelio- es el sistema de OFRENDAS. Es verdad que a veces intervienen otros recursos, pero lo cierto es que casi el 100 por ciento de lo que recibe la Iglesia proviene de ofrendas y donaciones. Y opinamos que es lo mejor para ella y sus miembros.

Evidentemente, si rifáramos automóviles, casas o viajes a Europa -como lo hacen clubes y asociaciones diversas- tendríamos muchos más recursos y postergaríamos muchas de nuestras realizaciones. Pero, por eso mismo, somos llamados a ofrendar, NO EL MÍNIMO SUFICIENTE PARA SEGUIR SIENDO MIEMBROS DE LA IGLESIA, SINO EL MÁXIMO. ¿Por qué? Porque Dios nos ha dado lo máximo, y nos bendice al máximo. Como un cristiano respondió a otro que preguntaba malhumoradamente: “¿Hasta cuándo tendremos que dar?” Y la respuesta fue: “Hasta que Dios termine de bendecirnos”.

 

¿CÓMO? ¿CUÁNDO? ¿CUÁNTO?

El CÓMO ya lo hemos respondido: como una ofrenda, con alegría y espontaneidad. Como acto de GRATITUD Y ADORACIÓN a nuestro Dios. También en el cómo debemos hablar del sistema de sobres que usa la iglesia metodista. A veces se plantea la disyuntiva de, si ofrenda “suelta” o sobre. Arriba se habla de una ofrenda regular o diezmo y ofrendas puntuales, para ocasiones especiales. Lo deseable para un funcionamiento más ordenado de nuestras administraciones congregacionales y de nuestras economías personales o familiares es que las ofrendas regulares o diezmos se realicen a través del sistema de sobres, y las puntuales en forma “suelta”. ¿Por qué los sobres? En primer lugar, el sistema de sobres se completa con una suerte de pacto entre el ofrendante y la administración congregacional que permite una previsión en las entradas mensuales. Además, garantiza a la administración de la congregación que esa suma esperada llegará, aunque el ofrendante no asista al culto algún domingo, ya que los sobres pueden hacerse llegar en cualquier momento. Algunos mitos falsos sobre los sobres: ¡Todo el mundo se entera lo que ofrendo!, ¡No quiero que investiguen mi economía personal! Y algunos otros prejuicios que han llevado a algunos hermanos/as a abandonar el sistema de sobres.

En realidad, el sistema de sobres manejado con honestidad, seriedad y compromiso no permite estos desvíos que alimentan los prejuicios mencionados. Solo una persona, por lo general el tesorero/a o encargada de la administración es quien conoce la relación entre el número de sobre y la persona a quien pertenece. Este conocimiento debe ser cuidadosamente guardado y nunca divulgado. Teniendo sumo cuidado y responsabilidad en este punto, podemos afirmar que el sistema de sobres es el más beneficioso para ofrendar y autoevaluar nuestro compromiso mes a mes.

El CUÁNDO se contesta diciendo que nuestra Iglesia prefiere que la ofrenda se efectúe como parte del culto comunitario de la Iglesia. Es el momento en que adoramos y agradecemos a nuestro Dios, y el momento en que tomamos una vez más conciencia de su don inefable, JESUCRISTO. Y también tomamos conciencia de todos los otros dones de Dios. En el culto, el pueblo de Dios, reunido, responde a la OFRENDA de Dios con sus OFRENDAS.

El CUÁNTO ya lo hemos dicho, en cierto modo: será el máximo y no el mínimo que apacigüe nuestras conciencias o que satisfaga al ojo humano. Cuando vamos a efectuar un obsequio a alguien a quien realmente amamos, no hurgamos en nuestro bolsillo o nuestro portamonedas para sacar la moneda más pequeña con la cual comprar una golosina o una chuchería. Más bien empleamos en ese obsequio TODO LO QUE PODEMOS, aunque sea con sacrificio. Así, la viuda pobre del Evangelio ofrendó el máximo y fue aprobada por el Señor. Los ricos, aunque aparentemente daban más, daban el mínimo necesario para impresionar a los demás como muy generosos y muy devotos.

Si queremos una indicación bíblica, ahí lo tenemos al apóstol Pablo, que decía a los hermanos en Corinto:

Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte algo, SEGÚN HAYA PROSPERADO, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 12:2).

Según haya prosperado”: estas palabras significan que nuestras ofrendas deben ser en proporción a nuestras entradas, ganancias o recursos.

Y esto es claro como la más sencilla aritmética: si un agricultor o un comerciante cristiano recibe este año el doble de ganancias que el año pasado, su ofrenda ha de ser exactamente el doble (suponiendo que la ofrenda del año pasado ya fuese la correcta), conforme a su propiedad. Si en un año tu salario o sueldo ha aumentado un 40%, ¿aumentaron tus ofrendas un 40%? Si no, estás dando menos que hace un año, aunque numéricamente des unos cuantos pesos más.

Daremos pues, conforme a lo que Dios nos prospera y nos bendice. Y tendremos como nuestra prioridad separar para el Señor, de nuestros ingresos, nuestra ofrenda.

Quizá sería simplificar demasiado las cosas decir que lo que damos a la Iglesia, como ofrenda, es lo que damos a Dios. Dios no está en la Iglesia solamente, ni obra exclusivamente por medio de la Iglesia. Pero sí es verdad que lo que ofrendamos a la Iglesia de Cristo es lo que ofrendamos para que se realice la obra más importante que Dios ha encomendado a sus hijos: proclamar su palabra y enseñar sus caminos a hombres, mujeres y niños de toda condición.

 

Aplicación:

 ¿Es realmente el diezmo la medida de nuestro acto de ofrendar?

Nuestra iglesia está pasando por estrechez económica. ¿Por qué te parece que esto sucede? ¿Será que nuestros miembros son pobres? ¿O será que no estamos ejerciendo una mayordomía alegre y comprometida?

Leer Hageo 1, 2-9:

«Esta gente dice que todavía no es tiempo de reconstruir mi templo. ¿Y acaso para ustedes sí es tiempo de vivir en casas lujosas, mientras que mi templo está en ruinas? Yo, el Señor todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta. Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no se sienten satisfechos; beben, pero se quedan con sed; se abrigan, pero no entran en calor; y el que trabaja a jornal, echa su salario en saco roto. Yo, el Señor todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta. ¿Por qué? Pues porque mi casa está en ruinas, mientras que ustedes sólo se preocupan de sus propias casas.”

¿Te parece que esta situación que cuenta Hageo se puede reflejar en la realidad de nuestras congregaciones?

¿En tiempos de inflación las ofendas de tu congregación aumentan al ritmo del coto de vida?

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